miércoles, 16 de enero de 2019

La domus de la gehenna




«Pues yo os digo: Todo aquel que se encolerice contra su hermano, será reo ante el tribunal; pero el que llame a su hermano “imbécil”, será reo ante el Sanedrín; y el que le llame “renegado”, será reo de la gehenna de fuego.
Si, pues, tu ojo derecho te es ocasión de pecado, sácatelo y arrójalo de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo sea arrojado a la gehenna.
Y si tu mano derecha te es ocasión de pecado, córtatela y arrójala de ti; más te conviene que se pierda uno de tus miembros, que no que todo tu cuerpo vaya a la gehenna.» (Mt 5, 22. 29-30)

Valle Hinnom en 1900
El lunes estuve en una charla muy interesante. El padre Jacinto nos explicó de donde procede lo de la gehenna de fuego.

Resulta que al sur, fuera de los muros de la Jerusalén histórica hay un valle que se llamaba Ge Hinnom, es decir, valle de Hinnom.

Durante mucho tiempo, ese valle hundido fue el lugar donde los cananeos practicaban sacrificios humanos, de niños al parecer, en honor del dios Moloch.  No era, por tanto, un lugar de buena fama. Más tarde, a partir del 638 a.C., se convirtió en el vertedero de la ciudad de Jerusalén.

En el enorme basurero de Ge Hinnom ardía un fuego perpetuo para quemar las basuras y desperdicios, los animales muertos y también los cadáveres de los criminales ejecutados. Pues había crímenes cuyo castigo iba más allá de la muerte del criminal en el sentido de que no se le daba sepultura al cuerpo del ajusticiado, sino que era quemado como basura, para que desapareciese de sobre la faz de la Tierra como si nunca hubiese existido.

En la actualidad, el valle está cubierto de olivos
Como ya he mencionado, el fuego en Ge Hinnom ardía de día y de noche, a todas horas, era la forma de evitar el hedor de las basuras y de los cuerpos en descomposición. Y si algo escapaba del fuego, los gusanos lo devoraban.

«Y si tu mano te es ocasión de pecado, córtatela. Más vale que entres manco en la Vida que, con las dos manos, ir a la gehenna, al fuego que no se apaga.
Y si tu pie te es ocasión de pecado, córtatelo. Más vale que entres cojo en la Vida que, con los dos pies, ser arrojado a la gehenna.
Y si tu ojo te es ocasión de pecado, sácatelo. Más vale que entres con un solo ojo en el Reino de Dios que, con los dos ojos, ser arrojado a la gehenna, donde su gusano no muere y el fuego no se apaga» (Mc 9, 43-48)

En tiempos de Jesús, el gran vertedero de Ge Hinnom seguía funcionando, pero en arameo se le llamaba Ge Henna, la gehenna, el lugar físico, geográfico, del fuego que no se apaga y del gusano que devora lo que el fuego no consume.

Cuando Jesús habla a los judíos de la gehenna, sus oyentes saben que ese es el nombre del vertedero, del lugar al que van a parar los deshechos de los criminales, los que, para los creyentes judíos, son malditos, rechazados por Dios y por los hombres. En suma, pecadores condenados en el Juicio de Dios.

«Y no temáis a los que matan el cuerpo, pero no pueden matar el alma; temed más bien a Aquel que puede llevar a la perdición alma y cuerpo en la gehenna.» (Mt 10, 28)

Aquí unos ansiosos por visitar la gehenna
Por cierto, para los judíos la gehenna es lugar de destrucción total al que solo van los malos. No es lo mismo que el seol, que es el lugar al que van los muertos, buenos y malos, en espera del juicio de Dios.

Pues bien, resulta que hace años y años y años que los neocatecumenales marean la perdiz de la gran domus que quieren levantar a las afueras de Jerusalén, al sur, fuera de las murallas… Sí, allá por la zona que en tiempos de Jesús se llamaba gehenna.

Me creo lo de la domus Jerusalén casi tanto como la kikotización de China, pero no deja de tener su punto de humor que ellos mismos quieran tirarse de cabeza en la gehenna. 

lunes, 14 de enero de 2019

Control mental. ¿Algo que ver con el Camino Neocatecumenal? (XVII)



Hay otras formas de comunicación con los adeptos que son más eficaces, métodos que sirven como «llaves» para abrir el control mental de la secta.

En pocas palabras, éstas son las tres llaves más básicas para ayudar al miembro de una secta:

Llave No 1: establecer la relación y la mutua confianza.
Llave No 2: utilizar comunicaciones orientadas a un objetivo.
Llave No 3: desarrollar modelos de identidad.
Llave No 4: acceder a la identidad anterior a la afiliación.
Llave No 5: conseguir que el adepto contemple la realidad desde perspectivas muy variadas.
Llave No 6: evitar los procesos de interrupción del pensamiento mediante una forma indirecta de facilitar información.
Llave No 7: visualizar un futuro feliz para vencer las fobias del adoctrinamiento.
Llave No 8: ofrecer al adepto definiciones concretas sobre el control mental y las características de una secta destructiva.

Llave no 1: Establecer la relación y la mutua confianza
Las diversas técnicas para establecer una relación no-verbal pueden ser de ayuda. La primera se limita a imitar el lenguaje corporal de la persona con la que hablo. También utilizo un tono de voz no amenazador, como tampoco son amenazadoras las preguntas e intento evitar la manifestación de juicios.

Llave no 2: Utilizar comunicaciones orientadas a un objetivo
Las comunicaciones orientadas a un objetivo del mundo empresarial representan la mejor manera para influir en las personas de una manera deliberada.

Cuando existe una relación de intimidad con las personas, por lo general decimos todo aquello que pensamos o sentimos, porque somos «nosotros mismos». No tenemos un plan establecido para influir en los demás. En cambio, en el mundo empresarial, la mayor parte de las personas tiene que pensar en base a sus metas y objetivos y en la mejor forma de conseguirlos. Los altos ejecutivos comprenden que, a menudo, tienen que establecer un plan de acción gradual que les lleve a convertir sus sueños en realidad.

Imaginemos que yo he señalado un objetivo (ayudar a alguien para que abandone la secta) y que ya he trazado un plan de acción gradual. Lo siguiente que debo hacer es descubrir quién es esta persona en la que intento influir. Comprender cómo es una persona «en su interior» resulta una enorme ventaja.

La regla elemental es hacer lo que funciona. Si lo que usted hace no funciona, intente otro enfoque. Siga centrándose en la meta.

Llave no 3: Desarrollar modelos de identidad
Para una mayor eficacia, es necesario construir tres modelos (también llamados «patrones mentales») que representen quién es la persona sobre la que se quiere influir.

El primer modelo corresponde a quién era la persona antes de entrar en la secta: qué pensaba sobre sí misma, el mundo, sus relaciones, sus puntos fuertes y sus debilidades. Así veía él todas estas cosas. La mejor manera de reunir esta información es a través de lo que ha escrito o dicho a sus familiares y amigos.

El segundo modelo es el del típico adepto de aquel grupo. Cualquier ex miembro puede facilitar un modelo genérico de cómo ve la «realidad» el típico miembro de su secta. Los ex miembros pueden enseñar a pensar como lo hace el adepto de una secta. Los distintos familiares pueden turnarse para interactuar con el «miembro de la secta» y «ser» el miembro de la secta. A medida que progresen en la práctica de estas caracterizaciones, mejor comprenderán cómo piensa el adepto.

El tercer modelo es el que corresponde a la persona dentro de la secta. Este modelo se irá transformando poco, a poco, a medida que represente los diferentes niveles de implicación que el miembro alcance dentro del grupo. Al contrastarlo con el modelo genérico del adepto y con la persona real, usted puede hacerse idea bien clara sobre cuándo la persona está siendo muy «sectaria» y cuándo es más él mismo. Recuerde que cada persona es diferente, y que cada miembro de una secta sostiene una batalla entre la identidad de la secta y su identidad real. En cualquier momento, el miembro puede cambiar a su identidad «real» o a la «sectaria».

Estos tres modelos son los que empleo en mi trabajo de asesor. Antes de conocer a la persona cara a cara, quiero disponer de estos tres modelos lo más ajustados posible.
Utilizo el modelo de quién es la persona en este momento (la persona dentro de la secta), y lo pongo a prueba anticipando sus respuestas en una conversación imaginaria con el individuo. A continuación, le formulo las mismas preguntas y observo en qué medida he sido capaz de predecir sus respuestas.

Cuanto más estrecha sea la relación que puedo establecer, más fácil será acceder a la información que necesito. Cuanto más deprisa elabore un modelo adecuado del miembro de la secta, más deprisa podré «convertirme» en él.

Una vez adoptada su personalidad, ya puedo imaginar qué se necesita decir o hacer para ayudarle a recuperar el control de su vida.

Es, por supuesto, la identidad real la que me enseña cómo abrir las puertas. Es la personalidad real la que me dice cuáles son las llaves que hay que utilizar, dónde y en qué orden.

Llave No. 4: Ponga a la persona en contado con su identidad original
Cuando una persona comienza a recordar quién era antes de convertirse en miembro de la secta, soy capaz de anclar su punto de referencia personal sobre la realidad en el tiempo en que no existía la identidad de la secta y, como consecuencia, tampoco control mental. Consigo que la persona repase todo lo que pensaba y sentía en cada una de las etapas del proceso de reclutamiento.
Casi siempre, la persona tenía en aquella época dudas o preguntas significativas que ha reprimido durante mucho tiempo. Como ya he dicho antes, es bastante común el hecho de que, debido a la presión del adoctrinamiento, la persona silencie su voz interior, que está tratando de avisarle para que se aparte.

Es dentro de esa personalidad anterior a la secta donde aprendo exactamente todo lo que el individuo necesita ver, oír y sentir para poder abandonar el grupo. Con algunas personas, el criterio a seguir puede ser enseñarle la manera en que su líder malinterpreta la Biblia. Con otras, demostrarles los antecedentes delictivos y manejos del líder. Hay quien necesita, en cambio, que se le enseñen las contradicciones específicas de la doctrina. La pregunta:
«¿Cómo sabrá usted que ha llegado el momento de abandonar el grupo?» puede revelar hasta dónde el sujeto está dispuesto a tolerar a la secta. ¿La abandonará si Dios se lo ordena? ¿Se marchará si descubre que le han mentido? En el momento en que el adepto me revela explícitamente qué necesitaría para decidir el abandono del grupo, ya estoy en condiciones de hacer todo lo que esté a mi alcance para conseguir la prueba que desea.

Si el individuo no ha sido feliz o sano antes de unirse al grupo, resulta imperativo buscar un punto de referencia positivo que la persona pueda utilizar como anda de su identidad. Si no existen fuertes experiencias positivas para utilizar con este propósito, entonces es necesario inventarse una o cultivarla. La imaginación puede emplearse para crear ciertas experiencias positivas. Por ejemplo, se pueden formular preguntas como «¿Qué sentirías si tuvieras una familia cariñosa y comprensiva?» o «Si tu padre hubiera sido todo lo que tú querías cuando estabas creciendo, ¿qué cualidades debería haber tenido y qué cosas te hubiera gustado que hicierais juntos?»
 

sábado, 12 de enero de 2019

Procesos de interrupción del pensamiento



Procesos de interrupción del pensamiento

«Todas las personas que forman parte de una secta han sido programadas para interrumpir todos los pensamientos «negativos» acerca del líder, la doctrina o la organización, y también han sido adoctrinadas para creer que este grupo es superior a todos los demás grupos y diferente a todas las demás sectas.

El proceso para interrumpir el pensamiento se desencadena cada vez que se produce un «ataque frontal», o, en otras palabras, cuando la persona advierte que alguien ataca la validez del grupo. De esta manera, la interrupción del pensamiento actúa como un escudo que debe levantarse contra cualquier enemigo que se aparezca.» (Steve Hassan)


Casualmente, el Camino Neocatecumenal es un grupo que implanta en sus miembros estos procesos de interrupción del pensamiento que menciona Steve. Mayormente lo hace por medio de mantras interiorizados.

He pensado que pueda ser interesante hacer un recopilatorio, porque estoy segura de que muchos que utilizan estos mantras para interrumpir el pensamiento racional no son conscientes de ello.

El primero que me viene a la cabeza es el manido: esto es que nos persiguen como al Maestro. No es verdad, ser críticos con el CNC, que tantos fallos tiene, no es persecución. Pero cualquier persona ajena al CNC tiene una gran ventaja sobre ellos: puede ver los grises. Quienes están en el CNC han sido condicionados para ver solo en blanco y negro, o con ellos o perseguidores, no ven los grises, por eso no aceptan las críticas, lo que es un rasgo puramente sectario.

Otro mantra para detener el pensamiento también muy usado es: el que obedece no se equivoca. Y otro: crucifica la razón. No pienses, no razones, no uses el libre albedrio, no seas responsable de tus acciones… y no conocerás la Verdad.

Está también el de: los de fuera no pueden entenderlo porque están alienados. Y de esta forma, tal como dice Steve que hacen todos los grupos sectarios, se ponen por encima de los demás, creyendo que ellos son los únicos que ven. ¡Pobres ciegos!
No podría olvidar ese otro mantra que tanto gusta a los kikotistas: al niño pequeño no se le da un filete, se le da leche. Cuando estés preparado lo entenderás. Evidentemente es un mantra muy útil para acallar recelos y preguntas incómodas que de ninguna manera quieren contestar.

Hay otro para hacerles sentirse especiales: Es Dios quien te ha traído al Camino, quien te ha elegido a ti en lugar de elegir a tu vecino que es mejor que tú. Y en razón de esa supuesta elección pretenden que tú respuesta ha de ser el sometimiento aneuronal a cuantas tropelías veas en tu comunidad, porque como es Dios quien lo permite...

Lo que me lleva a otro mantra de interrupción del pensamiento que asegura que lo que te pasa es porque Dios lo permite para tu salvación.

Sin duda hay más, pero ahora mismo estos son los que he recordado.

jueves, 10 de enero de 2019

No son profetas de tu historia, son agoreros



Comenté en una entrada anterior, que a los kikotistas les gusta mucho declararse a sí mismos profetas de tu historia. De la tuya. No les creas, porque lo que sucede es que en ellos se cumple el dicho «Dime de qué presumes y te diré de qué careces».

No son profetas puesto que no predican a Dios ni hablan en nombre de Dios, solo predican el kikismo y solo repiten como loros el contenido de unos mamotretos. Pero la afirmación, aunque falsa, no es gratuita, sino que responde a una estrategia: la de convencerte de que si les desobedeces a ellos, desobedeces al mismo Dios.

Ese es el objetivo, ahora me interesa hablar de los mimbres que emplean para engatusar a quien se deja.

El primero y fundamental es recabar información.

No hay nada inocente ni casual en que el paso del primer escruticidio tenga por cometido hacerte declarar tu cruz. Ya sabes: aquello que te hunde, lo que te destruye, aquello con lo que no puedes, lo que esté más allá de tus fuerzas. Da igual lo que sea –que no tienes trabajo, que no tienes dinero, que no tienes novia, que tu hermano mayor es el preferido y tú tienes unos celos que te mueres, que no puedes tener hijos, que tienes una enfermedad crónica…-, pero cuanto más morboso mejor. Si tienes un pasado con borracheras, drogas, fornicaciones, intentos de suicidio o latrocinios, o una familia que se trata a mordiscos, luce más. Por el contrario, quienes pasan por el primer escruticidio sin declarar amantes ni hurtos ni pendencias ni vicios, no son bien vistos.

Por si solo ya es bastante sospechoso. Un grupo que se dice parte de la Iglesia Católica pero que se relame con los vicios, problemas, dificultades y defectos de quienes capta. ¿Algún otro movimiento actúa así?

Entonces, lo primero es reunir información sobre el captado y sobre su situación personal y familiar y apuntarlo todo en el cuaderno negro del kikotista.

A cambio, lo que te dan es el pomposo anuncio de que Dios hará gloriosa tu cruz, la que hayas contado, la que quede apuntada en el cuaderno. Es decir, en su mala doctrina, Dios no puede actuar ni puede hacer nada si tú no entras por el aro de darle poder al kikotista. Por eso es por lo que, según ellos, si no cuentas tu cruz ante toda la comunidad, no podrá ser sanada ni se volverá gloriosa.

Lo siguiente es atribuir al grupo, es decir, al Camino, cualquier cambio positivo. Si dejas de beber, es gracias al trípode y a la comunidad; si dejas de tener un amante, lo mismo; si sigues cascando a la esposa de vez en cuando, es porque eres un pobrecillo que solo puedes ser amado en tu realidad de pecador por tu comunidad, etc. Y el kikotista seguirá tomando notas en su cuaderno: de qué ídolos eras esclavo antes y de que ídolos sigues siendo esclavo aun hoy.

Es importante la información. Es lo que el kikotista podrá usar como palancas para despertar tu sentimiento de culpa por lo que hiciste o dejaste de hacer, y de miedo por lo que puedas volver a hacer o a dejar de hacer si se apartas del camino que ellos te marquen puesto que insistirán mucho en que fuera de ellos solo hay llanto y rechinar de dientes. Es decir, que son ellos los que dan la salvación a quienes se les someten.

Por supuesto, es necesario tener cierta práctica para soltar semejantes embustes sin sonrojarse. Ya conté en este blog el caso de una catecúmena que había obedecido a los kikotistas y se había desprendido de sus bienes confiadísima de recibir el ciento por uno y que, en cambio, se había encontrado con que la despidieron del trabajo y el novio cortó con ella. En su escrute, esta persona reclamó a los kikotistas que no se había cumplido lo que le habían prometido.

Automáticamente, el kikotista la declaró endemoniada. Porque hay que saber cómo actuar en cada circunstancia. Y la primera regla es que el kikotista nunca se equivoca, nunca se disculpa, nunca se arrepiente y nunca da su brazo a torcer. Por lo tanto, es evidente que si alguien viene a reclamarles es que ese alguien ha sido engañado por el maligno.

Lo dicho, hay que conocer el mantra kikil que aplica en cada circunstancia. Lo importante es que la última palabra siempre corresponde al kikotista, para tapar y acallar cualquier otra.

Y otro detalle importante, que tiene que ver con la habilidad del CNC para sostener una cosa y su contraria. Afinan tan hábilmente con el uso de la palanca de la culpa y el miedo que no he visto a ningún kikotista mostrar ni culpa ni miedo por las consecuencias en los demás de la obediencia que ellos imponen. Todo lo contrario, cuando la obstinada realidad se empecina en demostrar que lo que ordenaron fue erróneo y las consecuencias nefastas, lo que siempre hacen es culpabilizar a la víctima por su falta de fe, por estar endemoniada, por haber dudado, por no haber sido fiel…

Pero no hay ninguna contradicción en ello. Porque una de las primeras cosas que tratan de inocularte en Kikónides es que el que obedece no se equivoca. Y por tanto el que obedece no puede ser culpable de nada. Así que los kikotistas, en cuanto que loros que solo repiten lo que el sumo líder dice, no pueden ser responsables ni culpables de todo el mal que provocan.

También es cierto que otra consecuencia es que no todos valen para kikotistas. Yo renuncié para seguir viviendo en paz con mi conciencia. Otros tomaron ese mismo camino antes que yo. Otros muchos lo habrán tomado después. En su libro, Steve Hassan comenta que cuando se adoctrina a alguien se le hace pensar «que las personas abandonaban el grupo SIEMPRE por razones equivocadas, porque eran débiles o indisciplinadas, o porque querían caer en el materialismo». Pero resulta que hay tantas o más razones «correctas» para abandonar algo malo.

Hay que tener un estómago especial para tragar tanta mierda y no vomitar.


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