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martes, 7 de enero de 2025

Respuestas a la Epifanía de Dios

 


De una homilía sobre la Epifanía (con añadidos adaptados a la sensibilidad neocatecúmena)

 

En España y muchas regiones donde España dejó su impronta, la Epifanía es indisociable de los Reyes Magos, por lo que se confunde con la fiesta de los regalos.

Pero la Epifanía no conmemora la visita de unos magos de oriente al rey Herodes, ni el encargo de éste de averiguar si había nacido en Mesías, lo que se celebra es la manifestación de Dios a todos los hombres.

Etimológicamente, la palabra epifanía procede del griego, de un verbo que se empleaba para referirse a la aparición de la luz sobre la línea del horizonte en el amanecer, pero sobre todo se reservaba para referirse a la manifestación de Dios a un devoto, en suma, a una teofanía, que también es término procedente del griego.

Lo particular de la epifanía de Jesús es que se manifiesta simultáneamente a tres estamentos sociales.

En primer lugar, los ángeles se ocupan de hacer llegar la buena nueva a los pastores. Los pastores eran gente a quien su trabajo, la obligación de permanecer día y noche junto al rebaño que cuidaban, mantenía alejados del templo. No respetaban las ingentes normas y formalidades del judaísmo religioso porque su trabajo no les permitía acudir al templo en los tiempos señalados, no respetaban las festividades religiosas ni se preocupaban por la pureza ritual… Traducido al kikismo, eran de esos que anteponen el trabajo a la comunidad y que se permiten faltar por motivos de trabajo sin asumir que incurren en pecados graves.

En resumen, eran gente despreciada por los verdaderos creyentes judíos. Y, sin embargo, como para dejar claro que Dios no piensa como los hombres, envió a un emisario a esa gente que no pisaba el templo, ni participaba en los diezmos, ni hacía las abluciones prescritas, ni purificaba la comida, ni rezaba con la torá en las manos. No lo envió al sumo sacerdote, tan riguroso en el cumplimiento de la ley entregada por Dios a Moisés, sino a los pastores, a quienes eran tenido por medio herejes.

En segundo lugar están los magos de oriente, astrónomos que estudiaban el universo, paganos que se esforzaban por traducir los acontecimientos estelares en signos de los sucesos terrenos. Estos paganos vieron surgir una estrella que antes no estaba y, de algún modo, concluyeron que la estrella apuntaba a Israel, por lo que dedujeron que tenía que haber sucedido algún acontecimiento grandioso allí, en la zona señalada por la estrella.

Lo más probable es que los magos de oriente no supiesen nada del judaísmo, pero se pusieron en camino y al llegar se informaron de que los israelitas esperaban desde hacía siglos el advenimiento de un gran caudillo que ellos llamaban Mesías. Blanco y en botella, eso tenía que ser lo que manifestaba la estrella. Pese a ser paganos desconocedores del judaísmo, los magos no dudan, han visto la estrella, han visto la señal, por tanto el Mesías esperado es real y ha nacido ya.

Así que se plantan ante el rey Herodes y le preguntan dónde está el Mesías.

Los magos de oriente no representan a los alejados (estos son los pastores), sino a los que están fuera, los no evangelizados, los paganos. Y ambos, alejados y paganos, reciben señales de Dios que les hacen ponerse en marcha, al encuentro con el Mesías prometido. No son encaminados hacia una comunidad para ser adiestrados por unos maestros durante muchos muchos años, sino que son conducidos directamente hacia Dios.

Luego está el tercer grupo, el de los ilustrados, los cumplidores, los que se creían más religiosos que nadie: el propio rey Herodes, los sacerdotes y los escribas y con ellos, todo el pueblo, dice la Escritura. También estos reciben un aviso a través de los magos llegados de oriente, de los paganos que cuentan lo que han visto, lo que han deducido con su razón y lo que buscan.

Espoleados por los paganos, los conocedores de la Palabra de Dios son capaces de darles la información que precisaban: el Mesías había de nacer en Belén de Judea. Pero ninguno de ellos se mueve de su cómoda vidita para ir en busca del niño. Están demasiado ocupados con sus preparaciones, sus celebraciones, sus escrutes, sus convivencias en las que vuelan sillas, sus bolsas, sus diezmos, sus cantos… No tienen tiempo para el Mesías.

Quien tenga oídos para oír, que oiga; y quien tenga ojos para ver, que mire.

 

sábado, 8 de enero de 2022

Trasfondo de los Reyes Magos kikos

 

Como se puede ver y leer en la entrada precedente, el Camino utiliza la festividad de los Reyes Magos para juntar a las comunidades de la parroquia.

Hay parroquias donde se representa un auto de los Reyes Magos para los niños de catequesis y sus familias al que sigue un ágape. Allí donde se ha instalado el CNC lo usual es que se prescinda de auto (tradición de religiosos de misa de 12) y de invitar a gente ajena a las comunidades. La “visita de los Reyes Magos” se orquesta para que sea en un horario diferente y en un salón de usos múltiples solo para ellos, con las puertas bien cerraditas.

Se supone que el jolgorio está orientado específicamente para los más pequeños, pero se invita a todos los neocatecumenales: abuelos, solteros, casados sin hijos, presbis, seminaristas, chachas… y todo el que quiera puede acercarse a “sus majestades” a hacer su petición, es decir, a expresar el anhelo de su corazón, porque en el Camino dicen que se toman la vida muy en serio y no pierden el tiempo con tonterías de pedir un oso de peluche o un coche de bomberos. No. Al jolgorio de los Reyes Magos kikos se va a expresar delante de toda la familia, que está con los oídos muy atentos, el anhelo más profundo del corazón.

Previamente hay una arenga para que los presentes entiendan que diosito los colmará en la medida en que se lo tomen en serio y se sinceren. Es decir, que quien no arriesgue y salga del paso confesando una chuminada, recibirá una chuminada como “bendición” a través del Rey Mago de turno.

Este es el juego. La forma de jugarlo se puede leer en la entrada anterior: familia por familia se acercan al Rey, no de uno en uno, sino todos en manada, y han de expresar un deseo y asentir con educación a lo que el Rey diga, como si fuesen palabras sabias inspiradas por el mismo Dios.

La madre de la entrada anterior así se lo asegura a su hija pequeña: los demás Reyes Magos que visiten el colegio o que paseen en cabalgata por aquí o por allí no valen, por más que sus disfraces o su maquillaje sea mejor, porque de lo que se trata es de fingir que lo que reciben de un kiko disfrazado son “palabras de vida eterna”.

Y esta madre está tan abducida, tan alienada, tan enceguecida, que aunque sabe que todo es barniz y teatro y que el tipo que tiene delante se va a limitar a contestar con los matras kikos que ha memorizado, hace una hora de cola solo para que le cuenten milongas a ella, a su marido y a sus hijos.

De hecho, podéis constatar que esta madre no incluye en su descripción del jolgorio lo que fuera que “el rey Baltasar” dijera a los hijos menores, solo comenta el diálogo con los mayores.

¿Por qué? ¿No era un jolgorio pensado para niños?

Porque los niños son la excusa. En el CNC los niños no tienen cabida ni lugar, se los abandona al cuidado de niñeras sin ninguna consideración, que para eso ser afectivos es un defecto gordísimo en el Camino, e incluso cuando se simula que hay una reunión para ellos, en realidad es para reforzar el kikismo entre los caminantes, no entre los niños, que no pintan nada hasta que no tienen su propia comunidad.

Así se entiende que una chica de dieciocho años salga del paso pidiendo paciencia (Es obvio que si hubiese pedido castidad, o templanza para no emborracharse o drogarse o ver porno, con los padres allí mismo, se le habría caído el pelo) y el reyecito de las presuntas “palabras de vida eterna” se descuelgue con la película neocatecumenal de la imposibilidad de soportar a los hermanos, al padre y a la madre.

«¿No puedes con tus hermanos, con tu madre, con tu padre? Te parece que son insoportables, que te quitan tu espacio, que no saben tratarte...».

Es que esa es la típica familia neocatecumenal: nueve hermanos y todos mal avenidos entre ellos, pues todos tienen iluminado que el otro es el enemigo, el que te destruye, el que no te deja espacio… ¿Qué les darán de comer para tener semejante imagen distorsionada de lo que es una familia?

Entonces, el primer mantra kiko que esgrime el falso Baltasar untado de betún es que la familia es un infierno, sin paliativos, que ellos son muy sensibles y llaman a las cosas por su nombre.

El segundo es que es diosito en persona quien ha dispuesto que esto sea así.

«El Señor te los ha puesto ahí para tu conversión».

No es que la familia de esta chica esté mal, es que por algún insondable misterio ella necesita precisamente esa familia infernal para convertirse. ¡Ah! Eso lo explica todo. Diosito es buenísimo, es la chica, Nazareth, la que es un desastre sonriente, es su forma de ser la que ha forzado a diosito, en pro de su conversión, a hacer de su familia un infierno.

El tercer mantra es aclarar a la chica que a pesar de ser la culpable de la situación familiar que vive, no tiene que esforzarse por cambiar. Ya le regalará diosito la conversión cuando a él le pete. Y como es imposible que se convierta mientras a él no le pete mejor que lo deje estar hasta que todo suceda sin ningún esfuerzo por su parte.

«Entonces podrás ser paciente, amable, servicial, humilde, buena, y te saldrá sin esfuerzo».

Más o menos lo mismo sucede con los hermanos mayores. El que se quita de en medio pidiendo humildad (de nuevo, con padres y hermanos delante, no va a entrar en hechos concretos, por lo que la función de teatro ¿de qué sirve?), recibe el mantra de que el que pide humildad ha descubierto que es un soberbio y la soberbia es la puerta a todos los vicios y pecados. ¡Muy bien, Miguel, has descubierto que eres el último y el peor de todos!

«Como todos nosotros, eres un soberbio. Esta es la realidad. Pues te diré que la soberbia es el principio de otros pecados que vienen con ella: la lujuria, la pereza, el egoísmo, la insatisfacción permanente, la increencia, etc.».

El primogénito quizá pensó que se libraría de la bronca si pedía la fe, al fin y al cabo se supone que todos los neocatecúmenos calientan metacrilato año tras año y tostón tras tostón precisamente en la esperanza de recibir alguna vez la fe. Pero también para él hubo capón. Es más, Baltasar lo acusó de mentiroso.

«Di la verdad, no estás rezando nada».

Es que la bola de cristal es muy útil para descubrir las mentiras de los demás.

La madre recibe también su ración de mantras kikos.

El primero, el de la afectividad, que en Kikónides es malísima: «Sé libre de tus afectos hacia tus hijos, porque en el fondo, tú tienes miedo a sufrir».

Estableciendo un paralelo, Santa Mónica tuvo que ser una afectiva terrible que lo que en realidad quería era no sufrir. ¡Pues no! La responsabilidad hacia los hijos está en la naturaleza de la paternidad. Es antinatural preocuparse por los ajenos antes que por los hijos. Desear lo mejor para ellos, y Santa Mónica tenía claro que lo mejor es la fe y la vida eterna, no es afectividad, es coherencia.

El segundo tiene que ver con el uso de la palabra Iglesia. Ya se sabe que Kikónides no es la Iglesia, así que el falso Baltasar se apresura a explicar que se puede «estar en la Iglesia y no haberse enterado de nada». Sin ir más lejos, todos los religiosos de misa de 12, según Kiko, no se enteran de nada. Por eso hay que atinar con lo que se pide. Está muy feo que parezca que un kiko se conforma con algo que vale como 20 en lugar de aspirar a lo que vale como 100.

El tercer mantra es el de la promesa.

«Él ha hecho una promesa con vosotros, Dios es fiel y no dejará que se pierdan».

Esta presunta promesa de no dejar que se pierdan los hijos es la que ata y mantiene a muchos dentro del CNC. Les venden que sus hijos, pase lo que pase y aunque la realidad demuestre que se han vuelto adictos al porno o a las drogas, serán salvos siempre que todos ellos perseveren dentro de la comunidad. Porque la segunda parte de este mantra es que el que deje la comunidad recibirá de diosito toda suerte de maldiciones.

Esto explica que los kikos se gusten tanto tal y como son y no tengan el menor interés por cambiar, sino que se regodeen en sus pecados. ¡Qué más da ser los últimos y los peores de todos si diosito no dejará que se pierdan!

jueves, 6 de enero de 2022

Tu casa, un infierno... lo normal en Kikónides

 

Desde hace algún tiempo, la festividad de los Reyes Magos se utiliza en el CNC para repartir consignas entre los más jóvenes. Lo siguiente es un ejemplo real de cómo quienes se hacen pasar por Reyekikos practican la adivinación sobre una familia.

 

Como todos los años, ya es tradición, hemos ido a ver a los Reyes Magos en la parroquia. Y como todos los años, los Reyes Magos de Oriente han tenido una palabra para cada familia que se ha acercado a ellos. Este año, como el pasado, nos ha tocado Baltasar. Almudena, mi peque de siete años, me preguntaba durante la celebración... mamá, ¿estos son los de verdad o son otros? Yo casi no sabía qué contestar... hay tantos reyes magos durante estos días (los del cole, los de la parroquia, los de la cabalgata de Madrid, de Mahadahonda, etc...) que ya no sabe una con cuales quedarse. Tras la duda, vino la certeza: sí, son éstos, le contesté, porque estos tienen palabras de vida eterna, y eso sí que vale.

Y cuando nos tocó, después de una hora de espera, más o menos, nos pusimos todos, los once, alrededor de Baltasar. Y comenzó la fiesta. "Me acuerdo de esta familia -nos dijo sonriendo, a modo de bienvenida el rey negro con la cara embadurnada y unos ojos chispeantes que hablaban por sí solos-. "Estáis más altos, más guapos, cómo vais creciendo... ¿también habéis crecido en sabiduría y justicia, ante los ojos de Dios?" dijo clavando su mirada en los hijos mayores. "¿Qué necesitáis? ¿Qué le pedís a este Rey Mago, para que se lo presente a Dios?". Nazareth, dieciocho años, parapetada tras su sonrisa, preguntó a Baltasar como para salir del paso: ¿pero a qué se refiere, a cosas materiales, o espirituales?

- Lo que tú necesites.

- Pues yo le pido a Dios paciencia.

-Paciencia... paciencia ¿para qué? ¿no puedes con tus hermanos, con tu madre, con tu padre? Te parece que son insoportables, que te quitan tu espacio, que no saben tratarte... Ellos tendrán sus cosas, sus limitaciones, y tú tienes que quererlos así, como son, también en su debilidad. El Señor te los ha puesto ahí para tu conversión. Para que le busques a Él, que es el único que te dará la verdadera paz. . Para ser paciente necesitas estar cerca de Dios, acercarte a Él, dejarte querer por Él. Cuando uno está lleno del Señor, del Espíritu santo, entonces ya la paciencia, como las otras virtudes, te saldrán solas, porque entonces ya no eres tú, es Cristo quien habita en ti. Entonces podrás ser paciente, amable, servicial, humilde, buena, y te saldrá sin esfuerzo. Entonces ya no verás tu casa como un infierno, sino como la antesala del cielo, y tu realidad será la misma, pero la que habrás cambiado serás tú. Por la fuerza del Espíritu que habita en ti. Eso es lo que le tienes que pedir a Dios, que venga a tu corazón, que se haga carne en ti igual que se ha hecho carne en el niño de Belén.

Baltasar fue desgranando poco a poco las necesidades de cada uno... Rocío y Teresa se apuntaron también al carro de la paciencia, por aquello de salir del paso con rapidez.

Victoria, 14 años, añadió una variante: "le pido a Dios paciencia, alegría y generosidad".

- "Sí, es importantísimo ser agradecido, le tenemos que dar tantas gracias a Dios, por lo que nos da, y por lo que no nos da. Todo,todo, nos viene de Él. Si nos diéramos cuenta de esto... de Su generosidad para con nosotros... entonces, seríamos felices. Porque desde que nos levantamos hasta que nos acostamos, estamos experimentando su Amor, continuamente. Si pudiéramos tener conciencia de esto... todo sería tan diferente.

Después le tocó el turno a Miguel y a José, 21 y 22 años respectivamente.

Miguel, pidió humildad. Y la pidió sinceramente, porque cuando el Rey Mago le preguntó, porqué pedía esto, Miguel lo razonó de esta forma: "Le pido a Dios humildad porque no soy humilde, porque creo que siempre tengo la razón en todo".

-Muy bien Miguel. Ya es un paso importante darse cuenta de que uno no es humilde. Es decir, que como todos nosotros, eres un soberbio. Esta es la realidad. Pues te diré que la soberbia es el principio de otros pecados que vienen con ella: la lujuria, la pereza, el egoísmo, la insatisfacción permanente, la increencia, etc. Y para atajar todo esto, para acabar con la soberbia, el principio de todo mal, te diría que hicieras lo que hizo María, que en el Apocalipsis aplasta la cabeza de la serpiente (que representa al Maligno). María aplastó la cabeza de la serpiente con su humildad, diciéndole al ángel de Dios: "Hágase en mí, según tu Palabra". Esto mismo es lo que te invito a que tú hagas también, aplastar la cabeza de la serpiente y pedirle a Dios que se haga en ti su voluntad. Para eso, para arrancar el mal de tu vida, tienes que volverte a Dios, es decir, confesarte. Dejarle todos tus pecados al Señor, a los pies de la cruz.

-¿Y tú, Jose, qué le pides a este niño, que ha nacido hoy para ti?

-Yo le pido fe, y alegría.

-¿Rezas?

-Últimamente, poco.

-No, di la verdad, no estás rezando nada. Por eso te falta fe. La oración es el alimento de la fe. Necesitamos orar, ser personas de oración. Ese encuentro con el Señor en la oración es lo que nos da la fuerza para creer y para tener dentro de nosotros esa alegría, ese gozo que ahora echas en falta. Y dime, Jose, ¿para qué quieres la fe? ¿qué es lo que te da la fe?

-Alegría.

-No, lo que te proporciona la fe es Vida eterna. El que cree, ya está salvado por aquel que nos amó primero. Por eso es tan importante experimentar esta vida dentro de nosotros, este caudal de agua viva que lleva hasta la Vida con mayúsculas. Yo te animo a que te confieses, y en la confesión, le pidas a la Iglesia, la fe. Ella es la única que te la puede proporcionar. Díselo así a tu confesor. Necesitas que la Iglesia te dé la fe. Pídela, y la Iglesia te la dará.

Yo me había sentado al lado de Baltasar, y estaba embelesada, porque verdaderamente hablaba con sabiduría. Yo escuchaba, y asentía. Y de repente, me tocó el turno a mí. Ya tenía preparada mi petición, la misma que la del año pasado, y la respuesta, también fue parecida. Debe ser que aún no me he enterado bien de qué va la película...

-Yo quiero que mis hijos estén todos en la Iglesia.

Al Rey Mago se le dibujó una gran sonrisa en la boca, y dijo, medio carcajeándose... "¡¡¡tú lo que quieres es no sufrir!!!
Tú quieres que estén en la barca de la Iglesia, libres de todo peligro... pero no todos los que están en la barca son fieles, pueden estar en la Iglesia y no haberse enterado de nada. Tú pídele al Señor que tus hijos le busquen sinceramente, y que sean personas según el corazón de Dios, y ya está. Y libérate, sé libre, sé libre de tus afectos hacia tus hijos, porque en el fondo, tú tienes miedo a sufrir, a que se pierdan en el mundo. Y tienes que tener cuidado con esto, porque esto es un engaño del Maligno muy sutil. Ellos son hijos de Dios, Él ha hecho una promesa con vosotros, Dios es fiel y no dejará que se pierdan. No tengas miedo. En el fondo, con esta actitud tuya estás dudando de Dios, del Amor que Dios te tiene y les tiene. No tengas miedo y confía en Dios".

Qué más puedo decir? Después de esto sentí una gran liberación. Un gran peso de encima se me acababa de quitar. Es cierto que tengo que confiar más en Dios, que en el fondo hay un problema de fe. Ellos son hijos de Dios y herederos del cielo, y el Señor hará su obra con ellos, como la está haciendo conmigo. Confiar y amar. Benditos reyes magos. Benditos los que vienen en el nombre del Señor.

Postdata.  Jose Manuel, mi marido, pidió paciencia y poder amar más, entregarse más a su familia. Y Baltasar, con la sabiduría que le caracteriza, le vino a decir que le veía igual que a mí, con miedo a que sus hijos se perdieran. Que confiara en Dios.