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miércoles, 6 de diciembre de 2023

Tostón publicitario en tiempo de Adviento 2023 (II)

 

Tras las instrucciones dadas por la secre para todo es el presbi Pezzi quien dice que va a hacer una «introducción al anuncio» (no añade “publicitario y de sí mismo”, pero se sobreentiende) que hará Kiko.

 

Nos hemos enterado de que alguno osa tomar decisiones por libre

«Bueno, queridos hermanos, quería insistir sobre esto de la misa de medianoche porque viniendo de España nos hemos enterado de que algunos párrocos, después del Covid, han cerrado y no la celebran. Es importantísimo celebrar la misa de medianoche también para la comunidad, que puede cantar algunos villancicos».

¡Que atrevimiento el de esos párrocos que se han creído que podían mandar en su parroquia! ¡Inaceptable! Ignoro si hay más de uno, pero da la casualidad de que conozco a uno que tras padecer la Covid ha quedado tocado y necesitado de reposo, motivo por el que ha impuesto el cierre de la parroquia a las 11:00 de la noche, incluso los escruticidios se cortan a esa hora.

¡Intolerable! Hay que explicarle a este presbi que las comunidades necesitan reunirse a medianoche a berrear villancicos. Y que en el kikismo no vale lo mismo la misa de 12 de la mañana que la de medianoche, aunque también sea misa de 12.

Tras la arremetida absurda, dictatorial y fuera de lugar contra la autonomía y el gobierno de los párrocos sobre sus respectivas parroquias, sucede que lo que Mario quiere hacer pasar por introducción al narcisista anuncio de sí mismo de Kiko es un resumen de un rollo que ya soltó en 2010 sobre los novísimos, que es tema más adecuado para la Cuaresma que para el Adviento, pero es que ellos son así: liantes, confusos e incluso retorcidos.

A continuación una muestra:

«Así, también nosotros, como el pueblo de Israel, en este tiempo de Adviento, esperamos que el Señor regrese en gloria. El pueblo de Israel esperó al Prometido durante 400 años, y después de todos estos años llegó. Después de 2000 años, llega Jesucristo. Después de la Ascensión, Jesucristo regresará en gloria para juzgar a los vivos y los muertos.

Nuestros catequistas, acabado el itinerario neocatecumenal con la boda, la vestidura blanca, nos profetizaron otros tres pasos: enfermedad, vejez y muerte. El Señor nos dará estos tres pasos en la medida que considere más útil para nuestra salvación».

¿A qué prometido con mayúsculas se refiere Mario? ¿Qué les llegó a los israelitas tras los 400? ¿Desde dónde hay que medir esos 2000 años que según Mario pasan hasta que llega Jesucristo? ¿En qué mentalidad no kikotizada cabe deleitarse con muertes, vejeces y enfermedades como preparación a la Navidad?

Pues según Mario esos son los temas que más les agradan a ellos para una charla relajada o para una introducción a un tostón, que es lo que Mario dijo que iba a hacer:

«A nosotros, a quienes el Señor se complació en llamar a la iniciación cristiana, a través del Camino Neocatecumenal … Para nosotros es reconfortante hablar de la muerte, del juicio, del infierno y del cielo. Conque no os asustaré. Empecemos por la muerte».

Y como si los oyentes fuesen todos paganos, Mario les explica que tras la muerte el alma se separa del cuerpo. Y también aprovecha para dar instrucciones sobre lo que los vivos han de hacer con ese cuerpo. Si pudiera, sospecho que también repartiría instrucciones sobre lo que hacer con el alma, pero no está a su alcance y ha de limitarse a decidir por los demás sobre cuerpos ajenos:

«Nuestro cuerpo, habiendo sido templo del Espíritu Santo, se acompaña de una bellísima y maravillosa celebración litúrgica con todos los hermanos de la comunidad: es sepultado y venerado, porque aunque el alma se desprenda de nuestro cuerpo, siempre queda un conexión entre el alma y el cuerpo. Por esta razón la Iglesia favorece el entierro; sólo con los dientes apretados –por así decirlo– ha permitido, en ciertas ocasiones, la cremación. En algunas diócesis se favorece la cremación: ¡ser quemado parece como si quisieras arder en un anticipo del fuego del infierno! ¡Nosotros no! En el Camino Neocatecumenal -ha habido casos excepcionales, el Señor lo verá- los hermanos son sepultados».

Este Mario parece animista. Tal vez sea un ramalazo de religiosidad pagana natural la que le lleva a decir que ellos en el CNC veneran los cuerpos muertos después de sepultarlos. La Iglesia no hace eso.

En cuanto a cremación en el CNC, no es nada excepcional. A aquel que no tiene disponible una sepultura ni consigue un huequecito en el jardín de un R.M. ¿qué opción le queda? Mario se debe pensar que las sepulturas las regalan a la salida del metro, pero no es así.

Tras insistir una vez más en la veneración que recibe el cuerpo sepultado, Mario explica a su audiencia obviedades que no necesitan ser explicadas a un cristiano. A saber, que el alma va a un juicio particular y que inmediatamente a continuación su destino es la gloria, el infierno o el purgatorio, antesala del cielo. Y suelta una chapa sobre el purgatorio que de verdad me hace sospechar que está convencido de que su audiencia necesita ser educada sobre ese particular. Es decir, los toma por paganos o por ignorantes. O ambas dos.

Por eso también les explica lo que es la parusía:

«La fase final está precedida por la Parusía que es el regreso de Jesucristo con sus santos.

Y les cuenta la batallita de que primero llegará el anticristo, que será una impostura religiosa, es decir, que atacará a la Iglesia desde dentro y ofrecerá a la gente la felicidad y la solución a todos sus problemas al precio de la apostasía de la verdad… Es decir, talmente como el CNC que se vende como la varita mágica que lo arregla todo al precio de tu libertad y tu razón.

Lo mejor es cuando Mario dice que ellos ¡ELLOS!, que están en un camino de iniciación presuntamente cristiana que no acaba nunca porque ni uno se ha convertido, tienen que estar atentos para descubrir al anticristo. ¡Apañada estaría la Iglesia si dependiese de ellos!

Lo siguiente a lo que se refiere Mario es al juicio final… La verdad, lo explica bastante mal, si alguien quiere profundizar en el juicio particular y el juicio final le recomiendo leer a Santo Tomás.

«Luego, cuando Jesucristo regrese en Gloria, con los Santos, vendrá a juzgar a los vivos y los muertos, porque el juicio individual, particular, no basta. El Señor viene a juzgar a todos los vivos y a los muertos. Los muertos resucitarán primero, dice San Pablo, y luego los vivos. Y delante del Señor será el juicio de las naciones. El personal no basta: las naciones, las potencias, los estados, los imperios serán juzgados por Dios».

La verdad, no sé cómo harán los vivos para resucitar sin morir primero.

Sigue con la explicación de que la resurrección de la carne es para todos, también para los que se condenan, pero lo hace a su estilo, o sea, mal:

«¿Y cómo se explica el infierno? O mejor dicho: ¿cómo explica la Iglesia el infierno? Porque, cuando estamos destinados al cielo o al infierno, nuestros cuerpos resucitan, así los cuerpos de los condenados sufren los dolores eternos de su alma, incluso en sus sentidos».

¿Destinados al infierno? ¿Pensará que se hace por sorteo?

«La existencia del infierno demuestra, ante todo, el respeto inquebrantable que Dios tiene por la libertad de su criatura. Él, de manera misteriosa, ofrece su Amor misericordioso a todos los hombres. Pero el hombre, siendo libre, puede rechazar el Amor de Dios, conscientemente.

En otras palabras, podemos decir que sólo aquellos que, habiendo conocido el amor de Dios en su vida y conscientemente lo rechazan, se hacen hijos del diablo, realizan las obras del diablo, se condenan al fuego eterno, en la condenación eterna. Por tanto la condena al infierno no viene de Dios, sino de nuestra libertad.

Porque la misericordia de Dios es grande: sólo quien quiere va al infierno. Por eso debemos aprender a no juzgar a nadie, ni siquiera a los terroristas y, especialmente, a los hermanos de la comunidad».

Nada de raro que Mario junte a los terroristas con los hermanos de la comunidad, que son los últimos y los peores, los que deberían de inaugurar el infierno, según Kiko.

Ya solo le queda hablar de la gloria, que Mario prefiere llamar paraíso. Y se las arregla de nuevo para soltar una bobería:

«Hay quienes piensan que el Paraíso, dado que estamos acostumbrados a verlo representado en iglesias y cementerios con todos sentados y mirando fijo por toda la eternidad, algunos piensan que será aburrido. ¡No es así! Porque Dios es vida».

Yo no sé qué representaciones habrá visto Mario -aunque para imágenes aburridas de tipos sentados en poses estrafalarias y fijas por toda la eternidad, la del kikono de Pentecostés-, pero las representaciones que yo he visto del paraíso son una maravilla de paisajes llenos de vegetación y animales de todo pelaje, lo opuesto a algo aburrido.

Y quién sabe si porque ya acaba la “introducción” y toca soportar el tostón kikil, Mario da a la audiencia una receta para sufrir con paciencia lo que viene:

«San Pablo dice: “Consolaos con estas palabras”. Ese canto "pensemos en las cosas de arriba" significa que, cuando estamos en crisis, cuando vemos todo negro, lleno de dolor, hacemos presente que como cuando hay un huracán fuerte y no podemos ver el sol, no lo vemos, pero está ahí incluso si no lo vemos. Así que aunque no sintamos la presencia de Dios, Él permanece, Su fidelidad permanece. Amén».

¿Será que la amargura carmelitana es contagiosa más allá de la muerte?