martes, 30 de octubre de 2018

No confundir Sta. Misa con Eucaristía, por favor



Me han pasado unas imágenes de la que me dicen es la parroquia más kikotizada de Sevilla.

Por fuera la parroquia engaña. Tiene un precioso retablo cerámico sobre la puerta, un retablo que no ha sido restaurado, pese a las ingentes labores de reparación y modernización que está llevando a cabo el párroco gracias a las aportaciones de todos los feligreses. En fin, será que el dinero de todos ha ido a otras cosas.

La parroquia, como su retablo cerámico señala, está dedicada a la Sagrada Familia… sin embargo, resulta que hay que mirar varias veces y con atención para encontrar a dicha Sagrada Familia una vez que se entra en el templo parroquial.





Sí, ahí está la Sagrada Familia, en un rincón oscuro, escondida, que no estorbe, que dice Kiko que no existe arte sacro fuera de él y no hay que disgustarle, no sea que se ponga malito otra vez. Lo importante es que se vea bien un kikono cutre y las sillas de metacritalo en primera fila.


Las demás instalaciones de la parroquia son de bastante mal gusto, mucho azul eléctrico noventero, mucho metacrilato, mucha pared blanca y, supongo, rugosa, sin la que los pobrecitos kikillos no son capaces de convertirse (aún no se sabe en qué). Sólo se libra de tan tétrica estétika una capilla, a juzgar por las fotos obtenidas.






Con todo lo más interesante está en la información que se puede obtener en la web de esta parroquia de la Sagrada Familia de Sevilla.

Un ejemplo en el horario de actividades litúrgicas de la parroquia:


¿Se entiende? Hay Sta. Misa y hay Eucaristía, así, dejando claro que son cosas distintas, porque no hay que confundir lo que vale 100 con lo que vale 20.

Otro ejemplo.
Hay información de interés de la Iglesia Católica y también del CNC, o  mejor dicho, del CNC primero y detrás de la Iglesia, pero así, separado y diferenciado, para que a nadie le dé por pensar que el CNC forma parte de la Iglesia de la que se aprovecha.
 

domingo, 28 de octubre de 2018

Segundo escrutinio (LXXVII)



«Kiko: Primera tentación. Antes del camino, ¿dónde ponías tu seguridad?
Z: Creo en todo, porque he tenido una vida muy intensa. Esto es lo que pienso, no sé...
Kiko: No te preocupes por la comunidad, respondes ante a nosotros; no te preocupes por la comunidad, por lo que puedas pensar o no. Preocúpate por mí.
Z: Pero nada me daba la felicidad. Nunca había recibido nada. Después de grandes desilusiones, había llegado a ser un misántropo. Creo que todavía lo soy. Y a no poner mi seguridad en nada. He pasado mi vida buscando la felicidad, en el amor, en el trabajo, en el prestigio, en el dinero. No la encontré en nada. Me he preguntado muchas veces si Dios existía. En el fondo, este sentimiento, la creencia en un Dios misericordioso, mantuvo mi existencia sin llegar a la desesperación total, porque es posible que haya estado alguna vez al borde del suicidio.
Kiko: ¿Has cambiado de dirección durante el camino?
Z: Creo que sí, he experimentado un cambio de dirección. Después de la catequesis y del camino, creo que la esperanza ha renacido en mí. Acepto mucho mejor los problemas familiares. Y entre estos está, por supuesto, la cuestión económica, el dinero. En mi casa hay una lucha entre dos generaciones antagónicas, que ha sido un gran tormento para mí y lo sigue siendo. Por un lado (ayer nos reímos mucho cuando Kiko habló sobre la suegra, y esto es cierto) el matriarcado de mi suegra y, por otro lado, la libertad de mis hijos. La esclavitud de mi esposa, totalmente perdida, sin libertad frente a su madre, que ha mejorado mucho últimamente. Y los problemas profesionales que surgen por causa de otros a mi alrededor.
Kiko: Un momento. Has dicho que antes del camino buscabas tu seguridad en el amor, el trabajo, el prestigio y el dinero. Pero sin alcanzarla. Tenías una gran desesperación. El camino te hizo renacer esta esperanza a pesar de los conflictos familiares, de los cuales nos has dado una pincelada. Muy bien.
Z: ...He rumiado mucho.
Kiko: Muy bien. Has rumiado mucho y esto significa que no te pierdes en este mar de lucha interna. Muy bien. Siguiente. ¿Aún hoy en qué buscas tu seguridad?
Z: Creo que incluso hoy el Señor cuenta poco para mí porque primero pretendo arreglar las cosas por mi cuenta, es decir, no me fío. Quiero seguir respaldado por una vida cómoda, un trabajo bien remunerado y fácil.
Kiko: La segunda tentación. Es decir, que en la primera tentación te encuentras completamente ubicado. Sigues buscando la comodidad -el pan significa la comodidad-, continúa buscando el trabajo, el prestigio, dinero suficiente y quieres mucha paz en tu hogar. Primera tentación. Muy bien. ¡Como todos, eh! Siguiente. Antes del camino, ¿qué cosas concretamente no aceptabas?
Z: Bueno, nada o muy poco. Porque debo admitir que los que me angustiaban eran los vecinos. El amor en la familia y entre los hombres. La posible pobreza por el trabajo, el no tener prestigio, la falta de pan, etc. También pensaba que si estos problemas se resolvieran en el momento, surgirían otros. Esto es lo que me parece.
Kiko: ¿En el camino has visto un cambio de dirección?
Z: Creo que sí, pero a menudo dudo si esto es solo resignación. Como me siento incapaz de resolver los problemas de mi vida, ya que no puedo hacer nada, ahora me reconozco impotente... esto es un cambio, porque en la medida en que acepto los problemas familiares de los que hablé antes, estos van mejorando. No sé si es porque el Señor me hace vivir de otra manera o si es mi esposa o los otros los que han cambiado.
Kiko: Incluso hoy, ¿qué es lo que no aceptas? Sinceramente.
Z: Creo las mismas cosas que antes. De hecho, no tengo otro remedio que aceptar lo que soy y lo que me pasa con los demás. Muchas veces me siento solo y esto me angustia porque, aparte de mi aparente o real misantropía, quiero amar y ser amado por los demás. Y este es un problema a tener en cuenta de falta de confianza en Dios. Soy alérgico totalmente a la incongruencia, no la puedo comprender. Pero muchas veces me pregunto si el incongruente no seré yo. 
Kiko: Explica esto de la incongruencia que no me queda claro. ¿Qué quieres decir con esto de incongruente?
Z: Por ejemplo, que todos digan que es de noche y veo que es de día y me imponen que es de noche. Para mí esto es incongruente.
Kiko: muy bien. Pero, ¿esto referido a qué? A que en la comunidad te hacen ver las cosas blancas y tú las ves negras y te cambian las cosas.
Z: Si veo a un hermano que es avaro, me pregunto si el avaro soy yo. Y si lo juzgo como soberbio, digo que posiblemente lo soy yo. Y así me pasa con todo.
Kiko: Pero esto no es ser incongruente.
Z: Bueno, la incongruencia es que me impongan las cosas, la ley, los demás. Pero también me pregunto: ¿es que yo estoy imponiendo mi ley a los demás?
Kiko: Hoy concretamente, ¿qué problemas tienes tú? ¿Qué cosas no puedes aceptar o no comprendes de tu vida?
Z: Que no me aclaro.
Kiko: ¿En qué sentido no te aclaras?
Z: En el hecho de que no sé si puedo continuar en la comunidad o no. Lo que nunca aceptaría es que me pueda engañar a mí mismo, aunque no lo creo, pero Dios estoy seguro de que no; y tú tampoco. 
Kiko: ¿Pero por qué crees que no puedes continuar en la comunidad? ¿Qué tienes con la comunidad? ¿Tienes algún problema grave? 
Z: ¿Problema grave en la comunidad? Bueno, lo de todos: Que algunos no me aceptan, que yo no los acepto. Y este es el problema y el círculo vicioso que creo que es cotidiano en la vida. Algunos días me enojo, otros aguantan mejor. Hay mucha gente -creo que la mayoría-, que no me soportan. Esta es mi impresión, y tal vez no corresponda a la verdad.
Kiko: ¿Por qué piensas que no te soportan?
Z: Por algunas manifestaciones que veo. Por ejemplo, concretamente, en el trayecto para venir aquí, me pareció que los autos ya habían sido elegidos, que en mi automóvil no quería venir nadie, no sé, cosas así. Porque yo podría tener la peste o algo así, pero no lo creo.
Kiko: Vamos a ver un poco. En la segunda pregunta no me di cuenta bien. Lo que para ti es difícil aceptar hoy. Tienes una confusión ahí. Tú dices: "No me aclaro". ¿En qué sentido no te aclaras?
Z: En el hecho de que otros no me aceptan.
Kiko: ¡Ah! Es decir, te gustaría que te amaran; ves que no te aman y que no sabes qué hacer para que te amen.
Z: ¡No, no!
Kiko: Porque tú has tratado de ser sincero, ¿verdad?
Z: Sí.
Kiko: Y entonces ves que los demás te rechazan porque eres sincero.
Z: Sí.
Kiko: Cómo no vas a ser incongruente. Esto significa que te falta ser iluminado en una cosa importantísima: el afecto, que te amen, que te respeten, que te acepten.
Z: Me pareció ver en este camino que Dios nos ama a todos por igual.
Kiko: A ver, la tercera tentación.
Z: Enumero: dinero, prestigio, poder, fama, afecto, en definitiva, amor. El dinero primero, tal vez porque con él puedes comprar todo lo demás; después, el poder, por las mismas razones, porque puedes obtener dinero y asegurarte todo.
Kiko: ¿Te sientes hoy esclavo de alguno de estos ídolos?
Z: Me falta la segunda.
Kiko: Muy bien, la segunda, di.
Z: Yo antes me había dado por vencido, no podía hacer nada. No podría ser amado, no podría tener estas cosas que eran las que me habrían dado la felicidad. Pero ¿puedo decir que he dejado de ser esclavo? Bueno, no lo sé. Solo sé que a partir del camino, a pesar de tantas crisis y las muchas veces que el Señor me ha llevado al desierto, estoy convencido de que la verdad solo puede estar en Cristo. No confío en los hombres. Todavía hay muchas cosas que me esclavizan y que me atan a este mundo, pero creo que tengo la sensación de que cada vez me angustio menos por mis enormes problemas. 
Kiko: Hoy, ¿de qué ídolos te sientes esclavo?
Z: Del dinero, me aterroriza la pobreza. Tengo miedo de ser pobre. No sé si esto es esclavitud del dinero... De la familia: creo que todavía me espanta más la pobreza por aquellos de quienes me siento responsable, es decir, mi esposa y mis hijos. Entiendo y pienso -cuando puedo pensar, lo que no me ocurre a menudo- que nada es mío y que la pobreza de cualquier tipo me puede alcanzar en cualquier momento, porque es Dios quien manda en definitiva. Y creo que sí, que lo creo. En estos momentos, muy pocos, cuando me siento así, estoy bastante liberado. Otro ídolo es la falta de amor de los demás. Pero me pregunto: ¿muestro afecto a los demás?, ¿les doy algo? Creo que no les doy nada para que me correspondan. A veces pienso que sí. Creo que no quiero para los demás lo que no quiero para mí. Pero de esto a amar cómo el Señor quiere que ame, hay un abismo. También tengo mucho respeto humano.» 

viernes, 26 de octubre de 2018

Segundo escrutinio (LXXVI)


«Otro escruticidio.
Kiko: ¿Antes del camino neocatecumenal dónde ponías tu seguridad?
Y: la ponía en el dinero, en dar una buena impresión de mí misma, en ser buena, en cumplir la ley.
Kiko: Después del camino neocatecumenal, ¿has visto un cambio de dirección?
Y: Sí. He visto la imposibilidad de amar y de cumplir la ley. También he visto que le doy menos importancia al dinero, que no me importa que mi marido no trabaje. Que acepto mejor mis pecados. Veo que acepto mejor a la gente, en un caso concreto cuando un fraile me dijo que yo no contaba para nada, que el responsable es mi esposo y que me fuese a casa. Y yo, con mi temperamento, habría sido algo que nunca hubiera tolerado, y sin embargo lo acepté y no tengo rencor. Veo en esto una acción de Dios.»
Lo dice como si antes se avergonzase de sus pecados y ahora, gracias al CNC, se enorgulleciese de ellos. Y no es una actitud infrecuente en el CNC.
«Kiko: Después le preguntaré a él. Todavía hoy, ¿en qué cosas pones tu seguridad?
Y: Creo que mi seguridad la pongo en el afecto de mi marido, en que no se enoje y no se rompa la paz familiar. También en mis hijos en evitar peleas de ellos con su padre. También pongo la seguridad en algún aspecto del camino neocatecumenal.»
¡Poner la seguridad en que unos hijos no se peleen con un padre que se enoja!... Creo que confunde anhelo con seguridad.
«Kiko: Antes del camino neocatecumenal, ¿qué no aceptabas en tu vida?
Y: no aceptaba tener poco dinero, hacer el ridículo, ser mujer. No aceptaba mi temperamento. El manifestar siempre mis impresiones y mis opiniones.
Kiko: ¿Has experimentaste un cambio de dirección en el camino?
Y: Sí. Porque ya acepto mejor el ser mujer. Estar bajo los demás y expresar una opinión, incluso si molesta a los demás.»
Tal vez sea que la señora está pensando en su posición en el tálamo marital, porque de no ser eso, ser mujer no es estar debajo de nadie.
«Kiko: Hoy, concretamente, ¿qué es lo que no aceptas o es más difícil de entender para ti de tu vida actual? Honestamente.
Y: Mi esposo, porque hay una parte de mi esposo que no acepto. Yo soy según mi ley, y cuando él se sale de mi esquema no lo acepto. Lo mismo con mis hijas, quiero conducir sus vidas
¡Qué casualidad! ¡Lo mismo que quieren hacer los kikotistas!
«Aún menos acepto que Dios no quiera quitarme mi pecado ahora, y que continúe dejándome pecar. Tampoco acepto la discordia familiar. Acepto muy mal a los hermanos que dejan el camino a la mitad, que no entran en el camino neocatecumenal.»
¡Hay que ver que Dios tan malísimo que hace al ser humano libre para que tenga la responsabilidad de sus propios actos! Con lo fácil que sería que no nos dejase hacer nada impío… pero espera, en ese caso, no existiría el CNC.
«Kiko: Los ídolos de este mundo para ti.
Y: Dinero, poder, belleza, conocimiento, deporte, sexo, fumar, viajes, familia, entretenimiento. De estos me parece que eran mis ídolos: el dinero, el poder, el conocimiento, los viajes y la familia.
Kiko: Hoy ¿de qué ídolos te sientes esclava?
Y: Me siento esclava en primer lugar de la familia en un aspecto...
Kiko: Familia en qué sentido.
Y: De mis hijas, de mi marido. Más que mi marido, que de mis hijas, de hecho con estas me siento un poco más libre.
Kiko: Tus hijas, ¿en qué sentido te esclavizan?
Y: Porque no son como quiero que sean, porque no cumplen la ley que yo les impongo. También he descubierto que no puedo darles la felicidad y esto me estimula un poco.
Kiko: De tu marido ¿en qué sentido?
Y: porque lo veo un poco torpe, un poco malo y no acepto que esté enfermo y que muera. Tengo miedo de quedarme sola.
Kiko: ¿Por qué tienes miedo de estar sola?
Y: Porque soy hija única y nací después de la muerte de mi padre y no tuve hermanos. Por eso me refugio en mi marido.
Kiko: Los ídolos que aún te quedan, ¿cuáles dijiste que eran?
Y: Mi familia. El dinero que no me importa demasiado hasta que falta para mis hijas. Si falta entonces me rebelo. De la opinión sobre mí misma un poco menos, aunque supongo que sigue siendo bastante. Del saber me parece estoy un poco liberada. Lo que me falta es encontrarme sola, es decir, mi marido y mis hijas.
Kiko: Veamos. Tu marido (pregunta a su marido). Sinceramente, ¿has visto a través del camino neocatecumenal un cambio en tu esposa, serio, grande?
M: Sí. En sus actitudes hay algo que la empuja, que es superior a ella; Se nota que tiene fe.
Kiko: ¿En qué notas tú que tiene fe? En que hechos.
M: Simplemente, en el hecho de que no le importe el dinero. En lo que ha dicho sobre sus hijas. Ahora una de ellas quiere ir de itinerante y está contenta con ello. Ella misma quería irse de itinerante. También la veo muy dedicada a la oración. Le gusta ponerse en oración, va a la Palabra con deseo.
Kiko: ¿Pero contigo cede? Sinceramente. Te está escuchando el Señor.»
¿Queda claro? Si reza, no importa; si tiene discernimiento no importa; lo que importa es que se someta al marido, incluso si este patina.
«M: Bueno, en algunas cosas sí y en otras no.
(Kiko le pregunta al hermano con quien tuvo la pelea)
Kiko: ¿Advertiste que no había resentimiento en ella? Esto lo cree ella, pero tú en el fondo, ¿notaste que había algo? Sinceramente.
H: Sinceramente pienso que después de la celebración de la Pascua no quedó nada.
(Pregunta a sus hijas)
Kiko: Dentro de tus posibilidades, porque quizás te confundas por estar condicionada por la situación familiar, ¿has visto en tu madre en el camino neocatecumenal un cambio dentro de la comunidad, de modo que digas que se nota que está en la comunidad o no?
Primera hija: creo que ha cambiado porque antes nos regañaba en todo momento, discutía con mi padre y ahora discute muchísimo menos.
Kiko: Tú  ¿atribuyes esto a la comunidad?
Primera hija: sí.»
Y así no necesitan a Dios para nada: se creen que la comunidad les da la vidita.
«Kiko: Siéntate.  Otra. Sinceramente, ¿puedes decir que en tu madre has visto un cambio a través de la comunidad?
Segunda hija: sí.
Kiko: ¿En qué hechos concretos?
Segunda hija: Creo que ahora es más libre de lo que dice la gente y de lo que hacemos nosotras. Ahora es más libre.»
Tal vez sea que con tanto tripodeo dedica mucho menos tiempo a las hijas, a lo que hacen o a lo que otros digan de ellas.
«Kiko: ¿Tú has visto que ella estaba muy apegada a esto antes?
Segunda hija: sí.
Kiko: Puedes sentarte. La otra hermana. ¿Has visto un hecho en el que puedes apreciar un principio de conversión en tu madre?
Tercera hija: Sí. A mí me acepta mucho más.»
Yo lo flipo con estas madres que no aceptan a sus hijos salvo bajo condiciones de kikotización severa.
«(Pregunta a la comunidad)
Kiko: De la comunidad, ¿alguien quiere decir algo más? ¿Conocéis algún hecho positivo o negativo?
C: Yo sé uno que que no sucedió con nadie de la comunidad: una vez estábamos comiendo algo y, al final, ella comenzó a recoger la habitación. Y la dueña del local, que había sido criada cuando era niña, dijo que parecía imposible verla barrer por haberla conocido antes, que si no lo hubiera visto no lo habría creído. Y vi que aquella señora había visto algo bueno en ella.
Kiko: Esta señora había visto algo bueno. ¿Tú has visto algo bueno alguna vez? Tú.
C: Muchas cosas, sí. Sabiendo que está muy orgullosa y ha sido muy mimada en su infancia, la veo ahora a disposición de los demás y creo que es un cambio.
Kiko: Puedes sentarte Veamos un poco; a mí me parece que el ídolo más grande que tienes, te digo sinceramente lo que pienso, eres tú misma. Esto que dijiste que no aceptas ser mujer es muy importante. Y la soledad, esta característica que tienes de soledad, es que en el fondo quieres ser independiente, tal vez. Si no, no pensarías mucho en estas cosas. Te gusta ser independiente y mandar, conducir todo tú misma.
Y: Sí, sí, de acuerdo.
Kiko: ¿Estás de acuerdo? Entonces fácilmente puedes buscarte a ti misma en ser itinerante, buscándote en todo, porque encuentras una forma de independencia, de feminismo, porque nunca has soportado que se te ponga debajo y has tenido que soportar y vivir con tu marido. Y puedes usar esto como un medio para ser tú, para autoafirmarte, en definitiva. Es decir, para escapar de la actitud del Siervo que en el fondo nunca en tu vida has aceptado, y si la tienes que aceptar es por la condición española de la mujer, que es verdaderamente catastrófica. Bueno, todo esto está muy bien, pero aquí lo importante es que Jesucristo aparezca en tu vida, porque en la nueva condición humana no hay ni hombre ni mujer, ni griegos ni escitas, ni esclavos ni libres; hay una criatura nueva. ¿Quieres entrar al catecumenado?
Y: Sí.
Kiko: El Señor está a punto de hacer una alianza contigo. ¿Estás dispuesta a dar un signo de renuncia a los ídolos? También al camino como ídolo. Es decir, ¿estás dispuesta a dejar la itinerancia? Y que tu marido se ponga a trabajar. Dejarte guiar en casa.
Y: Sí, totalmente.
Kiko: ¿Verdaderamente? ¿Te interesa el camino?
Y: Sí, sí, quiero hacer lo que tú digas.
Kiko: Entonces piensa en un signo en dinero que exprese que aceptas que el Señor te conduzca donde Él quiera, sin que tú instrumentalices el camino para afirmarte en el fondo a ti misma. Puedes sentarte
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