Tunicados de S. Rita de Cascia en 2019. Entre ellos podrían estar G.V. y su esposa
Conviene rescatar del olvido esta entrada:
https://cruxsancta.blogspot.com/2020/11/se-investiga-un-kikotista.html
El kikotista en cuestión, G. V., ha sido condenado a siete años de cárcel y una indemnización de varias decenas de miles de euros.
Los hechos sucedieron cuando la víctima era menor de edad, varios años antes de que se decidiera a contarlo a sus padres.
No me cuesta imaginar que el detonante que la llevó a hablar fuese precisamente que, con la mayoría de edad, la joven hiciese valer su derecho a decidir y a no ser obligada a ir a la comunidad. En una situación así, ante la “rebeldía” de un adulto joven la receta neocatecumenal es que los padres insistan a tiempo y a destiempo y le hagan la vida francamente difícil al hijo que, en su libertad, se niega a caminar. Incluso con la amenaza de echarle de casa si no pasa por el aro. Incluso llevando a la práctica la amenaza.
Pudiera ser que, para que los padres entendiesen por qué no estaba dispuesta a volver al CNC nunca más, la hija reveló un episodio de abuso reiterado por parte de un amoroso kikotista de esos que se ocupan de lo que llaman postconfirmación.
Como es usual, cuando los escandalizados padres reclamaron que se apartase al kikotista de los jóvenes, la primera reacción del kikismo negar culpar a la víctima. Todo era falso, inventos, mentiras sin fundamento, el demonio que la engañaba para destruir el matrimonio de unos kikotistas ejemplares y demás monsergas.
El segundo paso, cuando el kikotista reconoció los hechos concretos, fue reclamar a la víctima que callase para siempre, que no denunciase, porque diosito tenía un propósito con lo que le había pasado y la justicia hay que dejársela a Él y si no obedecía y no aceptaba la historia que diosito quería para ella, destruiría a su familia y dañaría al CNC y además ella sería la única culpable de la crisis matrimonial de abusador.
Luego se fue sabiendo que, como pasa en tantísimos matrimonios neocatecumenales, el condenado y su esposa estaban en crisis desde ni se sabía cuándo. De hecho, esa fue la vil excusa de él: que su matrimonio estaba en crisis y él, un pobrecillo, se sentía necesitado de mimitos, tuvo una tentación y cayó, y cayó y cayó… Y a la menor la ordenó callar, porque si lo contaba no la creería nadie. Él era un kikotista por designio de diosito, todo lo que sucedía era porque diosito lo quería, y además él era amigo de la familia de ella.
Y en un miserable intento de quitar gravedad al pecado del kikotista también se dijo que todo había sido consentido, sin amenazas ni coacciones a la chiquita. Incluso intentaron falsear las fechas de los hechos concretos para presentar a la víctima como mayor, no como una adolescente acorralada por un mal individuo.
Los responsables del CNC en la parroquia de Santa Rita da Cascia en Roma recurrieron a las consignas típicas para intentar evitar la denuncia, pero cuando arrancó la investigación judicial, no dudaron en expulsar al kikotista. Ellos son así, lo primero es el grupo. Si la víctima calla, no hay razón para ir más allá, de lo contrario, lo de no destruir un matrimonio en crisis deja de ser vital, si se destruye que se destruya, siempre se podrá alegar que fue diosito, el que te quiere pecador, quien lo destruyó, así que lo expulsaron para poder decir que ellos no consienten el abuso.
No es que lo quitaran de kikotista, es que le ordenaron no volver por la parroquia, que es una decisión que solo corresponde a quien tiene potestad para excomulgar, por cierto.
El juicio tuvo lugar el pasado febrero y G. V., exkikotista y en la actualidad de 53 años, fue condenado a siete años de prisión y a pagar una multa provisional de 45.000 euros por cargos de agresión sexual agravada.








