jueves, 19 de septiembre de 2019

Traditio symboli (XXI)


Fíjate que esta es una Palabra que se ha cumplido por completo: vino el Mesías, Jesús de Nazaret, Hijo de Dios, Dios mismo, y se rieron en su cara cuando le escucharon. ¡Y era Él! Y no lo reconocieron, porque ya estaba profetizado. Y esta Palabra que ya fue profetizada también se cumple en cada cristiano. Y cuando Dios dice: "Conviértete hoy, si es que hoy escuchas mi voz", ¡Conviértete hoy! No puedes decir: "¡No, mañana!". Tú no eres Dios.
Y Kiko no es Dios para disponer quien ha escuchado y quien, no.
Por eso, decían los Padres del desierto, del siglo IV, discípulos del abad Antonio, que en el corazón del cristiano late, susurra una voz que dice "¡Conviértete hoy, conviértete hoy!". Todos los días murmura esto, como un agua que sale de una fuente, así del corazón del cristiano sale una voz que dice: "¡Hoy, conviértete hoy!" Hoy, ¿sabes? Hoy que estás aquí, en este lugar. El Señor te ha traído aquí porque quiere que hoy te conviertas.
¡Qué pena que “el Señor, no disponga que ya toca que se convierta Kiko! Le haría un gran favor a mucha gente.
Es fácil convertirse hoy, convertirse con la voz del amado, con la voz de la predicación, es muy fácil. Es más difícil convertirse cuando no hay ninguna Palabra y solo hay un hecho, un hecho concreto en el trabajo, con tus hijos, con tu esposa, un hecho desagradable que te hace querer irritarte, pecar, escapar. ¿Y emana ese día una voz del corazón? "Hoy conviértete. ¡No! No recurras a la violencia, no te enojes porque hoy has de convertirte. ¡Hoy!". Siempre serás libre para enojarte, para hacerte el loco o para decir: "¡Señor, ayúdame, ayúdame!" Y el Señor te dice: "Sí. Acepta ser humillado. Pero ¿cómo? ¿Qué a ti no te puede gritar nadie? Si a ti nadie te puede gritar: ¿quién eres? ¡El rey! ¿A ti no te puede pasar nada malo? ¿Tú quién eres? ¿Quién eres en el mundo? ¿Qué monstruo de orgullo eres? ¡Mira cuánto sufre la gente! Pero a ti no te puede pasar nada, ¿verdad? ¡Hoy conviértete!".
Evidentemente las comillas del original deben ser porque Kiko le escribe los discursos a Dios, nadie vaya a pensar que es que se inventa un diosito a su medida al que maneja como una marioneta para que diga lo que él quiere.
Es un poco más difícil, ¿no? Ese día esta Palabra te debe resonar desde adentro, pero hoy es más fácil convertirse, ante el kerygma. Por eso mucha gente, hermanos, se escandaliza de que vayáis por las casas para anunciar la conversión, porque no entienden nada de la conversión; ellos creen que vais a hacer un juicio moral. Hay personas que solo entienden las cosas moralmente, que van y dicen: "¡Eres malo, eres malo!" ¡Pero no, no se trata de hacer ningún juicio moral! Es una gracia que Dios te envíe un hermano o dos hermanos o tres, y te digan: "Hermano, buenas noticias para ti, un feliz anuncio, un feliz anuncio para ti: Dios te ama. Dios nos envía a ti hoy para decirte que es posible abandonar la esclavitud, el pecado que no puedes dejar porque eres un esclavo. Venimos a decirte: aquí llega el día de la liberación para ti, las cadenas caerán solas, las cadenas que tú tienes caen. Ahora te es posible venir con nosotros a una caravana y partir hacia una tierra nueva de libertad. Yo era como tú".
Está claro, ¿no? No se trata de invitar a nadie a participar en pastoral alguna de la parroquia, sino a sumarse a una caravana que, casualmente, no llega a ninguna parte.
Pero, ¿qué es esto: un moralismo? ¿Es esto un juicio? ¿Qué es esto? ¿Insultar a la gente? O es un anuncio, un feliz anuncio, ¡algo nuevo y grandioso! Todos los que estáis sentados, los itinerantes, los que están atrás, los sacerdotes, todos vosotros sois convocados hoy por el Señor para una conversión, para una transformación.
¡Conviértete, dice el Señor, y cree en la Buena Noticia! ¿Qué significa convertirse? Creer en el anuncio. Esta mañana. Dios ha realizado para vosotros una serie de gracias, no sé qué cantidad, no sé cuántas gracias, dones gratuitos, dones gratuitos que el Señor quiere daros para vuestra salvación, para construir en vosotros el hombre nuevo; esto es una gracia: ¡No podemos dejarlo pasar! Una gracia extra, un don gratuito que necesitas, necesitas de este don. No puedes decir: "No, no me gusta esto, es para esos otros, yo no necesito esta gracia". ¿Tú qué sabes? Es como un hombre enfermo que dice que no necesita la medicina que quiere darle el médico: "¿Pero cómo? ¡Si no lo toma, fíjate cuánto puede arriesgar!".
No os dejéis liar con tanta palabrería vana. Hay medios y hay fines, hay instrumentos y hay medicinas. Y un instrumento inútil que pretende ser en sí mismo la medicina, es una gran mentira. La medicina solo la tiene la Iglesia.
Hermanos, todos necesitamos de esta gracia, yo doy gracias al Señor por lo que me está dando para mí, para vosotros, para Carmen, para mí, para todos, para estos sacerdotes que están aquí, para los itinerantes, para los párrocos que han venido aquí, para todos hoy es una gracia. ¿Por qué? Porque es la Palabra de Dios la que nos convoca; nos une a todos nuestra debilidad, el pecado es común a todos nosotros, nuestros problemas, nuestros problemas son comunes a todos nosotros, y por esto el Señor hace brillar su luz en medio de todos nosotros.
Pues bien, como dice la renovación que el Concilio Vaticano II ha hecho sobre la penitencia, la conversión, lo primero que dice es que se hace presente la Palabra que convoca y que llama a conversión; ¡y que el pueblo responda a esta conversión dejándose convertirse, dejándose convertir! Haciendo alianza, dejando el pecado: porque esta Palabra te anuncia, te dice que es posible dejar el pecado. Entonces, para poder convertirnos a la luz de esta Palabra, escucharemos el kerygma que San Pedro nos predica hoy a nosotros. En este kerygma hay una palabra muy importante para nosotros, dice la razón por la cual Dios ha querido salvar al mundo a través de la predicación, Dios ha querido salvar a los hombres a través de la predicación. Por esto debes, debemos ir a predicar, ¡todos! Esto es lo que dijo Carmen, maravilloso, que ahora Dios está convocando a un pueblo, ¡un pueblo!
En España, estamos impresionados de ver que han pasado del franquismo -del fascismo, si lo prefieres- a un cierto tipo de socialismo mitificado, el pueblo, por el bien del pueblo, el pueblo. Y con el pueblo, el pueblo, el pueblo, te arruinan la casa, los campos y todo, te quitan todo. ¡El bien del pueblo! Y con eso te machacan: "¡El bien del pueblo! ¿La Iglesia? ¡Para nada!".
No sé de qué va la película del socialismo que arruina y se lleva todo. Será que su familia perdió posición y que, tan burgués como ha sido siempre, el chico se frustró y no lo aceptó.
¿El pueblo es el mito? es curioso. Pero es curioso también esto porque es cierto que Dios hoy está convocando a un pueblo con vosotros. ¿Un pueblo? Un pueblo salvado, no más gente excepcional, personas excepcionales, el pueblo, como dijo Carmen.
 

martes, 17 de septiembre de 2019

Neocatecumenales y cananeos




Hoy voy a tocar el tema de las parejas en las que hay un caminante y un “religioso natural” o bien un “rebotado” como tan, tan kikirativamente –que no caritativamente- dicen en el CNC.
Es decir, son parejas en las que una de las partes nunca ha caminado o bien, tras caminar un tiempo –o incluso tras acabar ese camino que nunca acaba-, lo ha dejado, mientras que la otra parte sigue en la comunidad.
Por mi experiencia, para tales parejas el tema de la comunidad es un asunto molesto, desagradable, que provoca tensiones y es fuente de incomodidad, reclamaciones y discusiones.
El que tengo más fresco es el caso de un matrimonio con el interminable camino acabado hace años. Una de las partes lo dejó al poco de volver del “Viaje de bodas” a Israel, hastiada de la hipocresía y la palpable falta de amor entre los hermanos. La otra parte es un pedazo de pan y, a pesar de que en la comunidad no cuentan con él para nada, se lo toma como una más de las actividades que se ha buscado tras jubilarse.
En una conversación con ambos, salió el tema y pregunté si recibían presiones para que ella regresase al redil. Ella dijo que la habían dejado de lado por completo, que no se daba el “kikireado” amor fraternal. Y él dijo que en muchos casos se sentía incómodo en la comunidad porque, al no estar ella, había muchos temas que no podía sacar.
Obviamente mi respuesta fue que dieran gracias a Dios que les cuidaba para que no sacasen fuera del matrimonio lo que solo pertenecía a este.
Pero ese es uno de los motivos por los que se ejerce presión sobre el cónyuge no caminante. Muchas veces no se trata de que el que sí camina haya sido tan deformado que crea que la salvación solo la pueden alcanzar los neocatecumenales practicantes asiduos del trípode y de las muchas bolsas, no. Si presionan e incordian y se ponen de morros y amenazan con la destrucción del matrimonio es, lamentablemente, porque quienes más pintan en el CNC son los matrimonios que lavan en público, en cada reunión de garantes y en cada convivencia de domingo, sus trapos sucios. Y si falta una de las partes para dar estopa, el lavado no luce igual y, a la larga, no tiene ninguna gracia. Y estas personas suelen quedar relegadas dentro de su propia comunidad.
En el caso de este matrimonio, como en tantos otros, la comunidad cierra los ojos para no ver su responsabilidad, prefieren sacudirse las manos y aplicar el manido mantra de que ella es una “rebotada”. A esta persona, mientras caminó, se le hicieron feos a mansalva, desde dedicarse a contar a todos lo que ella había confiado en secreto a quien tenía por amiga, hasta despreciar a sus hijos delante de ella. Y lo saben. Pero es más cómodo fingir que el problema es de ella, que está “rebotada” y no perdona, en lugar de reconocer que la comunidad se ha portado mal con ella y que jamás ha enmendado el mal practicado.
Esta actitud se conoce como “demonizar a la víctima” o “culpabilizar a la víctima” y no es cristiana. Porque zaherir y burlarse y humillar y ridiculizar, que tanto practican algunos neocatecumenales expertos en decretar rebotes, no es cristiano.
En otros casos uno de los miembros de la pareja nunca ha estado en el CNC, por lo que no hay rebote que valga.
Entonces, evidentemente, lo que hay que hacer es atraerlo para que entre en una comunidad. Y a quien corresponde la labor de captación es a la pareja a quien, para motivar y convencer de que la captación es imprescindible, los kikotistas dan argumentos manidos y falsos.
El primero suele ser que la no captación es incompatible con la vida. Es decir, profetizan que la pareja en inviable a menos que los dos caminen. Da igual que el que sí camina los mire con los ojos como platos y diga: «Permitidme que os aclare que llevamos dieciocho años juntos y que estamos bien». Les trae sin cuidado que la realidad los contradiga, ellos se ponen en plan agorero y disponen que lo que sucede es que Dios ha sido paciente y misericordioso hasta entonces, pero que su paciencia se ha acabado en el mismo instante en que uno de los dos ha entrado en el Camino.
Otro argumento es el de la infelicidad, que consiste en asegurar que toooodos los que están fuera del Camino sufren un disparate y además sufren sin esperanza. Y no quieras negárselo alegando que tú conoces personas felices, porque entonces esgrimirán el mantra de que esos que parecen felices están alienados y por eso no se dan cuenta de que son muy infelices. Así que la misión –la voluntad de diosito- de todo caminante es rescatar a su pareja de la alienación y del suicidio reincidente por causa de su profunda infelicidad sin esperanza.
El peor escenario posible se produce cuando quien sí camina se traga los vaticinios tenebrosos de los kikotistas y, en consecuencia, para remediar un mal que no existe, provoca otro, éste muy real, que causa mucho sufrimiento: le hace la vida imposible a la pareja no caminante, se vuelve intransigente y exigente y reclama que la otra parte camine como si fuese algo que se le debe y no se le paga.
Muchos ceden con la esperanza de lograr así la paz conyugal, pero esa paz suele ser un espejismo por el simple hecho de que el Camino siempre exige ser lo primero de todo, y quien ha entrado por el compromiso con otra persona, puede poner a esa otra persona por delante de sí mismo, pero al Camino, nunca.
Otros, pese a las presiones, no ceden. De estos casos, solo conozco a la parte que camina. Y lo que puedo decir es que son personas tristes, como si supieran que pierden el tiempo cada vez que dejan atrás a su pareja para ir a cualquier reunión-rollo de la comunidad.


domingo, 15 de septiembre de 2019

Abiertos a la vida



Una de las preguntas capciosas que los kikotistas hacen a los matrimonios neocatecumenales es: «¿Estáis abiertos a la vida?»
Es una pregunta que se repite a lo largo de todo el camino que no lleva a ninguna parte, desde el primer paso hasta después del último, cuando uno ya tiene claro que no ha llegado a ningún sitio y que todo va a seguir igual o peor. Esto es así en el CNC y quien diga otra cosa es que no conoce el CNC.
También hay quien dice que la pregunta es necesaria porque no se puede ser cristiano sin estar abierto a la vida. Y se quedan tan panchos porque de verdad deben creerse que su argumento es irrefutable. ¡Por favor! Incluso yo sé tirarlo por tierra.
Punto 1. Para ser cristiano hay que estar abierto a la voluntad de Dios. Ni más ni menos.
Punto 2. Discernir la voluntad de Dios es un asunto personal e intransferible. La voluntad de Dios en un matrimonio es asunto de dos y de absolutamente nadie más.
De modo que nadie, por más kikotista pata negra que se crea, tiene derecho a invadir la intimidad de un matrimonio. Si fuese de otro modo, no podría explicarme por qué jamás me han hecho esa pregunta en el confesionario, ni me la ha hecho mi párroco, ni el obispo auxiliar de Madrid Juan Antonio Martínez Camino cuando me he visto con él.
Porque otra cosa que saben aquellos que conocen de verdad el CNC es que cuando el kikotista de turno, en su pretensión de estar revestido de una autoridad que no tiene, hace esa pregunta de la apertura a la vida, ni le importa ni busca saber si el matrimonio está abierto a la voluntad de Dios, sino algo mucho más prosaico, que no tiene por qué ser la voluntad de Dios, pero que, ciertamente, es la voluntad de un tipo apodado Kiko.
Para ilustrar lo que cuento, vienen al pelo un par de ejemplos extraídos de mi comunidad.
Hace años había un matrimonio que no podía tener más hijos. Tras varias cesáreas seguidas, el médico que la asistía a ella en los partos, amigo de la familia, ante el riesgo que se había producido en la última intervención, practicó una ligadura de trompas sin el permiso de los interesados –el de ella hubiese sido imposible, pues estaba sedada-. El médico pensó que era lo más sensato y como eran amigos sabía que no se arriesgaba a una denuncia.
Pues bien, en los “eskruticidios” también se preguntaba a este matrimonio sobre su apertura a la vida.
Podría pensar alguno que eso prueba que lo que de verdad quieren saber los kikotistas es el compromiso de cada cual para buscar y seguir la voluntad de Dios. Pero no es así.
Y sé que no es así porque se les veía el plumero a los kikotistas. Porque resulta que con este matrimonio concreto, desde que contaron ante todos que no podrían tener más hijos, la pregunta solo se la hacían a ella.
Es decir, bajo ese eufemismo de la apertura a la vida, lo que se le preguntaba a ella era si estaba sumisa y eficazmente a disposición de su marido, para no ponerle a él en riesgo, como suele advertir el padrecito Pezzi.
Recuerdo bien las respuestas de esta mujer. Primero dirigía una mirada tensa, abochornada, pues entendía perfectamente que era preguntada sobre su relación sexual con su marido. Luego dejaba escapar un monosílabo en voz baja y no añadía nada más. Él no era interrogado, de forma que a todos nos quedaba claro que el marido tenía derecho sin obligación y la esposa obligación sin derecho.
No consiguieron destruirlos, se fueron de la comunidad hace mucho.
El segundo ejemplo es más triste, pero es adecuado para apoyar mi tesis del reparto de derechos y obligaciones en el matrimonio según la kikolatría.
Los protagonistas son un matrimonio de hijos del camino. Entre los neocatecumenales se estila casarse cuanto antes porque la castidad no es para ellos, así que estos hijos del camino se casaron muy jóvenes y él, en concreto, muy inmaduro. Y ante las fricciones inevitables de la convivencia y las responsabilidades que conlleva, la válvula de escape de este joven era el sexo, con su esposa y también con quien pillara por el camino. Se iba de juega con amigotes y no volvía por su casa en días.
Pues sí. En el caso de este matrimonio a quien los kikotistas decían que tenía que -imperativo- estar abierta a la vida era a ella. Abierta en todo momento y agradecida de que de vez en cuando el marido parase por el tálamo conyugal, y dispuesta a aceptar los hijos que Dios proveyese como consecuencia de tanta apertura. O de lo contrario, ella sería la que destruiría su matrimonio.
Ya digo, los derechos para uno y las obligaciones para otra.
Lo que demuestra que algunos no tienen ni idea de lo que es el matrimonio cristiano. Y esos tales, tan ignorantes, pretenden tener la receta mágica para reconstruir  matrimonios. Se engañan, la alienación no reconstruye, es otra forma de destrucción.

viernes, 13 de septiembre de 2019

Traditio symboli (XX)



Kiko:

Antes de escuchar esta Palabra, hermanos, algunos de vosotros podríais decir: "¿Pero cómo, qué voy a anunciar por las casas? ¿Qué estoy llamado a escuchar yo?" ¡Iréis a todos los sectores de la parroquia para anunciar la conversión, la conversión! Lo mismo que tendrás que decir, exactamente lo mismo que hoy haré con vosotros. Esta mañana os llamaré a la conversión, y esta Palabra que os proclamo es la traditio; es la Palabra que se os da, es la tradición que la Iglesia ha resumido en una forma que se llama el Credo y tiene un "florecimiento": no se puede decir una formulita. También se llama kerygma. Kerigma, que puede hacerse más largo o más corto. El Kerygma es una palabra griega, que significa "proclamación de salvación", que es lo que dice la catequesis Tradendae (el documento del Papa sobre el sínodo) que dice que la fe nace de la proclamación. ¡La predicación, el anuncio del kerygma!
Para quien quiera conocer la verdad y ser libre, lo que dice la catequesis tradendae, entre otras cuestiones, es que la palabra no sirve de nada si no es ratificada con las obras, es decir, de poco vale predicar el desprendimiento y luego zamparse una mariscada en un hotel de muchas estrellas al que se ha llegado tras un vuelecito en jet privado. También dice que la catequesis no puede ser improvisada y que el solo anuncio kerigmático no es suficiente, porque no es completo.
Esta mañana haré este kerygma por vosotros, brevemente, para llamaros a conversión; y después, como estáis haciendo un camino de conversión, después iremos a orar, 20 minutos, y al regresar aquí celebraremos esta conversión.
Quien percibió esta tromba, quien percibió esta palabra, quien escuchó esta palabra, esta palabra que viene de Dios para vosotros, la recibió, vino a él y la escuchó y obedeció lo que esta palabra dice, entonces recibirá lo que esta palabra promete, lo que esta palabra proclama en sí misma: la Vida. Y esta mañana tendrá lugar aquí un juicio: quien acoja esta palabra recibirá la Vida; quien la deje pasar, pasa por encima de su cabeza y toca al vecino. La palabra planea sobre nosotros, buscando en quien hacerse carne, dónde arraigar, dónde posarse, dónde hacerse carne. Hay personas que la dejan pasar y se posa sobre el de su derecha, pero sobre él, no. Porque para posarse sobre ti esta palabra, para tomarte, para llevarte, necesita encontrar en ti quien la quiera escuchar. Por eso hemos cantado esta mañana: "Si hoy escuchas su voz, no endurezcas el corazón". Como dice san Agustín, nadie puede decir "Cristo, es verdad, Él es el Señor; esta palabra es maravillosa", sin el Espíritu Santo. Por eso el Espíritu Santo ya está aquí, preparándoos. Por eso invocamos al Espíritu Santo para que nos prepare para bendecir al Señor y acoger su Palabra.
Es el rollo de siempre: quien hace la voluntad de Kiko tiene premio y quien no la hace, no se convierte y se queda sin vida. Lo interesante es que se lo dice a quienes van a ser enviados por las casa a dar la lata, porque enviar a quienes el mismo que los envía asegura que no están convertidos ni tienen vida ni les ha servido de nada calentar metacrilato durante años, solo puede conducir al desastre.
Pero nos podemos resistir, porque nada se hace sin nosotros, sin nuestra libertad; también podemos resistir, podemos estar aquí sentados diciendo: "Bah, en este momento no tengo ganas de convertirme". También porque no sabemos, porque tal vez tengas que dejar un cierto pecado y no quieres dejarlo. "Mañana, más tarde...". 
Otras veces el discurso es que por más que quieres no pecar, no haces lo que quieres, sino lo que no quieres. La incoherencia es marca de casa-k.
Atención en este sentido, porque no te conviertes cuando tú quieras sino cuando Dios quiere. A los que dicen: "Mañana me convertiré, cuando sea viejo, antes de morir me confesaré", a esos el Señor dijo: "Bueno, ve y dile a ese hombre: Mira, cuando estés en la cama para morir y quieras confesar, mira que ese día mirarás y no verás nada, oirás y no escucharás nada; tu corazón estará endurecido y no podrás convertirte".
Es una falsedad que lo entrecomillado proceda de Dios, es tan solo el discurso de Kiko en pleno proceso de darle la vuelta al calcetín: ¿Te pensaste que esto era “en tu libertad”? ¿Te lo creíste? Ahora ya lo sabes, o hace lo que Kiko quiere o te amenazará con la condenación. Típico del pensamiento sectario.
Esta es una palabra muy importante que Dios dirá al profeta Isaías cuando el pueblo de Israel, en un momento determinado, no quiere convertirse. Están un poco pervertidos, se han convertido en idólatras, amantes del dinero. Y cuándo Dios les envía a los profetas, ¿qué decían? "¿Pero cómo? ¿Por qué hacer eso? Pero ¿por qué andar?... No ves que uno quiere la esposa de otro, cada uno tiene su propio negocio, cada uno piensa en su dinero, e incluso después de venir a la Iglesia, es decir, venir al templo, venir aquí”. Bien, os digo de parte del Señor: Estoy asqueado de vuestras oraciones.
¡Faltaría más que Kiko no conozca no solo los pecados de todos, sino también los pensamientos de Dios! Los debió de ver en el humo, mientras se fumaba un puro.
Dios dice: Vuestros cantos me dan náuseas, vuestras situaciones, vuestras liturgias me disgustan; porque eso no es lo que quiero. Porque levantáis las manos a Dios para orar, si están llenas de sangre, si no hablas con tu primo porque no sé qué te hizo con aquel negocio; no soportas al otro por no sé qué. ¿Crees que puedo escucharte? Dios habla así y ¿sabes qué dijeron a estos profetas?: "¡Está bien! Te escucharemos mañana. Sí, sí, tienes razón, pero... Ahora estoy ocupado, ¿sabes? ¡Tengo un asunto! Sí, sí, mañana, cuando venga el Mesías, ¡Él nos lo explicará todo! Nosotros esperamos a que llegue el Mesías: ese día nos aclarará todo”.
Entonces, Dios, que es muy paciente, espera un día, dos días, pero en un cierto punto le dice a Isaías: "¡Ya vale! Ve y dile a este pueblo: ¿No quieres escucharme? Decís '¡El Día de Yahvé! ¡Cuando venga el Mesías, me convertiré!’ Diles: El Mesías vendrá y pasará junto a ti y no verás nada. Mirarás y no verás nada: verás a un loco. Oirás hablar del Mesías y tus ojos no escucharán nada. Ese día tu corazón será tan duro como una piedra.
En suma, en el kikismo la historia es que cuando diosito no se sale con la suya, pilla una rabieta y para nada se trata de que en el plan de Dios estuviese que la salvación alcanzase a los gentiles.
¿Qué quiero decir con esto? ¡CONVERTIOS HOY! HOY, ¡CONVERTIOS!
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