Un vídeo interesante.
Theresa Brenninkmeijer proviene de una familia holandesa poderosa (dueños de la cadena C&A) que financió varios proyectos católicos importantes, incluida la rehabilitación del convento cisterciense “Corazón de María” de Sostrup (Dinamarca), del cual Theresa Brenninkmeijer se convirtió en priora en 1988.
Diez años después, el convento fue elevado al estatus de abadía y su priora elegida abadesa.
En abril de 2000 tras la visita a la abadía de Sostrup del arzobispo de Colonia, Joachim Paul Meisner, la poderosa familia Brenninkmeijer proporcionó a la orden de Cister de un convento abandonado por las clarisas en Düsseldorf (Alemania).
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Abadesa Theresa en El Callao |
En 2001, el obispo Czeslaw Kozon de Copenhague (Dinamarca) recibió varias cartas de denuncia de abuso de poder y manipulación en la abadía de Sostrup, cartas que señalaban a la madre Theresa Brenninkmeijer. El obispo advirtió a los responsables de la orden cisterciense y pidió que se hiciera una visita al monasterio.
La petición cayó en saco roto. Los supervisores del Cister estaban muy agradecidos a la familia Brenninkmeijer, mucho menos cuando estaba en marcha la rehabilitación del monasterio alemán.
El 29 de octubre de 2002 se colocó la primera piedra de la futura hospedería. A finales de 2004 llegaron al monasterio “Sagrado Corazón de Jesús” en Düsseldorf las primeras cuatro monjas. Aunque oriundas de Alemania, procedían de Sostrup y su superiora era la abadesa Teresa.
En el 2008, se sumó el monasterio de la “Santísima Trinidad” en Pachacútec (Diócesis del Callao, Perú) a los conventos regidos por la abadesa Teresa. De nuevo, las hermanas que marcharon a Perú procedían de la abadía de Sostrup, aunque no fueran danesas, al contrario, en su mayoría procedían de países pobres y católicos.
Entonces el escándalo alcanzó a Teresa, aunque ella prefiere decir que todo es un engaño del demonio y que la persecución es necesaria al cristiano. En 2009 se publicó un libro titulado “Monja de ida y vuelta” de la exmonja Helene Hägglund.
A los 16 años Helene decidió seguir los pasos de la abadesa Theresa. De 1988 hasta 2000, la Hermana María Helena -como entonces se llamaba- vivió en el convento “Corazón de María” en Sostrup y llegó a ser supriora y colaboradora estrecha de Theresa. Después de 12 años como monja cisterciense, se cambió a un convento carmelita, donde, por contraste, se dio cuenta de que había vivido los abusos de poder típicos de un ambiente totalitario.
Su libro describe una comunidad donde no primaba la palabra de Dios, sino la palabra de la madre Theresa, un mundo cerrado donde la voluntad de Dios era identificada con el deseo de la abadesa, por lo que quién la cuestionaba era considerado “endemoniado”. La abadesa era extremadamente autoritaria y, para reforzar las redes, los confesores eran escogidos por la madre Theresa en función de su lealtad hacia ella, pero, de todos modos, la alienación era tan fuerte y la autocensura funcionaba tan bien que “a ninguna de nosotras se le hubiera cruzado por la mente cuestionar a la abadesa”.
Helene cuenta que se invitaba a las monjas a abrir sus cartas en el despacho de la abadesa, que eran comunes las reprimendas en forma de "golpecitos" en la cabeza o en la mejilla, que los pecados y malos pensamientos debían confesarse ante toda la comunidad "para que el demonio no se alimentase en el silencio". Excepto la abadesa Brenninkmeijer, que jamás confesaba sus faltas ante las monjas y novicias.
El libro también narra la
muerte de una monja anciana y demente en 1993. Al parecer era práctica habitual
encerrar a esta monja en su celda, pero sucedió que una fría mañana de noviembre,
se presentó vestida solo con el camisón. Madre Theresa le puso un abrigo por
encima, la echó fuera y cerró la puerta “para que no molestase la
oración”.
Poco después encontraron a la anciana muerta en el jardín. Madre Theresa ordenó
a sus monjas llevar el cuerpo adentro y dio la consigna de decir que la hermana
había muerto en su cama.
Y así quedó la cosa hasta
que se supo que las vivencias narradas en el libro de Helene habían sucedido en
la abadía de Sostrup porque, aunque no se daban nombres reales, su relato
fue confirmado por otra exmonja cisterciense, la hermana Jordana,
que se había cambiado a la orden dominica a raíz de la muerte de la hermana anciana, y que también contó sus vivencias en un libro. Poco a poco fueron saliendo más cosas a la luz. El antiguo organista del convento, Bernhard
Kiel, contó que había presenciado como la monja anciana era atada a su silla
con una cuerda. También narraron que la Madre Teresa había golpeado y
abofeteado a monjas que no la obedecían, “para sacarles el demonio”. No podían usar el teléfono, las visitas se reducían al mínimo, se intervenían las cartas, sonreír y parecer feliz no era una opción, era un mandato de la abadesa...
Como consecuencia del escándalo, en 2009 se inició una investigación policial que se interrumpió en 2010 porque no se presentó ninguna denuncia y la posible negligencia con consecuencia de muerte había prescrito. Sin embargo, el obispo de Copenhague insistió de nuevo para que el Vaticano realizase una investigación independiente, en lugar de dejarlo todo en manos del superior del Cister.
En el verano de 2011, después de una visita apostólica, la abadesa Theresa fue relevada de sus cargos. Poco se ha sabido de las conclusiones del informe, salvo que el motivo para quitar a Theresa el rango de abadesa no fueron los abusos, sino los errores y disparidades teológicas que sostiene. Errores y disparidades que al parecer proceden de su entusiasta colaboración con el movimiento que no es un movimiento ni una asociación sino que es un itinerario, una realidad, que por gracia de Dios no es obligatoria en las parroquias: el Camino Neocatecumenal, que es quien proveía al monasterio de chicas jóvenes de multitud de países.Brenninkmeijer apeló su suspensión ante la Signatura Apostólica en Roma, que confirmó la decisión en octubre de 2012. El Cister aseguró que enviaría a una nueva abadesa a ocupar el lugar dejado por Theresa que, a pesar de su suspensión, continuaba ejerciendo como si nada pasase. Ella aseguraba que la suspensión era un engaño del demonio a la que no había que hacer ningún caso. Hasta que el Cister comunicó -ya iba siendo hora- que enviarían un reemplazo.
Entonces se precipitó todo. Dada su manipulación y poder sobre las hermanas, las convenció a todas -a las de la abadía de Sostrup, a las de Düsseldorf y a las de Pachacútec- para presentar su renuncia al Cister. Una por una, en febrero de 2013, veinticinco monjas solicitaron ser liberadas de sus votos perpetuos. En julio de 2013, la abadía de Sostrup fue canónicamente disuelta y cerrada.
Los monasterios de Düsseldorf y de Pachacútec también dejaron el Cister, pero no se cerraron. Theresa los ha arrastrado a "algo" no reconocido por el Vaticano, que se declara contemplativo y dedicado a la elaboración de cirios decorados, iconos neobizantinos y cubre atriles. Se hacen llamar Hermanas de Claraval.
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Capilla de las Hermanas de Claraval en Pachacútec |
El monasterio de Düsseldorf no está reconocido por la archidiócesis de Colonia como establecimiento religioso; sin embargo, la propiedad pertenece a la archidiócesis, que aparentemente permite que las ¿monjas? vivan allí sin pagar alquiler.
El monasterio de Pachacútec
no tuvo ningún problema mientras el obispo fue el muy neocatecumenal y muy
depuesto José Luis del Palacio. Y allí fue adonde escapó la exabadesa Theresa
cuando las cosas se le torcieron en Dinamarca. Al presente el obispo Luis
Alberto Barrera Pacheco tolera a las Hermanas de Claraval como una "asociación de fieles", no como orden religiosa, aunque estén de ocupas en un monasterio que se construyó para la orden del Cister.
Lo mismo aplica a Gandía, donde el cardenal
Antonio Cañizares Llovera consiente una ¿congregación? que ni el Papa ni el Vaticano
reconocen.
¿Será posible, tan informados como están los sacerdotes y obispos de todo lo que pasa en el mundo, que estos no sepan que acogen a un grupo de ¿monjas? que predican una doctrina que NO ES la de la Iglesia?
En todo caso, desde 2018 no ha habido -que se sepa- incorporaciones a las filas de las Hermanas de Claraval por el simple motivo de que, depuesto el único obispo que consentía la farsa, no hay quien se preste a la pantomima de oficiar unos votos que es dudoso que sean válidos al ser para una ¿orden? que oficialmente no existe.
Para ver más fotos: https://www.facebook.com/media/set/?set=a.10153780450213653.1073741927.134586588652&type=3
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Aquí los presbis reunidos con la comunidad del centro neo, en la vieja carbonera |