Concluido el rito de la luz, como es usual viene algo que sirve de ejemplo de lo que nunca debe ser una monición a la Palabra de Dios.
«MONICIÓN A LA PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS
(Kiko)
Hermanos, estáis en un momento importantísimo del Camino: la conclusión de la etapa del "Padre Nuestro"».
En la monserga kikil todo gira siempre en torno a la no-asociación, jamás en torno a las personas ni mucho menos en torno a la Iglesia, ese conjunto de religiosos de misa de 12 a los que no quiere arrimarse.
«Es el momento de hacer katekesis importantes sobre la intimidad con el Señor. Nosotros somos templo del Espíritu Santo, templo de la Santa Trinidad. Sor Isabel de la Trinidad decía: "Mis Tres"; así llamaba a la Santa Trinidad que habitaba en su espíritu. Eso es algo verdaderamente profundo y maravilloso.
En la Iglesia antigua el "Padre Nuestro" era como la corona que se entregaba a los catecúmenos hacia el final de su itinerario de gestación en la fe, cuando la nueva criatura empezaba a dar signos en su vida. ¡Porque el cristianismo es una nueva creación! Por eso dice S. Pablo, refiriéndose a los que querían un cristianismo judaizante: "nada cuenta ni la circuncisión, ni la incircuncisión, sino la creación nueva"».
En realidad, lo que se dice en Gálatas 6,15 es «en Cristo Jesús, ni la circuncisión vale nada, ni la incircuncisión, sino la nueva criatura», donde la importancia recae en Cristo, no en un itinerario no asociativo que entra en lo que vale nada.
«Como sabéis, hoy hay en el mundo una oleada de nacionalismos exacerbados. También en la Iglesia algunos están cayendo en el peligro de querer hacer iglesias nacionalistas, autónomas. Cuando llegamos a Barcelona para empezar el Camino, algunos nos dijeron: "¿Pero qué venís a hacer aquí? Vosotros sois castellanos, nosotros somos catalanes; ¡un castellano no puede predicar en Cataluña!" Los que piensan como ésos, dicen también: "¿El Papa? Que se esté buenecito en Roma; allí está muy bien. Aquí hay una realidad muy distinta de la de Roma: aquí estamos en Brasil, o en la India, o en el Congo, o en Madrid, o en Milán, o en Londres. ¡Aquí decidimos nosotros, que somos los que conocemos la realidad!"».
Talmente lo que pretenden los kikotistas: “el párroco que se dedique a sus cositas de religiosos de misa de 12 y sus caridades, que aquí los que sabemos la ruta y el itinerario hacia la fe adulta somos los loros de Kiko”.
«Así, algunos están negando la catolicidad y el mandamiento del Señor que dijo: "Id, pues, y haced discípulos a todas las gentes, en todo el mundo, en todas las naciones". Me imagino que, según los que tienen esa mentalidad nacionalista, S. Pablo tenía que haberse quedado evangelizando en su casa, en Tarso, y no tenía que haber ido a Roma; y lo mismo S. Francisco Javier, por ejemplo; porque ¿qué hace un español en la India o en Japón?».
Lo que yo me imagino es que la catolicidad no está reñida con la inculturación y el respeto a la cultura local, cosa que el kikismo jamás ha entendido ni practicado.
«El cristianismo es una nueva creación. En ese sentido ya no hay negro ni blanco, ni hay ya italiano ni español, etc. Por eso dice S. Pablo: "todos los bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo: ya no hay judío ni griego; ni esclavo ni libre; ni hombre ni mujer, ya que todos vosotros sois uno en Cristo Jesús"».
Lo precedente es retorcer la verdad. Una explicación de lo obvio: la afirmación de que ya no hay judío ni griego; esclavo ni libre; hombre ni mujer no se refiere a que ya no hay razas ni nacionalidades ni posición social ni roles de género, de lo contrario se acabó la kikada del cabeza de familia y la reina de la casa, ¿no? La expresión se refiere a que la condición de la salvación es exactamente la misma para el griego y para el judío, para el esclavo y para el libre, para el hombre y la mujer. Pero no deja de haber italianos y españoles, y también colombianos y peruanos, etc. Y el kikismo abusa de poner a italianos y españoles por encima de los neohermanos de cualquier otra nacionalidad.
«El cristiano es una nueva creación, es un ciudadano del cielo. Vive aquí, en la tierra, como un extranjero, como un parroquiano, como un "pároikos". La palabra "parroquia" viene del vocablo griego "paroikia", que significa peregrinación, exilio. ¡Somos extraños al mundo, somos parroquianos, somos extranjeros para el mundo!».
Como ya expliqué en otra ocasión, pues Kiko es muy repetitivo, la traducción correcta de ese vocablo griego es vecino, aunque se emplease después para señalar a los extranjeros, no a los exiliados, que es otra cosa.
«Esto no es una espiritualidad de elite; esto es la espiritualidad cristiana. ¡El Camino Neocatecumenal es un itinerario de iniciación cristiana para redescubrir el bautismo, no para llegar al "kikianismo"!».
Falso. El matrimonio espirikikual, por ejemplo, es puro kikianismo y elitismo.
«El Camino es un instrumento al servicio de las parroquias que buscan un itinerario de iniciación cristiana postbautismal para adultos. Vivir el cristianismo seriamente es vivir una nueva creación. ¿Y en qué consiste esa nueva creación? ¡En ser hijos de Dios!».
El esclavo no es hijo, y los kikos permanecen de por vida sometidos a los loros, sin llegar a puerto.
«En esta conclusión de la etapa del "Padre Nuestro", reviviréis profundamente algo tan importante como esto: somos verdaderamente hijos de Dios por la gracia santificante, de modo que podemos llamar a Dios "¡Abba!", palabra aramea que significa "¡Papá!, ¡Padre!".
Este grito: "¡Abbá!", no viene de nosotros sino del Espíritu Santo que grita con gemidos inefables el amor del Padre al Hijo y del Hijo al Padre. El Padre le dice al Hijo: "¡Hijo mío eres tú; yo te he engendrado hoy!". Y dice el Evangelio: "Jesús, dando un fuerte grito, dijo: 'Abbá, Padre, en tus manos pongo mi espíritu' y, dicho esto, expiró". Por eso el Evangelio dice también: "Al ver el centurión, que estaba frente a él, que había expirado de esa manera, dijo: 'Verdaderamente este hombre era Hijo de Dios'"».
De forma intencionada o por ignorancia, Kiko mezcla evangelios e inventa relaciones causas-efecto. Tanto en el Evangelio de Mateo como en el de Marcos se dice que Cristo dio una voz y expiró, y justo a continuación se añade que en ese momento el velo del templo se rajó de arriba abajo, se abrieron tumbas y muchos muertos resucitaron y entraron a la ciudad. Y ello provocó que el centurión reconociera al muerto como Hijo de Dios.
Mal está que uno que se las da, sin serlo, de catequista, confunda a la audiencia con falsificaciones de los evangelios, y aún peor que a su lado esté un pésimo cura que no sea capaz de corregirlo.
Aquí Kiko mete una pausa publicitaria que dejo para otra ocasión.

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