Después del tostonazo sobre Sansón y de proclamar un Evangelio, por fin hay un rato para rezar, pero, como no podía ser de otro modo, por si tras sesenta años los presentes siguen sin tener ni idea de en qué consiste orar, hay una arenga previa de Kiko.
«Ahora vamos a rezar, y rezar es hablar con Cristo».
¡No! ¿En serio? Patidifusa me quedo.
«¿Cómo puedes amar a Cristo si no hablas con él? … ¿Qué es la oración? Hablar con Jesucristo, dialogar con él. Intentas hablar con Él, pero Él no te habla; entonces tienes que decirle: “Señor, ten piedad de mí, que soy un pecador”. Silencio como respuesta. Tú llama, llama, y si insistes, te responderá».
Sobre esta afirmación categórica según la cual pareciera que Dios adquiere algún tipo de obligación hacia quienes no se dejan desalentar e insisten en la oración, la opinión del padre Larrañaga, que algo sabía de esto, es que nada que haga el orante tiene poder para obligar a Dios, por eso, insiste él, a veces una oración breve, apresurada, tiene respuesta, mientras que una larga sesión de oración intensa queda baldía. Dios es libre.
«Ahora tendremos un tiempo de oración para que intentéis hablar con Cristo, porque él dijo: “Llamad, y se os abrirá; el que busca, encuentra; y al que llama, se le abrirá”. Pero si no llamas... ¿Cómo se llama al Señor? Te hemos enseñado que se le llama con la frase del publicano del Evangelio; se le llama obedeciendo al Evangelio del ciego de Jericó que gritó: “Hijo de David —hay que reconocerlo como Mesías— Señor, Hijo de Dios, ten piedad de mí. ¡Ayúdame, ten piedad de mí!”. Hay que gritar al Señor insistentemente.
…
Se reza con toda la persona, no solo con la mente; se reza con el cuerpo, atentamente».
Por eso, rezan peor los que aprovechan el rato de oración para salir corriendo a echarse un piti, que era costumbre de Carmen. Y a lo mejor en su mente iba salmodiando, pero con su cuerpo lo que hacía era inundar de nicotina las células.
«Nos sentamos para pedir audiencia, y el ángel dice: “Espere ahí”. Muchas veces, cuando menos te lo esperas, un ángel te dice que pases porque el Señor quiere hablar contigo».
¿Muchas veces? Cualquiera que haya alcanzado, no ya muchas, sino ocasionalmente, ese punto, no necesita una arenga para rezar, es más, dudo que pueda mantener la atención en los discursos kikiles, se refugiaría en sí mismo en busca de Dios.
«En ese momento, sientes que tu oración pasa a otro grado, que se llama oración infusa: inmediatamente se produce como un silencio total, interior, y te sorprendes. ¡Silencio total dentro de ti! Y sientes una especie de paz profunda, incluso física: estás empezando a entrar en otra habitación. No es solo un fenómeno físico; nunca podrás provocar esta oración infusa, pero si insistes, el Señor te hará pasar a una oración profunda donde ya no hay necesidad de palabras. Y sabrás que estás en la presencia del Señor, y saldrás de esa oración empapado, contento, con ganas de ser más santo, más bueno, más fiel al Señor, comenzando a amar también sensiblemente a nuestro Señor Jesucristo».
No sé de qué habla Kiko, en serio, no lo entiendo. Menciona dos veces lo físico en el sentido de corporal (paz “incluso física”, “no solo fenómeno físico”), cuando sucede que la oración infusa no tiene nada que ver con lo físico por ser una gracia mística. Da la impresión de que Kiko ha oído campanas, pero no sabe dónde, por lo que cuenta como puede algo que no conoce. Y más lo parece con eso de “comenzar a amar sensiblemente”, porque el amor sensible es el que sienten incluso las criaturas no racionales, es decir, no es un amor espiritual, sino instintivo y natural.
A continuación, terminadas las laudes sin nadie que levitase sobre la silla (qué se le va a hacer), toca a Mario hacer publicidad del libro de algún conocido suyo, y de paso imparte instrucciones sobre lo que les gusta ver cuando visitan comunidades.
«Hace tiempo visitamos la comunidad de San Roque en Madrid y nos trataron tan bien, que yo me quedé muy satisfecho, no tanto por el encuentro que también, pero sobre todo por el ágape. Muchas comunidades nos preparan el ágape pero éste era especial ¿por qué? no tanto por la comida sino también porque estaba servido por hijos e hijas jóvenes guapitas de los hermanos y nos sentimos tan queridos, que le he dicho a Luisje: ¿Conoces la vida de San Roque? Y me dice: ¡No! Y yo le dije: “Entonces te la voy a traer yo”.
Y aquí está la vida de San Roque (enseña el libro). ¿Y por qué le dije eso? Porque me gusta buscar libros de santos y también por la noche en YouTube veo vidas de santos, además de algún video policíaco, me gusta los detectives, porque presenta la sociedad de hoy y te tiene al tanto de lo que pasa en el mundo. Esto en función pastoral, pero también como algo distendido, porque YouTube se puede utilizar mal, pero también se puede utilizar bien».
Ahí queda eso. Series policiacas, bien, que le gustan a Mario. A este paso incluso van a permitir que se estudie idiomas viendo series, a condición de que sean series confirmadas por los grandes kikotistas.
«Entonces, hace años, treinta años o más, me encontré con este libro que me edificó muchísimo, que se me quedó impreso. Y entonces, después que les hice la promesa a los de San Roque hace unos dos años, intenté encontrar este libro porque se había agotado».
No sé en qué mundo vive Mario, pero un libro de hace “treinta años o más” es normal que no esté en la lista de los más vendidos del mes, es más, o se busca en librerías de viejo o en desvanes.
«Entonces yo he conseguido encontrar, gracias a los itinerantes de la zona de Reggio Calabria, me han encontrado un libro».
Es decir, ese libro no lo ha buscado ni encontrado él, ha delegado en otros, como hacen siempre los kikotistas, que cargan los fardos sobre las espaldas ajenas. Y no acaba aquí la cosa:
«Y el Señor providencialmente me ha hecho encontrar un hermano español que se ha ofrecido a traducirlo en español gratis, gratuitamente, por amor del Señor».
Otro pobre neocatecúmeno al que se le añade el fardo de una traducción a todas sus tareas. Los grandes kikotistas son así de desprendidos con el tiempo de los demás.
«El libro se titula “El caminante de Dios”, de Rocco Artuso y lo ha publicado en español Caparrós editores, y en Italia, la editorial Chirico. Y os leo sólo el prólogo, porque está escrito: prólogo del padre Mario Pezzi».
Os lo ahorro, es prescindible. Solo aclaro que ese libro encontrado por unos kikinerantes italianos y traducido gratis total por un español no es el libro que Mario leyó hace treinta años o más; resulta que este fue escrito en 2009 por un neocatecúmeno. El libro en cuestión estaba descatalogado, no precisamente debido a su gran éxito, y ahora lo han vuelto a editar por darle gusto a Mario.
Por eso Mario necesita convencer a cuanto neocatecúmeno se ponga a tiro de que lo adquiera, de lo contrario las editoriales podrían molestarse con él, aunque en el caso de Caparrós editores, me costa que son también neocatecúmenos, por lo que me imagino que de igual modo hayan buscado un editor italiano neocatecúmeno. En suma, por un capricho de Mario se “invita” a dos empresas a editar un libro que saben de antemano que no se va a vender fuera del entorno neocatecúmeno. Todo sea para que Mario se quede a gusto prologándolo.


