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lunes, 18 de mayo de 2026

Obediencia ilícita

 


Cada cierto tiempo aparece por el blog un “buenista” que asegura que el CNC que él conoce es un camino de flores: los kikotistas son el no va más de la comprensión, la comunidad es un dechado de amor y preocupación por el otro, la humildad está a la orden del día en todos los actos de los hermanos y, sobre todo, todos son libérrimos y nadie nadie nadie ha padecido ni padece coacción alguna.

Y voy yo y no me lo creo.

La piedra fundacional del CNC es la obediencia ciega, irracional, descerebrada y sumisa al kikotista. Es así desde sus inicios y es así en todos sitios; la obediencia al kikotista no se plantea como una opción, sino como una obligación para poder caminar. Quien no obedece es vilipendiado, se le estigmatiza con el sambenito de ser un soberbio, de estar engañado por el demonio, de haber traicionado a Dios y se le “invita” a dejar la comunidad.

No por casualidad todos los neocatecúmenos se saben el mantra que dice “Quien obedece no se equivoca”. Se lo saben porque es el primer kikomandamiento. Pero sucede que además de ser falso ese mantra es contrario a la doctrina de la Iglesia.

Santo Tomás lo explica muy bien. Hay una obediencia buena y saludable y hay una falsa obediencia anticristiana.

Porque la obediencia, para ser buena, ha de ser racional, no puede ser ni incondicional ni ciega. No le valen kiko mantras del estilo “Tú ahora no lo entiendes, obedécenos, que más adelante lo verás”. No, la obediencia cristiana pide explicaciones de lo que no entiende, y solo obedece si se convence de que lo que se le reclama no es contrario a la caridad ni a la justicia. Porque no se puede usar la obediencia como excusa ni eximente para pisotear y patear la ley de Dios.

El cristiano solo le debe obediencia a Dios, la obediencia a otros es por transmisión y delegación de la autoridad divina, por tanto, una obediencia a quienes no respetan la caridad y la justicia que son la base de la ley de Dios es una falsa obediencia, un fraude.

Parece mentira que los kikos no quieran entender esto, pero así sucede.

Hay más motivos por los que la obediencia se vuelve improcedente. El más grave es el ya tratado: nunca jamás se debe obedecer a un kikotista que busque imponer una mentira, una injusticia, ese tal debe ser desobedecido y debe ser denunciado su proceder. Y tal denuncia no es un juicio, es una obligación moral.

Tampoco hay ninguna razón ni motivo para obedecer cuando el mandate se entromete en cuestiones fuera de su ámbito de autoridad. Por ejemplo, cuando pretende disponer que relaciones afectivas son según Dios y cuales, no;  o cuando trata de imponer su criterio, que no su autoridad porque carece de ella, en la observancia del diezmo, que es un abuso ajeno a la Iglesia, o de la apertura a la vida, que solo compete a los matrimonios.

Y en cuanto al límite de la autoridad de un kikotista conviene aclarar varias cosas. Primera, nadie, sea o no kikotista, sea o no presbi, sea o no muy sensible, tiene derecho a inmiscuirse en el fuero interno de una persona. Dejarse avasallar en ese campo significa volver a la esclavitud de la que nos rescató Cristo.

Segunda, los kikotistas carecen de autoridad real en la Iglesia. No son catequistas, no son colaboradores de la Evangelización, no son parroquianos, solo son testigos de Kiko el sensible. No están formados, preparados ni acreditados para guiar a nadie hacia Dios.

Por eso, mucho ojo con obedecerles, son ciegos guiando a tuertos.

 

miércoles, 31 de julio de 2024

La Gracia no pisotea el libre albedrío

 

Tenía desde hace bastante tiempo un par de recortes de un tostón (del curso 2022-2023 en concreto), a la espera de que me entrasen ganas de exponer la sarta de errores en los que Kiko incurre.

Presento primero el recorte.

 


Lo primero que suelta Kiko -un clásico- es que nadie va por su voluntad, libre y consciente a escuchar uno de sus tostones. Eso de ir dónde quieres y porque quieres se hace con los políticos, los músicos y demás, pero quienes van a escucharle a él es, impepinablemente, porque diosito los ha reclutado y llevado allí, a presencia del nuevo moisés del CNC.

El segundo detalle importante es que diosito está al servicio de Kiko, y no al revés. Es diosito quien junta y lleva a los integrantes de la asamblea, para que Kiko, el gran líder, pueda arengarles.

Lo tercero es que la arenga no sirve de nada, está destinada al fracaso, porque una y otra vez, por más que diosito tenga poder para llevarles, Kiko no tiene capacidad para convertir a nadie. Pero como es tan sensible en lugar de reconocer su impericia lo que hace es achacar el fallo a la audiencia y emitir acusaciones contra ella: «Te gusta pecar, te gusta fornicar, y caes». ¡Qué contento estará el acusador con mítines como este!

Entre tanto absurdo, no es difícil pasar por alto algo muy grave: Kiko siempre presenta el libre albedrío como enemigo e inconveniente máximo para la fe. De tal modo que, según Kiko, la causa suprema por la que nadie en el CNC ha alcanzado la fe adulta por más años de calentamiento de metacrilato que lleve a cuestas es, precisamente, el libre albedrío.

Ante tanto disparate y ya que Kiko alude, de forma distorsionada y engañosa, a San Agustín de Hipona, mejor que sea el santo doctor de la Iglesia quien responda con la Verdad:

«Lo que preguntamos, pues, es: si está en nuestro poder alcanzar la fe con que creemos a Dios o con la cual creemos en Dios. Pues por esto está escrito: Creyó Abrahán a Dios, y le fue abonado a cuenta de justicia (Gn 15,6); y también: Al que cree en aquel que justifica al impío, se le abona su fe a cuenta de justicia (Rm 4,3-5). Considera ahora si habrá alguien que pueda creer, si no quisiere, o no creer, si quisiere. Si esto es absurdo —porque ¿qué es creer sino asentir a lo que se nos dice como verdadero?, y el asentimiento, ciertamente, es un acto de la voluntad—, luego, sin duda, la fe está en nuestro poder».

Pero es que Kiko proclama a voces que la fe es una gracia, es decir, que requiere intervención divina, a lo cual responde San Agustín:

«¿Acaso el libre albedrío es destruido por la gracia? De ningún modo; antes bien, con ella le fortalecemos. Pues así como la ley es establecida por la fe (Rm 3,31), así el libre albedrío no es aniquilado, sino fortalecido por la gracia. Puesto que ni aun la misma ley se puede cumplir si no es mediante el libre albedrío, sino que por la ley se verifica el conocimiento del pecado; por la gracia, la curación del alma de las heridas del pecado; por la curación del alma, la libertad del albedrío; por el libre albedrío, el amor de la justicia, y, por el amor de la justicia, el cumplimiento de la ley. Por eso, así como la ley no es aniquilada, sino restablecida por la fe, puesto que la fe alcanza la gracia, por la cual se cumple la ley, del mismo modo, el libre albedrío no es aniquilado, sino antes bien fortalecido por la gracia, pues la gracia sana la voluntad para conseguir que la justicia sea amada libremente».

Por tanto, el libre albedrío no es el problema, pero es que además como a Kiko le gusta decir una cosa y su contraria, antes de achacar al libre albedrío la culpa de la falta de fe de los neocatecúmenos, ha soltado todo lo contrario, a saber, que según él -y dice apoyarse en San Agustín y en la Iglesia- la respuesta del hombre a Dios, diga sí o diga no, no es libre. Lo cual debe ser una herejía más de su colección.

Recurro de nuevo a San Agustín para deshacer el engaño:

«Le es posible al hombre el vivir sin pecado con el auxilio de la gracia divina, si no le falta la cooperación de su voluntad».

Es decir, poder y querer. Dios es el que puede y el hombre el que ha de querer, y han de darse ambas circunstancias, la gracia divina y la libre voluntad humana. De lo contrario, solo los autómatas podrían ser impecables.

Y un ejército de autómatas parece ser el objetivo de Kiko. Porque miente, quizá por desconocimiento, cuando suelta lo del catecumenado primitivo largo. Sin ir más lejos, el eunuco que se cruzó con Felipe tuvo un catecumenado de unas cuantas horas (Hc 8, 26-40) antes de ser bautizado. Y recibió el bautismo sin que Felipe lo escrutase y le hiciese contar públicamente sus pecados o le exigiese pruebas de no pecar. Y tampoco le exigió obediencia ni vivir sometido a él a partir de entonces.

En otras palabras, no le corresponde a Kiko juzgar la vida de nadie ni mucho menos disponer quien está en situación de ser bautizado, porque no le corresponde a Kiko ni a ningún kikotista medir la fe de nadie.

Y la Iglesia debería decírselo de una vez, que mucho daño ha hecho ya a muchos pequeños.

 

domingo, 12 de mayo de 2024

Cárcel neocatecumenal

 

Otro testimonio...


En la vida normal, si no estás conforme con el colegio de tus hijos, eres libre para llevarlos a otro; si no te gusta tu trabajo, puedes solicitar un traslado, optar a otro puesto o buscar otro empleo; si no te gusta una tienda, no vuelves a ella, hay otras; si una parroquia no te convence, vas a otra sin el menor impedimento.

En cambio, en una cárcel, los presos no pueden disponer por su cuenta en qué centro penitenciario quiere cumplir condena, ni tienen posibilidad de elegir celda, ni disponen el menú o los vigilantes asignados, son otros quienes disponen cuál es el centro penitenciario y cuál la celda de cada recluso.

El funcionamiento del Camino es similar al de una cárcel. El catecúmeno no puede cambiar libremente de parroquia para ir a otra que también tenga comunidades, y tampoco le corresponde ni puede decidir cambiar de comunidad dentro de la parroquia.

En el Camino, eres tratado como un niñito ignorante e inconsciente y, por tanto, por no estar capacitado, no puedes decidir y son los kikotistas quienes piensan y deciden por ti el menú semanal, las personas con las que tratar, los métodos, los procedimientos y las materias.

¿Te gustaría cambiar de parroquia/comunidad? ¡NO PUEDES! ¡IMPOSIBLE!

Sería despreciar a Dios, despreciar su obra, despreciar su amor por ti, porque tu comunidad es la que Dios ha dispuesto para ti, para tu conversión, con esas personas concretas que no aguantas, con esos comportamientos que te hieren y te destruyen, con esas enemistades y luchas internas que nunca paran y nunca acaban... En definitiva, Dios ha diseñado para ti una prisión de la que nunca podrás escapar a menos que cambies de ciudad, emigres a otro país o abandones el Camino.

Aunque puede darse otro caso:

¿No quieres bajar a una comunidad más joven? ¡ESTÁS OBLIGADO a ello! porque no pasaste los eskruticidios!

Pero si tu comunidad es la que Dios dispuso para ti, ¿qué sentido tiene obligarte a abandonarla para entrar en otra que no es la que Dios quiere para ti? ¡El que obedece no se equivoca! Obedece a tus kikotistas que son más sabios que tú y que el mismo Dios que no sabe cual es la comunidad que necesitas.

Si no estás conforme puedes abandonar el Camino, pero se necesita mucho coraje porque para disuadirte te amenazarán con las peores situaciones de perdición, haciéndote creer que fuera del CNC la única posibilidad es el mundo del demonio, y no la Iglesia Católica.

Así que a menos que uno cambie de ciudad por trabajo, estudios o alguna otra razón, no es posible decidir por uno mismo a qué parroquia ir y en qué comunidad quedarse.

Estás condenado de por vida a estar con las mismas veinte o treinta personas, aunque no te guste. El concepto subyacente sería que debes “aceptar tu cruz” y “amar al enemigo”, ya que para los neocatecumenales los demás no son Cristo ni son hijos de Dios, siempre son tu cruz y tus enemigos, los que te destruyen, los que no puedes amar porque para ti eso es imposible.

Casi lograron convencerme con estos discursos, y de hecho tardé años en irme después de que surgieran las primeras dudas.

Entonces comprendí que la fe es ante todo una cuestión personal e individual. Se nace solo y se muere solo: todo lo que hay en medio, toda la vida, si se desea la fe, es un viaje del alma, y si vives en un contexto lleno de enemigos dónde debería haber hermanos, algo está mal, y todo lo que esté mal obstaculizará el crecimiento en la fe.

Jamás nadie ha percibido en un ambiente de enemigos el "mirad cómo se aman", sino solo el "mirad cuántos pecados (incluso capitales) se pueden cometer porque todos son enemigos y porque el hombre está incapacitado para hacer el bien".

Es más, dado que cualquier pecado es admisible bajo el supuesto de que no es posible hacer nada para evitarlo, en el CNC no se predica ni se enseña ni se admira el combate contra el pecado, por el contrario, se considera un moralismo desacertadísimo, contraproducente y que no complace a Dios, sino que solo alimenta la soberbia del penitente.

En el CNC, lejos de combatir el pecado, se vive con él muy relajados, en espera de un “espíritu santo” que vendrá cuando quiera, porque no se trata de no pecar, ya que es imposible, se trata solo de creer la predicación de los kikotistas -¡OJO! No de la Iglesia, sino de los kikotistas que repiten como loros las expresiones de Kiko- y de participar de forma asidua en las cosas de la comunidad, en todas ellas, en las reuniones, las convivencias, las bolsas, las preparaciones y cualquier kikada de temporada, como las salidas por las plazas.

No hay que combatir, eso sería un moralismo nefando, hay que creer en Kiko y esperar con esperanza el cumplimiento de su palabra.

Y como no hay que combatir y los kikotistas se ocupan con entusiasmo de dar miles de ejemplos de que todos son malvados, pecadores, últimos y peores, el Camino saca a relucir los peor de cada catecúmeno bajo la égida de poner en la verdad, de mostrarte tal y como eres, de quitarte la máscara de buenecito para que conozcan tu realidad de pecador.

La elección ya está hecha: para caminar hay que dejar atrás la bondad, la educación, las buenas maneras, porque serían tenidas por resistencia a mostrarte tal y como eres en realidad, para caminar hay que mostrar a los demás lo peor de uno mismo y lo peor de cada casa. Solo se complacen en lo malo, lo oscuro, lo perverso.

No son capaces de entender que, por ejemplo, si uno vive la diversidad como algo normal y no como una amenaza hacia sí mismo, entonces el otro no se convierte en enemigo solo porque piense o sienta o actúe de forma acorde a sus limitaciones o a su personalidad. Los enemigos, como mucho, son aquellos que te hacen daño "intencionalmente", no aquellos que te molestan por su forma de ser.

Mientras vivamos no seremos perfectos, pero eso no significa que lo correcto sea regodearse en ser malvados, siempre ha de haber una tensión continua hacia la perfección ("sed perfectos como vuestro Padre celestial es perfecto").

Una vez que entiendas esto, listo. El valor para seguir las enseñanzas de Cristo y no las de Kiko viene, si deseas la fe.