sábado, 3 de octubre de 2026

Padre nuestro - última parte (II)

 


Como comenté en la primera entrada sobre el mamotreto de la tercera parte de la etapa del Padre nuestro, es feroz el ataque que Kiko dirige contra el Sacramento más precioso del Catolicismo, el que le da sentido. Dios se hace presente en el pan y el vino consagrado, Dios, pero según Kiko eso no es bastante, eso no salva, eso es para religiosos naturales, al cristiano adulto le hace falta una no-asociación coercitiva.

«Hoy vivimos en medio de una sociedad cada vez más anticristiana. ¿Qué resistirá en esa situación? ¡El cristianismo adulto! Por eso nosotros les decimos a los curas: no bastan las misas; hay que evangelizar de verdad, formar cristianos adultos, con fe adulta, cristianos verdaderamente convencidos, capaces de dar testimonio en su vida concreta, en el trabajo, etc.».

Ya queda poco, y como siempre, antes de cerrar la boquita, Kiko asegura que sabe lo que Dios quiere hacer, si se dejan (porque los hay que no escuchan a Kiko), con los presentes en la convivencia (para resaltar que los que no hayan ido se lo pierden para siempre, porque Dios se quiere encontrar con ellos en la convivencia y en ningún otro sitio).

«Bien, hermanos. Estaba diciendo que esperamos que en esta convivencia pase el Señor y nos cure a todos, también a mí, de manera que podamos salir de aquí dando gloria a Dios. En esta convivencia el Señor nos quiere dar gratuitamente la paz. Espero que os dure. Es una cosa estupenda tener paz y felicidad en medio del combate y del mal que tiene cada día de nuestra vida.

El Señor viene aquí. ¿Hay algo más maravilloso que poder acoger al Señor? Un día iremos definitivamente al encuentro del Señor. Ese día, el día de tu muerte, se hará la oscuridad y tú estarás sólo: no estará tu mujer, tu marido, no estarán tus hijos. Todos nos tenemos que morir. Ya estamos envejeciendo -gracias a Dios-; ya tenemos el pelo blanco. Envejecemos y no sabemos cuándo nos vamos a morir. Sólo el necio no se da cuenta de que tiene que morir; piensa que no se va a morir nunca.

Entonces, hermanos, pongámonos en esta convivencia en manos de Jesucristo. Dios ha preparado para nosotros, en esta convivencia, un tesoro de gracias; si las acogemos, podremos volver a casa llenos de riquezas, contentísimos, felicísimos. Esta convivencia puede ayudaros profundamente; sus frutos pueden durar a lo largo de vuestra vida».

Aquí cambia de tema para explicar por n-sima vez lo que es un lucernario.

«Ahora vamos a hacer la celebración del lucernario. Despertaos los que os estáis durmiendo, porque el cristianismo es una vigilia. Nos dice el Señor: "Entendedlo bien: si el dueño de casa supiese a qué hora iba a venir el ladrón, no dejaría que le horadasen su casa. También vosotros estad preparados, porque en el momento que no penséis, vendrá el Hijo del hombre".

Por eso es muy importante este signo del lucernario. El lucernario, el rito de la luz, es un rito antiquísimo que la Iglesia ha conservado hasta hoy en la Vigilia Pascual. Los hebreos inician el sabbat encendiendo las velas; y, como sabéis, la mujer de la casa hace una oración dándole gracias al Señor por la luz, porque Dios es la luz, la vida. En la antigüedad, los primeros cristianos, cuando anochecía y encendían la primera vela de la noche, lo hacían en homenaje a Cristo resucitado».

En la antigüedad no había electricidad, así que con la llegada de la oscuridad había que encender lámparas de aceite o de lo que hubiese a mano. Para los cristianos (lo que hicieran los judíos me trae sin cuidado), la llegada de la noche señalaba la hora del rezo vespertino y el primer rito, ligado a esa oración, era el encendido de una luz.

Lo importante es que en la antigüedad no había que esforzarse por “hace tinieblas”, estas llegaban de forma natural; y en la vigilia pascual tampoco se toman medidas especiales para que todo esté en tinieblas, solo se apagan las luces, en el CNC, en cambio, se procura una tiniebla artificial con persianas, cortina y cuanto se pueda, de modo que es el CNC el que trae consigo la tiniebla.

«Empezaremos el lucernario, como siempre, haciendo oscuridad en esta sala durante algunos minutos. Todos nosotros estábamos en la oscuridad, en las tinieblas del pecado. Quizá hoy alguno de vosotros todavía está a oscuras; es posible que el demonio le haya cegado de nuevo y esté en tinieblas, sin ver. ¿Qué significa estar a oscuras, en tinieblas? No ver el amor de Dios en nuestra historia ni ver el amor a los hombres. Aquéllos de vosotros que no veis el amor de Dios estáis a oscuras, en tinieblas, en la oscuridad más total».

Y ahora cuenta la batallita de que nadie, ni uno solo, veía el amor de Dios hasta que entró a ser no-miembro de una no-asociación.

«Mucha gente tiene los ojos enfermos, viciados, y piensa que su vida es una maldición; por eso muchos se quitan la vida. Hay gente que no ve ni el amor de Dios ni el amor de los demás. Si uno no ve el amor de Dios, es evidente que tampoco ve el amor del prójimo. ¡Y decidme cómo se puede vivir sin el amor del prójimo! Vivir en tinieblas es durísimo; se sufre mucho en las tinieblas.

Pero a nosotros, que estábamos en ese situación, nos llegó un día una luz pequeña, débil, como la del cirio que va a entrar hoy aquí. Esta luz, Cristo resucitado que se hizo pequeño, humilde, por nosotros, ha empezado a iluminar nuestra vida. Cuanto entre aquí el cirio pascual, signo de Cristo resucitado, su débil luz empezará a iluminarnos, a mostrarnos el ambón, a hacernos ver a los hermanos, etc. La luz de Jesucristo nos hace entender que vivimos junto a otros e ilumina nuestra vida, nuestra historia.

Como sabéis, cristiano adulto es el que ve, el que tiene discernimiento. El pecado mortal ciega los dos ojos del hombre: ya no ve ni el amor de Dios ni el amor de los hombres».

Es suma, la tesis de Kiko es que todos todos todos estaban en pecado mortal antes de pasar a ser no-socios en una comunidad. ¿Por qué juzgas a tus hermanos, Kiko? Preocúpate mejor de tus pecados y deja en paz a los demás.

«El pecado nos destruye, nos ciega, nos hace entrar en la soledad. El hombre que vive en el pecado está solo, como el hombre que está en las tinieblas y que no siente más que su respiración en medio de un mundo tenebroso. Así vive tanta gente, en un infierno espantoso. Por eso, no es que el cristianismo sirva sólo para la otra vida; ¡sirve ante todo para ésta! Por eso: "¡Ay de mí si no predicara el Evangelio!". Los que no tienen una antropología evangélica, no tienen ningún deseo de evangelizar, porque no ven que quien está en el pecado está muerto; ven a los pecadores y dicen: "Están perfectamente vivos; ¿para qué evangelizar?" Jesucristo, sin embargo, los ve muertos y dice: "Deja que los muertos entierren a sus muertos. ¡Tú, sígueme!"».

Esto es tan profundo como la fosa de las Marianas, y más absurdo que profundo: hay uno que opina que el pecado no conduce a la muerte, por lo que no hay que hacer nada. Es la actitud del kikotista que rechaza las quejas de las esposa y le reclama a ella que perdone a su marido una y otra vez, porque no pasa nada, el marido está vivo y no hay que evangelizarlo ni corregirlo, lo que pasa es que ella es una sentimental y una rebelde que no quiere someterse.

«El día de vuestra muerte (algunos hermanos que habían empezado el Camino con nosotros ya han muerto), veréis hasta qué punto ha sido importante este Camino. Tal vez ahora ni os dais cuenta».

Hay que empezar a animar a la gente a que deje su herencia al CNC, que esperar al día de la muerte puede ser un poco tarde para esos negocios de vivos muy vivos que dicen que no cobran nada.

«Dios me ha llamado a mí, ha llamado a Carmen y al P. Mario, por amor a vosotros. Dios me ha "desviado" de la pintura, de hacer exposiciones, de hacer tantísimas cosas, para que dedicase mi vida a vosotros, a quienes no conocía, sin que me paguéis nada, sin ningún contrato. Quiero decir con esto que Dios tiene un designio maravilloso de amor para vosotros. Y vosotros podéis frustrarlo, porque sois libres».

Una seña de identidad del CNC es que siempre presenta la libertad de los hijos de Dios bajo un halo negativo: puedes frustrar el plan de Dios. Pues yo os digo, el plan de Dios es que sus hijos sean libres; si eres libre, no frustras el plan de Dios, sino que se cumple en ti.

«Ahora, cuando apaguemos las luces, pensemos todos verdaderamente en lo que significa vivir en tinieblas, en el pecado. Este signo que hacemos nos hace presente lo que es de verdad nuestra realidad. La muerte y el infierno existen, hermanos. ¡No son cosas inventadas! Muerte, juicio, infierno y gloria, son los novísimos de los que habla la Iglesia».

Aquí no puede echar manos de los amados hermanos judíos, porque muchos de ellos negaban la vida después de la muerte, no creían en el juicio ni en el cielo ni en el infierno.

 «Algunos os moriréis antes de acabar el neocatecumenado».

¡Pobrecitos! ¡Qué desgracia morir sin haber pasado por el matrikikonio espiritual!

«Inmediatamente después de la muerte todos seremos juzgados. Todos tenemos que pasar ante Dios y seremos juzgados por Él según nuestras obras. Nosotros somos "nosotros y nuestras obras". El filósofo español José Ortega y Gasset decía: "El hombre es él y sus circunstancias". Nosotros decimos: el hombre es él y las obras que le acompañan. En el juicio veremos la maravilla que ha sido nuestra historia: por qué un día te encontraste con aquel katekista, por qué te has casado con esa mujer, por qué has tenido esos hijos, etc. Todo tiene un porqué. Veremos toda nuestra historia iluminada; Dios, en efecto, ha escogido la historia para revelarse en ella, para actuar en ella».

Kiko es un narcisista, por eso se imagina el juicio como una película de su vida en la que todo es brillante y rutilante para él… Me parece que se equivoca, que el juicio no tiene nada que ver con eso.

Y a continuación, una vez más, el uso del nombre de Dios para vender una no-asociación inútil.

«Hay la posibilidad, hermanos, de que abandonemos a Jesucristo y de que entremos de nuevo en las tinieblas más espantosas. Si alguno de vosotros está en tinieblas, está en pecado, ¡ánimo!, porque Dios le ha traído aquí para que vuelva a ver la luz de su Hijo, que nos ilumina interiormente y nos hace ver el amor gratuito de Dios por nosotros.

Todos necesitamos abrirnos a la luz de Cristo, para que esa luz sea cada vez más radiante dentro de nosotros, para que un día podamos llegar a la visión de la luz de Dios en el cielo. En el monte Tabor, Jesucristo se transfiguró en luz delante de tres apóstoles, Pedro, Santiago y Juan, que se quedaron boquiabiertos. Dice el Evangelio que el rostro de Jesús brillaba como el sol y que sus vestidos se volvieron blancos como la luz. Jesucristo es una luz inmensa, es el amor de Dios actuando en nuestra vida, Él, que es el único infinitamente misericordioso.

Por eso, cuando veamos que entra el cirio pascual, el cirio que nos recuerda la Pascua, que es Cristo muerto y resucitado por nosotros, acojamos la luz de Cristo que viene a nosotros, que viene a esta convivencia para destruir todas nuestras tinieblas, para mostrarnos su amor, el amor de Dios, y cantemos: "¡Cristo Jesús es nuestra luz y nuestra salvación! ¡Aleluya!"

De pie».

Aquí tras el tremendo rollo, tendría lugar el lucernario de todos los pasos  (original no es).

 

jueves, 1 de octubre de 2026

Sígueme

 


Evangelio del 30 de septiembre de 2026

Lucas 9,57-62

En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

A otro le dijo: «Sígueme». El respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

 

Cuando puedo, en lugar de rezar las laudes sola me voy a la asamblea de los “religiosos naturales” madrugadores de mi parroquia. La homilía de la primera misa del día 30 de septiembre fue estupenda, al “abrir la palabra” del Evangelio, el sacerdote explicó algo que jamás escuché en el CNC.

Por un lado, dijo que la respuesta de Jesús al interlocutor que quiere seguirle allá donde vaya es una advertencia a quienes le buscan por interés. Un interés del tipo: «Señor, ten en cuenta cuanto preparo, que no falto a la comunidad de los no-miembros, que diezmo todos los meses, que descuido a los hijos por enterarme de las cosas de la comunidad… tenlo en cuenta, porque me debes el ciento por uno de tantos desvelos míos, pero te admito una rebaja siempre que se haga mi voluntad y me des todo lo que creo necesitar».

Lo siguiente es todavía más importante.

En tiempos de Jesús, el estudio de la torá era tan importante que no podía descuidarse ni interrumpirse nada más que por dos causas. Una era la muerte del progenitor, en cuyo caso el hijo no faltaba a Dios por interrumpir el estudio para acudir a enterrar al padre; la otra era la obligación de atender al sustento familiar. Parece razonable, primero está la obligación de procurar el sustento de la familia y una vez asegurado este, la devoción.

Pues bien, lo impresionante es que en este Evangelio, Jesús, un pueblerino de Galilea, se pone por encima de la torá. Ante su llamada no vale esgrimir ni al padre anciano ni las obligaciones familiares para escurrir el bulto. Dios es lo primero, es más que la torá, más que el padre, más que la familia, por tanto, también es más que cualquier no-asociación, más que lo que diga cualquier kikotista, más que Kiko, incluso si dice que faltar a la comunidad es pecado grave (sin opresión ni manipulación, eh, todo en tu libertad, pero que sepas que te inflas a pecados graves si no renuncias a esa libertad para someterte a Kiko. Y el que peca es hijo del demonio. Y los hijos del demonio van al infierno).

Entendedlo bien. La torá es palabra de Dios, pero no es Dios. El cuidado de los padres está antes que la torá, la atención debida a la familia está antes que la torá. Pero Jesús es más que la torá. Y Jesús sí es antes que los padres y que la familia. 

No está la comunidad antes que los padres y que la familia, porque la comunidad no es Dios. Y hacer un ídolo de la comunidad es caer muy bajo.

Los judíos no hicieron un ídolo de la torá, el kikismo hace un ídolo del Camino.

 

P.D. 

Quiero comentar algo tan tan obvio que se me olvida ponerlo por escrito. Cuando me da por publicar una entrada con un comentario a un Evangelio, dicho contenido no procede de ninguna inspiración tenida por mí. A diferencia de uno muy sensible, yo no me dedico a interpretar a mi bola la Escritura, sino que las entradas con comentarios a un Evangelio son una repetición de lo escuchado, en la misa de religiosos naturales, al sacerdote oficiante. La única licencia es que para “aterrizar” la Palabra uso léxico kikil y ejemplos neocatecumenales, pero los ejemplos sacados de la praxis del CNC solo son un aditivo, no el núcleo de la explicación.

Lo resalto porque hay alguno que una y otra vez intenta convencerse de que solo son ocurrencias mías y no interpretación de la Palabra por parte de la Iglesia a través de un sacerdote.