lunes, 20 de enero de 2020

Traditio symboli (XXXVII)



Judas también se creía un hombre justo, muy inteligente, creía saber cómo debía ser la historia y se creía más inteligente que Jesucristo; según él, Jesucristo no hacía bien las cosas y siempre lo corregía un poco. En realidad, él era quien tenía la bolsa, era el tesorero porque era un hombre que sabía y entendía muchas cosas: siempre protestaba (¡las economías de Judas!), Siempre decía que se gastaba mucho dinero. Cuando una mujer rompe el jarrón de alabastro a los pies de Jesús... "¡Qué desperdicio! -dice Judas- Con todos los pobres que hay", siempre se escandaliza, porque se cree bueno y justo y pasa su vida juzgando a los demás; ¡también juzgó a Jesucristo, imagínate! Y al final Judas, quien pasó su vida criticando, no solo al gobierno, porque era un fanático y no podía soportar al imperio romano que consideraba bestias a los judíos, exigiendo y criticando por qué siempre tenía razón, al final se horroriza al ver que es un asesino, que ha entregado sangre inocente Y no sirve de nada regresar y tirar las monedas al suelo, arrepentido. Dice: "He entregado sangre inocente, ¡he sido un asesino!" Lo reconoce, quien ha pasado su vida criticando a los demás y exigiendo a todos.
Como si Kiko se describiese a sí mismo: juzga a Judas porque se cree más listo y mejor que él, juzga a los catecúmenos a los que “escruticia”, juzga a toda su generación. Y siempre sabe lo que los demás deben hacer con sus bienes.
San Pedro hizo lo mismo, entregó a Jesucristo.
En algún universo paralelo, supongo. O en los delirios de Pako el sensible. En este universo, no fue así, pero debe ser que algunos desconocen los Evangelios y van de expertos.
Son dos figuras muy importantes: Judas y Pedro. Digo esto porque es una enseñanza muy importante que la Iglesia nos da y debemos meditar sobre ella: ante el pecado no debemos hacer como Judas sino como Pedro. Jesús se lo había profetizado tanto a Pedro como a Judas; a Judas le dijo en la Santa Cena: "Sí, tú lo has dicho; tú me entregarás". Y le había dicho lo mismo a Pedro:" Antes de que cante el gallo me negarás tres veces". Pedro le dice: "Iré a la cárcel por ti, daré mi vida por ti", y Jesús: "¿Darás tu vida por mí? Esta misma noche, antes de que el gallo cante una vez, me habrás negado tres veces". Ya lo había profetizado a Judas y a Pedro.
En Kikónides, el gallo solo canta una vez porque luego se va a la comunidad, tal vez. Para el resto del mundo, la presunta cita es tan falsa como todas las de Kiko.   
Cuando Pedro ve que no se conoce a sí mismo, que se ha perdido a sí mismo (el pecado le ha hecho perder la dimensión de sí mismo, pero hay alguien que se lo había profetizado, hay alguien que sabe quién es él), entonces llora amargamente y se vuelve hacia el que lo conoce, se vuelve hacia Jesucristo, Jesús lo mira como mirará a Judas, pero Judas no podrá soportar que la imagen que había construido de sí mismo se derrumbe por los suelos de esta manera y en lugar de recurrir a el perdón prefiere suicidarse, como hacen muchos en el mundo, por puro orgullo. 
Parece que Kiko no se conoce a sí mismo tampoco, porque no es capaz de hablar sin juzgar a vivos y muertos.
Prefiere suicidarse en lugar de agacharse y pedir perdón para que Jesucristo reconstruya una nueva vida en él, le dé una nueva vida ya que la primera se derrumbó, todo lo que había construido con sus manos para ser perfecto ha caído. ¡Mírate, eres un asesino! Pero Judas no puede soportar pedirle a Jesús que le dé una vida nueva y prefiere ahorcarse de la rama de un árbol.
Pedro aprenderá la lección: en lugar de apoyarse en sí mismo, aprenderá a caminar apoyándose en el Señor. Por esta razón, Jesús resucitado le preguntará: "Pedro, ¿me amas?". Y él contestará: "Sí, Señor, te amo". Tres veces Jesús le pregunta a Pedro: "¿Me amas?" Y a la tercera, Pedro se entristece porque recuerda: "¿Cómo, ya estoy cayendo en la trampa de antes? ¡Estoy diciendo que lo amo pero lo he negado!". Se entristece y no dice más: "Sí, te amo" sino que dice: "Señor, Tú lo sabes todo. ¿Por qué me preguntas si ya lo sabes?"
Nuevamente, una falsificación de una cita, porque como Kiko se cree más listo que Judas, tiene que corregir los Evangelios.
Esto es muy importante, porque el Señor conoce tu debilidad. ¿Y por qué, conociendo tu debilidad y sabiendo que no vales nada, te envía a predicar el Evangelio? ¡Fíjate qué extraño! ¿Dios sabe lo que harás mañana, lo que puedes hacer y te enviará a predicar el Evangelio?
"Señor, Tú lo sabes todo". Ahora ya no confías en ti mismo. Él te conoce y te envía. Significa que el Señor Jesús sabe que si confías en él -sic- puedes ser un santo, que de hecho ya eres un santo.
Seguramente seas un santo de categoría tan superior que no haya quien te aguante.
La segunda pregunta también se la hacen al ciego. "¿Eres este ciego?" Él responde: "Sí", e incluso hacen venir a sus padres porque no le creen. Por supuesto, si resulta que él no es el ciego, ¡aquí hay un gran engaño! Si resulta que no has sido curado de nada, todo lo que dirás son mentiras, son cosas agradables pero que no irán acompañadas de tu testimonio. Es muy importante que testifiques que antes de conocer a Jesucristo estabas verdaderamente ciego, eras un enfermo, alguien que no podía caminar, un malvado. ¡Qué obra ha hecho en ti Jesucristo!
De hecho, incluso llaman a los padres del ciego para que testifiquen sobre él: como no lo creen, tienen que llamar a otros para reforzar el testimonio. Una vez convencidos de que era él quien era ciego, le preguntan: "¿Cómo se te abrieron los ojos? ¿Qué ha hecho por ti?"

sábado, 18 de enero de 2020

Adónde va el Camino



Como «decíamos ayer», los planes del CNC para conquistar y apoderarse de la Iglesia nunca funcionaron como su humildad quería. Por más que lo intentó, no ha conseguido ni conseguirá que las kikotesis sean instituidas como parte obligatoria de la pastoral de las parroquias. Es más, su sensibilidad se percata de que su tiempo se acaba y eso le pone muy nervioso, porque en su inmenso egocentrismo quiere perdurar, quiere que sus kikadas sean doctrina oficial universal, no solo para un grupúsculo autorreferencial cada vez más envejecido.
A estas alturas de la película ya sabe que no puede contar con el sometimiento a sus antojos de la mayor parte de la curia, que tampoco puede contar con los religiosos naturales, tan aferrados a sus devociones y sus caridades y esas cositas, que por más que ordena a los adictos a la kikotina que envíen salmonetos y salmonetas por la plazas y los caminos a ver si llenan las redes, la pesca es increíblemente escasa, que las comunidades se vacían, que incluso lo que han degustado la miel y la leche dejan el Camino y retornan a la única Iglesia de todos…
¿Qué hacer? ¿Rendirse, obedecer? ¡Eso jamás!
¿Qué opción le queda?
Declarar que solo él es el camino. Declarar que el Espíritu Santo se manifestó como una llamarada ardiente en el Concilio Vaticano II (del que no sabe nada) para señalarlo a él como hijo predilecto. Asegurar que la Iglesia está corrompida, dominada por hombres acobardados cuya fe no vale nada, que es algo que le ha sido revelado gracias a que el único medidor certificado de fe auténtica lo lleva él en la punta de la rabadilla. Afirmar que él y quienes le siguen son el resto de Israel, la última esperanza, los elegidos.
En suma, revelarse y rebelarse.
Pero poquito.
Porque no da para más.
Está atrapado porque el CNC carece de infraestructuras básicas y depende de lo que chupa del bote. Y se trata de un bote que llenan los que creen, mayoritariamente de buena fe, que son parte de la Iglesia. Lo que le obliga a mantener las apariencias hasta cierto punto.
Es decir, el CNC sigue siendo un parásito a costa de la Iglesia, una Iglesia a la que desprecia, de la que habla mal una y otra vez, de la que asegura que está llena de perseguidores, de curas que solo sirven para administrar sacramentos, de gente engañada por el maligno o alienada porque le peta al menda… Pero se aferra a ella. La necesita. La busca para presidir sus charangas y presumir de la presencia de n-cientos prelados de n-cientas naciones en n-cientas reuniones de autobombo.
Y eso provoca desconcierto incluso en los seguidores más despistados.
Primero les hacen saber que la parroquia de toda la vida es lo peor, que no salva a nadie y no merece que nadie de la vida por ella, que los curas son unos perseguidores, que los obispos están endemoniados… Y a continuación viene su humildad, el que va de artista de la pista, y dice que hay tantos obispos de su parte -¿esos mismos obispos que tenían el demonio dentro y no se enteraban de nada? Sí, los mismos- y que no se sabe cuantos de ellos “le han pedido” que kikotice sus parroquias porque ellos no saben predicar.
Pero entonces, ¿han dejado de estar endemoniados esos obispos? No, no, no, por supuesto que no. Están fatal y nunca jamás hay que prestar atención a los obispos, solo a los kikotistas que son los únicos infalibles. Lo que pasa es que en un momento de lucidez, diosito les ha permitido reconocer la grandeza del sensible y poner la diócesis en sus manos. Pero la obediencia, el dinero, los bienes, la salud y la vida deben ser para el Camino, no para la parroquia ni para la Iglesia ni mucho menos para Dios, faltaría más.
¿Se entiende ahora?
Y la falta de infraestructuras y la voracidad sin medida de los “infalibles” lleva a que las cargas que cargan sobre los que llenan el bote sean cada vez mayores.
Por eso mucha gente se va. Porque antes o después se dan cuenta de que allí donde va el CNC no es una herramienta que ayude a construir ni a reconstruir nada, solo es un agujero sin fondo que lo devora todo y a todos. Y es insaciable, siempre un paso más, una kikada más, una reunión más, una exigencia más, un día más que no dedicas a los tuyos. Y también un mal rollo más, un desprecio más por parte del kikotista, un año perdido más, sin convertirte, sin ser cristiano, sin pasar al otro, sin ser feliz, sin descubrir qué quiere Dios, sin amar, sin perdonar, sin vivir…
Kiko, que cree más listo y más audaz que nadie, no ha podido conquistar a la Iglesia con su lengua de embaucador y lo que quiera ahora es romperla.
¿A quién daña más los miles y miles de damnificados que deja el CNC allá por donde pasa?

jueves, 16 de enero de 2020

Adónde quería llegar el Camino



Estoy convencida de que en el ideario inicial del CNC la meta era colonizar y conquistar las parroquias, apoderarse de ellas, kikotizarlas, transformarlas a imagen y semejanza del vanidoso iniciador del CNC: una estética -horrorosa- propia, signos propios, cantos propios -compuestos por otros que consentían que Kiko se los apropiase-, ritos pseudomágicos a tutiplén, posturitas propias -ahora las manos así o asá o como nosotros te digamos-, un lenguaje particular donde las palabras no significan lo que parece, vestiduras identitarias… Todo ese tipo de cositas.
Era un plan con numerosas debilidades.

Una de las más obvias es que precisa del total apoyo del verdadero responsable de la parroquia, es decir, del párroco. Y otra es que los párrocos no son dueños de su parroquia, son administradores. Así que incluso el párroco más kikotizado del planeta Tierra puede ser trasladado a otra parroquia y su reemplazo puede no simpatizar con las transformaciones kikóticas que se encuentre en la parroquia que recibe.
Desde el punto de vista del CNC eso marcó dos rutas:
1.     Había que asegurarse la disponibilidad de presbis leales al Camino y a sus kikotistas antes que a su obispo.
2.     Había que ganarse a los obispos, para que no estorbasen ni trasladasen a su antojo a los presbis kikotizadores de parroquias.
No han tenido mucho éxito en ninguna de las dos medidas.
No niego que hay presbis muy, muy lamentablemente kikotizados que viven para el CNC, pero precisamente por eso son malos pastores, muy malos, no sirven a la Iglesia, solo sirven al CNC y no se puede confiar en ellos. No sé cuantos de ellos serán párrocos, pero lo que se sabe es que salvo que sean destinados a una parroquia kikotizada, no funcionan, no atraen a la feligresía sino todo lo contrario. Y poco a poco hay quien va viendo que dejarles a cargo de parroquias kikotizadas solo hunde más y más dichas parroquias.
A los obispos, el CNC los ha tratado como a políticos corruptos: grandes dádivas, grandes promesas de grandes números, grandes viajes todo pagado a la encerrona padre a orillas del mar de Galilea… Hay gente “pa tó” y hay obispos “pa tó”. Pero la mayor parte de ellos, según declaró uno dotado de visión ultra-dimensional-sideral, son unos “endemoñaos” que no compran lo que en CNC quiere venderles.
Y además, no tienen reparo en recurrir al comodín de la desobediencia. La propia y la ajena.
La desobediencia propia está clara: primero predican -falsamente- que vienen en nombre de Dios, enviados por el obispo y el párroco; si el párroco decide meterles en cintura, se recurre a la autoridad del obispo y si no funciona se insta a los kikotizados a obedecer solo a los kikotistas, que aseguran ser la voz de Dios, antes que a los hombres, sean obispos o curas. Y se adereza lo anterior tildando de perseguidor y endemoñao a quien sea preciso.
La ajena consiste en asegurar que ese párroco que no les consiente que se le suban a las barbas es el desobediente, el que no está en comunión con su obispo, que sería quien le habría ordenado ponerse al servicio del CNC. Porque jamás el CNC ha estado ni está al servicio de una parroquia, sino que pretenden que sea al revés. Y si es el obispo el que les ordena que se atengan a sus aprobadísimos estatutos y que, por ejemplo, celebren la Pascua con toda la comunidad parroquial, dirán que es el obispo el que los persigue y el que no está en comunión con el Papa que tanto los quiere y que tanto los aprueba.
Y esa es una mentira más, ningún Papa los ha aprobado jamás. La Iglesia ha aprobado unos estatutos. Y eso ha sido todo.
La Iglesia les ha ordenado que se sometan a los estatutos y no se salgan de ellos. Y el CNC ha respondido con la desobediencia, la chulería, el pitorreo y la monserga de la persecución.
Y con algo más.
¡No podían dejar de meter una menorá por algún lado!
El divo ha impuesto en el CNC la obediencia a sí mismo antes que al Papa, porque el Papa, al fin y al cabo, no es más que un funcionario que administra sacramentos -como dice el mentado divo que son los curas-, mientras que él, que presume de haber sentido un soplo en la nuca hace la friolera de 60 años, es el nuevo Moisés -apelativo que le encanta- el guía incuestionable.
El Papa, ese gris funcionario, solo es infalible cuando expone dogmas de fe, mientras que el divo, ese que va de artista pese a no saber dibujar manos, pretende que todo lo que sale de su boca es palabra de dios, que quien le escucha recibe la salvación en ese instante, que tiene poder para salvar y poder para ver el interior de cualquiera y conocer sus pensamientos y sus intenciones.
Así que, ¿quién es más? ¿Quién debería someterse a quién? ¿Quién debería servir a quién?
Con el Papa emérito no lo consiguió. Con el Papa Francisco, tampoco. Intentó recibir una visita ad limina de Francisco en el Puerto San Jorge, pero el Papa no picó. Quiso forzar que presidiera una uka en la celebración de los 50 años, y el Papa no picó y rechazó la uka. Pretendió obtener un permiso papal escrito para montarse el triduo pascual a su bola en todas las parroquias kikotizadas, y el sustituto del secretario del Papa le dijo que se dejase de pataletas y se leyese los estatutos más aprobados del universo… Ni siquiera consigue arrancarle una tarjeta de felicitación por su cumpleaños.
Kiko está que echa las muelas. Pero es tan necio que en su cabeza no cabe que él es el equivocado.
 
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