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jueves, 13 de noviembre de 2014

La farsa de los tres altares catecumenales




En el Cristianismo, sólo hay un altar: la mesa consagrada donde el sacerdote celebra el sacrificio expiatorio de la Misa.

Y no hay nada comparable a ese altar sobre el que Dios se hace presente.

Sin embargo, en el kikianismo (© Carmen ‘Adidas’ Hernández), hay un paso llamado “tradicio” en el que se sacan de la manga otros dos altares, a los que equiparan sin rubor ni pudor alguno con el altar verdadero.

En palabras de un neosacerdote:

Altar católico
El primer altar es el del templo, el de la celebración eucarística. Sentados a esta mesa los creyentes comen el pan de la Palabra (una expresión muy común entre los Padres de la Iglesia haciendo referencia a Juan 5: "Yo soy el pan bajado del cielo") y comen el Cuerpo de Cristo, el pan eucarístico.

El segundo alter es la mesa familiar. Sentados a esta mesa la familia cristiana bendice a Dios por los alimentos, comparte los dones que Dios ha dado, conversan y educan a los hijos en el temor de Dios. Es la Iglesia doméstica de la cual ha hablado tanto nuestro Santo Padre. ¿Acaso la familia no debe comer el pan de la Palabra en este su altar?

El tercer altar se refiere a lo que dice San Pablo a los efesios (5, 32): "Gran misterio es esto, lo digo con referencia a Cristo y su Iglesia". "Misterio" es la palabra griega para expresar la acción de Dios, también para expresar lo que nosotros significamos cuando hablamos de "sacramento". Se habla de la sumisión en el matrimonio y que el hombre hace las veces de Cristo y la mujer las veces de la Iglesia. El tercer altar es pues el tálamo nupcial, la cama matrimonial donde se realiza esta unión que es como la de Cristo y de su Iglesia”.
 (http://www.mscperu.org/consultas/1matrimon/consultas/cn_matr_3altares.html)

No sólo se equipara el  altar sacramental donde se realiza la Eucaristía con la mesa familiar, recalcando como por casualidad la postura sentada a la hora de comer, sino que también se iguala Palabra y Cuerpo de Cristo. Lo que también es erróneo y aberrante. Pues de no serlo, que alguien me explique porque a nadie se excluye de la participación en la escucha de la Palabra y, en cambio, los pecados graves no confesados –y, por tanto, no perdonados- sí excluyen de la Comunión.

Llama la atención también que el misterio que San Pablo refiere exclusivamente a la relación de Cristo y su Iglesia, el neosacerdote lo generaliza alegremente para aplicarlo al matrimonio (cristiano, claro), de tal suerte que por arte y efecto de una generalización tramposa, el sexo matrimonial -finamente llamado acto matrimonial en las kikotesis- adquiere la categoría de ‘sacramento’, es decir, de ‘acto sagrado’ en el que Dios participa.

Y si Dios participa, por fuerza el acto ha de ser fecundo, porque Dios es fuente de Vida.

Recuerdo el caso de un matrimonio que, sin causa de esterilidad por parte de ninguno de los dos, tuvieron que esperar siete años para que ella se quedase embrazada. Recuerdo que ella se atormentaba pensando que se había equivocado de hombre, que su marido no era el que Dios quería para ella y por eso Dios se ausentaba de su tálamo matrimonial y no de daba hijos. Porque en el CNC la ausencia de hijos siempre es interpretada o bien como infidelidad por parte de los catecúmenos o bien como manifestación del rechazo de Dios.

Por el contrario, la fertilidad es entendida como bendición. Por eso no se admiten excusas como que ya no caben en casa, que no llega el sueldo, que ha sido la quinta cesárea y la madre casi la palma… Tonterías. Tonterías y falta de fe, porque si crees que es Dios el que ha estado presente en el tálamo, convirtiendo una actividad fisiológica en un sacramento sagrado, no debes dudar que ese mismo Dios hará los prodigios y milagros que sean precisos para que no falte de nada a su nuevo hijo.

Un matrimonio del CNC lo explica en jerga neocatecumenal del siguiente modo:

¿Se parece en algo a un altar?
“El primer altar es la mesa eucarística, donde Cristo se nos ofrece para que podamos pasar de la muerte a la vida. Sobre este altar se hace un sacrificio (sacrum facere), una bendición, un sacrificium laudis.
El segundo altar de la familia cristiana es la mesa familiar. También sobre ella se hace un sacrificium laudis a Dios que, ofreciendo el alimento, muestra Su amor por nosotros.
El tercer altar es el tálamo nupcial, donde, a través de la recíproca donación de los esposos, se realiza el sacramento del matrimonio. Gran misterio es este: que sean dos en una sola carne. Existe de hecho un misterio en la naturaleza, que tiene eco en la Sagrada Escritura: todo lo que rodea a la vida está rodeado de santidad porque Dios es la vida. El acto sexual es sagrado, porque a través de él se da la vida a otro ser humano, se colabora con Dios en el dar la vida”. (http://www.pastoralfamiliarceg.org.gt/Images/BIBLIOGRAFIA/Ponencias.pdf)

Puede observarse como se banaliza el altar eucarístico para abajarlo al nivel de la mesa de la casa, con sus choricitos y sus patatitas fritas. Pero a la misma vez se exalta el tálamo matrimonial, convertido el lugar del octavo sacramento.

En palabras del padre Pezzi: “en la Catequesis sobre los Tres Altares de la familia, en la Traditio, se invita a los esposos a vivir con un particular respeto el acto conyugal, como algo sagrado, porque a través de él Dios comunica la vida”. (http://es.catholic.net/op/articulos/8001/tema-vi-algunas-dificultades-en-el-matrimonio.html)

Y a todo esto, ¿qué es lo que dice Pako el doliente sobre los altares de su kikianismo?

Todo honor, gloria, boato y pompa sean dados al tálamo
“La familia cristiana tiene tres altares: el primero la mesa de la santa Eucaristía, dónde Cristo ofrece el sacrificio de su vida por nuestra salvación; el segundo, el tálamo nupcial, dónde se sitúa el sacramento del matrimonio y se da la vida a los nuevos hijos de Dios, tálamo nupcial al que se le debe gran honor y gloria; el tercer altar, la mesa de la familia, donde la familia come unida, bendiciendo al Señor por todos sus dones”

“La familia cristiana tiene tres altares: el primer altar es la eucaristía donde Cristo ofrece su vida por vosotros para alimentar vuestra vida cristiana. El segundo altar es el tálamo nupcial donde enseñamos a los hermanos la sexualidad cristiana, que es un sacramento. Les enseñamos a rezar antes de hacer el acto conyugal y tienen que tener una habitación donde se da la vida a un ser humano. Algo impresionante. La gente no sabe nada, no sabe nada, son incultos. El tercer altar es donde se come. Donde Dios te da de comer y tiene que reunirse la familia”. (Inauguración del Seminario Redemptoris Mater Nuestra Señora de Guadalupe, Managua, Nicaragua.  2 Mayo, 2004)

Pako Palomeras deja claro en cual de los tres altares se realiza “un sacramento”… siempre se que haga como él dice, supongo. Trivializa la Eucaristía, trivializa lo más sagrado para elevar por encima la sexualidad humana.

Él sabrá con qué fines actúa así. Lo que yo sé es que se equivoca actuando así.

miércoles, 10 de septiembre de 2014

DON de ESTADO (II)



La presunta fórmula infalible para inculcar a los hijos buenos hábitos de sueño (ver Don de Estado), no es la única imposición invitación que los kikoquistas dan a sus catecúmenos.

No puedo olvidar el consejo del kikoquista principal, el responsable del CNC en la parroquia, sobre lo que había que hacer si al volver a casa encontrabas a un hijo llorando: “La primera zurra, para el llorón, verás como se tranquiliza y se calla. Después es cuando se pregunta qué ha pasado, pero el primer azote siempre al que llore”.

Esa máxima era practicada por algún catecúmeno con auténtico fervor.

Otra fórmula educativa, no sé si exclusiva, pero sí típica del CNC, es la contundencia a la hora de hacer saber a los hijos que no son fruto del amor de sus padres, puesto que no es inusual que la concepción se produzca en medio de una crisis matrimonial gordísima, hecho que los futuros padres refieren ante toda la comunidad como milagro patente y prueba de que Dios les quiere reconstruir.

Así que los hijos no son fruto del amor humano, sino de la voluntad de Dios, diríamos que han sido “elegidos” desde la concepción, como Salomón. En consecuencia, los padres transmiten a sus hijos que están en deuda con ese Dios que les ha dado la existencia y que deben aceptar con alegría cuando les toca ser dejados en la cuneta porque los padres tienen que ir a atender las cosas de la comunidad de Dios.

No pongas a tus hijos por delante de la komunidad
Este “ser dejados en la cuneta” se produce en cada convivencia de paso y en cada convivencia de inicio de curso y / o de transmisión, que son convivencias a las que por imposición sugerencia kikil, se ha de ir sin hijos, para que los padres se centren en lo que de verdad importa, es decir, en escuchar a los kikoquistas a Dios, y no se despisten prestando atención a los nenes.

En realidad, durante años en mi comunidad hicimos la vista gorda a eso de ir sin hijos a la convivencia de transmisión de la de inicio de curso; además resultaba más económico juntar a todos los niños y pagar tres o cuatro niñeras, que no cada quien por su lado, quitándonos las niñeras unos a otros…

Pero según “aumentaba la estatura de fe de la comunidad”, los kikoquistas cada vez nos torcían más el gesto con el tema de llevar a los nenes a la mega-importante convivencia de transmisión, por el mal ejemplo que dábamos a las comunidades más jóvenes. Así que dejamos de hacerlo.

La última vez que fuimos con hijos a una de tales convivencias, fue por mi causa. Porque dije que yo me quedaba con mi bebé de seis meses. Y cuando comprendieron que hablaba en serio, decidieron admitir a los bebés, no sólo a los lactantes, en la convivencia.

En la actualidad, estamos tan konvertidos y somos tan konscientes de que debemos dar ejemplo a nuestros hermanos menores en la fe, que ni siquiera los bebés sanos son aceptados. Ahora es condición sine qua non que la madre se ponga muy farruca y que el bebé presente algún problema de salud para que su presencia sea admitida en una konvivencia de la komunidad.

Y aun así, tales casos son vistos con recelo por nuestros kikoquistas.

En una de las últimas visitas de kikoquistas, el kikoquista responsable sacó el tema de lo malisisisisisisísimo que es para el correcto desarrollo emocional de los hijos que la madre sea una histérica de esas que corre en busca del termómetro y del jarabe antitérmico en cuanto el nene tose una vez. La madre en cuestión, que entendió perfectamente que el comentario iba por ella, le dijo a la cara que no iba a dejar a ninguno de sus dos hijos asmáticos al cuidado de una quinceañera, no fuese que la que se pusiera histérica fuese la quinceañera si le daba un ataque de asma a cualquiera de los dos nenes.

Pero es que disponer sobre los hijos de los demás siempre es más fácil que disponer sobre los propios.


Otro tema que los kikoquistas vigilan con celo y sobre el que toda comunidad está concienciadísima es el de los Laúdes dominicales: para que los hijos no se paganicen, para que no se vuelvan “cananeos”, es im-pres-cin-di-ble someterles a Laúdes mañaneros todos los domingos del año.

Cruz kikista para Laudes -parte trasera-
Para mantenerles despiertos en torno a la mesa, se le proporciona a cada niño un instrumento: pandereta, tambor, zambomba, carraca, flauta… si hay guitarra mucho mejor y si los salmos son cantados, más conversión tendrán. Que se enteren o se dejen de enterar del contenido de los salmos es lo de menos, lo importante es que vean los signos: el mantel blanco sobre la mesa, la cruz de Pako, el icono de Pako, las velas encendidas y, si es posible, flores y que participen en las preces, aunque haya que animarles a pescozones para que pidan.

Porque es importante que se acostumbren a pedir por sus padres, ya que Dios escucha con especial agrado la oración de los niños y más aún si dichos niños han sido “elegidos” desde su concepción para reconstruir el matrimonio de sus padres.

Me viene a la mente una anécdota que nos contó una kikoquista. Sus hijos se iban al patio comunal a jugar con los vecinos nada más desayunar, ella preparaba la mesa para Laúdes y cuando por fin se levantaba el marido, llamaba a los niños. Ella les llamaba, digamos, con discreción: “Chicoooooos, venid que papá os llama” o cosa por el estilo. En cambio, los hijos, sinceros y honestos, se despedían de los amigos con un clarísimo: “Nos llaman para tocar la pandereta y rezar. Es un rollo porque nos hacen preguntas, pero luego volvemos ¿eh?

Para los hijos era parte del ritual dominical; en cambio la kikoquista no aceptaba ejercer de kikoquista con sus vecinos, no sentía celo por konvertirles.

Información para los de razonamiento crucificado
Escrito por Gloria G. y publicado por Vade

miércoles, 3 de septiembre de 2014

DON de ESTADO

Sin duda, uno de los rasgos que caracteriza a los miembros del CNC es su costumbre de llegar con no menos de 30 minutos de retraso a cualquier reunión de las suyas, de esas en las que “reciben la vida”, dicen.

Pero no piense nadie que llegan tarde porque tengan cosas más importantes que hacer ni porque haya otras actividades prioritarias en su ajetreada existencia, no es eso, su tardanza es motivada por las acechanzas del maligno, que se afana por impedirles ir a la comunidad, para que no reciban alimento de vida y mueran.

Por las argucias del enemigo se acuerdan de poner el lavavajillas cuando tendrían que estar saliendo para ir a la comunidad, o les llama la tía Tula por teléfono, o se olvidan a un hijo en casa y tienen que volver a por él, o no encuentran los pendientes que se querían poner, o se extravían las llaves, o… Añagazas y trampas del demonio todo lo anterior.

¿Sabes qué hora es y a qué hora quedamos?
Por eso, a ningún catecúmeno se le pasa por la cabeza disculparse por llegar tarde, ni piensa que su retraso pueda ser tomado por falta de respeto, puesto que todos saben que no es culpa del tardón, sino del enemigo malo.

Pero siendo un rasgo característico del CNC la aparente desgana con la que tantos de sus miembros acuden a cualquier reunión que tengan, no es el primero. Reconozcamos que la seña de identidad de los catecúmenos es su ingente cantidad de hijos.

Por supuesto, todo hijo, cada uno de ellos, es don de Dios, también los hijos de los paganos, también los de los religiosos de Misa de 12, porque también los paganos tienen hijos, y los agnósticos, y los mahometanos no digamos. Por eso, sólo tener hijos no es un hecho diferencial y era preciso tener más que nadie.

Pero no sólo eso. El CNC hace alarde de tener un discernimiento especial y propio para saber como educar a los hijos pequeños.

También los religiosos naturales tienen hijos
Por ejemplo, ¿quién no ha escuchado diatribas de su kikoquista contra los religiosos naturales que profanan el tálamo conyugal permitiendo que el niñito de turno duerma con los padres? En el CNC antes se pasará el niñito toda la noche llorando, encerrado en su habitación, que permitirle entrar en la sacro-santa estancia marital donde los esposos reciben el “don de la vida”, como se dice en el CNC.

Porque a los hijos hay que enseñarles desde pequeños que en la casa hay dos altares donde se adora a Dios; uno es la mesa entorno a la cual se reúnen todos, el otro altar sólo es apto para padres y ningún hijo debe invadirlo, para no ofender a Dios.

Así que, si el niño se pone tonto, se le encierra en su cuarto y se le deja llorar tooooodo lo que haga falta, hasta que aprenda que en la estancia de papá y de mamá no se entra. Porque ni el niño se va a traumar, ni es que tenga miedo a la oscuridad, ni pobrecito mío, que dice en seguida la madre, porque la madre se deja llevar por la afectividad desviada y malsana y no advierte que el niño está haciendo la guerra a su padre, queriendo que la madre le haga más caso a él que al marido. Así que el marido ha de ser firme e impedir que la madre abandone el lecho conyugal para ir a consolar al pequeño monstruo hijo llorón.

Esta es la pedagogía del CNC cuyos frutos a la vista están en los trastornos de los catecúmenos que visitan el blog.

Además, para poner al hijo en su justo lugar, es buenísimo que tenga seis o siete hermanos más con los que competir para conseguir un sitio en la mesa, y es sanísimo que tenga que compartir habitación con otros dos, y que toda su ropa sea heredada. Eso también es pedagógico y los pobres hijos de los religiosos naturales se lo pierden, por lo que no pueden entender la emoción de tener el primer par de calcetines a estrenar justo para hacer la Primera Comunión.

Pero me he desviado del tema. Quiero contar un hecho concreto, por si ayuda a alguien.

No dejarás a los hijos catar el tálamo de los padres
Con casi todos mis hijos no hubo grandes problemas a la hora de ir a dormir. Al primero le costaba coger el sueño, pero luego dormía de un tirón. Los siguientes se dormían en un periquete y ya no se movían en toda la noche. Pero con una de ellos… es sonámbula y no ha dormido bien una sola noche hasta casi los ocho años de edad. A veces pasea dormida, otras veces se sienta en la cama y habla o canta o me llama, pero casi siempre lo que hace es venir hasta mi cama y quedarse inmóvil, en pie, delante de mí, con los ojos abiertos pero dormida.

Nunca la he encerrado en su habitación, nunca he dejado de acudir en mitad de la noche cuando me ha llamado, nunca he pasado de ella cuando la he encontrado ante mí, mirándome con sus ojazos dormidos.

Porque una de dos, o es verdad que los padres tenemos un “don de estado” para saber qué necesitan nuestros hijos, o es mentira el don de estado; y si es mentira, es mentira el don de estado de los padres para con los hijos, el de cada esposo para con el otro cónyuge y, por supuesto, también el del catequista para con sus catecúmenos.

De forma que, si es mentira, no hay razón para permitir que un catequista, en virtud de un don inexistente, disponga cómo he de educar a mi hija. Y si es verdad, entonces he de seguir mi don de estado de madre, diga lo que diga el catequista.

Por ello, muchas veces he dormido abrazando a mi hija, en su cama o en la mía, según tocase; sé que ella no ha elegido ser sonámbula para fastidiar a sus padres y ningún catequista del universo sabe mejor que yo cómo tranquilizar a mi hija cuando la ansiedad la saca de la cama.