martes, 14 de abril de 2026

Tomás, uno de los Doce

 


Como es lógico, el domingo pasado, segundo domingo de Pascua, se proclamó el Evangelio de una de las apariciones de Jesús resucitado a sus amigos. En concreto, se mencionó que era el anochecer del primer día de la semana y que “los discípulos” estaban en una casa “con las puertas cerradas por miedo a los judíos”, pero Tomás, “uno de los Doce”, no estaba con ellos.

La actitud de Tomás es desgarradoramente coherente.

En las comunidades, incluso entre los bebedores de chupitos, se hace hincapié únicamente en “la falta de fe” de Tomás, sin plantearse nunca las poderosas razones que hay tras las condiciones que Tomás pone para creer.

Tomás había encontrado el sentido de su vida en Jesús, en el Jesús que le llamó personalmente y le invitó a unirse a sus discípulos. Tomás era leal a Jesús y a nadie más, los demás discípulos podían caerle fenomenal, podía pensar de ellos que eran unos tipos estupendos, pero él no estaba allí por ellos, no había sido seducido por el grupo de amigos, su ancla, su objetivo y su meta era Jesús, su amor y su entrega personal eran para Jesús.

Tomás es quien, cuando Jesús decide ir a Betania “a despertar a Lázaro”, zanja las reticencias de los demás apóstoles, que ven que el destino es arriesgado debido a su proximidad a Jerusalén y, por tanto, a los jefes de los sacerdotes y los fariseos que quieren matar a Jesús. Los demás discípulos intentan convencer a maestro de que se olvide del tema, por su seguridad, por supuesto, pero como Jesús insiste en ir a Betania, Tomás es el primero que prefiere correr el riesgo de caer en manos de los judíos antes que separarse de él. Su vida está en Jesús, y se pone malo ante la idea de dejarle ir y quedarse él atrás.

Esta ansia de Tomás por no separarse de Jesús vuelve a evidenciarse en la última cena, cuando Jesús dice a sus amigos que va a irse Él solo, por delante, para prepararles una estancia en la casa de Su Padre y que después, cuando todo esté dispuesto, volverá a por ellos, pero que de todos modos ellos ya saben el camino para llegar.

Y Tomás, coherente y sincero, no puede contenerse: “Señor, no sabemos a dónde vas, ¿cómo podemos saber el camino?”. Porque lo que desgarra a Tomás es que Jesús se despide, les dice a las claras que se va sin ellos, y él no quiere perderlo, no quiere permitir que se escape sin saber dónde encontrarlo de nuevo.

Este es Tomás, no es un incrédulo, es un hombre sensato que ha puesto su confianza en el Señor y en nadie más.

Por eso, cuando Jesús muere (y muerte de cruz), Tomás se va. Deja a los discípulos y se va. Lo que le unía a ellos no era el aprecio humano ni negociete alguno, era Jesús.

Pero sucede que tras la resurrección los discípulos corren a llevarle la noticia, y se encuentran con el muro de su rechazo, un rechazo que no es contra los mensajeros, sino la negativa a dejarse engañar. Tomás sabe que nunca nadie ha vuelto de la tumba, por tanto, todo apunta a que algún gracioso sin gracia, aprovechándose de tener una fisonomía parecida, ha decidido hacerse pasar por Jesús para engañar, a saber con qué propósito, a los más ingenuos.

Pues va listo.

Por eso Tomás reclama meter el dedo en el agujero de los clavos y la mano en el costado, por que a ver como se las apaña el suplantador para simular las heridas de la crucifixión y de la lanzada. Le va a desenmascarar en cuanto le vea, porque por supuesto que piensa estar presente la próxima vez, va a estar allí porque Tomás no puede permitir que ningún farsante se haga pasar por Jesús, no mientras él esté vivo para defender el nombre de Jesús.

Tomás no fue “el discípulo incrédulo”, sino un enamorado de Jesucristo.

 

Y esto, que nunca escuché en el Camino, es lo que contó el cura en la homilía del segundo domingo de Pascua.

 

domingo, 12 de abril de 2026

La "misión" neocatecumenal

 

"Esposos espirituales" de turismo por Venecia

Sabido es que Kiko no duda en sostener una cosa y su contraria en función de sus intereses. Y que la falta de coherencia se transmite a sus loros amaestrados.

Algunas veces la falta de racionalidad es sangrante.

Por ejemplo, en su esfuerzo por idear supuestas “virtudes heroicas” en la vida de categoría superior de la usualmente depresiva Carmen, no han dudado en presentarla como virgen consagrada, casada espiritualmente con “la misión”.

¿Qué misión?

La misión de kikotizar al mundo junto con Kiko.

Los cristianos de verdad no alardean de haber presuntamente recibido una misión divina a menos que la Iglesia lo refrende. Pero el kikismo es otra cosa y no consiente otro "refrendador" que no sea la caprichosa voluntad de uno muy sensible.

Así que, por las bravas y en plan autorreferencial, como siempre, los siervos neocatecumenales se dedican a declarar a Carmen virgen consagrada a la kikotización, a despecho de que ellos saben que Carmen jamás recibió tal consagración de parte de nadie. Al revés, el instituto misionero Misioneras de Cristo Jesús no la admitió a los votos perpetuos, quizá porque no le vieron intención de respetar un voto de obediencia, y ella se pilló un rebote y decidió reunir un grupo de amigas que la siguiesen a Bolivia o algún sitio parecido del otro lado del charco, pero sin votos ni envío de la Iglesia ni nada de nada, solo su proyecto personal ("No te proyectes, hemana").

Lo de las amigas tampoco funcionó y entonces se juntó con Kiko, otro que no tiene ninguna consagración encima. Total, que Carmen fue una seglar, sin más, igual que Kiko. Y además, dado que no tenía voto de pobreza, una seglar bien situada en el plano económico gracias a la herencia de su padre.

Pero, y aquí viene la gran incongruencia neocatecumenal, eso de ir por libre sin ningún compromiso formal, sin votos, sin consagración, sin renuncia a los bienes, a la familia y a los caprichos es algo que no se le permite a las jóvenes o no tan jóvenes neocatecumenales a las que seducen con la monserga de la orden de vírgenes consagradas… al kikismo.

Intentan vender que son mujeres que han discernido que su vocación es servir a la Iglesia por amor a Cristo, pero la verdad es que solo las quieren para chachear en semivacíos y atender a equipos kikinerantes. Son usadas por unos muy kikos como cocineras, limpiadoras, lavanderas, cuidadoras de niños y mayores… Su señor es el kikismo, viven sometidas a ello y solo a ello.

Y además a los más sensibles entre los kikistas les ha gustado tanto la idea del sometimiento vitalicio al kikismo que lo han extendido a las comunidades tunicadas, pues ese y no otro es el objetivo del matrikikonio espiritual, alias ketubá, término que es una apropiación ilícita de un rito judío.

Otra de las incoherencias más demoledoras es precisamente la rabiosa oposición a dejar el gueto para diluirse en la vida parroquial, tan rabiosa como para desear la muerte de un Papa antes que obedecer. ¿No dice Kiko que es perentorio convertir a la sociedad? ¿No sostiene que ya no quedan cristianos, que todos necesitan redescubrir su Bautismo? ¿No insiste en que a las parroquias solo van religiosos naturales que nada saben de Dios, que hay que evangelizarlos? Y sin embargo, incoherentemente, el mismo que parece estar tan preocupado por la, juzga él, raquítica fe de esta generación dispone, por encima de las órdenes del Papa, que los neocatecúmenos no están para hacer algo por sus conciudadanos ni ahora ni nunca, sino que por siempre han de mantenerse apartados de ellos, en salas privadas y con las puertas cerradas.

Pero, y ahora se retuerce todavía más la lógica racional, si una familia decide que se siente llamada a evangelizar, entonces Kiko decreta que eso es maravilloso, estupendo y que, por supuesto, no pueden evangelizar a sus conciudadanos ni juntarse con los parroquianos a secas, sino que lo que hay que hacer es enviarlos a algún país muy muy lejano, donde no conozcan el idioma, ni el alfabeto, ni las costumbres, ni las normas de conducta, porque será a los habitantes de ese país muy muy lejano a los que hay que convencer para que dejen de pisar su parroquia de siempre, si es que la pisaban, y en cambio se sumen al club de los que se juntan en salas privadas y tras puertas cerradas.

¿Tiene sentido algo de todo esto?

¿Por qué lo permiten los obispos?

 

viernes, 10 de abril de 2026

Fieles al kikismo

 

Engaño que es parte de la praxis del CNC

A veces conviene expresar lo obvio: ante situaciones de abuso por parte de presuntos guías espirituales, el escándalo verdadero no es hablar... es tapar y callar lo que se ha convertido en praxis habitual.

En las “pequeñas comunidades” existen normas no escritas que son las que rigen el funcionamiento de esos grupos, de tal modo que si alguien no las acata, es invitado a marcharse para no volver, y si comete el error de no querer irse, es amorosamente expulsado de la no-asociación de no-miembros.

Tales normas arcanas no están en los estatutos, al contrario, los contradicen; tampoco están en los Evangelios, ni en la tradición y documentos de la Iglesia, pero son de obligado cumplimiento dentro de las comunidades, por encima de la razón (crucifica la razón, hermano), de las circunstancias personales (fíate de Dios, no te dejes engañar por el maligno), de la ética y de la mera caridad para con el prójimo.

Cuántas veces ha sucedido que si tu hijo homosexual vive contigo, no puedes pasar el segundo escrutinio. Te exigen que lo eches de tu casa, que también es la suya. Lo más miserable es que el kikotista que lo reclama no echó de casa al hijo que durante años bebía demasiado y causaba problemas. Nunca se le reclamó dar ejemplo -hubiese sido un moralismo- y ahora, con su casa "en orden", impone a otros cargas que él no soportó. Esta hipocresía sí es causa de escándalo, pero ten cuidado con echársela en cara al kikócrita o te acusarán de soberbio y endemoniado.

Una kikotista conocida por su dureza en las correcciones públicas a los demás, demandó por una cifra con muchos ceros a la derecha al servicio médico que no pudo evitar que su esposo muriese en la pandemia… ¿No dicen los kikotistas que el cristiano no denuncia y que deja la justicia a Dios? ¡Por supuesto!, si eres neocatecúmeno de a pie,  a ella “la autorizaron sus kikotistas itinerantes” a poner la demanda. Pero ella jamás autorizaba a nadie, por ejemplo, a usar métodos naturales para espaciar embarazos, por más que la salud de la madre se resintiese.

Son ejemplos reales para visibilizar patrones de la praxis real del CNC: el abuso de poder que inevitablemente lleva a decisiones sesgadas y erradas.

Porque, en teoría y según el estatuto, el Camino camina con la Iglesia, ya que el verdadero guía, el Espíritu Santo, fue enviado por Cristo a la Iglesia, no a las chabolas de Palomeras, pero la verdadera praxis se fundamenta en las siguientes normas:

El criterio del kikotista, loro de Kiko, está por encima del Magisterio de la Iglesia. “Somos tus kikotistas, ¿nos vas a obedecer? El que no quiera obedecer que se vaya”.

La tradición de Kiko y Carmen la de categoría superior vale más que la enseñanza del Evangelio. En consecuencia el “en el Camino siempre se hace así” reemplaza al discernimiento pastoral.

¿Dónde queda el Catecismo? ¿Dónde el Código de Derecho Canónico? ¿Dónde la misericordia?

La Iglesia dice: nadie puede ser expulsado de la Eucaristía. En el Camino no se admiten invitados en esas ukas pascuales a puerta cerrada en las que se degusta leche y miel.

La Iglesia asegura: nadie puede ser excluido de una parroquia sin un proceso que garantice que se respetan los derechos de los implicados. Nadie puede ser juzgado en base a rumores y chismes. ¡Qué se lo digan al padre Eugenio!

Kiko el excomunilgador no se ha sometido en toda su vida a la Iglesia y no va a empezar a hacerlo ahora. Él dicta la ley del Camino y si decreta que se expulse a un no-miembro no-expulsable, se le larga. Y punto.

Y los loros imitan los hechos concretos de su projeta. Y así sucede que quieres acaparan cargos dentro del Camino (recuérdese que por orden de Francisco tales cargos tienen fecha de caducidad que el CNC se pasa por el arco del triunfo) hacen uso de su posición para situar a hijos y amigos, y para castigar y humillar a quienes no les simpatizan, aun a costa de machacar, quizá de por vida, a familias enteras.

¿Cuántos neohermanos han necesitado y siguen requiriendo tratamiento psicológico para superar los traumas provocados por la nefasta praxis del CNC?

Kiko se lamenta de que muchos hermanos se van después de acabado el Camino, incluso después de la pantomima del matrikikonio espiritual, y como los hijos del demonio no son capaces de reconocer sus errores, dice que quienes abandonan la comunidad lo hacen por soberbia, porque no quieren obedecer, porque no aceptan la humillación.  ¡Necio, saca primero la viga de tu ojo!

Uno de los mecanismos de control es el silencio forzado, el impedir que quienes son agraviados expongan sus quejas y motivos. Te impiden dialogar, porque si mencionas errores de los kikotistas, aunque sean públicos, es porque “eres un soberbio”, “eso viene del demonio”, “eso es un juicio”, “no te has enterado de nada”, “te resistes al mal” y no perdonas, el malvado eres tú.

¿Entonces dónde puede defenderse y buscar ayuda un hermano que sufre por los abusos de poder de otros amados hermanos? ¿Dónde puede expresar dudas, injusticias o contradicciones? En ninguna parte. Está prohibido denunciar los errores. “El que obedece y calla no se equivoca”.

No existe un procedimiento dentro del Camino para tratar estos problemas. No hay quien revise o audite. Los obispos se inhiben. Los párrocos se inhiben o bien son presbikikos sometidos a los kikotistas. No hay espacios ni mecanismos de prevención de abusos o de control de estos cuando ya se han producido. Quien no se calla es considerado traidor al Camino, que no es una asociación, pero igual se expulsa a los traidores. Quien ve los abusos y calla es considerado fiel.

¿Fiel a qué?

Al kikismo.