lunes, 10 de agosto de 2026

Otra mala experiencia

 


Siguen las experiencias.

«Quería compartir mi experiencia, como hacen en el Camino Neocatecumenal (CN).

Mi mamá encontró el grupo por ahí del 2000-2001, cuando yo era un bebé. Conozco el CN desde que tengo memoria. Nunca me gustó. Me hacían sentir mal por querer ir a la misa Novus Ordo verdadera, como si no fuera suficiente o fuera de mala calidad. Mi mamá era estricta y totalitaria con el CN.

Cuando yo era preadolescente y adolescente, le encantaba hacerse la mártir indignada cada vez que yo criticaba o intentaba analizar la historia del CN. Era obligatorio ir a las Vigilias de Pascua de 6 horas en gimnasios escolares y sótanos de iglesias. Teníamos que ir a las reuniones de Nochevieja, no voy a llamar misas a esos saraos. Los sábados por la noche teníamos que pasar entre dos y tres horas en los sótanos de la iglesia mientras personas con problemas mentales compartían divagaciones incoherentes sobre las lecturas.

Hay mucho más que puedo contar. Es difícil resumir 18 años. Me dijeron que podía irme a los 18, pero en realidad no salí hasta los 19, cuando ya estaba en la universidad. Me obligaron a ir a la Jornada Mundial de la Juventud y también me obligaron a ir a un montón de peregrinaciones que no implicaban viajes internacionales.

Y todo el tiempo, siempre supe que era raro y que solo quería estar en casa. No era un niño malo. Sacaba buenas notas y me mantenía alejado de los problemas, así que cualquier razonamiento de que necesitaba este tipo de grupo es incorrecto. ¡Me encantaba servir y asistir a la misa en mi parroquia normal!

Mi mamá estaba loca por la comunidad. Pero, nunca pudo lograr que mi familia se comprometiera con el CN debido a lo insistente y desagradable que lo hacía. Tiene un complejo de salvadora con eso y le gusta sentir que está sufriendo porque no pudo "convertir" a su familia. Simplemente peleaba con nosotros por eso. Mi mamá tiene un montón de equipaje sin resolver de su infancia y adolescencia que usa como su cruz para este grupo. Probablemente la ayuda. Probablemente ayuda a mucha gente solitaria. Pero obligar, amenazar y pelear por ir a reuniones semanales de un grupo cuasi religioso que nunca elegí, fue una forma rara de crecer.

No se me permitió disentir de sus órdenes de que teníamos que ir con ella a las reuniones neocomunitarias. Hubo muchas peleas. Verbales y físicas. Me perdí muchas salidas, fiestas y días festivos debido a que las reuniones de este grupo tenían preferencia sobre cualquier otra cosa. Realmente no puedo decir si el grupo la hizo así o si le salía de natural.

Ahora, como adultos, ella no puede obligar a nadie de la familia a ir. Y así he descubierto que eso es de lo que habla en sus "ecos". Tengo casi 30 años. Una mujer a la que no conocía fue invitada a una boda a la que yo asistía. Es “hermana” de mi mamá. Lo primero que me dijo fue cuánto reza mi madre por mí y cuánto necesito ser ayudado. Fue hiriente y desagradable. Una forma extraña de presentarse a alguien que no conoces. Pero así es como funciona ese grupo: juzgar y condenar al que piensa diferente.

Dejar el CN es posible y muy liberador. El catolicismo es hermoso cuando se hace dentro de los ritos y tradiciones adecuados. Asisto tanto a la Misa Novus Ordo como a la Misa Latina y tengo una fe fuerte. Sé la diferencia entre eso con lo que me criaron y lo que es verdad. Uno es un culto a la personalidad, neoconservador, de influencia española que combina el judaísmo y la adoración carismática. El otro es la verdadera adoración tradicional en forma de la Santa Misa en una iglesia real rodeada de una comunidad de personas que están allí libremente, y practicando a la vista, por su propia voluntad y bajo la autoridad de la jerarquía de los padres de la iglesia, no de un “artista”».  

sábado, 8 de agosto de 2026

Lo que les sale de dentro

 


El Camino Neocatecumenal: La verdad que sus miembros no se esfuerzan por ocultar

El 15 de julio de 2026 publiqué aquí en Religión Digital un artículo contando mi experiencia tras 20 años en el Camino Neocatecumenal (ver artículo). Luego lo subí a mi Facebook, Evangelio y Dignidad, y lo compartí en un grupo del Camino. Sin buscarlo, acabé haciendo el experimento sociológico más revelador que he visto en mi vida: dejar que una organización responda a una crítica y observar cómo se delata sin darse cuenta.

Guardé el hilo entero. Decenas de respuestas. En todas ellas había algo que brillaba por su ausencia: la empatía y la humanidad.

Vamos a leer despacio las más representativas, porque son el mejor artículo que yo podría escribir.

Cuando señalas problemas en una comunidad sana, la reacción es sencilla: te preguntan qué pasó, dónde, quién, cómo lo viviste. Quieren entender, hablar, razonar. Pero cuando criticas a una estructura sectaria, la respuesta nunca va al contenido; va a ti. Te diagnostican. Te etiquetan. Tienen que hacerlo para tranquilizar su conciencia y convencerse de que no están tirando su vida a la basura. Y no se andan con rodeos: Estás poseído, estás resentido, estás traumatizado, nunca fuiste de los nuestros. No discuten los hechos: te borran a ti como persona para no tener que enfrentarse a la verdad.

Primer marcador: el que sale está poseído
    «Cuando se fue del camino se dejó llevar por el demonio».
    «Dejó más bien que el mal lo poseyera».
    «No es más que un colaborador más del demonio, de los que utiliza para destruir los carismas de la iglesia».
     «Recordad que Satanás no descansa en su intento por confundir y destruir nuestra fe».

«Cuando se fue del camino se dejó llevar por el demonio».
    Fijaos en el mecanismo. No hace falta rebatir nada: si quien critica está endemoniado, escucharle ya es pecado. La crítica queda neutralizada antes de ser leída. Estamos ante un sistema inmunitario diseñado para que ningún argumento pueda entrar jamás.
    A Jesús le hicieron exactamente lo mismo: «Este expulsa los demonios por Beelzebul» (Mt 12,24). Cuando no puedes con el mensaje, endemonias al mensajero. Es el truco más viejo en la historia de las religiones.

Segundo marcador: el que sale nunca perteneció

    «Si te fuiste significa que nunca perteneciste».
    «Nunca lo viviste».
    «No llegaste a encontrarte con Jesucristo».

    Veinte años de escrutinios, convivencias, diezmos y obediencia para «nunca haber pertenecido». Observad la jugada, porque es perfecta: si te quedas, el Camino funciona; si te vas, es que nunca fuiste de verdad. Cara, ganan ellos; cruz, pierdes tú. Con esa regla no se puede perder nunca. Y una doctrina que no puede perder nunca no es fe: es un sistema cerrado.

Tercer marcador: la verdad escandaliza, así que cállate
    «Existe algo que se llama guardar silencio y no ir por el mundo blasfemando».
    «Sigue así, escandalizando, y estarás cavando tu camino al infierno. ¿Para qué hablar lo que no debes? Guárdate lo que crees que sabes, vete y listo».
    «Confunde más a los hermanos débiles en la fe y da material a los que atacan el camino».
    «Al que pecare contra el Espíritu Santo no se le perdonará jamás».

«Sigue así, escandalizando, y estarás cavando tu camino al infierno. ¿Para qué hablar lo que no debes? Guárdate lo que crees que sabes, vete y listo».
    Aquí ya no se disimula: el problema no es el abuso de conciencia o de poder. El problema es contarlo. El que calla protege; el que habla escandaliza y comete, nada menos, el pecado imperdonable. Esta es la doctrina que ha utilizado la misma Iglesia encubriendo a pederastas durante décadas. Todo para no “escandalizar”, pervirtiendo de forma infame el concepto. Porque, según esa doctrina torcida, escandalizar no es lo que un monstruo hace con un inocente, sino denunciarlo. . «No participéis en las obras estériles de las tinieblas; más bien denunciadlas, pues da vergüenza decir las cosas que ellos hacen a escondidas» (Ef 5,11-13). Y si la verdad confunde a los débiles en la fe, el problema no es la verdad: es lo que les han enseñado.

Cuarto marcador: el grupo es Dios
    «Este camino es palabra de Dios ».
    «El camino es para todos, mas no todos son para el camino».
    «Ya un poco más y se parecen a los del cisma» — (Atención esto se le dice a quien critica al Camino, no a quien deja la Iglesia).

    Palabra de Dios es Cristo (Jn 1,1). Llamar «palabra de Dios» a la organización de un pintor madrileño llamado Kiko Argüello tiene un nombre en el catecismo: idolatría. Y cuando criticar al movimiento es «cisma», la confusión es total: el grupo ha ocupado el lugar de la Iglesia, y el de Dios. Jesús dijo «venid a mí todos» (Mt 11,28). Sobran las palabras

Quinto marcador: la razón es el enemigo
    «Si usas la razón, que es parte de la loca de tu casa (tu mente), estás perdido».
    
«Hay que crucificar la razón o te engañará el demonio».

    Leedlo otra vez. Un movimiento donde pensar es sospechoso ya ha confesado todo lo que necesitábamos saber. Jesús mandó lo contrario: «Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón y con toda tu mente» (Mt 22,37). Quien necesita que apagues la razón para que le sigas no te está evangelizando: te está manipulando.

Sexto marcador: el arcano, confesado por escrito

    Un defensor del Camino, indignado, escribió que durante la pandemia algunos hermanos «comenzaron a "revelar" todos estos arcanos» del primer escrutinio, y que o se pone freno a eso o el Camino desaparece.
     Deteneos en la lógica: si revelar lo que pasa dentro puede destruir el movimiento, ¿qué clase de movimiento es? El Evangelio no tiene secretos por entregas: «En secreto no he hablado nada» (Jn 18,20). Donde hay arcano no hay Evangelio. Hay secta.

Y el testigo involuntario
    Entre tanto diagnóstico, un caminante sincero dejó la perla del hilo:
    «En mi comunidad, cuando se termina el camino después de 30 años con el viaje a Jerusalén, muchos hermanos se retiran diciendo: ya basta de tanta esclavitud, quiero ser libre; otros: cómo pude haber estado tanto tiempo sufriendo; otros: por fin soy libre. No entiendo por qué dicen esas cosas».

    No hace falta añadir nada. Los que llegan al final —los que lo vivieron todo, hasta los honores— salen diciendo «esclavitud». Ese es el veredicto de los veteranos, publicado por un defensor.

    Ahora, llamemos a las cosas por su nombre
    Las personas que escribieron esos comentarios no se formaron en un sótano clandestino. Se formaron en salones parroquiales católicos, en comunidades erigidas con autorización del obispo, dentro de un itinerario que Juan Pablo II llamó «de formación católica válida» en 1990 y cuyos Estatutos aprobó la Santa Sede en 2008.
    Ese lenguaje —el demonio para el que sale, el secretismo como virtud, la razón como enemiga, el grupo como palabra de Dios— no es una degeneración accidental: es el fruto del método. Y yo fui testigo de ello durante 20 años. A nadie se le ocurre por sí solo pensar que una persona está poseída por dejar un grupo parroquial. A eso te catequizan. Semana a semana, escrutinio a escrutinio, durante décadas. Y la institución que aprobó el método, que lo bendijo y que lleva medio siglo archivando las quejas, es responsable de cada una de esas frases. La Iglesia Católica Apostólica y Romana es la que está detrás de todo este entramado.
    Uno de ellos me escribió: «Por sus frutos los conoceréis... y eso te incluye también a ti, Ramón». Los frutos que yo estaba mostrando son: contar la verdad y dar voz a los heridos. Los suyos quedaron escritos en el hilo, en público, con sus palabras: endemoniado, traumado, resentido, falso hermano, cismático. Por sus frutos los conoceréis (Mt 7,16). Gracias por el testimonio.
    En Juan 9 hay un hombre que nace ciego y Jesús le abre los ojos. ¿Y qué hace la institución religiosa de su tiempo? No celebra el milagro: lo interroga, lo insulta —«naciste todo entero en pecado, ¿y tú nos enseñas?»— y lo expulsa de la sinagoga. Pero Jesús se entera de que lo han echado, y va a buscarlo (Jn 9,35).
    Si al salir me llamaron, traumado, falso hermano, demonio... entonces sé que estoy en el mejor camino posible, exactamente el mismo que marca el Evangelio: fuera de la sinagoga, el lugar exacto donde Jesús va a buscar a los suyos.

 

fandosrj@gmail.com

jueves, 6 de agosto de 2026

Mala experiencia


 

Otro testimonio.

«Estuve 28 años en el NC (toda mi vida, incluso me han dicho que mis padres entraron al Camino por mi culpa, pues mi madre tuvo un parto traumático). Mis padres y hermanos están todos en el Camino; mis padres fueron responsables (durante más de 30 años) y todavía son "catequistas" (sic). Fui a todas las Jornadas de la Juventud y encuentros con Kiko, di catequesis, fui salmista y hasta di mi experiencia en plazas públicas. Tengo suficiente información para escribir un libro (como la mayoría de ustedes también), algunos hechos concretos incluyen:

1.     Que me dijeran que no me casara con mi ahora esposo porque él no quería unirse (no tenía nada en contra hasta que todos mis amigos y familiares intentaron obligarle a comenzar).

2.     Amistades perdidas, aficiones, torneos deportivos (y puestos en los equipos), porque esas cosas son "mundanas" y no te llevarán al reino del Cielo (es decir, te perderás reuniones y, por lo tanto, dejarás de venir al Camino); son una "alienación".

3.     Sentir que TENÍA que ir a la misión porque no encontré un compañero adecuado en el Camino. Pensé que no valía nada y que no era atractiva. (Más tarde supe que algunos de los peores tipos, los que falta al respeto a las mujeres están allí, en la comunidad).

Después de casarme (con un NO-NC) íbamos esporádicamente, y cuando tuvimos a nuestra hija él no quiso llevarla allí de ninguna manera. Las campanas de alarma comenzaron a sonar cuando mi "catequista" mencionó que cuando llevamos a nuestros hijos a la Eucaristía debemos ignorarlos por completo, si necesitan algo simplemente los ahuyentamos, dijo que si quedan marcados emocional y psicológicamente no pasa nada, porque sus catequistas los ayudarán cuando crezcan, no había que preocuparse por ellos, porque eso sería idolatrar a los hijos.

¿Preocupada? ¡Estaba horrorizada!

El colmo fue cuando experimentamos el nacimiento de nuestro hijo muerto. Me di cuenta de lo frágil que es la vida y de que debería pasarla con mi familia (hija y marido) en lugar de perseguir palabras vacías en viajes de una hora dos veces por semana. 

La última vez que entré fue a la vigilia pascual (éramos padrinos de mi sobrino). Me sentí incómoda, ansiosa y sentí que ya no pertenecía allí, por decir lo menos. 

Creo que es imposible salir sin ayuda (una pareja, un terapeuta, un consejero, un buen amigo...). Doy gracias por la paciencia de mi marido (porque aunque él no estaba de acuerdo, nunca hablaba mal de ellos, nunca quiso rebajarse a su nivel)».