Poco a poco, en este tiempo de verano, se irán publicando una serie de testimonios y experiencias personales de no-miembros de una no-asociación cuyo nombre no quiero recordar.
Aquí una de ellas.
«Me considero una neocat de tercera generación (ex-neocat desde hace como diez años). Mi abuela empezó con esto en Nicaragua, después de que su esposo la dejara con cuatro hijos. El way se volvió su refugio seguro y su red de apoyo durante toda su vida. Ella completó los pasos del way y fue catequista hasta que falleció hace unos años.
Mi mamá creció con el adoctrinamiento del way en Nicaragua. Todos sus amigos, su familia y su círculo social estaban ligados al way. Se mudó a Estados Unidos, se casó con mi papá (que durante la mayor parte de mi vida no estuvo en el way, pero eventualmente se unió por un par de años) y siguió con una comunidad en el sur de Florida. Yo crecí toda mi vida yendo a la eucaristía, las preparaciones, las vigilias de Pascua y los encuentros juveniles que hacían los domingos. Soy la mayor de seis (obvio, mi mamá creció súper metida en la idea de estar “Abierta a la vida”)
Cuando tenía 13 años, fui a la "catequesis". Esto se sentía como una especie de rito de paso dentro de mi familia. Me escogieron para ser salmista y eso me inculcó un amor por la música que todavía mantengo. Caminé unos diez años hasta llegar al segundo escrutinio.
Aunque tengo cientos de historias de abuso emocional y trauma, quiero contar la historia final, la que terminó liberándome a mí y a mi familia del way.
Había un seminarista que estaba en la comunidad de mi mamá. Como muchos de ustedes saben, muchas veces invitan a los seminaristas a las casas de los hermanos los domingos. Él tenía como cinco años más que yo y para mí era como un hermano mayor. Con el tiempo, fue ordenado y lo asignaron a la parroquia cerca de mi casa. Estábamos felices de que estuviera tan cerca y de tener a un presbítero neocat en nuestra iglesia local.
Él venía seguido a nuestra casa y era parte de nuestra familia.
Mientras, el matrimonio de mis papás no estaba bien. Obvio, los "catequistas", la comunidad y las presiones sociales empujaron a mi mamá a seguir con mi papá; le hicieron creer que era una virtud aguantar la cruz de quedarse con él.
El presbítero empezó a visitarnos cada vez con más frecuencia para hablar con mi mamá, y le mandaba mensajes y le llamaba en horas raras. Al principio pensé “bueno, claro, ellos son hermano y hermana en la comunidad. Nosotros somos su familia”.
Pero entonces empezó a ponerse raro. Recuerdo haber entrado a mi casa un par de veces y encontrar al sacerdote echado en el regazo o en el hombro de mi mamá, mientras ella le tocaba el pelo y escuchaba sus quejas. Nunca actuaron como si eso fuera raro, pero a mí cada vez me ponía más incómoda. Al final le dije a mi mamá que esto me parecía mal, pero se molestó y dijo que yo estaba pervirtiendo algo familiar.
Todo este tiempo, mi papá se iba poniendo cada vez más molesto por la relación entre mi mamá y el presbítero. Al final les dijo a los "catequistas" lo que pasaba y todo más o menos se desmoronó.
Prácticamente de un día para otro, el presbítero desapareció de nuestra iglesia local. Yo creo que lo mandaron fuera del país.
Los "catequistas" empezaron a venir a mi casa y a tener reuniones intensas con mi mamá y con mi papá, a puerta cerrada. Una vez trajeron a otro presbítero, que estaba en su equipo. No sé todos los detalles, pero yo creo que mi mamá se sintió traicionada por el way. Ella quería dejar a mi papá y al way. Recuerdo al otro presbítero del equipo diciéndole: “Si dejas a tu esposo y el way, la sangre de tus hijos caerá en tus manos”.
En resumen, mi mamá sí dejó al way y a mi papá. Estoy muy orgullosa de ella porque creo que fue víctima de una vida de indoctrinación por esa secta. No le guardo rencor por haberme metido a mí en la misma máquina.
Yo me fui unos meses antes que ella y perdí un montón de amigos. Todos los del way me miraban y me hablaban como si yo fuera una “oveja perdida”. Pero mi familia y yo ya somos libres. Estoy comprometida con una persona hermosa y he trabajado muchísimo estos traumas con terapia y con el apoyo de mis amigos y familia que no son neocat.
Escribir esto fue difícil, me siento cansada y ansiosa, pero quería compartir un pedacito de mi historia con otras personas que entiendan.
Para terminar en algo positivo, estoy feliz y estoy bien de salud. Ahora trabajo como terapeuta y creo que mis experiencias me hicieron una mejor terapeuta. Tengo un grupo sólido de amistades profundas y bonitas. Encontré el amor y estoy comprometida para casarme. Mi familia está libre de este culto y también está saliendo adelante.
Hay vida después del way».

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