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martes, 22 de julio de 2025

Delante de todo el mundo (I)

 


Nuevo recorte de hemeroteca, en este caso centrado en las preguntitas que se hacen en los escruticidios.

Y atentos a la próxima entrada, que dará más detalles explícitos sobre lo que se pregunta delante de todo el mundo, adultos y chavales. 

 

martes, 15 de abril de 2025

Los escrutinios del Camino son abuso

 


Quiero recalcar bien lo siguiente:

«Ocupar el lugar de Dios en la conciencia de otra persona es abuso».

«Censurar el discernimiento y la propia toma de decisiones en nombre de la autoridad divina es abuso».

«Situarse como mediador imprescindible en la relación de otra persona con Dios es abuso».

«Invadir la intimidad de otra persona, su fuero interno, es abuso».

«Exigir secreto, imponer el silencio o querer convertirse en el único confidente de una persona es abuso».

«Aislar a una persona de los suyos con la excusa de su entrega a Dios es abuso».

«Culpabilizar en nombre de Dios a quien decide abandonar una institución es abuso».

«Acallar las críticas en nombre de Dios es abuso».

«Aprovechar la situación de vulnerabilidad de otra persona para amenazarla, atemorizarla y dirigir su vida es abuso».

Utilizar la Palabra de Dios para legitimar prácticas coercitivas y manipular la voluntad de otra persona es abuso.

«Ignorar, justificar, relativizar o malinterpretar el sufrimiento físico o psíquico de otra persona es abuso».

 

No lo digo yo, lo dice la archidiócesis de Madrid en el vídeo que llama a los abusos por su nombre.

Vuelvo a la escena de la crucifixión que tanto me recuerda el akikolarre de un escruticidio neocatecumenal en el que los kikotistas desempeñan el papel de los ancianos, los escribas, los presuntos sabios e inteligentes que no solo conocen de arriba abajo las escrituras, sino que además se arrogan a sí mismos la capacidad de interpretarlas a su bola, quizá porque han sido convencidos de que no es a su bola, sino que todo lo que ellos dicen es inspiración divina.

Los kikotistas, como los estudiosos de la ley de aquel entonces, pretender estar allí no por su voluntad, sino porque su dios así lo quiere; ellos sostienen que tienen el karisma de iluminar la historia del escruticiado, porque ellos disciernen la voluntad de su dios en la vida de cada pobre escruticiado.

Exactamente igual que los escribas y ancianos que subieron hasta el Gólgota para ser testigos de que su proceder era recto y conforme a los designios de Dios, a quien satisfacía la condenada a muerte del blasfemo, porque de lo contrario habría mandado a sus ángeles para que lo bajasen de la cruz, como está escrito: «El Señor te cuidará; de todo mal guardará tu vida. El Señor cuidará tu salida y tu entrada, desde ahora y para siempre» (sal 121).

Esos individuos, como los kikotistas, creían tener el monopolio de la interpretación de la Palabra de Dios. Por eso, como los kikotistas, reclamaban obediencia a todos los demás, ya que lo que ellos proclamaban era lo que su dios disponía. Guías ciegos que pretendían guiar a otros ciegos.

La relación con Dios siempre es personal e intransferible. Pretender erigirse en mediador necesario es un abuso, reclamar obediencia en función de un presunto karisma es abuso, coartar el libre albedrío y amenazar con consecuencias funestas si no se obedece es abuso.

Los kikotistas no vienen de parte de Dios, no tienen el encargo divino de escrutar mentes y corazones, mucho menos de hacerlo con violencia e intimidación y delante de una caterva de curiosos morbosos, su palabra no es la voluntad divina para nadie y sus presunta superioridad moral es caca de vaca.

¿Queréis una prueba?

Por supuesto que la queréis. Daré dos:

Primera. La HUMILDAD. O la falta de humildad en el caso de los kikotistas.

El demonio se puede disfrazar del ángel de luz y además es sabio y convincente, pero no puede ser humilde, antes explotaría en una nube de pestilente azufre que tener un rasgo de humildad.

Evitad a los kikotistas, porque el rasgo que los caracteriza es la falta de humildad de su padre. Por eso sé que cuando escrutician no llevan luz ni discernimiento a la vida de nadie, lo que llevan es dolor, trauma y miedo, porque es lo que les sale de dentro.

 Segunda. El DESCANSO y la PAZ. O, de nuevo, la ausencia de ellos.

Ya he dicho que Dios no estaba en el huracán ni en el terremoto ni el fuego, Dios se manifestó en la brisa, porque lo que caracteriza su presencia es que deja Su paz en el alma que toca. El toque de Dios no provoca quemazón ni violenta la voluntad personal; en cambio, un escruticio revuelve por dentro a quien lo padece y provoca malestar físico, insomnio y lágrimas porque no viene de Dios.

Sí, sostengo que no viene de Dios ni de la verdadera Iglesia el kikotista que reclama a la esposa someterse a su marido en todo tiempo y lugar, menospreciando la situación personal de ella, su cansancio, su enfermedad, su deterioro físico o anímico, antes bien, considerándola una neurótica y una afectiva; no viene de Dios el kikotista que cuestiona a un matrimonio porqué "solo" tienen tres hijos, o dos o ninguno; no viene de Dios ni de la Iglesia de Cristo el kikotista que se burla de los sufrimientos ajenos o reclama en público que se cuenten intimidades de alcoba o pecados truculentos; no viene de Dios quien se enrabieta cuando no es obedecido sin chistar, cuando le discuten o le reclaman explicaciones; no viene de Dios quien pisotea la dignidad del otro, que es Cristo.

Aunque recen con las malos alzadas, canten muy alto, citen la Escritura y parezcan muy místicos, esos tales no vienen de Dios, vienen de su padre el demonio. También los sacerdotes, escribas y fariseos que condenaron a Jesús ocupaban los primeros puestos en las sinagogas y ensanchaban las filacterias y salmodiaban a todas horas, pero no conocían a Dios.

Los escruticidios del Camino son un abuso, y decirlo alto y claro no es persecución, es justicia. 

Y esa praxis neocatecumenal es denunciable en el arzobispado.

 

lunes, 10 de febrero de 2025

Estamentos neocatecumenales

 

 

En toda comunidad, casi desde el principio, se forman dos estamentos kikiles: los pro y los demás.

Los pro son los del equipo de kikotistas (o responsables y corresponsables, si aún no se tiene equipo kikotista) y quienes gravitan a su alrededor, bien debido a amistad sincera o por interés.

Los demás son quienes no pintan nada: no son responsables, ni salmistas, ni del equipo kikotista de la comunidad, ni tienen una cercanía especial con ellos. Monitan y leen cuando les toca, hacen ecos, participan en los cantos, dan el diezmo, abren su casa para las preparaciones, marean a sus hijos con las cosas del CNC, pero son del montón, no son del círculo selecto de mejores amigos de los del equipo de kikotistas.

Estar en uno u otro grupo no es baladí, pues tiene consecuencias a lo largo del camino hacia ninguna parte.

Ahora el CNC es mayormente endogámico, se alimenta de los alejadísimos hijosde y de parientesde, es decir, se nutre de quienes en mayor o menor medida ya son conocidos por los kikotistas del lugar, lo que les facilita mucho la tarea de tener predeterminado a quienes quieren como responsables y corresponsables de la comunidad que surja de la convivencia de inicio.

Antes no era así. Cuando yo entre, el CNC se nutría principalmente de religiosos de misa de 12 a quienes al final de la celebración litúrgica se invitaba a las kikotesis. Y como ya entonces sucedía que los kikotistas vivían en otro barrio distante y solo pisaban la parroquia para ir a las cosas de la comunidad, no conocían a los feligreses. De modo que solo disponían de las quince kikotesis y de la convivencia de inicio para valorar a quiénes querían en el equipo de corresponsables.

Pero incluso con ese abrumador desconocimiento, intentaban encaminar y condicionar la votación: para el puesto de responsable era preferible elegir a un matrimonio antes que a un soltero, pero era bueno que también hubiese algún soltero y soltera en el equipo, mejor jóvenes o maduros que ancianos, era conveniente que alguno supiese tocar la guitarra… Ese tipo de indicaciones.

Ahora que casi todos los que van a la convivencia de inicio son conocidos, los kikotistas lo tienen mucho más fácil para aupar a sus candidatos que, no por casualidad, siempre son hijos de kikotistas. Hay que preservar el estatus de las sagas familiares kikas.

Pero antes, cuando los que iban a la convivencia de inicio eran perfectos desconocidos, había que andarse con pies de plomo y, salvo que alguien les hubiese caído o muy bien o muy mal, quienes salían elegidos para el equipo de responsables eran los que se hubiesen mostrado más sociables y participativos, ya que tampoco los asistentes se conocían entre ellos.

Eso hacía que el proceso de depurar los equipos fuese más lento, pero igualmente se llevaba a cabo en los primeros años de camino, a fin de ajustar quiénes quedaban en el grupo pro y quienes pasaban a ser del montón.

Con ejemplos concretos se entiende mejor.

Cuando yo entré en el Camino, tuve la suerte de que en la comunidad que se formó había un sacerdote. Este hombre, tras un porrón de años en una misión muy lejos de España fue destinado a Madrid y cuando apenas había tenido tiempo de deshacer la maleta, se le acercaron unos a quienes jamás había visto en misa y le propusieron hacer unas katekesis de iniciación cristiana, a él, que llevaba décadas de misionero de verdad. Este sacerdote, que era humilde, aceptó.

Nunca le vi corregir en público a los kikotistas, pero en la comunidad sí nos advertía sobre cosas que debían hacerse de determinada manera y no de otra, dijesen lo que dijesen los kikotistas. Cuando esto llegó a oídos de ellos, nos visitaron para dejarnos claro que los únicos guías y los únicos con la iluminación precisa eran ellos, no un cura clericalista que había leído mucho pero no había hecho carne sus conocimientos.

Así toda la comunidad entendió que lo que dijera el cura no contaba para hacer el camino.

Otro caso fue el de un matrimonio mayor, ya jubilados y con los hijos volando solos. Ambos eran educados, afectuosos y siempre dispuestos a ayudar. Salieron elegidos corresponsables al formarse la comunidad. En el segundo escruticidio a él le dieron por todos lados porque en las preparaciones y convivencias siempre intervenía para calmar los ánimos, para evitar disputas y cortar los chismes y murmuraciones. Es evidente que los kikotistas esto no lo sabían de primera mano, se lo había soplado alguien, y podía consentirse que persistiera esa actitud.

Como digo, era un hombre educado. Aguantó el chaparrón sin levantar la voz y sin recriminar nada a los kikotistas. No volvió a la comunidad. Y ella, que tuvo que escuchar lo que le decían a su marido, tampoco. Ni siquiera fue escruticiada, dejaron el CNC en el mismo instante en que terminó el escruticidio de él.

Lo que se comentó en la comunidad es que el demonio los había engañado, que la soberbia no les había permitido ver que aquel abuso era para su bien y demás paparruchas de primero de adicto a la kikotina.

Lo que trato de expresar es que si a los kikotistas les molesta alguien del grupo pro, irán a por él, lo humillarán y ridiculizarán ante la comunidad, harán que todos perciban el mensaje de que el elemento molesto no da la talla y no hay que hacerle caso.

Pero estar en el grupo pro también sirve para pasar por los escruticios como quien da un paseo por un campo florido.

En mi comunidad había un matrimonio en el que él era un auténtico florero, estaba allí por su esposa, pero jamás monitaba ni daba ecos. Un blanco ideal para que los kikotistas se cebaran con él. Pero resulta que ella era hermana de un presbikiko importante del levante español (con importante me refiero a que era de los que acudía presuroso a hacerle una visita ad limina a Kiko cuando este pasaba las vacaciones en Murcia), por lo que mis kikotistas, que siempre se han esforzado por medrar y adquirir presencia en el kikismo patrio, trataban con muchísimo mimo a esta esposa y, por ende, también a él.

Ya sabéis como es esto: que declaras en el escruticidio un vicio feo, no pasa nada, ánimo, no te desanimes, diosito te quiere pecador y no necesitan médico los sanos sino los enfermos.

En cambio, si uno de los del montón no tenía nada jugoso que contar, era sometido al tercer grado, por su bien, claro, porque estaba engañado por el demonio que no le dejaba ver su realidad de pecador y para hacerle un favor había que desalienarlo y ponerle en la verdad.

En suma, hay que ser del grupo pro para tener cierta garantía de que los kikotistas no se ceben mucho contigo, y viceversa, puedes apostar a que te las van a poner de color hormiga si eres del montón.