Ahora una pausa publicitaria:
«Aquí tenéis la reproducción de un fresco que he hecho en la parroquia de S. Bártolo in Tuto, en Florencia. Podéis ver que en el centro está Cristo Pantocrator con un libro en la mano que dice: "Amad a vuestros enemigos. Vengo pronto". A la izquierda está la crucifixión y a la derecha la cruz vacía a la que tenemos que subir todos nosotros. Ser cristiano significa subir con Cristo a la cruz».
Finalizada la publicidad, se retoman los engaños y falsedades.
«En el catecumenado de la Iglesia antigua había lo que se llamaba "el arcano": no se podía decir a los catecúmenos lo que se hacía más adelante en el catecumenado; había una especie de secreto por su bien; las cosas se les desvelaban a medida que recorrían el catecumenado».
El arcano, como debería saber Kiko, se impuso debido a las persecuciones, donde no había persecución no se precisaba. Además el arcano se circunscribía a ciertos aspectos muy concretos, no a la totalidad de “lo que se hacía más adelante”. Y sobre todo, el arcano jamás aplicó ni podría aplicar a unos que de ninguna manera pueden ser considerados catecúmenos puesto que son bautizados.
«Dicen algunos Padres que la sorpresa más grande para los catecúmenos era descubrir que Jesucristo había enseñado a rezar con una oración concreta y precisa como es el "Padre Nuestro", oración maravillosa en la que expresamos nuestra filiación divina, el ser hijos del Padre. Por eso, especialmente el "Padre Nuestro", ha sido rodeado no sólo de secreto, del arcano, sino también de una enorme y grandísima veneración».
Aquí hay otro error (o disparate). El Padre nuestro no era un secreto, como no lo eran los evangelios. Los catecúmenos participaban en la liturgia de la palabra y tenían acceso a los textos. La maravilla era recibir las catequesis (aquí bien empleada la palabra) de San Agustín, San Cipriano o Tertuliano sobre dicha oración y entender que por medio de Cristo somos hijos de Dios y podemos y debemos dirigirnos a Él como nuestro Padre.
«De esta veneración quedan algunos vestigios en la liturgia: por ejemplo, en la Eucaristía, el sacerdote introduce la oración del "Padre Nuestro" diciendo: "Siguiendo su divina enseñanza, nos atrevemos a decir", es decir, tenemos la osadía, la audacia enorme de decirle a Dios: "¡Papá! ¡Padre!" El "Padre Nuestro" sella como una corona la iniciación cristiana».
No, no y no. El sello, el broche, la corona de la iniciación cristiana es la Eucaristía. Aprender a rezar viene antes, en el catecumenado, lo último es la comunión en el Cuerpo y la Sangre de Cristo.
«Dice el Ordo initiationis christianae adultorum (OICA): "También se entrega a los elegidos [o sea, a los que ya han sido considerados idóneos para recibir el sacramento del bautismo] la 'Oración dominical' [el 'Padre Nuestro'], que desde la antigüedad es propia de los que han recibido en el Bautismo el espíritu de los hijos de adopción, y que los neófitos recitan juntamente con los demás bautizados al participar por primera vez en la celebración de la Eucaristía" (OICA 188). Es decir, que los catecúmenos no pueden rezar el "Padre Nuestro" más que después del bautismo. También por ese motivo, no se reza el "Padre Nuestro" en la primera parte de la misa, en la que también participan los catecúmenos, sino en la segunda parte, en la que se quedan sólo los fieles, los bautizados. En efecto, para poder llamar a Dios "Papá, Padre", para poder gritar "Abbá", hay que tener la naturaleza divina; y la naturaleza divina se recibe mediante el bautismo».
De nuevo conviene desmentir a Kiko. Dice el RICA en su punto 103: “Según lo aconsejen las circunstancias, se pueden adelantar la «traditio» o entrega del Símbolo, y también de la oración dominical, y el rito «Ephpheetha»”. Se puede adelantar cuando aún son catecúmenos y no elegidos. Lo que jamás se podrá adelantar es la Eucaristía.
«Todos nosotros hemos sido bautizados, pero hacemos el Camino porque queremos que nuestro bautismo no sea una realidad muerta, sino viva, una realidad verdaderamente operante en nosotros».
¿Queda claro? Solo los no-miembros se implican para conseguir que su bautismo reviva, porque diosito hace las cosas tan tan mal que en todo todos todos el bautismo es irremediablemente una realidad muerta, que lo dice Kiko.
«Hermanos, el pecado mortal nos hace morir interiormente. ¿Cómo podemos saber si nuestra fe está viva o muerta? ¡Por nuestras obras! Dice Santiago: "¿De qué sirve, hermanos míos, que alguien diga: 'Tengo fe', si no tiene obras? ¿Acaso podrá salvarle la fe? La fe, si no tiene obras, está realmente muerta"».
La cita correcta es la siguiente: “Yo les digo: «¿Cómo me mostrarás tu fe si no haces buenas acciones? Yo les mostraré mi fe con mis buenas acciones». Tú dices tener fe porque crees que hay un solo Dios. ¡Bien hecho! Aun los demonios lo creen y tiemblan aterrorizados” (St 2,18-19). Que significa que la fe se demuestra por las obras, no por la palabrería. Un kikinerante suele tener una palabrería elocuente, pero si sus obras no son buenas, es como un demonio, que fe tiene, pero no deja de ser demonio. Santiago no niega la fe de los demonios, dice que solo por la fe no se salva nadie, porque puedes creer y aún así oponerte a Dios, como un demonio de fe muerta.
Kiko, sin embargo, pretende que el sumun es la fe, entendida como sometimiento visceral a sus antojos, por lo que en ese sometimiento ya se dan las obras que él busca: vivir para el CNC, diezmar, dar herencias y bienes al kikismo, entregar a los hijos al CNC, etc.
Por eso no le basta con que seas no-miembro, tienes que serlo con todas sus consecuencias: poniendo siempre lo primero al CNC y dándoselo todo al CNC.
«No basta que seas catequista, o neocatecúmeno, o cura. No basta que seas cura si no soportas al párroco y le juzgas, o si estás en descomunión con el Obispo, o estás apegado al dinero; antes que cura eres cristiano y necesitas convertirte todos los días, como todos nosotros, de lo contrario, lo que haces es ser piedra de tropiezo, de escándalo, sobre todo para las personas alejadas de la fe, a las que Dios está llamando a volver a la Iglesia».
Eso que se lo digan a los presbis acusados de agresión sexual y a los kikotistas y obispos que intentan tapar la boca a las víctimas.
«En lo referente a la necesidad de constante conversión no hay distinción entre clero y laicado; en eso somos todos iguales. Todos necesitamos convertirnos cada día, crecer hasta llegar a la estatura de la Cabeza, para poder realizar nuestra misión dentro del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia.
Y todos los miembros del Cuerpo -la cabeza, la mano, los pies, etc.- son necesarios. Para que la fe sea visible, para que llegue a ser signo que llama a los alejados a creer en Jesucristo, tiene que crecer y madurar la fe de todos los miembros del Cuerpo.
En este sentido todos tenemos la tarea enorme de pasar de vivir la fe a nivel religioso natural a vivir una fe adulta, radical».
Lo entiendes, ¿verdad? Si Kiko te parece un charlatán es porque te estás resistiendo a la gracia de Dios, es a Dios a quien estás fallando, por su soberbia, por tu pereza, porque te niegas a crucificar la razón. Tuya será toda la culpa, porque en el fondo "te gusta pecar", dice Kiko, y no te quieres convertir, por eso no te entregas radicalmente al kikismo.

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