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| Espinoza y Mogrovejo |
De Ana
María a Kiko
(Tomado de aquí).
«Estimado
Kiko Argüello: Le escribo con el alma rota, con las lágrimas
de una madre que no encuentra consuelo, pero con la fuerza inquebrantable que
Dios da para defender a un hijo. Le escribo desde Quito (Ecuador), no para
hablarle de leyes humanas, sino para confrontar su corazón de padre y fundador
con el dolor más profundo que una familia puede soportar: mi hija menor de
edad, miembro de la comunidad en la Parroquia Santa Cruz de Casitagua, fue
ultrajada por el presbítero Jimmy Antonio Mogrovejo Castro.
Como
madre, mi dolor es doble. Mi hija fue abusada por este sacerdote que, usando de
manera perversa el nombre de Dios, la amenazaba con castigos divinos, si no
cedía a sus pretensiones. Y el dolor se vuelve insoportable, al ver
que la comunidad que nos acogió, en lugar de ser un refugio de misericordia, se
ha convertido en una guarida que protege al agresor y pisotea a la víctima.
Este
presbítero aceptó con su propia boca, por más de dos veces, que había abusado
de mi hija. Me lo confesó a mí en su despacho llorando y pidiendo
perdón. Luego, me envió un mensaje de texto implorando perdón en el nombre de
Jesucristo. Finalmente, él mismo organizó una reunión citando a los catequistas
del sector de La Concepción encargados del norte de Quito y a los hermanos responsables.
Existe un audio irrefutable donde se escucha al propio sacerdote confesar
textualmente: "Yo organicé. Yo pedí aquí a los catequistas, a los hermanos
para pedir perdón. Yo acepto que soy culpable".
La
respuesta de los hermanos del Camino en el norte de Quito ante su propia
confesión ha sido una crueldad que no viene de Dios. Los catequistas de La
Concepción, en lugar de proteger a la menor, trataron de tapar el pecado
diciendo que "fue el demonio quien lo hizo" y se dedicaron a humillar
a mi hija, exigiéndonos silencio bajo el argumento de buscar la "justicia
divina". Mis propios responsables (un matrimonio de esposos), a pesar
de haber escuchado la confesión del presbítero, hoy lo respaldan y se van a
presentar en la audiencia judicial como testigos a favor del agresor, para
cometer perjurio ante un tribunal civil.
Pero la
perversión de este hombre va más allá de los muros de la iglesia. Este
presbítero vive en su casa con una mujer adulta y la hija de ésta (una
señorita), a quienes presentaba falsamente ante todos como sus "hermanas
de sangre" sin serlo. Esta red familiar ha sometido a mi hija a un
infierno: la mujer adulta amenazó directamente a mi hija, diciéndole que es una
cualquiera , revelándole además de forma aberrante que el sacerdote pretendía
"formar una familia" con mi hija. Y dando a conocer que ya era
acostumbrado hacer esas cosas que no era la única muchacha.
Al mismo
tiempo, la hija de esta mujer se ha dedicado a intimidar a mi hija en su propio
colegio, sometiéndola a acoso sistemático, burlas, humillaciones y amenazas,
tanto dentro como fuera de la institución educativa para silenciarla.
KIKO
ARGUELLO, en el Camino se nos enseña a no "acabar con el hermano".
Pero en Quito, bajo el amparo de subalternos de la Curia y con la vergonzosa
presencia del propio ex Canciller del Arzobispo en la sala del tribunal el
pasado 19 de agosto del 2024, están apadrinando una red de mentiras, amenazas a
menores y encubrimiento judicial para salvar la estructura. Están
sacrificando a una menor de edad, a una adolescente que es inocente para tapar
el escándalo de un sacerdote.
Le
pregunto con el corazón en la mano: ¿El sufrimiento de mi hija vale menos
que la reputación de la zona de La Concepción? Si usted realmente predica
que Cristo es la verdad, no puede quedarse de brazos cruzados viendo cómo los
catequistas, los responsables de mi comunidad y el entorno clandestino de este
sacerdote usan la fe y el terror para amordazar a una madre, proteger la
mentira y testificar falsamente en un juicio criminal.
Le
exijo, ante Dios que todo lo ve, que intervenga inmediatamente. Que se
destituya a esos catequistas de La Concepción, que sean ellos mismos quienes
también salgan a declarar a favor de mi hija, porque ellos escucharon como el
aceptó el daño que le hizo, y la prueba real que es mi hija y sean llamados los
simpatizantes del presverito que pertenecen a distintas comunidades traer paz a
no acabar y humillar a la víctima, también que se investigue el entorno con el
que convive este sacerdote.
Camino
Neocatecumenal deje de respaldar a este hombre en los juzgados de Ecuador. El
clamor de esta madre no se va a apagar. Llevaré la verdad hasta las últimas
consecuencias. Espero de usted una respuesta de pastor, no de burócrata. Mire
el dolor de mi hija y de una familia, actúe. En la dolorosa espera de su
conversión y acción».