jueves, 19 de febrero de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXVIII)

 


Prosigue el rollo con las mismas consignas. Si recordáis, se trataba de convencer a la audiencia, después de proclamar el Evangelio en el que Jesús expulsa a ganaderos y cambistas, de que el templo de piedra está obsoleto y es innecesario. Lo que es contradictorio con la Palabra de Dios proclamada.

En el cristianismo, el verdadero templo de Dios, el lugar en el que habita Dios plenamente, es Jesucristo y, por medio de Él, también los cristianos nos hemos convertido en templo de Dios, en templo del Espíritu Santo. Por eso podemos decir que en el cristianismo ya no hay esa separación entre sagrado y profano, ese divorcio entre religión y vida.

Y acto seguido otra disrupción propia de lector de revista pseudohistórica.

En el imperio romano la gente pagana era muy religiosa…

A ver si se aclara, porque “ser muy religioso” implica no hacer separación entre religión y vida.

…y había templos por todas partes dedicados a muchas divinidades: Júpiter, Venus, Marte, Minerva, Mitra, etc. Había templos para todos los dioses, hasta para el "dios desconocido"… Y cada templo tenía sus sacerdotes. Cuando parecía que algún dios hacía más milagros en su templo que los demás dioses, se corría la voz y la gente abarrotaba aquel templo llevando dones, ofrendas, dinero, etc.

No como los judíos, que no tenían que llevar nada de su casa, porque lo compraban en el mismo templo, hasta que un tal Jesús la lio.

Los cristianos primitivos, que no iban a los templos paganos, ni tenían sus templos como todos, eran para los paganos una novedad escandalosa: ¡un grupo de hombres que no adoran a los dioses, que no tienen templos! Los paganos les llamaban ateos, pensaban que había que matarlos porque suponían una amenaza terrible para la sociedad y para el Imperio, y gritaban: "¡Muerte a los ateos!".

Ojo. Los primeros cristianos venían del judaísmo. Había judíos por todo el imperio cristiano y… ¡NO TENÍAN TEMPLOS! Decían que la morada de Dios entre ellos estaba en Jerusalén y no podía estar en ningún otro sitio. Los primeros cristianos heredaron del judaísmo y del Antiguo Testamento esta postura sobre el templo. No era algo propio ni exclusivo de ellos.

Como sabéis, en el Cristianismo no hay templo, ni altar, ni sacerdotes en el sentido de la religiosidad natural. No hay templo en el sentido de un único lugar sacrosanto en el que se ejerce un culto sacro, la casa de Dios, donde Él habita con exclusividad, mientras que el resto son lugares profanos. El templo en el cristianismo es Jesucristo. ¿Y Cristo dónde está? En la Iglesia. Pero la Iglesia no es el templo de piedra. La Iglesia somos los cristianos. Nosotros somos el templo vivo del Espíritu Santo.

De nuevo, con la excusa de separarse de la religiosidad natural, Kiko trivializa algo muy complejo. Dios está en el Sagrario. En cada lugar donde hay una hostia consagrada está Jesucristo, con toda su divinidad y toda su humanidad, al completo, no un cachito. Por tanto,  puede decirse que cada uno de esos lugares es templo de Dios.

Del mismo modo en el Cristianismo no hay altar, en el sentido de la religiosidad natural de una piedra sacra a la que nadie puede acercarse, y menos tocar.

Esto es, sin paliativos, una mentira. En el paganismo como en el judaísmo y en el cristianismo el altar es el lugar donde se llevan a cabo sacrificios y holocaustos. No es una piedra mágica intocable, su importancia no viene de lo que es, sino de lo que se realiza en él.

Los cristianos no tenemos altar en ese sentido…

Otra mentira. Los cristianos tenemos altar precisamente en ese sentido sacrificial.

…porque la piedra santa es Cristo, única piedra angular. Por eso los cristianos podemos celebrar la Eucaristía en una mesa apropiada y la podemos celebrar en una plaza, en el campo, o donde sea conveniente. No tenemos un lugar en el que exclusivamente se debe celebrar el culto.

Esto viene de esos sacrificios al aire libre que hacían Abel, Caín, Abraham y demás patriarcas. No es esto lo que distingue al Cristianismo de las demás religiones.

Tampoco tenemos sacerdotes en el sentido de la religiosidad natural, o sea, de personas que separamos de todos los demás para que en nuestro nombre se pongan en contacto con la divinidad.

Aquí hay otra trampa falaz. El sacerdote cristiano no es, por sí mismo, mediador entre Dios y los hombres, porque uno solo es el mediador, pero el sacerdote cristiano comparte la mediación de Cristo, es decir, recibe de Cristo el ministerio de ser mediador entre Dios y los hombres. No es solo un dispensador de sacramentos, como Kiko parece pensar.

En el cristianismo, el único y eterno sacerdote, Aquel que intercede por nosotros, es Cristo. Y como somos su Cuerpo, todos somos sacerdotes; toda la Iglesia, por tanto, es sacerdotal e intercede por el mundo (sacerdocio común de los fieles). Es cierto que este sacerdocio se visibiliza en un ministerio y hay algunos hermanos que son ordenados como servidores de ese sacerdocio, ministros del sacerdocio de Cristo, que actúan "en la persona de Cristo Cabeza" (sacerdocio ministerial). En el Nuevo Testamento no se usa la palabra "sacerdote" más que referida a Cristo y a los cristianos; para los que nosotros llamamos sacerdotes, el Nuevo Testamento usa los términos "ministros, presbíteros, epíscopos", etc.

El problema es que mucha gente vive el Cristianismo a nivel de religiosidad natural. La religiosidad natural nace del miedo del hombre frente a las enfermedades, a las tormentas, etc. En contacto con la naturaleza, el hombre tiene miedo de las fuerzas naturales que no logra controlar; se ve pequeño y débil, y siente la necesidad de "religarse", de establecer una relación con la divinidad que controla esas fuerzas. Frente a una enfermedad incurable, por ejemplo, el hombre se siente impotente y trata de hacerse propicio a la divinidad ofreciéndole sacrificios. Entonces va al templo y paga al sacerdote para que ofrezca sacrificios con el fin de que la divinidad le conceda la curación.

O bien va a la comunidad y tripodea mucho no sea que diosito le tenga que mandar un cáncer o algo peor.

En el cristianismo ya no hay este esquema. El cristiano no vive en el miedo y no tiene que aplacar ni hacerse propicio a un dios lleno de cólera y de ira ofreciéndole víctimas.

Jesucristo ha inaugurado una nueva realidad. ¡Muriendo en el madero de la cruz, Jesucristo se ha entregado al Padre por nosotros, ha ofrecido a Dios su cuerpo una vez para siempre como víctima de expiación por todos nuestros pecados! ¡Y, resucitado de la muerte, se ha sentado a la derecha de Dios y desde allí ha enviado el Espíritu Santo a la Iglesia!

¡Éste es el nuevo templo de Dios: la Iglesia, el cuerpo de Cristo resucitado, templo del Espíritu Santo! Éstos son los signos del nuevo templo de Dios, los signos de la nueva presencia de Dios en la tierra, los signos que llaman a los hombres a la fe en Jesucristo: "Que, como yo os he amado, así os améis también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros" (Jn 13,34-35).

En “cuerpo de Cristo resucitado” hay una nota muy significativa porque denuncia al CNC. Dice «La comparación de la Iglesia con el cuerpo arroja un rayo de luz sobre la relación íntima entre la Iglesia y Cristo. No está solamente reunida en torno a Él: siempre está unificada en Él, en su Cuerpo. Tres aspectos de la Iglesia "Cuerpo de Cristo" se han de resaltar más específicamente: la unidad de todos los miembros entre sí por su unión con Cristo; Cristo Cabeza del cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo» (CCE 789).

¿Entenderá alguna vez Kiko que quien rechaza la unidad de todos los miembros -e incluso desea la muerte de quien reclama dicha unidad- no está unido a Cristo y, por tanto, no es cristiano? ¿Lo entenderán los obispos que lo consienten?


martes, 17 de febrero de 2026

¡Conviértete y cree en el Evangelio!

 


 

Mañana empieza la Cuaresma, como todos sabéis, por eso esta entrada es especial. La tenía reservada desde que me llegó este correo:

 

Acto de Reparación por los pecados y el abuso espiritual cometidos en el Camino Neocatecumenal

Una oración por la sanación de aquellos heridos por la rigidez espiritual y la violación de la conciencia.

 

Señor Jesucristo, reconocemos que a menudo hemos caminado con el corazón del fariseo en lugar del corazón del publicano. Confesamos que:

Creímos ser mejores que nuestros hermanos.

Cerramos las puertas del Reino creando una puerta tan estrecha y rígida que nosotros mismos no entramos, e impedimos el paso a quienes intentaban llegar a Ti.

Reconocemos que a menudo buscamos desenmascarar al pecador en lugar de consolar al afligido.

No Te vimos en aquellos que sufrían. En lugar de vendar sus heridas, interrogamos su dolor.

Añadimos pesadas cargas de culpa, miedo y vergüenza pública, olvidando que Tu yugo es llevadero y Tu carga es ligera.

Violamos el espacio sagrado de la conciencia, exigiendo conocer secretos que solo a Ti pertenecen, utilizando la "Cruz" como una herramienta de coerción en lugar de un símbolo de liberación.

A los que hemos lastimado, a los que se fueron en silencio y a aquellos cuya fe fue extinguida por nuestra rigidez:

Les pedimos perdón. Reconocemos que su partida no fue una rebelión, sino a menudo una huida de nuestra falta de caridad.

Nos comprometemos al silencio donde antes hablamos con juicio.

Nos comprometemos a escuchar donde antes exigíamos obediencia.

Buscamos restaurar y honrar la dignidad de cada alma como un santuario en el que ningún catequista tiene derecho a entrar sin temblar.

Señor, no permitas que sigamos siendo piedra de tropiezo para los más pequeños. Restaura lo que hemos roto y enséñanos que el único escrutinio verdadero es el Escrutinio del Amor.

Amén.

 

domingo, 15 de febrero de 2026

Si hoy escuchárais su voz...

 


 Tan próximos a la Cuaresma, cuando los neocatecúmenos se juntan en una reunión publicitaria en la que dirán que las correcciones del Papa por supuestísimo que no eran para ellos, sino para a saber qué otros que no estaban allí presentes, es interesante constatar que las lecturas del domingo 15 de febrero parecían especialmente destinadas a darles a ellos -a ellos, a los neocaminantes- en la línea de flotación, para destruir con la Palabra de Dios las falacias que una y otra vez Kiko y los loros les repiten.

Porque si hoy algún kiko escuchara la voz de Dios, descubriría que dice:

«Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamiento; permanecer fiel a ellos es cosa tuya» (de la primera lectura del domingo 15 de febrero de 2026, Eclo 15,15).

¿No dice Kiko que es imposible que tú hagas el bien? ¿No dice que es imposible que no te busques a ti mismo en todo? ¿No repite que no puedes amar al otro ni cumplir los mandamientos y que además pretenderlo es un moralismo clericalista y anticristiano?

Dios afirma justo lo contrario que dice Kiko. Va a ser que Kiko, por su ignorancia, no está capacitado para impartir doctrina cristiana, lo suyo solo es kikianismo, por más que muchos prelados miren para otro lado.

Y la primera lectura de hoy concluye como sigue:

«El Señor conoce todas las obras del hombre. A nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar».

El Señor conoce todas las obras de todo hombre, las obras de los que confunden y engañan a los pequeños, y también las obras de los que les dejan hacer sin mover un dedo. Y el que obra el mal no lo hace porque no puede evitarlo ni porque a diosito así le place, cada uno es responsable ante Dios de lo que ha hecho.

Más de uno debería tomar nota.

El salmo de respuesta insiste en lo mismo: los preceptos de la ley de Dios no son para pisotearlos, sino para seguirlos por amor a Él. Porque para quien no ama son imposibles de cumplir.

La segunda lectura da una pista más:

«A los adultos en la fe les predicamos la sabiduría, pero no la sabiduría de este mundo ni la de aquellos que dominan al mundo, los cuales van a quedar aniquilados» (1 Cor 2,6).

Los adultos en la fe advertirían la falsedad en las palabras de Kiko, advertirían que su verborrea no viene de Dios. Por desgracia se diría que todos los neocatecumenales son pequeñines en la fe, o bien son tan retorcidos como Kiko y prefieren la presunta sabiduría de unos mamotretos adulterados.

El Evangelio remata la faena.

A lo largo del trozo de mamotreto del paso del Padrenuestro que se ha ido publicando, Kiko ha machacado muchas veces a quienes han sufrido en sus carnes la injusticia. Muchas veces pretende que el error, el fallo y el pecado está en la víctima por quejarse de la injusticia sufrida, por no callar, por pretender que la obra mala del agresor no quede impune.

La especialidad de Kiko es oprimir más a los oprimidos en favor de los opresores. Pero Dios no es así y el Evangelio de hoy lo pone en negro sobre blanco:

«Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo os digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo» (Mt 5, 17-37).

Ojalá hoy algún kiko escuche la voz de Dios, que sostiene todo lo contrario a lo que pretende vender Kiko. Es el opresor, el que desprecia, el que injuria, el que ofende, el que tiene que enmendarse y buscar al hermano dañado para congraciarse con él. Es el que ha provocado el mal el que tiene que buscar a su víctima y pedir perdón. La malvada hija de Satanás no es la víctima, sino quien obra el mal que ha aprendido en la casa de su padre.

¿Tal difícil es que algún kiko entienda esto? ¿O lo entienden pero ninguno se atreve a corregir a Kiko?

Sea como sea, lo que se proclama en el CNC, amparados en el secretismo que impera tras las puertas cerradas, no es doctrina cristiana. A los hechos me remito una vez más para demostrarlo.