Un vívido testimonio.
«Casi nadie va
a las catequesis por que sí, siempre hay unos padres, un novio, una amiga que
"invitan" a que vayas. En mi caso fue mi novio, al que ya los
catequistas y sus hermanos de comunidad le habían preguntado insistentemente si
yo no iba a hacer las catequesis. Al cabo de unos años saliendo, las hice. Son
unas quince más o menos, dos por semana en días separados, lunes y miércoles o
lunes y jueves, no recuerdo bien. Mi novio me acompañó a ellas.
Allí estábamos:
- Ocho chavalitos y chavalitas de entre once y quince años, todos ellos hijos
de catequistas o con sus padres en el camino.
- Dos hermanas de veintipocos años, con padres kilos.
- Una mujer de unos cuarenta años, con una hermana y una hija en el camino.
- Un matrimonio que no tenían a nadie allí e iban buscando un grupo, de hecho,
ella había estado medio metida en el Opus Dei.
- Yo, de veintimuchos años, con un novio kilo
Presento a los
catequistas, que son los mismos de mi convivencia inicial (todos los nombres
son ficticios):
-Carlos, el que
tocaba la guitarra y cantaba, simpático, buena persona la verdad
-Ana, su mujer.
-Antonio, un buen hombre que no sé qué hace en el camino
-Mª Carmen, su
mujer.
-Francisco, padre de diez hijos y con moniciones de más de media hora
-Cristina, su
mujer y recién parida del último de su prole.
-Pepe, el
mandamás de todos ellos, supremo entre los supremos de la parroquia
-Pepita, su
mujer, la mandamás consorte.
El párroco, un
orondo sacerdote simpático y de fe, al estilo de Juan XXIII pero en cura de
pueblo. No comparte las ideas del Camino, pero en su parroquia son muchos, y
los consiente.
Nos
presentamos, comenzó un canto de entrada (todos los cantos compuestos por Kilo
Argüello) y empezaron a hablar acerca de qué era el Camino, pero en líneas
generales, cuando Kiko se fue a las chabolas y todo eso.
Otro día,
Pepita nos habló de los miles de millones de personas que hay en todo el mundo,
de la cantidad de católicos, y de éstos, de los VERDADEROS CONOCEDORES DE DIOS
que han de ser la sal para los demás, es decir, van metiendo la idea de quienes
son los elegidos. En todas las sesiones, empezábamos con un canto, de Kiko, por
supuesto, invocando al Espíritu Santo.
Un día Ana nos
contó, con pelos y señales, la historia de Abrahám, que no sé a qué venía, pero
para ellos Abrahám es de extrema importancia, como para el pueblo judío, con el
que tanto se identifican. En todas ellas, de derecho a réplica, de preguntas o
sugerencias, de aclaraciones, nada de nada, a los catequistas no se les interrumpe.
No hay opción salvo que ellos te pregunten.
Lo mejor
ocurrió mediadas las catequesis, Pepe Pérez, el supremo, fue preguntando uno a
uno si nos estaban gustando las catequesis, los chavalitos todos dijeron que
sí, algunos de ellos tenían allí a sus padres delante (catequistas) ¿Qué podían
responder? Las hermanas, una dijo que sí, otra que bueno, a ver cómo seguían.
Entonces me
tocó a mí.
Pepe : "Hermana, ¿Te han gustado hasta ahora las catequesis?"
Yo: "Pues no, la verdad."
Pepe : (Con la cara de sorpresa) "¿Nos puedes decir por qué?"
Yo: "Porque yo he venido aquí a saber qué demonios es el camino
neocatecumenal y no habéis dicho nada, quiero saber por qué tanto secretismo,
por qué hacen las misas aparte y tan diferentes de los demás católicos, por qué
desprecian a los que no están en el camino, por qué sólo se usan cantos y
signos de Kiko Argüello, en definitiva , quiénes sois y por qué hacéis las
cosas como las hacéis."
Pepe: (blanco, la cara lívida) "hermana, es que
vosotros sois como un niño en la fe, y a un niño no le puedes dar un puchero,
le tienes que ir dando papillas para que su estómago se acostumbre a las cosas,
y todo no se puede dar de golpe, hay que ir poco a poco".
Yo: "¿cómo puedes saber que soy un niño en la fe? ¿Qué sabes tú de
mi formación? He crecido en una familia católica que me ha formado, he asistido
a catequesis toda mi vida, he estudiado en un colegio religioso que también me
ha formado, y en la universidad me he formado en asignaturas sobre religión
desde otro punto de vista, además durante diez años pertenecí a un grupo de
jóvenes guiados por Jesuítas, yo no me considero un niño en la fe, a mí me
tienes que hablar en otro nivel. Dime qué hace este movimiento..." (no me
deja terminar, rojo, lo prometo, rojo de ira gritando y con las venas del
cuello como un cantaor de flamenco).
Pepe: "¡¡¡NOSOTROS NO SOMOS UN MOVIMIENTO!!!!!!SOMOS
UN CATECUMENADO!!!!!!"
Yo: ( asombrada por la reacción, porque no sé por qué les molesta tanto
la palabra movimiento, si son un camino...) "Bueno, uso la palabra
movimiento a falta de otra mejor con la que expresarme."
Pepe: (continúa rojo) "...nosotros lo que hacemos es un
catecumenado post bautismal."
(El párroco, que contemplaba la escena entre sorprendido y divertido, medió para
que este hombre no fuese a más y le diese un infarto o me estrangulara)
Párroco: "Lo que ellos hacen es un catecumenado,
catequesis de adultos..."
Pepe: "Bueno, bueno, hermana, pues a ver si a partir
de ahora te gustan, y ánimo, hermana."
Yo: "Pero sigues sin aclararme nada, y además, yo no estoy
desanimada para que me des ánimos."
Pepe: "...bueno, bueno, ánimo, hermana."
Yo: " te repito que no estoy desanimada."
Y pasó al siguiente en cuestión, porque cuando algo no les interesa, lo
ignoran. Pero ahí presenté mis credenciales: "no me creo lo que estáis
diciendo y cuidado conmigo que no me voy a callar ante vosotros, para mí no
eres alguien a quien obedecer, no te voy a obedecer porque sí." Y este
mensaje entre líneas lo captó.
Otro día el
mismo super-catequista se dedicó a hablar del sufrimiento y de la muerte,
diciendo que la muerte se ocultaba en nuestra sociedad, y por eso existían los
tanatorios, porque la gente no quería ya a los muertos en sus casas, y por eso
los tanatorios los ponían con cafeterías y disimulados, para no recordarnos la
muerte. (Olvidó quizás que el tamaño de los pisos no permite velatorios, que la
familia se encuentra cansada y triste ante la pérdida y que los tanatorios
ofrecen todos los servicios facilitando el trance a la familia. Lo curioso es
que ya he vivido ir a dar el pésame por algún fallecimiento a algunos kikos al...
tanatorio, y Pepe estaba allí también).
También habló del sufrimiento, que todos huíamos del sufrimiento, y que hay que
aceptar los sufrimientos... etc. Como es lógico, sin derecho a réplica, pero yo
cada vez que decía alguna sandez o algo con lo que no estaba de acuerdo, movía
la cabeza negativamente, y me daba cuenta de que se descomponía conmigo, pero
como a todos les hacía alguna preguntilla o comentario, no podía eludirme,
comentó que la muerte es algo cotidiano, y me preguntó (porque yo trabajaba en
la sanidad), que si yo no veía muertos todos los días en mi trabajo, como es
lógico, la respuesta no le agradó, porque le dije: "hombre, todos los días
no, afortunadamente son más los que se curan y están vivos que los que se
mueren, para eso trabajamos"
Y esa no era la
respuesta que quería, porque esperaba que le dijera que morían todos los días
unos cuantos y que él llevaba razón, así que me puso mala cara y respondió,
"bueno, pero se mueren personas". Pues claro que se mueren, si no, no
cabríamos en el planeta.
Otro día hubo
una celebración penitencial, a la que no asistí, eran las fiestas patronales de
mi pueblo, y no pensaba perdérmelas, otro punto más en mi contra. (Años
después, me diría un kiko que el patrón de mi pueblo era “un cacho de
madera”, en referencia a la talla que se procesiona, ya veis el respeto
que les tienen a los santos de la Iglesia, a la religiosidad popular y a todo
lo que no es camino).
Y la mejor de
todas las catequesis, la de Adán y Eva, ese día yo tuve un problema
familiar, tuve que llevar a mi abuelo al hospital, por un susto, de allí al
trabajo, y del trabajo a las catequesis y allí llega Pepita, hace dos monigotes
en la pizarra (supuestamente Adán y Eva) con un espacio entre ellos, y empieza
a gritar (literal, hablaba gritando, lo prometo) sobre el egoísmo de los
hombres y de las mujeres, y de repente, pinta una cruz entre los monigotes, y
dice triunfante, "¡¡Pero llega Cristo, en el árbol de la cruz, y
entonces fluye la comunicación entre ellos y se rompe el egoísmo!!".
Yo estaba para
darme algo, después del día que llevaba, aquella histérica pegando voces
durante casi dos horas, yo le decía a mi novio que me iba, que no pensaba
aguantar más gritos de nadie, y me levanté y me fui, a lo que me pusieron mala
cara, desde luego, mi novio salió detrás y se enfadó por no esperar que
acabara, pero lo siento, quien podía aguantar voces y riñas estando tan cansada
y agobiada por el día que había pasado, yo había ido a escuchar hablar de Dios,
que es lo que debe ser una catequesis, no a que me echen una bronca, además,
¿Qué tiene que ver el árbol de la cruz con el egoísmo de Adán y Eva? No soy
tonta y creedme que no entendí a qué conclusión quería llegar esa mujer con esa
catequesis.
¿Por qué en las comunidades no se predica la Palabra de Dios, sino que RIÑEN la
Palabra de Dios?
Bueno, pues otro día hubo una celebración en la que me entregaron la famosa Biblia
de Jerusalén, yo no quería, porque tengo una Biblia chiquitina de
Nácar-Colunga, desde hace más de quince años que ha ido conmigo a cualquier
celebración, y le tengo mucha estima, aparte de que en ella tengo anotaciones,
estampas con pasajes importantes, y no quería más Biblias, pero claro, debía
ser la de Jerusalén, si no, no es lo mismo, pues tragué al final, y mi novio me
regaló la Biblia, y me la entregaron, ahí la tengo, muerta de risa en un
estante, porque he seguido utilizando la mía pequeña. Pero ellos usan la de
Jerusalén porque como dice Kilo en sus orientaciones “ la Biblia se
interpreta a sí misma a través de paralelismos” Y la de Jerusalén les
facilita mucho ese trabajo.
Y el último
día, por supuesto, un ágape, en el que ni Pepe ni su mujer cruzaron palabra
conmigo. Se nos "invitó" a una convivencia de un fin de semana, como
colofón a las catequesis, yo no quería ir, de corazón no quería más, ya había
visto suficiente, y no quería más con esa gente. Mi novio insistió en que
fuera, y que él vendría conmigo, y accedí, pero, un día antes de la
convivencia, Francisco, el catequista, hablo con él para decirle que mejor que
me enfrentara sola a las catequesis y la convivencia, y me fui sola, bien sabe
Dios que fui porque me lo pidió mi novio».