Artículo de Ramón Fandos publicado aquí.
El 26 de
agosto una madre de Quito publicó una carta abierta al iniciador del Camino
Neocatecumenal.
Una
madre de Quito ha escrito a Kiko Argüello. Le dice que su hija, menor de
edad, fue abusada por el presbítero que dirigía su comunidad neocatecumenal
en la parroquia Santa Cruz de Casitagua. Le dice que ese sacerdote reconoció
los hechos ante ella, por escrito y ante los katekistas. Le dice que hay
un audio. Le dice que los katekistas respondieron que "fue el
demonio" y le exigieron silencio. Le dice que sus responsables de
comunidad van a declarar a favor del sacerdote en el juicio. Y le
pide una sola cosa: una respuesta de pastor, no de burócrata.
Ha
pasado más de una semana. Ni pastor ni burócrata. Nada.
Separemos
con cuidado, porque la precisión es la primera forma de respetar a una víctima.
Lo que
cuenta la madre lo decidirá un tribunal de Ecuador, donde hay un proceso
abierto desde 2024. El sacerdote es inocente hasta que un juez diga lo
contrario. Yo no he oído el audio y no estaba en Quito.
Lo que
digo yo no necesita audio ni juez. Es un hecho público que cualquiera puede
comprobar: una madre ha pedido auxilio al iniciador del Camino, con nombres,
lugares y fechas, y el iniciador del Camino calla.
Y no es
la primera vez que calla. Religión Digital contó ya en septiembre de 2024 que este
presbítero había sido denunciado, que hubo audiencia judicial aquel agosto y
que el arzobispo de Quito lo mantenía al frente de la parroquia sin haber
llamado siquiera a la familia. Dos años. La carta a Kiko no es el primer
intento de esta madre. Es el último.
Las
cuatro excusas que Kiko no tiene
"No
me he enterado." La carta se ha publicado y ha dado la vuelta al
mundo. El Camino tiene en Quito katekistas itinerantes, responsables de zona y
una cadena de mando que termina en Madrid. Kiko se entera de cuántas
comunidades hay en cada parroquia de Ecuador. Se ha enterado de esto.
"Es
un asunto de la diócesis." El Camino lleva cincuenta años
exigiendo ser reconocido como itinerario propio: estatutos propios, katekistas
propios, seminarios propios, responsables propios. No se puede ser autónomo
para todo menos para responder de los propios.
"Los
katekistas actúan por su cuenta." Los katekistas de La Concepción
no son vecinos que pasaban por allí. Son personas nombradas dentro de la
estructura del Camino, que mandan en nombre del Camino y responden ante el
Camino. Si dijeron a una menor abusada que aquello "fue el demonio",
lo dijeron con el traje puesto. Con el traje que Kiko les dio.
"No
es asunto mío." En el Camino se enseña que cuidar del hermano es
mandato divino. Aquí hay una hermana, de una comunidad del Camino, menor de
edad, y este mandato no solo está ausente, sino que parece que alguien ha
mandado lo contrario. Si esto no es asunto de Kiko, nada lo es.
Las
cosas por su nombre
Cuando
una víctima dice "los kikos protegen al agresor", regala a todos una
coartada. "Los kikos" suena a secta ajena, a cosa de otros. Añadamos
el eslabón que falta.
No es
"una comunidad tapó un abuso". Es en una parroquia católica, con
conocimiento del párroco y bajo la autoridad de un arzobispo, personas
investidas de poder por un movimiento con estatutos aprobados por la Santa Sede
habrían exigido silencio a la madre de una menor abusada.
No es
"los katekistas dijeron que fue el demonio". Es laicos sin
formación, con autoridad de conciencia sobre una familia entera por mandato de
una estructura eclesial, habrían convertido un presunto delito en un caso de
posesión demoníaca. Eso tiene nombre: disolver la responsabilidad. Si lo
hizo el demonio, no lo hizo nadie. Y si no lo hizo nadie, nadie responde.
No es
"unos hermanos van a testificar por el cura". Es un matrimonio
responsable de comunidad, que según la madre oyó al presbítero reconocer los
hechos, se dispone a declarar ante un tribunal en sentido contrario. Si es
cierto, eso no es fidelidad al Camino. Es un delito. Y quien lo sepa y calle,
lo comparte.
No es
"Kiko no ha contestado". Es el iniciador de un movimiento
reconocido por tres papas ha recibido la denuncia pública de una madre por el
abuso de su hija a manos de un presbítero de ese movimiento, y ha decidido
callar.
La
diferencia entre las dos versiones no es de estilo. Es de imputación. La
primera permite encogerse de hombros. La segunda obliga a responder.
De todo
lo que cuenta la madre, hay una expresión que reconocerá cualquiera que haya
pasado por una comunidad neocatecumenal. Le pidieron silencio para buscar la
"justicia divina".
Suena a
piedad. Significa: no vayas al juez, que ya se encargará Dios. Es la
misma frase con la que se ha tapado durante décadas cada escrutinio humillante,
cada matrimonio roto por los katekistas, cada persona expulsada al vacío por
salirse. Dios como excusa para que no responda nadie.
Jesús no
habló así. Llamó "sepulcros blanqueados" a los que cuidaban la
fachada (Mt 23,27). Dijo que nuestro hablar fuera "sí, sí; no,
no" (Mt 5,37). Y sobre los pequeños no dejó margen para catequesis: "Al
que escandalice a uno de estos pequeños, más le valdría que le colgasen al
cuello una piedra de molino al cuello y lo hundieran en el fondo del mar" (Mt
18,6). No dijo "fue el demonio". No dijo "esperad la justicia
divina". Tampoco dijo: hay que perdonar al que escandalice a uno de estos
pequeños. Dijo piedra de molino al cuello y al fondo del mar.
Lo que
Kiko debe hacer hoy mismo
Nada de
esto exige condenar a nadie sin juicio. Es lo que haría un padre que cuida de
sus hijos.
1.
Decir públicamente que ha leído la carta.
2.
Ordenar que ningún katekista ni responsable del
Camino testifique en ese proceso sin que antes el Camino haya escuchado a la
madre y a la niña.
3.
Apartar cautelarmente a los katekistas de La
Concepción mientras se aclara qué dijeron y a quién.
4.
Prohibir que nadie del Camino, en ninguna
comunidad de Quito, se acerque a esa familia si no es para pedir perdón. Y
llamar a esa madre.
Todo eso
protege a la niña sin prejuzgar al sacerdote. Que no se haga dice a quién se
está protegiendo.
Los que
habéis estado dentro alguna vez...
Reconoceréis
la escena. La reunión donde el que ha hecho daño llora y pide perdón, y de
pronto el problema ya no es el daño sino tu falta de misericordia. El "ama
a tu enemigo" que solo funciona en una dirección. El silencio "por el
bien de la comunidad" que en realidad es por el bien de la estructura. Y
la guinda: cuando alguien los denuncia, esa soberbia enfermiza que les hace
creer que son los bienaventurados de los que habla Jesús: Bienaventurados
los perseguidos por causa de la justicia, porque de ellos es el reino de los
cielos"
Yo
estuve veinte años dentro. Sé cómo se fabrica esa culpa y cómo se instala ese
miedo. Por eso sé lo que está haciendo esta madre: lo más difícil que puede
hacer alguien que ha vivido en una comunidad neocatecumenal. Hablar en voz alta
y con nombres.
Kiko
Argüello: conteste. Y si no contesta, no vuelva a decir en un estadio lleno que
el Camino defiende a los pequeños. Uno de esos pequeños tiene nombre, tiene
madre, y sigue esperando.
fandosrj@gmail.com