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martes, 23 de noviembre de 2021

El atropello abusivo del cardenal

 No es una noticia nueva. Lo interesante es que lo relata quien sufrió el atropello.

Manuel Ortega, artista de trayectoria impecable


24.07.2020.- Madrid.- Gané el primer Premio y Adjudicación de Obra del Concurso Internacional de Vidrieras para la Catedral de la Almudena (Madrid) en 1998. Esto fue para mí un gozo primero y un sufrimiento más tarde. Era un gran logro en mi carrera artística llevar a cabo un trabajo que habría de permanecer para siempre en la catedral madrileña. Me entregué por entero a dibujar los bocetos del ábside, el crucero y las naves, pero, al poco tiempo, el deán me dijo que algunas vidrieras del crucero las iban a hacer unas señoras que salieron de no sé donde. Protesté. No procedía. Yo era el ganador del concurso internacional y de pronto llegaba una extraña injerencia que iba a perturbar la armonía del conjunto catedralicio de las vidrieras. 
No hubo nada que hacer. Era un compromiso con Caja Madrid, un patrocinador fuerte, alegaba el deán. ¡Con la Iglesia hemos tomado, amigo Sancho! Luchar contra el clero y la Banca es hacerlo contra un muro de sillería. Tuve que pasar por la invasión de unas vidrieras con extrañas figuras rojizas y acarameladas de aire decimonónico, que ocuparan los vanos del crucero y contrastaban con las mías diseñadas con un concepto moderno, a base de composición geométrica que distribuye y unifica las figuras siguiendo el ritmo de la proporción áurea. Aquellas desfiguraban el conjunto. Y encima, el deán se lamentaba de que entre unos y otros le íbamos a volver loco.

            Pero mi cruz iba a ser todavía más dolorosa, cuando de pronto irrumpe en escena Kiko Argüello, un pintor con obra de aire neo o pseudo-bizantino fuera de tiempo y lugar, al que el obispado le da carta blanca para que levante mis vidrieras del ábside y coloque sus nada originales diseños junto a unas vidrieras también diseñadas por él a tono con su pintura. Aquello fue intolerable. La mayor falta de consideración y respeto que yo he recibido a lo largo de mi vida profesional. 

        Soy persona creyente en Dios y en la Santa Madre Iglesia Romana, Católica y Apostólica. Ninguna actuación de un clérigo o un obispo va a remover mi fe, porque me la dio Dios y está muy acendrada, pero sé distinguir muy bien lo que es una actuación pastoral de una actuación mitral abusiva. Estaba tan enfadado con el cardenal Monseñor Rouco Varela, amigo de Kiko Argüello, el fundador del  Camino Neocatecumenal, el movimiento conocido como los Kikos, que le auguré en su torpeza diciendo
        ¡Este cardenal nunca será Papa! El Espíritu Santo es demasiado listo como para elegirlo a él. Así ha sido.

            Yo gané el concurso internacional de vidrieras de la catedral de la Almudena. Ir contra mis derechos era injusto. Conozco mi trabajo y sé que tiene altura y dignidad, por eso, echarlo abajo era un atropello sin excusa alguna.

Mis vidrieras están a lo largo de las naves de la Almudena, pero las que diseñé para el crucero o las que hice para el ábside, se han levantado, descabalando un magnífico de conjunto, original y no copia, como la obra de Argüello, que sí es copia de otras que hizo en la iglesia de Santo Domingo, capital de la República Dominicana. Mis bocetos son de actualidad, entroncan con las vanguardias artísticas y no apelan a movimiento neo-bizantino alguno. El periodista Luís María Anson escribió un artículo laudatorio sobre Kiko Argüello en la prensa madrileña, donde, tratando de elogiarlo, lo retrataba bien como un pintor con una visión neo-bizantina o neo-románica de los años 70, pero sin mayor alcance.
Hablé una mañana con Kiko Arguello mientras trabajaba sobre un andamio en las vidrieras del ábside y le reproché la suplantación. "Yo solo soy un pobre hombre y hago lo que me han indicado", me dijo de modo aparentemente humilde. Nada cambió.

Lo que más me entristeció también de todo este asunto, fue el disgusto que tuvo mi esposa, Carmina, cuando conoció la noticia del atropello. Estuvo toda una semana sufriendo, muy preocupada, sin atreverse a decirme que iban a remover algunas de mis vidrieras para poner otras de menor valor artístico. Sabía la contrariedad y el gran enfado que iba yo iba a tener y que me podría costar un infarto. Le costó una enfermedad de angustia.

Llevé el asunto de ese cambio de las vidrieras a los tribunales. Yo había ganado el concurso con buena parte de dinero igualmente público de la Iglesia, la Alcadía de Madrid y el Estado, para que, más adelante se desplazara el trabajo de modo unilateral e injusto a otra persona. El asunto terminó en los tribunales con una indemnización a mi favor por daños y perjuicios económicos, pero nunca se resarcirán los daños morales ni a mí, ni a mi mujer ni a la catedral.

Ahora ya sólo cabe ver los temas expuestos de la Vida de Cristo representados para las vidrieras de la catedral madrileña: Anunciación; Visitación de la Virgen a Santa Isabel; Nacimiento de Cristo; Epifanía; Presentación en el templo; Huida a Egipto... También están las vidrieras para las capillas de las Hermanas de la Compañía de la Cruz, de las Siervas de Jesús o de San Vicente de Paúl. ¡Y comparar!
Las vidrieras retiradas están, según me han dicho, en el Museo de la Catedral de la Almudena. No he ido a verlas para evitarme otro berrinche.

¡Pobre catedral de Madrid! Estos churros sustituyeron las vidrieras de Manuel Ortega. Como él dijo: ¡A comparar!

 

viernes, 7 de septiembre de 2012

Las vidrieras de Kiko en la Catedral de la Almudena

 

En enero de 1998, Manuel Ortega ganó un concurso para realizar las vidrieras de la catedral de La Almudena, en cuyo jurado estaban, entre otros, el cardenal Rouco Varela, el entonces presidente de la Comunidad de Madrid, Alberto Ruiz-Gallardón y el entonces alcalde, José María Alvarez del Manzano. En el 2004, el propio Rouco las mandó retirar para que su amigo, Kiko Argüello, pudiese hacerlas a su gusto. Y se convirtió en el pintor y también en el vidriero de La Almudena y de la Boda Real.

«Esto es una cacicada sin nombre, una falta de respeto a un concurso público internacional, a una obra de arte y a la legalidad», dice, absolutamente indignado, Manuel Ortega Oyonarte, el hijo del vidriero. Su padre, Manuel Ortega, tiene 83 años y hace unos meses perdió a su mujer. Por eso, la familia aún no le dijo nada.«Si se lo decimos, se muere de tristeza», comenta su hijo, arquitecto, pintor y también vidriero.

El concurso de las vidrieras de La Almudena fue público e internacional.Y se presentaron 25 proyectos. En el jurado, además de los ya citados, estaban los miembros de la Junta Técnica de la catedral y su secretario, Alfonso Ramonet García. Tras ganar el concurso, Manuel Ortega y su hijo comenzaron a realizar las vidrieras: siete de la girola alta (las que ahora quitaron) y 40 en las diez capillas de las naves laterales.

Un trabajo brillante, según los expertos. Porque Manuel Ortega es un artista consagrado. Entre los mejores de su profesión. De sus manos han salido retablos, murales, cerámicas y vidrieras de catedrales y capillas de Madrid, Soria, Segovia o Cádiz, y hasta de hoteles, como el Hotel Colón de Madrid y de Rota.

Según Ortega hijo, «desde el principio tuvimos problemas con el deán, Antonio Astillero. No nos quiso dar el acta del jurado, no quería certificarnos la obra, no quería que facturásemos y hasta les permitió hacer algunas vidrieras a Marta Valmaseda, Carmen Otero y Consuelo Perea, porque son del Opus Dei y éste donaba dinero para la catedral».

Tras «sufrir esta absoluta falta de formalidad del deán, del arzobispo y de toda esta gente», los Ortega colocaron sus vidrieras en La Almudena, pensando que, así, su arte tendría al menos un reconocimiento perenne. Pero sólo duraron cinco años. Hace cuatro meses, antes de que Kiko Argüello comenzase a pintar sus murales bizantinos en el ábside, «nos llamaron para decirnos que iban a quitar las vidrieras para que las hiciese Kiko y así darle coherencia al templo», cuenta Manuel Ortega.

Los Ortega contestaron que no estaban de acuerdo, «que el objetivo del concurso era precisamente unificar las vidrieras, que el concurso había sido fallado por el arzobispo, el presidente de la Comunidad y el alcalde de Madrid y que si retiraban las vidrieras, iban a manipular dicho fallo». Pero no les hicieron ni caso.Ni siquiera contestaron a su misiva.

«Es una locura. Siguen actuando como en la Edad Media. Lo que pasa es que Kiko presionó y consiguió lo irreparable: que se pasen por el forro de sus caprichos el fallo de todas esas personalidades», explica Ortega. Y las vidrieras de su padre están guardadas en la cripta de La Almudena. Y en su lugar, lucen las del fundador del Camino Neocatecumenal.

Las vidrieras de Kiko tienen, según Manuel Ortega, «un nivel tan bajo, que son inclasificables artísticamente. Además, no sólo no unifican, sino que añaden un nuevo elemento de distorsión en la estética de la catedral».

Y mientras Kiko Argüello publicita su obra a los cuatro vientos, los Ortega se sienten profundamente «humillados por el trato, por la pérdida del honor y del valor artístico». «Estamos profundamente dolidos, sobre todo por mi padre», dice Ortega hijo.


Vamos a apreciar ahora las vidrieras que fueron reeemplazadas en la Catedral por las nuevas diseñadas con la Nueva Estetica, esa que va a salvar a la Iglesia, según Kiko Arguello. Estas vidrieras desataron mucha controversia , pero mejor sean ustedes quienes juzgen ¿cuales consideran que eran mejores? las originales o las que Kiko diseñó con la "Nueva Estética".


Vidrieras Originales Vidrieras de Kiko
Vidrieras diseñadas por el artista del artista Manuel Ortega

Fueron siete vitrales del artista Manuel Ortega, madrileño, de 77 años, ganador del Concurso de Vidrieras encaminado a sustituir las que, de manera provisional, se colocaron al ser inaugurada la catedral.
Las siete nuevas vidrieras que los madrileños pudieron contemplar ocupan los ventanales del ábside, en la girola alta. Cada vitral recoge escenas de la vida de la Virgen: Anunciación de Nuestra Señora, Visitación, Nacimiento de Jesús, Adoración de los Magos, Presentación de Jesús en el Templo, Huida a Egipto y la Asunción. Siete escenas que el artista ha sabido resolver en unas composiciones donde la realidad presente de las formas, y sus significados, se integran en una geometría lineal que da cabida y presencia a figuras, escenas, espacios y luces.
Vidrieras diseñadas por Kiko Arguello


Sobre las pinturas, como joyas que embellecen y adornan dicha “corona” hay dispuestas siete vidrieras dedicadas a la Palabra o Verbo de Dios, con su nombre en diferentes lenguas: latín, griego, hebraico, siríaco, cirílico y español. Al centro de todas ellas, el nombre que resume a la Iglesia, el nombre de MARIA.