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| Mogroviejo y su arzobispo |
En 2024, el presbikiko Jimmy Antonio Mogroviejo, no-miembro no-expulsable del Camino Neocatecumenal y sí párroco de Santa Cruz de Casitagua (arquidiócesis de Quito, Ecuador) habla así:
«Yo sé que he pecado, no me escondo, yo les he enseñado a los hermanos de la Iglesia que el pecado se coge por la cabeza de uno mismo y, quiero pedirles perdón en nombre de Jesucristo a usted, Fanny (nombre supuesto), y a Ana (madre de la víctima), porque yo sé que he pecado y no me importa humillarme, a usted le pido miles de perdón, yo sé el dolor que se siente».
«Perdón, sí, yo fallé, nadie más, esta noche se acaba todo; yo siempre he dicho que el pecado tiene que salir a la luz y no lo niego en ningún momento; no tengo hijos, pero tengo tantos sobrinos y yo sé el dolor que causa todo esto; yo soy el desgraciado, lo peor, la basura, soy el culpable. Yo únicamente, yo abusé de Fanny, si es necesario pediré perdón públicamente ante la comunidad».
¡Qué detalle! Ante una acusación de abuso sexual reiterado, él se compromete a “pedir perdón”, pero solo si los kikotistas lo ven necesario.
Mensaje de Whatsapp a la madre de la niña: «En el nombre de Jesucristo le pido nuevamente perdón, por todo el daño que he causado a usted y a su familia. Los daños que sean contra mí, los merezco. Pediré perdón a usted y a su hija delante de toda la comunidad».
¿Por qué tanta insistencia con el nombre de Jesucristo? Reclamar que el presunto culpable asuma las consecuencias de sus delitos no es rechazar a Jesucristo, aunque algunos intenten mezclar temas.
Los hechos concretos de este presbi tan dispuesto a pedir perdón en el nombre de Jesucristo son los siguientes, según lo publicado aquí:
En octubre de 2023, Fanny, una niña que sufre epilepsia y depresión por acoso, acude a las kikotesis del Camino en la parroquia del párroco Mogrovejo.
El presbi empieza a interesarse por la niña desde que ella le revela que mantiene mala relación con su papá, lo que aprovecha para sugerirle que él puede ser su padre.
A partir de ese momento, hay acoso a la niña Fanny a través de llamadas telefónicas nocturnas y mensajes de texto, para encontrarse a solas con ella (muchas veces de noche). Además, trata de intimidarla, asegurándole que, si no acude a esas citas en su despacho, Dios la va a castigar.
Y Fanny, presa de pánico, acude a esos encuentros desde enero a marzo. Y en todos ellos era sistemáticamente violada. Y tras violarla, el presbi le decía: «La única forma de ser una niña buena es seguir con nuestros encuentros, pues el nuestro es un amor que Dios bendice y que salvará tu alma, porque es una nueva forma de amar».
En algún momento el sacerdote le comenta que tiene otras chicas “que también son sus hijas”, y que ni se le ocurra denunciarlo, porque nadie le creerá y él mismo la acusará de ser una mala chica ante el barrio y ante la parroquia donde el lobby neocatecumenal lo respalda totalmente.
El 05 de marzo del 2024, Mogrovejo saca de su domicilio a Fanny con engaños, la conduce a un descampado y la viola de nuevo; al día siguiente, la llama por teléfono, para burlarse de ella, banalizando el crimen: «Conseguí lo que quería».
Además, advierte a la niña: «No se te ocurra abandonar el camino neocatecumenal, porque Dios te castigará. Si ahora que estamos con Dios, estamos así, peor será si te sales del camino, te irá mal a ti y a tu familia».
Como consecuencia de los abusos, Fanny agudiza su cuadro depresivo y ansiolítico, con intentos de suicidio. Y su madre se da cuenta de que algo va mal y consigue que su hija le confiese el infierno que está viviendo a manos del presbi no-miembro del Camino.
Y así llegó la disposición del presbi nada menos que a pedir perdón ante una comunidad con tal de que la madre se callase de una vez. Y pelillos a la mar, como se suele decir.
Por parte de los dirigentes neocatecumenales, que también son no-miembros, la consigna fue la de siempre: las víctimas, sobre todo si son menores o tienen pocos medios, están llamadas a perdonar al pecador, por lo que se pidió a los padres de Fanny que no interpusiesen denuncia alguna y guardaran silencio para siempre “para no hacer daño al padre Mogrovejo, a la Iglesia ni a la comunidad”.
Pero unos meses después, el presbi Mogrovejo tuvo un problema con el coche, y estuvo a punto de arrollar con él a la niña y a su madre; entonces la madre interpuso una denuncia contra el presbi ante la Fiscalía del país. Pero, en sede judicial, el muy presbikiko lo negó todo.
Aún no ha habido juicio, al parecer el presbi está dilatando los trámites todo cuanto puede. Los neocatecumenales apoyan al párroco, aunque en otro sitio se dice que este ya no es neocatecúmeno (normal, todos ellos son no-miembros). Y su arzobispo, Alfredo Espinoza, le mantiene al frente de la parroquia. En cambio, no se interesó ni se puso en contacto con la víctima ni con sus padres.
La gravedad del caso no reside únicamente en las acusaciones contra el presbikiko, siga o no siendo no-miembro de la no-asociación CNC, interpela también a quienes, teniendo responsabilidad pastoral e institucional, deberían priorizar a la presunta víctima, activar los protocolos de protección y evitar cualquier forma de presión o o revictimización.



