El obispo de Alcalá de Henares, monseñor Reig Pla, es prokiko desde hace muchos años. Lo era cuando estaba a cargo de la diócesis de Segorbe-Castellón -desde 1996 hasta 2005-, cuando pasó por la de Cartagena -de finales del 2005 a principios del 2009- y lo es en la de Alcalá de Henares a pesar de que los chismosos aseguraron que fue el poderoso señor Mendoza, el dueño de la UCAM y el mismo que cuenta batallitas sobre los microchips que quieren implantarnos potencias malignas valiéndose de la vacuna de la Covid-19 -cuando la haya-, quien ordenó su expulsión, debido a que el señor obispo no se sometía a sus caprichos.
No tengo ni la menor idea de qué pueda haber de verdad en tales historietas y el caso es que no me consta que los alcalaínos tengan quejas hacia su obispo.

El obispo con los recién tunicados de Torrejón en la Pascua de 2013
De vez en
cuando se le va la mano con las kikadas -es opinión personal-, como lo de
llamar a alguna comunidad tunicada de otra población matritense -¿eran mostoleños
o alcobendenses? Seria lo segundo, que queda más cerca- a que se paseen por la
diócesis de Alcalá para evangelizar kikotizar a los nativos -da idea de
poco arraigo del CNC en Alcalá, cuando tienen que importar proselitistas de otras
ciudades-, o como lo de los cursos para curar la homosexualidad a cargo
de laicos afines al CNC.
Pero también hay que reconocerle al señor obispo Reig Pla que de toda la curia nacional fue el único obispo que siguió abriendo las iglesias cuando todos los demás dispensaron alegremente a la población del precepto dominical.
El caso es que el otro día me encontré con un bulo que aseguraba que el obispado de Alcalá amenazaba con el infierno a todas las chicas que vistieran de forma provocativa.
No me lo creí, pero fui a la página del citado obispado en busca de confirmación. Y, como esperaba, el chisme resultó más falso que una moneda de dos caras.
Verdad es que en la página web del obispado hay un apartado destinado a los jóvenes con orientaciones y consejos para vivir en castidad, y que se daban pautas sobre el vestido, pero no se decía nada que yo no diga a mis hijas, ni se demonizaban las minifaldas, ni las camisetas cortas para enseñar el ombligo, ni los pantalones con rotos por todos lados…
Y sin embargo, sinceramente, me decepcionó mucho lo que encontré.
Ignoro quien está detrás de esa función / misión de asesoramiento a jóvenes que tiene el obispado de Alcalá, es decir, no sé si es una de las actividades que deja en manos de neocatecumenales -como los cursillos de ayuda a homosexuales que tanta polvareda levantaron-, pero es irrelevante puesto que el contenido que publican me ha parecido banal, extremadamente trasnochado y muy superficial. Lo que pretendo es aportar ideas y señalar algunas de las carencias que he visto.
Para empezar, en una cosa tenía razón el muy malicioso bulo con que topé: los consejos del obispado están orientados mayoritariamente contra las chicas y olvidan / eximen de consejo y orientación a los chicos.
Sí, he escrito «contra las chicas». Me parece muy trasnochado hacer a las muchachas responsables de mantener a raya a los chicos, que a esa edad son más grandes, fuertes y gamberros, mientras que no encontré consejos dirigidos a ellos sobre el respeto y la consideración hacia las mujeres, que no son tan recias y fuertes, pero tampoco inferiores a ellos. Y habría que hacérselo notar.
Además es paternalista y ofensivo que se considere que la forma de vestir de ellas puede ser el detonante que dé ocasión al pecado, como si el vestido justificase el mal proceder de otro, como si pecar no fuese un acto libre y voluntario, sino forzado por la ropa de la chica. ¡Por favor! Para empezar, hay mujeres que vestidas de sayo son atractivas, porque es la forma de moverse, la mirada, la seguridad y el aplomo lo que hacen que se las tenga en cuenta. Y además, ¿dónde empieza el decoro? ¿en los codos, en los hombros, en las rodillas? ¿Es provocativo el pelo largo? Con ese tipo de teorías algunos impusieron el burka a toda la población femenina, en lugar de enseñarles a ellos el control y el respeto al prójimo.
Insisto, ¿dónde
están los consejos dirigidos a ellos? Al parecer no importa si ellos van con el
pantalón caído y los gayumbos al aire o con la camisa abierta hasta el ombligo.
¿Acaso es que nosotras no tenemos ojos? Parecen consejos sacados de algún
tratado del tiempo de mis abuelas, cuando era tabú hablar del deseo y del
placer femenino.
Otro ejemplo. También leí que se aconseja a ellas, siempre a ellas, que enfríen la conversación si toma un derrotero calentito. En otras palabras, que si ellos empiezan a hablar de tetas y culos -un clásico-, tienen que ser las chicas las que deriven la conversación hacia el cocimiento de los garbanzos, por ejemplo. ¿Por qué no se les orienta a ellos para que no vean a las mujeres como carne con tetas y culo? ¿Dónde están los consejos para ellos?
No los encontré. Y la guinda fue la contundente aseveración de que siguiendo su guía las muchachas podrían preservarse para el matrimonio. ¿Las muchachas nada más? ¿Solo ellas han de «preservarse»? Voy a decir lo que pienso como mujer y madre de hijos veinteañeros: la guía para jóvenes del obispado del Alcalá es anacrónica. Toda la carga y la responsabilidad para ellas, todos los derechos para ellos. Pónganse las pilas y actualícense, por favor.
Voy a contar un par de hechos concretísimos que me sucedieron a mí en mi juventud, a mí que jamás he sido enamoradiza ni promiscua ni entendía el sexo como un entretenimiento juvenil.
La siguiente situación se produjo con el primer chico con el que salí. Fue en una de las primeras citas a solas, cuando ya quedábamos al margen del grupo. Salimos a cenar, recuerdo que era finales de noviembre, hacía frío y era noche cerrada. Puedo asegurar que yo no enseñaba otra cosa que no fuesen las manos y la cabeza pues, como he dicho, hacía frío; también aseguro que la conversación durante la cena no fue picante ni subida de tono. Pues aún así, salimos del sitio donde cenamos y, sin más, en chico me abraza desde atrás y me golpea el trasero con sus caderas. Lo hizo dos veces, porque la primera vez me cogió tan por sorpresa que no asimilé lo que simulaba que hacía conmigo.
En la inútil guía juvenil del obispado no he visto que se cuente qué hacer en una situación así, cuando una cita se tuerce porque él la tuerce, por más que ella no quiera. No, todo parece orientado a hacer pensar que si algo se tuerce es porque ella ha fallado, porque es ella quien carga con la responsabilidad de que no haya fallos. ¿Tan inútiles o tan irremediables salidos consideran a los chichos? Pues sería conveniente que informasen a las chicas de que a veces el aerosol de pimienta es un gran aliado.
Otro hecho concreto. Posterior, yo ya estaba un poco más curtida. Mi noviete de entonces me llama por teléfono y tras el intercambio de saludos me dice que le cuente algo mientras empiezo a escuchar que respira agitado al otro lado del teléfono… Sí, había decidido masturbarse con mi agradable voz de fondo. Ni fue fallo mío ni yo di pie a ello. Pero la guía del obispado de Alcalá no tiene nada que ayude y oriente a los chicos a encauzar su sexualidad, los deja sueltos mientras carga de normas y reglas y consejos vacuos a ellas. Es absurdo.Bastante difícil lo tienen todos los jóvenes de ambos sexos para encima irles con tontadas bajo el disfraz de ser una ayuda que carga a unas e ignora a otros.
Yo no trivializo con la sexualidad ya que, como he dicho, tengo hijos jóvenes a quienes por biología y naturaleza les correspondería ser sexualmente activos, pero están en una sociedad en la que no es fácil casarse antes de los treinta… ¿Ayuda de alguna forma la guía del obispo Reig a sobrellevar esta situación? En mi opinión no aborda la raíz de tanto sexo desordenado, el recurso de declarar que todo es vicio y pecado es solo eso: un recurso facilón pero vacío. La realidad es que a un chico de catorce / quince años le dices que se aguante hasta los treinta y entiendo que te mande a la porra y más allá. ¿Qué hay en esa guía que ayude a valorar la castidad de laaaarga duración como algo bueno y deseable? Nada y menos que nada para los varones, de quienes, al pareces, no se espera que lleguen sin estrenar al matrimonio.
En suma, una guía trasnochada. Actualícenla, busquen propuestas y soluciones novedosas, impliquen a ellos en el proceso, no los ignoren ni los den por perdidos y no carguen a ellas de deberes. De lo contrario, dudo que sirva de algo su sección para jóvenes.





