Recibí un correo que, entre otras cosas, incluye el siguiente recorte:
Para empezar me remonto a la etimología de la palabra “iglesia”: deriva de la palabra griega “ekklesia” que significa “asamblea” o “comunidad”. Este sentido se ve muy bien en el capítulo 16 de la epístola a los romanos, donde Pablo escribe: «Saludad a Prisca y Aquila, colaboradores míos en Cristo Jesús. … saludad también a la Iglesia que se reúne en su casa». Pablo se refiere al grupo de creyentes que se junta en la casa de Prisca y Aquila.
Y más adelante en el mismo capítulo escribe también: «Os ruego, hermanos, que os guardéis de los que suscitan divisiones y escándalos contra la doctrina que habéis aprendido; apartaos de ellos, pues esos tales no sirven a nuestro Señor Jesucristo, sino a su propio vientre, y, por medio de suaves palabras y lisonjas, seducen los corazones de los sencillos».
De momento, pongo el foco en que la comunidad de los cristianos es una sola. Y se llama Iglesia.
De que es una sola no cabe la menor duda, pues está escrito: «[Dios Padre] Sometió todas las cosas bajo Sus pies [de Cristo], y le constituyó Cabeza suprema de la Iglesia, la cual es Su cuerpo, la plenitud de Aquel que lo llena todo en todo» (Ef 1, 22-23).
El Cuerpo de Cristo, siendo uno solo, está formado por todos los creyentes en Jesucristo de todos los tiempos y lugares. Por esto se habla de
(1) La iglesia universal, que es la comunidad de todos los hijos de Dios
(2) La iglesia local, que es un grupo de la iglesia universal en un lugar determinado.
La iglesia local no tiene sentido sino como piececita de la iglesia universal. No puede ser más importante la parte que el todo, ni puede mandar la parte sobre el todo y mucho menos sobre la Cabeza.
La iglesia local solo es iglesia, es decir, comunidad de cristianos, si permanece unida a la Cabeza. Y el representante de la cabeza en la iglesia local es el párroco, no un catequista y muchísimo menos unos kikotistas, que ni siquiera son catequistas.
Para más abundamiento, dice el estatuto más incumplido del universo:
«Art. 1 [Naturaleza del Camino Neocatecumenal] # 2. El Camino Neocatecumenal está al servicio del Obispo como una de las modalidades de realización diocesana de la iniciación cristiana y de la educación permanente de la fe».
Y las obligaciones del Obispo respecto a la catequización están muy claras en el Directorio General para la Catequesis (223, que el estatuto cita en el art.2), entre otras las siguientes:
«Ejercer la solicitud por la catequesis con una intervención directa en la transmisión del Evangelio a los fieles, velando al mismo tiempo por la autenticidad de la confesión de fe y por la calidad de los textos e instrumentos que deban utilizarse.
Cuidar de que los catequistas se preparen de la forma debida para su función, de suerte que conozcan con claridad la doctrina de la Iglesia y aprendan teórica y prácticamente las leyes psicológicas y las disciplinas pedagógicas».
Además conviene recordar el siguiente artículo del Credo, no de unos estatutos ni de un directorio, sino del resumen de la fe de los cristianos: Creo en la Iglesia, que es UNA, santa, católica y apostólica.
Y esa Iglesia, que es una, se divide en iglesias locales, que pueden o no, aglutinar movimientos, asociaciones, itinerarios y veleidades, pero lo importante es ser uno con la Iglesia.
En resumen, unos tipos que pretenden que su grupito es más importante que la parroquia o bien no saben que lo que forma parte del cuerpo de Cristo son los parroquianos alrededor del párroco y este unido al Obispo y este a la Cabeza y a su representante, el Papa, o bien solo buscan “servir a su propio vientre”.
Si no lo saben y tampoco saben que ellos deberían estar al servicio del Obispo, habría que enviarlos a formarse y no permitir hacer uso del nombre de catequistas a quienes no conocen con claridad la doctrina del a Iglesia.
Si sí lo saben, razón de más para no permitirles usar el nombre de catequistas, puesto que actúan contra la verdadera Iglesia.
En cualquiera de los dos casos, el Obispo, responsable de la catequesis en la diócesis, debería intervenir, porque es su función.
En la próxima entrada, el tema de la obediencia.

