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viernes, 2 de febrero de 2024

Requisito kiko para ser "cristiano"

 

Sigo con el estudio sociológico del CNC.

El autor narra diferentes anécdotas contadas por personas varias. Una de ellas es la siguiente.

 

«Esta mañana me pidieron que presidiera los laudes (sic). No me hacía gracia pero acepté. Quise estar seguro de que había entendido dos ideas que les vengo oyendo decir, y que me sorprenden:

1) que aún no somos cristianos;

2) que no debemos hacer esfuerzos en nuestra vida espiritual o religiosa.

Por lo que respecta a la primera idea fui muy suave en la provocación. Me explico, quise llamar a los presentes con el saludo de 'hermanos cristianos' pero no me atreví. Dije simplemente hermanos, y a lo largo del saludo di a entender que Dios había derramado ya su gracia, la vida cristiana dentro de nosotros. La idea, pues, aunque suavizada, estaba dicha con la intención de provocar.

La respuesta no se hizo esperar. A la reunión siguiente (que no era una celebración en la que no se admite replicar ni discutir), Manolo, que iba a dar la catequesis sobre el Siervo de Yahvé, aprovechó la ocasión, y antes de empezar, sin que viniese a cuento, respondió a mis dos provocaciones.

A la primera dijo que aunque nos escandalizáramos tenía que decirnos que no éramos cristianos, porque si al preguntarnos si lo éramos le respondíamos afirmativamente, nos iba a preguntar si cumplíamos el Sermón de la Montaña, y si volvíamos a responderle que sí, nos diría que éramos unos embusteros.

Hay que hacer notar que en aquella reunión, que era la convivencia siguiente a las catequesis kerigmáticas estaban presentes seglares con varios años de militancia en organizaciones de la Iglesia, sacerdotes y religiosas que habían gastado muchos años de su vida en un país tercermundista asistiendo enfermos en un hospital».

Hasta aquí la anécdota tal y como la registra el sociólogo.

Lo que se deduce de ella, como también registró el sociólogo en sus conclusiones, es que para el CNC nadie es cristiano. NADIE.

Pero con tal premisa tampoco los presuntuosos kikotistas lo son. Ni Kiko el sensible, ni Mario Pezzi, ni Ascen son cristianos. Porque si osan decir que lo son, basta con echarles en cara que en ellos no se da el Siervo de Yahvé, que no cumplen el Sermón de la Montaña hasta la mínima tilde y la última coma, y, en consecuencia, dejarles como embusteros redomados.

Entonces, ¿por qué los kikotistas, loros de repetición sin permiso para alterar los cínicos kikodogmas, venden lo que ellos mismos declaran inalcanzable para todo ser humano?

Aquí conviene recordar que el CNC, en palabras de sus jefazos, se presenta como la Iglesia en su vertiente evangelizadora y catequizadora (ver entrada precedente).

Es decir, la anécdota responde punto por punto a la cínica, embustera y mentecata pretensión neocatecumenal de que nadie que no haya asistido a las kikotesis y no haya tripodeado y diezmado, pasado los kiko-ritos y realizado las kikanatadas es cristiano.

No es relevante si se trata de un ordenado, prueba es Mario el pezzimo, que fue ordenado sin ser cristiano; no tiene trascendencia si ha dedicado su vida a atender a los demás, también hay gente caritativa entre los paganos; no se trata de saber mucha teología, liturgia o patrística, pues no soportan a quienes son más doctos que ellos.

Lo único que cuenta es el grado de kikotización. Y la kikotización solo se adquiere en la comunidad, y no se contagia a los ajenos.

En consecuencia el kikotistas itinerante adicto a la pornografía desde su juventud (contado por Mario en la reunión de inicio) está más adelantado en la konversión que el cura que se niega a asumir que no es cristiano ni lo puede ser.

Lo que venden los loros de repetición, tontos útiles que solo repiten lo aprendido de memoria al servicio de su diosito, es que nadie que no haya hecho el Camino es cristiano, aunque haya consagrado su vida a Cristo, aunque sus obras sean las obras de la fe, aunque moviese montañas o curase leprosos, le dirían que lo hacía con el poder del maligno, que se disfraza de ángel de luz.

Y si no son capaces de reconocer a un cristiano, ¿qué más hace falta para entender que el CNC no es un grupo cristiano ni sigue a Cristo.

 

jueves, 30 de diciembre de 2021

El señor te ha traído aquí

 

Una de las frases que más le gusta repetir a Kiko es la de «el señor te ha traído aquí» o alguna de sus variantes: «tienes que darle gracias al señor que te mantiene aquí», «estás aquí no por tus méritos, sino porque el señor te ha traído de la mano», afirmaciones que se completan con «y te ha dado catequistas, te ha dado una comunidad».

Todas ellas, bajo su aparente sencillez e inocencia, son frases coercitivas, además de ser mentira.

Para empezar, quien las pronuncia y se las dirige a otros se sitúa por encima de esos otros, es más, se sitúa como único intérprete válido de la voluntad del tal señor en nombre de cual dice hablar.

Es obvio que hay que ser muy muy sensible, incluso ultrasensible, para poder captar la voluntad del señor de marras para todos los demás. Así se entiende que en el CNC, mientras que la afectividad se considera una lacra, la sensibilidad esté sobrevalorada.

Así pues, la primera condición para ser mensajero y vocero del señor es la sensibilidad a flor de piel. Y la segunda, que deriva de la primera aunque pueda parecer contradictoria, es que esa piel sea más dura que el cemento armado, de forma que el "sensible" no dude jamás en presionar al otro, que es Cristo, e incluso que no dude en coaccionarlo y amenazarlo con desdichas sin cuento si no escucha. El fin justifica cualquier medio para que el oyente entienda que fallar a la comunidad y al Camino es dar la espalda a ese señor representado por el gran sensible, es rechazar su voluntad, es oponerse a ella. Es, en suma, abrir la puerta a los demonios.

Este es el verdadero mensaje: «el señor te ha traído aquí» significa no puede irte de aquí, porque si te vas le darás la espalda a la historia que el señor tenía pensada para ti desde antes de la creación del mundo; no puedes irte porque jamás llegarás a ser cristiano si le das una patada al señor, que te quiere aquí; no puedes irte, porque eso sería «bajarte de la cruz» que el señor quiere para ti y «sin cruz no hay salvación». En suma, no puedes irte, porque irte sería lo mismo que negar a Dios.

MENTIRA.

Te mienten y te manipulan. Y además, se hacen pasar por únicos intérpretes válidos de la voluntad de otro para ti: «somos tus catequistas». Lo que también es mentira.

No son catequistas, puesto que ningún obispo los acredita y ahora, con las disposiciones papales sobre el ministerio del catequista, mucho más claro queda que ni lo son ni lo pueden ser. No dan la talla.

Pero hay una forma más clara e inmediata para descubrir la impostura de cuantos hablan en nombre de un señor tan falso como un ídolo con pies de barro:

En primer lugar, el verdadero Dios habla al corazón de cada uno de los que le buscan, no necesita intermediarios porque resuena en las almas, en el interior de la gente y su Voz trae consigo la paz.

En segundo lugar, Dios no puede ser encerrado en salas de usos múltiples, por más que algunos se afanen en correr a echar pestillos a las puertas y decretar arcanos y prohibir la reproducción de ciertos mamotretos. Dios no te quiere en un lugar determinado, Dios te quiere a Su lado. Al Suyo, no a del club privado de los sensibles. Y Él está en todas partes.

No va a caer ninguna maldición sobre ti si dejas la comunidad, no ofendes a Dios si no caminas, no te va a castigar, no desobedeces ni te opones a Su voluntad si no haces el trípode ni te condenas si no das el diezmo. Al contrario, si no dejas que otros - muy sensibles ellos y muy prestos a usar el nombre de Dios en vano- manipulen tu vida, serás un poco más libre.

Hay otra serie de mantras que también se emplean para mantener el yugo de la comunidad sobre el cuello de los captados. Cuando un neocatecúmeno da señales de estar harto, cuando las reuniones le parecen vacías y no experimenta nada ni siente nada, cuando tiene problemas concretos con personas concretas de la comunidad -ser sensible está fetén, ser afectivo es espantoso-, se recurre a hacerle saber que su obligación es dejarse pisotear por los amados hermanos. Pero no se dice así, que queda feo.

La manipulación para estos casos es la de tildar de justiciero al que no se deja pisotear. Jamás se eleva la voz contra el que ha cometido el agravio, pues eso sería resistirse al mal. De modo que se apunta contra el agraviado que se ve doblegado bajo el doble peso de la injusticia sufrida y de los juicios de la comunidad, que le conminan sin misericordia a «no resistirse al mal», «no bajarse de la cruz» y renunciar a «ser un justiciero».

Quizá tales consejos provengan del desconocimiento antes que de la maldad o del afán de engaño, pero conviene explicar que parten de un error garrafal.

El «no os resistáis al mal» se refiere a la actitud que un cristiano debe mostrar a los de fuera, nunca invitó Cristo a doblegarse ante las injusticias cometidas por otros presuntos cristianos puesto que tales actos no tendrían que darse entre ellos y, de producirse, lo que hay que hacer es corregirlos, no tolerarlos. ¿Acaso no reprendió Jesús a Pedro cuando este se lio y no veía la voluntad de Dios? ¿No lo hizo también Pablo cuando Pedro se dejó influir por los judaizantes?

El masoquismo y la tolerancia del error son profundamente anticristianos.

Quien enseña a otros que la justicia no es correcta y que hay que humillarse ante el atropello no es cristiano ni entiende el Cristianismo.

En una comunidad que se dice en camino hacia el cristianismo adulto no se pueden tolerar injusticias y malquerencias contra sus miembros.

No resistirse al mal hasta dar la propia vida significa no resistir el mal que procede de "fuera" de la Iglesia y tiene su raíz y su causa en la fe verdadera. La Iglesia no persigue ni hace mal a los cristianos por causa de la fe, eso solo lo hacen los ajenos a ella, pero si dentro de la Iglesia se hace el mal, existe la obligación moral de paliarlo y combatirlo. Pues este mal no es por causa de la fe, porque la fe debería ser la misma.

Por tanto, si en algo que dice ser Iglesia se reparten infamias, calumnias y malicias, no solo no se da la espalda a Dios por no soportarlo, es que existe el deber de combatirlo como algo intrínsecamente malvado y además, lo mejor que se puede hacer es salir de ese lugar y no volver. La Iglesia es grande y universal, no es un gueto de puertas cerradas.