lunes, 2 de noviembre de 2026

Padre nuestro - última parte (IX)

 


Sigue la cosa con lo que Kiko pretende hacer pasar por una catequesis sobre la palabra proclamada. En realidad es un discurso de consignas propagandistas y de humillación de víctimas y de todo lo que no sea el CNC.

«KIKOTESIS SOBRE LA PALABRA

(Kiko)

Ved, hermanos, qué palabra maravillosa: es magnífica, práctica, concreta, estupenda. No nos engañemos: aquí no cuentan ni religiosidad, ni misticismos, ni estupideces, sino hechos, ¡hechos! Tal vez alguno dirá: "Kiko, yo no tengo esos hechos. ¡Qué tengo que hacer?" Bien, vamos a verlo juntos; quizá no escuchas de verdad la palabra de Dios, quizá últimamente no rezas, no lo sé; te podemos ayudar; no te preocupes».

Dice Kiko que solo valen los hechos, la gracia ni está ni se la espera, por supuesto, pero ante la supuesta pregunta de uno de esos neocatecumenales que tras dieciocho años no tiene hechos que presentar, Kiko contesta con recetas de religiosidad y misticismo… Ahí lo dejo.

«¿Y qué hechos son ésos? ¿Qué ha dicho la palabra? "Sabemos que hemos pasado de la muerte a la vida, porque amamos a los hermanos. Quien no ama permanece en la muerte. Todo el que aborrece a su hermano es un asesino; y sabéis que ningún asesino tiene vida eterna permanente en él". Esto es una síntesis teológico-catequética. Habla del amor y dice: "En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Él dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos". A esto quiere llegar el Camino Neocatecumenal: a que una comunidad de Milán, por ejemplo, se convierta en un Evangelio de salvación, en una Buena Noticia. ¿Cuál? ¡La vida eterna actuando en ellos! ¿Y cómo se sabe? Porque se aman los unos a los otros como Cristo nos amó».

Kiko lo retuerce todo. Si solo “amas” a los de tu comunidad, ¿qué mérito tienes? ¿acaso los malvados no hacen cosas buenas por los suyos? Si solo te importa tu comunidad no hay vida eterna actuando en ti.

Pero el error es más grave.

«¿Y cómo nos amó? Cuando éramos pecadores dio su vida por nosotros».

Por eso en el Camino se premia a los malvados y se castiga a las víctimas, porque se pretende que las víctimas amen a los malvados siendo malvados, en cambio, no se les dice a los malvados que si aborrecen a su víctima son asesinos y que ningún asesino tiene vida eterna. Pero Kiko, una y otra vez, solo aplica la palabra asesino a las víctimas, no a los malvados:

«Es fácil amar a un amigo cuando es bueno, pero es muy difícil amarle cuando es defectuoso, porque sus defectos nos matan. ¿Qué hacemos entonces con la gente que nos fastidia, que tiene defectos? La aborrecemos, porque nos mata. Por eso dice S. Juan: "Todo el que aborrece a su hermano es un asesino"; lo está matando dentro de él. ¿Y por qué lo aborrece? Aborrecer es defenderse. Pero este defenderse muestra -dice S. Juan- que no se tiene dentro vida eterna, porque la palabra "eterna" indica una vida que ya no muere. Por eso los cristianos pueden amar en una nueva dimensión, como no puede amar un hindú, como no puede amar un marxista, como no puede amar el que no se ha encontrado con Cristo resucitado, vencedor de la muerte, que nos concede, mediante el Espíritu Santo, el poder participar de su victoria. ¿Y cómo se llama esta victoria? ¡La vida eterna actuando en nosotros! Muéstrame tus obras y te diré la vida eterna, la fe que tienes. ¡Obras! ¡Obras!».

Y así, con este retorcimiento de la Escritura, se les dice a las víctimas que su obligación es callar y amar al malvado (https://cruxsancta.blogspot.com/2026/08/carta-abierta-kiko-arguello.html); y jamás se le dice al malvado que su obligación es confesar y remediar en la medida de lo posible el daño causado. Jamás. Esta conducta es diabólica.

«"En esto hemos conocido lo que es el amor: en que Cristo dio su vida por nosotros. También nosotros debemos dar la vida por los hermanos". Es evidente que dar la vida por el hermano es aceptar al hermano sin juzgarle, aceptarle como es, con sus defectos, dejándose matar por sus pecados. Es evidente que dar la vida por el hermano es hacerse pecado por el hermano, como hizo Cristo. Ésta, dice S. Pablo, es la ley de Cristo: llevar las cargas los unos de los otros. Pero esto para el mundo pagano es un escándalo: "¿Cómo? ¿Hacerme yo pecado por aquél? Eso equivaldría a aprobar sus pecados. ¡Eso ni en pintura!" El Evangelio, también en este sentido, es radical. Hay gente que se aleja de la Iglesia porque no ve que eso se realice en los cristianos».

No. Hay gente que se aleja de la Iglesia porque ve que se protege a los pedófilos, por ejemplo, no a las víctimas; porque se deja en su cargo al presbikiko acusado de violación, por ejemplo, y se ataca a la víctima. Eso es lo que escandaliza.

«Por eso es urgente que la gente pueda ver en nosotros verdaderamente el cristianismo, la vida divina, vencedora de la muerte, actuando en nosotros: una nueva forma de amor por encima de la muerte, en la dimensión del enemigo. El matrimonio es indisoluble porque nada puede destruir ese amor, dado que el cristiano ama sin límites, porque ha recibido de Dios el Espíritu Santo que le lleva a amar así. La fe es un don gratuito que nos lleva a amarnos así los unos a los otros: "Amaos como yo os he amado: en ese amor conocerán todos (los paganos) que sois mis discípulos"».

La primera dificultad para ese amor son los malvados. El malvado no ama, y quien se pone de su lado es su cómplice, no su amoroso hermano, su cómplice, que tampoco sabe lo que es amar. Y además está lo subrayado, que es una deformidad introducida por Kiko en la cita con la que llama paganos a todo el universo no neocatecumenal. Ya sabéis, una vieja argucia de los grupos coercitivos es considerar que todos los de fuera son enemigos y subhumanos, despreciables vital y moralmente, paganos.

A partir de aquí Kiko da otra vuelta de tuerca en su afán por justificar a los malvados y atacar y humillar a las víctimas. Pero lo dejo para otra entrada.