jueves, 16 de abril de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXXV)

 


Terminada la octava de Pascua retomo el mamotreto del Padre nuestro en el que, tras las larguísimas laudes del domingo, se pasa la bolsa las veces que haga falta. Hay que tener en cuenta que Kiko nunca echa nada de estas bolsas, al contrario, solo saca. Y sucede que tiene que sacar bastante para poder dar nunca menos de cincuenta euros diarios al pobre de la puerta de la Iglesia a la que dice que acude a ¡misa! (¡a la misa de los religiosos naturales! de la que se escandaliza tanto que prefiere que se muera el Papa a que los neohermanos tengan que vivirlas).

Y tras en oneroso paso de la bolsa, solo queda lo que el mamotreto llama “palabras conclusivas” de Kiko. Es decir, otra tanda de consignas para inducir a los captados que acaban de rascarse el bolsillo a creerse especiales, elegidos para la gloria pese a ser los últimos y peores de todos, pero solo en tanto que se mantengan sometidos al gran gurú, el único que sabe lo que diosito quiere de cada hermano.


Hermanos, todos nosotros [los demás… casi seguro que no, pero ellos sí] hemos sido elegidos por Dios, antes de la creación del mundo, para ser sus hijos, hijos de Dios. ¡En el Bautismo ha sido sembrada en nosotros la vida divina! Pero la vida divina no actúa en nosotros mágicamente, o sea, no actúa sin nosotros, sin nuestra libertad. En este momento de vuestro camino de redescubrimiento del Bautismo tenéis que redescubrir y acoger la adopción de hijos de Dios que hay en vosotros. ¡Tenéis que descubrir que no basta ser hijos de Dios, sino que hace falta vivir como hijos de Dios! ¡Si sigues respondiendo a escupitajo con escupitajo, a insulto con insulto, amigo mío, no vives en absoluto como hijo de Dios!

Pero si eres el que escupe al otro, el que insulta al otro, tranquilo, si eres ese, diosito te quiere como eres, pecador. A quien no soporta es a tu víctima, a esa víctima que en lugar de callar te denuncia y dice que eres quien no vive como hijo de Dios.

¡Vive como hijo de Dios el que sigue las huellas de Jesucristo, Hijo Unigénito del Padre! El que, al ser insultado, no respondía con insultos.

Vive como hijo de Dios el que hace la voluntad de Dios: cargar con la injusticia, obedecer a los patrones injustos, no ponerle pleito a nadie, aceptar la humillación, estar abierto a la vida; etc. ¡Hermanos, ser hijos de Dios es un honor inmenso! Por eso no basta decir: "¡Sí! ¡Sí! ¡Sí!", y luego…

Y luego vas y te conformas con una comunidad de seguidores de Kiko.

El que daña, el que insulta, el que escupe a otro ¿acaso hace la voluntad de diosito para que Kiko nunca tenga nada que corregirle? Sé que no hace la voluntad de Dios y sé también que los kikotistas, que son loros de imitación de Kiko, dañan, insultan y escupen a otros… Hijos de su padre son.

Ánimo, hermanos. Acabamos esta convivencia haciendo un canto a la Virgen María.

Y ya está. Se acabó la convivencia en la que los captados han sido bombardeados con consignas anticristianas de defensa de abusador y culpabilización de la víctima y se cita a las comunidades para otra reunión en la que preguntarles, sin mucho ahínco, sobre lo que hayan hablado en garantes, por si hay algo jugoso que rascar. Y posteriormente habrá otra reunión más para “anunciarles” el periplo por Loreto y Roma, es decir, para que se preparen de nuevo a pagar caprichitos kikiles.

Pero lo dejo para otra entrada.

 

martes, 14 de abril de 2026

Tomás, uno de los Doce

 


Como es lógico, el domingo pasado, segundo domingo de Pascua, se proclamó el Evangelio de una de las apariciones de Jesús resucitado a sus amigos. En concreto, se mencionó que era el anochecer del primer día de la semana y que “los discípulos” estaban en una casa “con las puertas cerradas por miedo a los judíos”, pero Tomás, “uno de los Doce”, no estaba con ellos.

La actitud de Tomás es desgarradoramente coherente.

En las comunidades, incluso entre los bebedores de chupitos, se hace hincapié únicamente en “la falta de fe” de Tomás, sin plantearse nunca las poderosas razones que hay tras las condiciones que Tomás pone para creer.

Tomás había encontrado el sentido de su vida en Jesús, en el Jesús que le llamó personalmente y le invitó a unirse a sus discípulos. Tomás era leal a Jesús y a nadie más, los demás discípulos podían caerle fenomenal, podía pensar de ellos que eran unos tipos estupendos, pero él no estaba allí por ellos, no había sido seducido por el grupo de amigos, su ancla, su objetivo y su meta era Jesús, su amor y su entrega personal eran para Jesús.

Tomás es quien, cuando Jesús decide ir a Betania “a despertar a Lázaro”, zanja las reticencias de los demás apóstoles, que ven que el destino es arriesgado debido a su proximidad a Jerusalén y, por tanto, a los jefes de los sacerdotes y los fariseos que quieren matar a Jesús. Los demás discípulos intentan convencer a maestro de que se olvide del tema, por su seguridad, por supuesto, pero como Jesús insiste en ir a Betania, Tomás es el primero que prefiere correr el riesgo de caer en manos de los judíos antes que separarse de él. Su vida está en Jesús, y se pone malo ante la idea de dejarle ir y quedarse él atrás.

Esta ansia de Tomás por no separarse de Jesús vuelve a evidenciarse en la última cena, cuando Jesús dice a sus amigos que va a irse Él solo, por delante, para prepararles una estancia en la casa de Su Padre y que después, cuando todo esté dispuesto, volverá a por ellos, pero que de todos modos ellos ya saben el camino para llegar.

Y Tomás, coherente y sincero, no puede contenerse: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Porque lo que desgarra a Tomás es que Jesús se despide, les dice a las claras que se va sin ellos, y él no quiere perderlo, no quiere permitir que se escape sin saber dónde encontrarlo de nuevo.

Este es Tomás, no es un incrédulo, es un hombre sensato que ha puesto su confianza en el Señor y en nadie más.

Por eso, cuando Jesús muere (y muerte de cruz), Tomás se va. Deja a los discípulos y se va. Lo que le unía a ellos no era el aprecio humano ni negociete alguno, era Jesús.

Pero sucede que tras la resurrección los discípulos corren a llevarle la noticia, y se encuentran con el muro de su rechazo, un rechazo que no es contra los mensajeros, sino la negativa a dejarse engañar. Tomás sabe que nunca nadie ha vuelto de la tumba, por tanto, todo apunta a que algún gracioso sin gracia, aprovechándose de tener una fisonomía parecida, ha decidido hacerse pasar por Jesús para engañar, a saber con qué propósito, a los más ingenuos.

Pues va listo.

Por eso Tomás reclama meter el dedo en el agujero de los clavos y la mano en el costado, por que a ver como se las apaña el suplantador para simular las heridas de la crucifixión y de la lanzada. Le va a desenmascarar en cuanto le vea, porque por supuesto que piensa estar presente la próxima vez, va a estar allí porque Tomás no puede permitir que ningún farsante se haga pasar por Jesús, no mientras él esté vivo para defender el nombre de Jesús.

Tomás no fue “el discípulo incrédulo”, sino un enamorado de Jesucristo.

 

Y esto, que nunca escuché en el Camino, es lo que contó el cura en la homilía del segundo domingo de Pascua.

 

domingo, 12 de abril de 2026

La "misión" neocatecumenal

 

"Esposos espirituales" de turismo por Venecia

Sabido es que Kiko no duda en sostener una cosa y su contraria en función de sus intereses. Y que la falta de coherencia se transmite a sus loros amaestrados.

Algunas veces la falta de racionalidad es sangrante.

Por ejemplo, en su esfuerzo por idear supuestas “virtudes heroicas” en la vida de categoría superior de la usualmente depresiva Carmen, no han dudado en presentarla como virgen consagrada, casada espiritualmente con “la misión”.

¿Qué misión?

La misión de kikotizar al mundo junto con Kiko.

Los cristianos de verdad no alardean de haber presuntamente recibido una misión divina a menos que la Iglesia lo refrende. Pero el kikismo es otra cosa y no consiente otro "refrendador" que no sea la caprichosa voluntad de uno muy sensible.

Así que, por las bravas y en plan autorreferencial, como siempre, los siervos neocatecumenales se dedican a declarar a Carmen virgen consagrada a la kikotización, a despecho de que ellos saben que Carmen jamás recibió tal consagración de parte de nadie. Al revés, el instituto misionero Misioneras de Cristo Jesús no la admitió a los votos perpetuos, quizá porque no le vieron intención de respetar un voto de obediencia, y ella se pilló un rebote y decidió reunir un grupo de amigas que la siguiesen a Bolivia o algún sitio parecido del otro lado del charco, pero sin votos ni envío de la Iglesia ni nada de nada, solo su proyecto personal ("No te proyectes, hemana").

Lo de las amigas tampoco funcionó y entonces se juntó con Kiko, otro que no tiene ninguna consagración encima. Total, que Carmen fue una seglar, sin más, igual que Kiko. Y además, dado que no tenía voto de pobreza, una seglar bien situada en el plano económico gracias a la herencia de su padre.

Pero, y aquí viene la gran incongruencia neocatecumenal, eso de ir por libre sin ningún compromiso formal, sin votos, sin consagración, sin renuncia a los bienes, a la familia y a los caprichos es algo que no se le permite a las jóvenes o no tan jóvenes neocatecumenales a las que seducen con la monserga de la orden de vírgenes consagradas… al kikismo.

Intentan vender que son mujeres que han discernido que su vocación es servir a la Iglesia por amor a Cristo, pero la verdad es que solo las quieren para chachear en semivacíos y atender a equipos kikinerantes. Son usadas por unos muy kikos como cocineras, limpiadoras, lavanderas, cuidadoras de niños y mayores… Su señor es el kikismo, viven sometidas a ello y solo a ello.

Y además a los más sensibles entre los kikistas les ha gustado tanto la idea del sometimiento vitalicio al kikismo que lo han extendido a las comunidades tunicadas, pues ese y no otro es el objetivo del matrikikonio espiritual, alias ketubá, término que es una apropiación ilícita de un rito judío.

Otra de las incoherencias más demoledoras es precisamente la rabiosa oposición a dejar el gueto para diluirse en la vida parroquial, tan rabiosa como para desear la muerte de un Papa antes que obedecer. ¿No dice Kiko que es perentorio convertir a la sociedad? ¿No sostiene que ya no quedan cristianos, que todos necesitan redescubrir su Bautismo? ¿No insiste en que a las parroquias solo van religiosos naturales que nada saben de Dios, que hay que evangelizarlos? Y sin embargo, incoherentemente, el mismo que parece estar tan preocupado por la, juzga él, raquítica fe de esta generación dispone, por encima de las órdenes del Papa, que los neocatecúmenos no están para hacer algo por sus conciudadanos ni ahora ni nunca, sino que por siempre han de mantenerse apartados de ellos, en salas privadas y con las puertas cerradas.

Pero, y ahora se retuerce todavía más la lógica racional, si una familia decide que se siente llamada a evangelizar, entonces Kiko decreta que eso es maravilloso, estupendo y que, por supuesto, no pueden evangelizar a sus conciudadanos ni juntarse con los parroquianos a secas, sino que lo que hay que hacer es enviarlos a algún país muy muy lejano, donde no conozcan el idioma, ni el alfabeto, ni las costumbres, ni las normas de conducta, porque será a los habitantes de ese país muy muy lejano a los que hay que convencer para que dejen de pisar su parroquia de siempre, si es que la pisaban, y en cambio se sumen al club de los que se juntan en salas privadas y tras puertas cerradas.

¿Tiene sentido algo de todo esto?

¿Por qué lo permiten los obispos?