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miércoles, 3 de febrero de 2021

Duelo neocatecumenal

 

A lo largo de los años he presenciado y asistido a unos cuantos funerales y entierros de neocatecúmenos.

Ha habido un poco de todo, desde entierros de tapadillo de los que apenas se enteraba más que la familia, hasta algún otro al que se invitaba a acudir a todas las comunidades y con tantas guitarras y niños como fuera posible.

De los primeros recuerdo el caso de un esposo y padre de cuatro hijos. La esposa y dos de los hijos caminaban, pero él enfermó de alzhéimer años antes de fallecer y, obviamente, la enfermedad le incapacitó para participar en la comunidad en sus últimos años. Más aún, dado que los hijos se habían independizado y la carga del cuidado del enfermo recaía sobre la esposa, esta decidió internarlo en un asilo.

Tal como suena. Por más que en el CNC se asegure que ellos no fornican, ni se drogan, ni ven pornografía, ni dejan a sus ancianos en asilos, la obstinada realidad se encarga de demostrar que engañan. 

Lo importante no son las vidas humanas truncadas

 El caso es que este esposo y padre pasó sus últimos tiempos en un asilo y, cuando falleció, de su muerte se enteró la familia. Fue enterrado o incinerado de tapadillo, sin algarada de cantos en el tanatorio ni en el cementerio.

No es lo usual. Lo típico es que se avise a la comunidad para que los amorosos hermanos hagan acto de presencia junto a la familia y, de ser posible, se organice una misa funeral. Es decir, el impacto por la muerte de un neocatecúmeno, en general, se reduce a la familia y la propia comunidad. No suele ir mucho más allá.

Salvo cuando el muerto sea un kikotista. En estos casos, se pasa cadena a todas las comunidades llevadas por dicho kikotista, pues todas ellas están “invitadas” a participar en la celebración de su “paso al Padre”.

La única vez que puedo recordar que se organizase una algarada que afectó a todas las comunidades sin que el finado fuera kikotista sucedió porque se trataba del corresponsable de la primera comunidad, que además era amigo personal del kikotista responsable de las komunidades de la parroquia.

Sucedió a principios del verano. Se había organizado una kikogrinación de jóvenes neocatecúmenos a cargo de los kikotistas. Fue hace mucho tiempo, todavía no se había inventado lo de las “scrutatio” de los viernes para juntar a jóvenes, pero en verano se organizaba una excursión de confraternización o algo por el estilo. Lo he olvidado.

Puede que no sea una "celebración funeraria" o puede que sí. No estoy segura

A media tarde llegó la noticia de la muerte de este hombre -fue uno de esos hermanos a quienes diosito envió un cáncer para su konversión- y nos volvimos a Madrid. Llegamos directos a la misa funeral, con nuestras ropas de excursionistas veraniegos.

De ese funeral no olvido tres cosas.

Una de ellas es la llegada del hijo primogénito del finado. Llegó tarde, con la celebración ya iniciada -y eso que no empezó hasta que llegamos los que veníamos en autobús desde no recuerdo dónde-. El pobre joven traía el rostro descompuesto, expresión de profundo dolor y los ojos rojos de llanto. Este hijo era el más rebelde de los siete. Nunca había querido entrar en el CNC, caminó a trancas y a broncas con sus padres hasta la mayoría de edad y ese mismo día dijo que se acabó para siempre.

Pero regresó para el funeral de su padre. Pálido, tembloroso, al borde de las lágrimas todo el rato, pero allí estuvo, aguantando el tipo junto a su madre y sus hermanos.

Por supuesto, los fanáticos adictos a la kikotina no dejaron de hacerle saber que fallaría a su padre y lo decepcionaría si su soberbia le impedía regresar a la comunidad, porque para todos ellos era evidente que para honrar a su padre solo había un camino posible: el retorno a la comunidad con el rabito entre las piernas, pidiendo perdón a todos y comprometiéndose a no volver a fallar con el trípode y todo lo que el CNC requiriere de él.

Y durante un tiempo, mientras el pobre joven pasaba el duelo por la muerte de su padre, la manipulación coló y él buscó consuelo en la comunidad de la que había renegado años antes. Por supuesto, el retorno del hijo pródigo se vendió como un milagro propiciado por su difunto padre. Pero sucedió que duró menos de tres meses. Cuando el dolor cedió y pudo razonar, el hijo se marchó y esta vez fue para siempre.

La palma se da a quienes han superado el paso de la Reditio

La segunda cosa que recuerdo de esa celebración fue la tremenda alienación de la neo viuda.

Ella fue quien llevó todos los cantos. Una y otra vez salió al atril, guitarra en mano, ojos secos, calma aparente, voz potente, a decir que todo era maravilloso, que la muerte es lo mejor, que su marido había resucitado, que cuidaba de la familia desde el cielo y tal y tal, como es cuasi obligado en el Camino en una situación semejante.

No la juzgo por ello. Los primeros días tras un deceso todavía no se te ha caído el mundo encima, todavía estás asimilando la situación, todavía tienes a los parientes y amigos a tu lado, confortándote y dándote ánimos. Pero cuando te quedas sola, cuando buscas a tu alrededor al que se ha ido y caes en la cuenta de que no lo vas a volver a ver, que ya no está, cuando ves su sitio en el sofá, su silla alrededor de la mesa, su lugar en tu cama… Cuando asimilas las consecuencias de su muerte, se produce el duelo.

Y es algo humano y necesario. Y retrasarlo o negarlo no ayuda en nada.

Cuando esta mujer cedió al duelo ya no había comunidad ni parientes a su lado para sostenerla, todos habían vuelto a sus vidas cotidianas. Y no solo su hijo se apartó del Camino para siempre, también ella, la que cantaba y bendecía en el funeral de su marido, lo dejó.


Lo tercero que recuerdo de esa tarde noche de verano, de ese funeral fue la mirada de disgusto de la neo viuda hacia el vástago que llegaba tarde. Me impresionó su dureza, su falta de empatía, su incapacidad para pasar al otro. Su hijo desfallecía de dolor y ella lo miraba con expresión de “Ya era hora de que te dignases a aparecer”, como si lo importante fuese el qué dirán de los que allí estábamos, el espectáculo, la apariencia, la pretensión de que aquello era una fiesta de resurrección y ellos los actores principales que no podían fallar en su papel.

Un papelón, diría yo.

Sin duda ella se atuvo al guion y fue la perfecta viuda neocatecumenal y fue muy alabada por todos por su fortaleza. Pero a mí quien me conmovió fue el hijo, porque frente a la máscara de los demás, él llevaba su dolor pintado en la cara, a la vista de todos.

 

sábado, 4 de enero de 2020

Afan de dinero al estilo neocatecumenal



Tengo entendido que las zonas más kikotizadas de España son Murcia y Cádiz.
Lo cierto es que ambos lugares comparten el ser / haber sido destino de los proyectos inmobiliarios de cierta realidad eclesial carente de bienes materiales.
En Murcia, en concreto en el municipio se Sangonera la Verde, se proyectó la construcción de una mega-edificación al estilo de la domus Galilaeae, solo que en este caso iba a ser una domus super-mega-guay con lo más de lo más para cientos de seminaristas que podrían reunirse allí a jugar al futbol y presenciar kikadas. La cosa, que como es normal se fiaba a que Dios fuese propicio y providente, se quedó en agua de borrajas. La información puede encontrarse aquí, por ejemplo.
En Cádiz tienen otro estilo. No parten de un terreno no edificable -como resultó ser en Murcia- ni se proyectan en el diseño de edificios mastodónticos con apariencia de platillo volante, en Cádiz optan con adquirir edificios ya existentes y reacondicionarlos.
Pero, por supuesto, la inversión que hay que realizar no es precisamente moco de pavo. Y quienes están llamados a correr con todos los gastos, son los sufridos neocatecumenales.
Alguien que tiene parentela muy ultrakika en Cádiz me comenta el procedimiento que tiene el kikotista de la zona para que las bolsas se llenen sí o sí. Resulta que en Cádiz, las bolsas llenas son algo vital para la subsistencia de los proyectos que dependen de un Obispo con fama de amigo de ciertos lujos, por lo que no se fía nada a la providencia divina. Así que puesto que hay comunidades y hay también un edificio viejo, destartalo, mal acondicionado y peor equipado en el Puerto de Santa María, lo que hace el kikotista de zona es que todos lo pasos y reuniones de inicio de curso, propagandísticas, de jóvenes y de lo que se tercie se han de celebrar en ese edificio que tienen que pagar.
Mi informante dice que el CNC local de Cádiz se ha hecho con un viejo monasterio y un terreno colindante donde quieren construir un mausoleo kikil -ya que en Madrid no pudo ser- y que se obliga a las comunidades más jóvenes de toda la provincia a pasar por el lugar, es decir, a tener allí todas las konvivencias -pasos, transmisiones y domingos- a razón del módico precio de 120 € por testa, precio que les garantiza el disfrute de las malas condiciones del edificio: camas destartaladas, colchones viejos, humedades, falta de agua caliente…
Tal vez alguien se pregunte: ¿por qué solo a las comunidades más jóvenes? ¿Qué pasa con las comunidades más avanzadas, se han muerto todas o son de otro kikotista? Pues, no. La razón del reparto vuelve a ser el dios dinerín. Las comunidades más antiguas siguen teniendo que sufragar en feo centro neokiko que el mismo kikotista se empeñó en montar en Ceuta. Así que unos están obligados a tener las konvivencias en Ceuta, previo pago del impuesto revolucionario y otros, en el Puerto de Santa María, también previo pago, que es de lo que se trata.
Pero ni aun así es suficiente.
Por eso, el lumbreras del kikotista de zona ha tomado dos medidas más.
Una de ellas es que todos los meses y para todas las comunidades, viejas o nuevas, se pasa una bolsa especial que no es para la evangelización, por más que mientan sobre su destino, sino para pagar desvaríos megalómanos.
La otra tiene que ver con equilibrar las comunidades. Es decir, ¿Qué pasaría si no surgiesen comunidades nuevas? Pues eso es precisamente lo que pasa en Cádiz y en todos sitios: las comunidades nuevas surgen con cuenta gotas y se alimentan con hijos del CNC que muchas veces no disponen de ingresos propios. Y eso provoca dificultades cuando se pretende costear una mega-ultra-domus con el sudor y los dineros de los demás.
Pero en Cádiz han encontrado una solución de la que no había oído hablar hasta ahora: hacer retroceder a las comunidades avanzadas para que vuelvan a ser comunidades “más nuevas”, es decir, que el impuesto revolucionario pagado por estas comunidades descendidas en lugar de ir a pagar la horripilancia de Ceuta irá a pagar la megalomanía del Puerto de Santa María.
En concreto, mi informante me mencionó el caso de una comunidad que llevaba más de un año de traditio y a la que, en la reunión con el kikotista con motivo de la retraditio -es decir, después de haber pagado lo que la comunidad pensaba que era la convivencia de la retraditio-, les han dicho que bajan de nuevo al paso de la oración -paso para el que han sido citados dentro de un mes en la misma casa y por el módico precio de costumbre-. ¿Por qué? Pues porque falta dinero para pagar proyectos innecesarios a la mayor gloria de unos aprovechados.
Me asegura también mi informante que no es un caso aislado, que son numerosas las comunidades obligadas a repetir pasos que ya hicieron, es decir, obligadas a pagar nuevas convivencias vacías que no sirven para nada.
Recuerdo a Kiko en alguna de esas charlas propagandísticas tan aburridas, decía a voces: el sábado es para el hombre, no el hombre para el sábado -y el viernes y el lunes y… pero ya entendéis, el caso el judaizar un poco-. Pues bien, en el CNC, y en Cádiz más, el hermano es para el Camino, no el Camino para el hermano.

jueves, 31 de octubre de 2019

Bendición de columbarios



Esta semana ha sido el funeral de una catecúmena tunicada. Era una viuda anciana y sin hijos, es decir, sin parientes directos dentro del CNC, y su comunidad pasaba de ella desde hacía años por causa de su edad, que la incapacitaba para hacer el trípode como los demás.
Por ello no me sorprendió que solo cinco neocatecumenales hiciesen acto de presencia en el funeral. Ya se sabe que les cuesta mucho acudir a ceremonias de religiosos de misa de 12. De hecho, en sus últimos años de vida, quienes visitaron con asiduidad a esta anciana, sin fallar nunca, fue gente del Opus Dei. Y sí, al funeral fue más gente del Opus que del CNC.
Son este tipo de detalles los que muestran el entrañable amor que se tienen unos a otros en las comunidades.
El caso es que a la salida del funeral me fijé en el tablón de anuncios que hay en el atrio de esta parroquia y me llamó la atención el siguiente aviso.


¡Rouco Varela bendiciendo columbarios!
Espero que la noticia llegue a su amigo Kiko, tan alérgico a los columbarios, tan insensato que pretende saber más que la Iglesia, tan engreido que se cree con capacidad para decretar lo que han de pensar, querer y hacer los demás y tan absurdo que quiere disponer quien va al infierno:
«Pues que estamos hasta el gorro de la cremación, eso no es cristiano: jamás en la Iglesia se ha quemado nadie. Se quemaban los masones y los budistas, jamás se quemó un cristiano; eso no estaba en la tradición de la Iglesia. ¿Y cómo es posible que lo hayan permitido ahora? Pues por motivos de salud, porque los terrenos cuestan mucho, porque no hay sitio ya… Vamos, eso es una cosa horrible. Pues nosotros vamos a cambiar de dirección, vamos a decir que en el Camino no estamos de acuerdo, los del Camino no nos quemamos. Y el que se quiera quemar que se vaya al infierno a quemarse, a quemarse al infierno.» (Tostón de Pascua 2014)
A ver si el señor Rouco lo desasna un poco cuando se vuelvan a ver.