A continuación, según el esquema, toca la proclamación del kerigma, pero la verdad es que Kiko se queda en las kikadas habituales.
Por ejemplo, para despertar a la audiencia tras la sosísima intervención de la secre caducada, no se le ocurre nada mejor que anteponer a los participantes en el gueto por delante y por encima de la humanidad entera:
«Cuando anunciamos el kerigma decimos que Dios ha mostrado en Cristo crucificado la mismísima sustancia divina, que Dios os ama hasta la muerte. Éste es Cristo crucificado: ¡Dios crucificado por vosotros, no sólo por la humanidad, por vosotros, hasta la muerte total!».
Aclarado que lo importante no es la humanidad, sino los neocatecumenales (lo otro en el kikismo se diría un efecto colateral indeseable pero necesario), hace uso de su bola de cristal que le permite saber cómo decoran sus vidas todos los cristianos del orbe y de todos los tiempos:
«Por eso los cristianos siempre tenemos un crucifijo en la cocina, un crucifijo en la oficina, un crucifijo en la escuela, un crucifijo en el dormitorio: ¡el crucifijo!».
Yo nunca he visto una cocina neocatecumenal adornada con un crucifijo, será que ellos no se cuentan entre los cristianos. Casualmente lo que sí he visto en muchas casas de neocatecúmenos son tablas con el shemá, kikonos, candelabros de múltiples brazos e incluso filacterias. ¡Ya era hora de que Kiko aprendiese cual es el auténtico signo del cristiano!
Prosigue el rollete:
«Digamos que si tú te niegas a que Cristo entre en ti, haces que Dios como que se frustre. ¡Piensa lo que implica esto! Dios es perfecto en Sí mismo, pero queda como frustrado, la obra que Dios ha hecho en Cristo está como perdida, destruida, porque envió a Su Hijo para que tú puedas ser uno perfectamente en Él. Siempre hemos dicho que el amor de Dios es unitivo, son tres personas diferentes en un solo Dios y son perfectamente uno, ¡perfectamente uno! Por eso la palabra "perfecto" debe combinarse con la unidad: son perfectamente uno. “Padre, yo en ellos y tú en mí, para que ellos sean perfectamente uno y el mundo crea. Yo dentro de ellos y tú dentro de mí porque sólo así son perfectamente uno y el mundo podrá tener acceso a la fe”».
Para no perder la costumbre la presunta cita está falseada. ¿Alguna vez ha empleado Kiko una cita del Evangelio sin tunearla a su antojo?
Por supuesto, tras enmendar la plana al evangelista, Kiko se lanza a regañar a sus huestes que no tienen crucifijo en la cocina y no son perfectamente uno:
«Ésta es la misión que Dios nos confía, es el Evangelio, es prácticamente el Evangelio: ser perfectamente uno. ¿Qué nos divide? ¿Qué nos separa? ¿Los juicios? ¿Qué te separa de tu esposa? ¿Qué no aceptas de tu esposa, qué no aceptas de tu marido? ¿Qué no aceptas de tu hija, cómo te gustaría que fuera? ¿Por qué no eres más humilde? ¿Por qué no te consideras indigno de juzgar, si tú no tienes derecho a estar aquí, deberías estar en prisión? Considérate el último y el peor de todos: no juzgues. No juzguéis, dice el Señor, no juzguéis, sed humildes, sed perfectos, sed humildes».
No imitéis a uno que juzgaba preferible la muerte de un Papa antes de ser humilde y obedecer.
Porque a continuación él solito reconoce que no es humilde:
«¡Si no nos volvemos humildes es imposible, es imposible! Entonces Dios levantará su mano de nuestra cabeza y podría abandonarnos en nuestros pecados».
Va a ser eso lo que le pasa a tanto neocatecúmeno adicto a la pornografía: que la comunidad no tiene la varita mágica para alcanzar la humildad ni para sanar nada.
Y prosigue con el amor al enemigo, que es algo que jamás han experimentado tantos neocatecúmenos que entran al blog, al contrario, ellos son los que destilan odio en sus comentarios.
«Amémonos así, aceptando que los defectos del otro muchas veces os crucifican un poco. (…) Amor al enemigo que te detesta, te odia, te quiere suprimir. Lo normal y natural es la supervivencia, huir de quienes quieren matarte. ¿Cómo es posible que el Señor dijera: “Amad a vuestros enemigos, haced el bien a los que os odian, no los maldigáis, bendecidlos”? ¡El amor al enemigo! En el Camino decimos que muchas veces el enemigo es tu prójimo, muchas veces es tu marido o tu mujer o tus hijos, porque no son como quisieras y esto te destruye porque has proyectado sobre ellos una forma de ser y ves que no se comportan como te gustaría, y eso te hace sufrir».
En el Camino se distorsiona todo. No es lo mismo quien “te detesta, te odia, te quiere suprimir”, que quien no es como tú quisieras y no se comporta como te gustaría. Convertir en enemigo a quien no puedes manejar como una marioneta es un retorcimiento más de una mente abusiva.
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| A ver si te entra en la cabeza |
Me voy a detener en esto, que Kiko siempre retuerce y distorsiona, para intentar explicarlo bien, ya que hay muchos neocatecumenales mediatizados por el exceso de kikotina que no identifican la trampa y no ven dónde está la verdad.
Quien no es como tú quieres no es tu enemigo, pero tú, que tratas de deformar a quien no es como quieres, sí eres el enemigo de esa persona.
No se trata de que el no poder controlar a otro te haga sufrir, se trata de que tus intentos de control hacen sufrir al otro.
Recuerda la parábola del buen samaritano. El experto en la ley, que no quiere malgastar su amor, destinado sólo a Dios y al prójimo, le pregunta a Jesús: “¿Quién es mi prójimo?”; y Jesús intenta hacerle ver que lo que tendría que preguntarse es si él actúa como prójimo de cualquiera que se cruce en su camino.
Más claro todavía: el cristiano no tiene enemigos, tiene prójimos; el triste kikiano no tiene hermanos ni familia ni amigos, tiene enemigos, porque la kikotina le induce a ver así a su prójimo. Por eso el kikiano se burla de los religiosos de misa de 12, de los curas clericalistas culpables de que todos se divorcien, de los Obispos llenos de demonios, de los zapatitos del Papa, de las madres neuróticas y de cualquiera que no responda a los designios de Kiko el sensible.


