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En cualquier grupo, asociación o movimiento -incluso si se define a sí mismo como itinerario- son importantes tanto el clima como las relaciones con los demás miembros.
En el Camino Neocatecumenal, se supone que una comunidad se forma con el heterogéneo grupo de quienes escuchan una kikotización: jóvenes y mayores, solteros y casados, estudiantes y trabajadores, titulados y con estudios básicos, pudientes y menesterosos, cultos e incultos… Se supone también que el rasgo que los junta es que todos son alejados de la Iglesia y, pese a ello, receptivos a la idea de conocerla poco a poco, despacito y a conciencia. En realidad, por lo menos en la actualidad, se juntan los hijosde, y no todos lo hacen “en su libertad”, sino que son arrastrados por la imposición forzosa de sus kikísimos padres.
El caso es que cuando los integrantes de un grupo o “itinerario” tienen poco que los una, es fácil que haya momentos de pesadez, de hastío mortal, y tampoco es inusual que el aburrimiento trate de compensarse con otros momentos de exaltación antinatural. De una forma u otra, el grupo constituye un espacio estanco de realidad paralela, es otro mundo al margen de la vida real.
Hay neocatecúmenos que se acercan a la comunidad como un drogadicto antes de drogarse, un alcohólico antes de emborracharse, un ladrón antes de robar o un lujurioso antes de satisfacer su lujuria. Es decir, experimentan una emoción fuerte por un tiempo -corto-, y aunque ello no cambia su vida y no le aporta paz, serenidad ni un bienestar duradero, se convierte en una adicción, un hábito, una experiencia anormal que considera positiva, aunque sea consciente de que no hay beneficios a largo plazo, sino que todo queda reducido al subidón del “momento comunidad”.
Sucede además que la relación con los demás
se ve encaminada a ser cada vez menos empática, cada vez menos misericordiosa. El
adoctrinamiento incide en que es un error ponderar por encima de todo el llevarse
bien con los demás, el respeto cortés al otro, las buenas maneras, la cortesía,
el protocolo social, todo eso no es más que un corsé que aprisiona y oprime porque
impide mostrarse tal y como se es el realidad, se da una imagen falsa de uno
mismo impuesta por el qué dirán. Y eso es malo, porque si los hermanos no
conocen tu realidad profunda, como eres tú verdaderamente, no podrán amarte. Y
esa falsedad no te ayuda ni a ti ni a nadie a crecer en la fe.
En consecuencia, el adoctrinamiento insiste en la necesidad de despegarse de la
afectividad neurótica, hay que quitarse caretas y decir lo que se piensa sin
miedo a ofender al otro, es más, si se ofende es que le has dicho la verdad.
Con el caminar, la técnica de poner en la
verdad al otro se perfecciona grandemente. Como cuando esperas a la rueda de
experiencias de la convivencia del mes con el cuchillo entre los dientes para vengarte
de “decirle la verdad” a alguien. Ni se te pasa por la mente la posibilidad
de quedar con esa persona para tomar algo y aclarar el asunto que sea. No, lo neocatecúmeno
es hacer partícipe a toda la comunidad del follón, por eso esperar a la
convivencia y lo cuentas ante todos los presentes.
Te vuelves mezquino, infame, despiadado. Y lo peor es que te enorgulleces de "poner
a ese hermano en la verdad", te enorgulleces de "hacerle un
servicio" de destruir su fama delante de todos "por su propio
bien".
Si eres de los hábiles, quizá te pongas de acuerdo
con algún otro hermano de la comunidad para golpear al objetivo desde varios ángulos
o por más de un tema, o simplemente para hacer más efectiva y destructiva la
crítica destructiva el servicio impagable que el hacéis sin anestesia ni nada.
Antes de terminar, es importante no olvidar asegurar que vas a la comunidad "por Jesucristo", que tú eres mucho peor que el hermano al que has despedazado, pero que por misericordia de Dios, Jesucristo te sostiene y te mantiene en la comunidad.
No te engañes, atrévete a abrir los ojos y
mirar a tu alrededor, mirar lo que haces a los demás y a ti mismo, comprende
que vas a la comunidad a alienarte, para evadirte de tu insatisfactoria vida
real.
Jesucristo no tiene nada que ver con eso.
Ojalá te des cuenta antes de que seas tú el señalado en una rueda de experiencias
y seas tú el atacado, acosado y derribado con el argumento de “ponerte en la
verdad”.
Quizá necesites que suceda eso para entender, para darte de dónde estás. Entonces tal vez empieces a crecer, empieces a comprender el mal que has hecho en nombre de una mentira que ha machacado a otros y que ahora te machacará a ti.