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domingo, 20 de agosto de 2023

Kiko discípulo de Lutero (y II)

 

Abrazar la premisa luterana —y herética— de que el hombre no es responsable de sus malas acciones, puesto que no las puede evitar, tiene serias consecuencias sobre la doctrina de la Redención, la confesión, la Misa como sacrificio y la naturaleza misma de la Iglesia, por nombrar solo algunas.

Por empezar por lo más obvio: si no hay responsabilidad en el mal que se comete, tampoco hay culpa; si no hay culpa -digan lo que digan los curas clericalistas, que lo que buscan es que se llene el cepillo de la parroquia-, tampoco hay pecado; si no hay pecado, ¿para qué confesarse?


Carmen atacaba mucho la confesión sacramental. Según ella eso de confesarse para obtener el perdón de los pecados es un dislate. Primero porque nada que haga el ser humano puede ofender a Dios, dicen los kikos; segundo porque sostienen que nada sucede sin que Dios lo quiera, por lo que todo mal ha sido previamente aprobado en el misterioso plan de Dios, y tercero porque tus hechos concretos no tienen ninguna trascendencia ¿o acaso te pensabas que tus acciones podían alterar los planes de Dios? Pues no.

«El Cristianismo dice que todos estamos ya juzgados, y que la sentencia sobre todos los pecados se ha hecho en la Cruz de Jesucristo, que ha perdonado a todos. Dios ya ha juzgado los pecados de los hombres; ¿sabes cuál fue el veredicto de Dios para aquel que te robó millones y te dejó en la calle, y para aquellos que te hicieron tanto mal? El perdón y la misericordia» (mamotreto I, tercer día).

Entonces, ¿para qué confesarse?

De hecho, muchos neohermanos solo se acercan a la confesión las dos o tres veces al año que hay penitencial para la comunidad, porque no tiene gracia postrarse de hinojos en un confesionario con un cura que no entiende que todos tus pecados han sido programados y proyectados por Dios antes de la Creación.

Pero el punto es: ¿qué sentido tiene confesarse, si dice el kikismo que ya estamos perdonados todos? Que faltaría más que no lo estuviésemos cuando los pecados fueron ideados por Dios, permitidos por Dios y sobre ellos el ejecutor no tiene ninguna posibilidad de decisión, porque no actúa así por su voluntad, como ya se ha dicho.

Pues decía Carmen que el sentido de la confesión es la conversión. Es decir, no se trata de pedir perdón a Dios por las ofensas cometidas, ¡qué tontería!, se trata de que el ser humano descubra su realidad, porque por culpa de haber sido educado en una sociedad muy moralista todos piensan que para ser aceptados y amados por los demás han de ocultar su verdadero ser, han de fingir que son buenos y que sus obras son buenas.

En suma, la confesión es una catarsis, es un desprenderse del maquillaje, las pestañas postizas, las extensiones de pelo y demás parafernalia y dejar que los demás vean lo que es real. Por eso Carmen y Kiko insisten en que lo importante es sacarlo todo a la luz en la comunidad y después, si acaso, la confesión sacramental por cumplir el rito, pero para ellos lo importante es contarlo todo ante la asamblea.

De hecho, para ellos la asamblea es incluso más importante que el Sacramento de la Eucaristía:

«Entonces hay una asamblea que se reúne. No se concibe, de ningún modo un ritual individual. Los judíos no pueden hacer Pascua si no son al menos once como grupo familiar. Porque el sacramento no es solo el pan y el vino, sino también la asamblea; la Iglesia entera que proclama la Eucaristía. No puede haber una Eucaristía sin la asamblea que la proclama … No hay Eucaristía sin asamblea. Es una asamblea entera quien celebra la fiesta de la Eucaristía; porque la Eucaristía es la exaltación de la asamblea humana en comunión; porque el lugar preciso en que se manifiesta que Dios ha actuado es en esta Iglesia creada, en esta comunión. Es de esta asamblea que brota la Eucaristía» (mamotreto I, convivencia).

El origen del entuerto está en que Carmen y Kiko no creen que la Misa es una celebración sacrificial, puesto que si el ser humano no es culpable de nada y, en consecuencia, Dios no lo puede condenar, ¿qué falta hace un sacrificio redentor? Ninguna.

En la Eucaristía ellos ven un banquete y es obvio que no tiene sentido una fiesta y un banquete sin invitados. Así, en la uka kikiana la asamblea no acude a bendecir y postrarse ante su Dios, sino que actúan como invitados que reclaman ser alimentados y entretenidos por el anfitrión, que se convierte en su servidor.

Y por eso mismo ridiculizan la adoración del Santísimo Sacramento: «Yo siempre digo a los Sacramentales, que han construido un tabernáculo inmenso: si Jesucristo hubiera querido la Eucaristía para alojarse allí, se hubiera hecho presente en una piedra que no se estropea» (mamotreto I, convivencia).

Este cúmulo de errores y herejías hacen imprescindible que las reuniones de las comunidades sean a puerta cerrada, lejos de oídos "forasteros" que podrían escandalizarse.

Pero no solo cierran la puerta a los de fuera. La misa en el CNC es intrínsecamente aislacionista. Cada comunidad se encierra en una sala.

Sabido es que los primeros cristianos se reunían todos juntos. En cada población había una sola asamblea en la que participaban todos los creyentes, tanto si eran catecúmenos como si acababan de recibir el Bautismo o si llevaban años. Cristo no fundó un sistema de castas donde los de un nivel de desarrollo espiritual se juntan a margen de los de otros niveles. El Camino miente o se engaña cuando se compara con las primeras comunidades cristianas y además está en oposición directa a la Iglesia que es una y universal y la unidad de la Iglesia invalida la afirmación de que las misas cerradas y paralelas están justificadas porque las personas no “katekizadas” en el Camino no entenderían y podrían ofenderse. La Iglesia es una y la misa es válida para todos los cristianos y no hay en ella nada ofensivo ni incomprensible.

 

viernes, 18 de agosto de 2023

Kiko discípulo de Lutero

 

Según Lutero, el libre albedrío del hombre es una filfa; el ser humano, marioneta de Dios, no puede ni debe resistirse al pecado porque es incapaz de cooperar con la gracia de Dios. Así, incapaz de tomar sus propias decisiones morales, el hombre no es responsable del mal que pueda hacer y carece de culpa


Como si fuere una reencarnación de Martín Lutero, Kiko confirma repetidamente esta visión herética con afirmaciones como:

«Es un hecho que el hombre no puede hacer el bien. La gente se escandaliza de esto, porque el moralismo es muy profundo dentro de nosotros. La gente, cuando ve a un pobre, piensa que es un sinvergüenza, porque si quisiera trabajar no moriría de hambre; el hecho es que bebe. El hombre cree que todo depende de él, que todo se consigue con puños Si uno es pobre, es porque no quiere trabajar, porque prefiere vivir de gratis. Estamos todos tan catequizados en este sentido, que creemos que el bien está en nuestras manos, por esto nos escandaliza que hacer el bien no esté a nuestro alcance. Vivimos en un fariseísmo total: creemos que todo es obra nuestra.

Esta es la realidad del hombre quiere hacer el bien y no puede» (del mamotreto I).

En suma, tanto en el Luteranismo como en el Kikismo el ser humano no es responsable del mal que hace, porque no es voluntario, no es elección libre y consciente, sino todo lo contrario. Lo que él quiere hacer es el bien, pero como carece de libertad, sin que él quiera sucede que obra el mal.

Su carencia de libertad implica que la Biblia y todos los Padres de la Iglesia mienten cuando aseguran que Dios creó al hombre a su imagen y semejanza, dotado de conciencia, de voluntad y de libertad.

Falso, todo falso.

Entendido este primer punto, el siguiente se cae por su propio peso: Si el ser humano no es libre es que pertenece a alguien, está sometido a alguien, está en poder de alguien que es quien le obliga a actuar contra su voluntad de obrar el bien. Aquí es donde el Kikismo revela que el ser humano es, por el miedo a la muerte, esclavo del demonio.

Fíjate que mal hizo Dios la creación que dejó que su obra culmen cayese en poder del Enemigo. Menos mal que llegó el Kikismo, primero para explicarte tu vida de antes y luego para organizártela en adelante a su antojo y conveniencia.

¿Entiendes ahora cómo funciona esto? Bien, entonces estás preparado para avanzar otro paso.

Si el hombre no es libre de sus actos (esencia luterana infiltrada en la Iglesia Católica), sino que es esclavo del demonio… ¿Por qué los curas son tan pesados en sus sermones moralistas con que para agradar a Dios hay que ser buenos?

Pues es claro: porque los curas no se han enterado de nada porque no han hecho el Camino y por eso se creen que a Dios se le puede disgustar o entristecer con las malas obras que, no se olvide, nunca jamás son voluntarias, sino efecto de la esclavitud a la que el ser humano está sometido por el miedo a la muerte.

Por resumir, lo que les pasa a todos los curas, salvo a los presbikikos bien adiestrados para obedecer a sus kikotistas, es que son unos clericalistas y unos ñoños.

«Ahora podemos entender que es el moralismo: pretender que el hombre, por su propia fuerza, sin Jesucristo, venza el pecado. Entonces le decimos: ánimo, sacrifícate, ¡ponte a ello! Y bombardeamos a la gente. Lo máximo que obtenemos es aterrorizar a la gente, porque uno se mira a sí mismo y se da cuenta de que es un cómodo, que le cuesta incluso ir a la iglesia el domingo y que es triste no ser capaz de cambiar. A lo sumo, tratará de hacer algo para ganarse el cielo en la otra vida con una obra buena. No se puede pedir más, porque está profundamente trabado. Es carnal. No puede dejar de robar, de discutir, de ser celoso, de envidiar, etc. No puede ser de otra manera y no tiene la culpa» (del mamotreto I, día 7).

Por eso lo mejor que puedes hacer es aferrarte a la comunidad neocatecumenal, tripodear sin desmayo y no volver a pisar la Iglesia ni aunque lo reclame el Papa, que mejor haría muriéndose antes que reclamar tales desatinos, dicho sea sin malicia.

Lo que debe de quedar bien claro en la mente del neocatecúmeno es que la postura de la Iglesia es equivocada y cerril y que solo en Camino está en la verdad.

Por eso antes desobedecer a todos los Papas del universo que cambiar una coma o una tilde de los dogmas kikiles.