miércoles, 26 de enero de 2022

Rezar como manda Kiko

 

Hoy voy a contar otra anécdota de un desencuentro con mis kikotistas.

Cuando se llega al paso de la iniciación a la oración, de repente, a los loros repetidores bien adiestrados les entra una urgencia inaudita por poner a rezar a los neocatecúmenos.

Hasta entonces rezar era un moralismo, a partir de entonces, rezar debe ser una actividad diaria de la vida cotidiana del neocatecúmeno. Pero ha de entenderse bien cómo rezar, porque no se puede rezar como los niños pequeños ni como los religiosos de misa de doce, sino como ha enseñado Kiko, a saber:

Todas las mañanas, antes de salir de casa, es preceptivo rezar Laudes. En caso de matrimonios, lo ideal es que recen juntos, porque la oración es un poderoso pegamento para que el matrimonio funcione.

A mediodía es el momento de la oración intermedia. Debe dejarse lo que se esté haciendo, ponerse en pie, con las manos alzadas y rezar un padre nuestro o una ave maría, algo, antes de retomar la actividad interrumpida. Lo cierto es que tal planteamiento es poco realista si a las doce de la mañana estás en la oficina, en una reunión, o en clase o en el transporte público o en una operación en un quirófano.

Aún después, por la tarde, hay que rezar las Vísperas, que en meddio del follón de balar niños y de dar cenas son muy relajantes. Y antes de acostarse, Completas.

¿Eso es todo? No. Además, en algún momento del día, por ejemplo, a la hora de la comida, se aligera el alimento material y se llena uno de alimento espiritual con el rezo del rosario.

Así es como los kikotistas lo contaron en mi comunidad. Lo recuerdo bien porque el responsables de ellos nos hizo ver que si los musulmanes rezan cinco veces al día, los neocatecúmenos no iban a ser menos. Como si fuese una competición de rezanderos.

Pasó un tiempo y hubo una reunión con los kikotistas en la que no faltó la pregunta de si rezábamos y cómo rezábamos.

En esa época yo ya trabajaba, estaba casada y tenía hijos pequeños. Gracias a Dios la empresa que me contrató hacía sus pinitos en conciliación de la vida laboral y familiar y daba cierta flexibilidad en el horario presencial en la oficina. En mi caso eso significó que me dieron un móvil para estar disponible a todas horas, pero me dejaron hacer jornada continua, desde las siete y media de la mañana y sin pausa para comer, de forma que por las tardes estaba con mis hijos.

Era un buen acuerdo para ambas partes, aunque yo madrugaba mucho y no dormía de un tirón ni una noche. De hecho, con mi hija pequeña no volví a saber lo que era dormir toda la noche hasta que ella pasó de los siete años. 

A lo que voy. Ni la resistencia física ni la mental me daban para madrugar todavía más y dormir todavía menos a fin de rezar las Laudes antes de salir de casa, como nos habían dicho que teníamos que hacer. Así que no lo hacía ni me planteaba hacerlo. Pero a cambio trataba de rezar Vísperas.

No vestida ni maquillada ni con zapatos de tacón, sino en pijama y metida en la cama, pero lo hacía cuando no estaba tan cansada como para dormirme con el salterio entre las manos.

En cuanto a lo de la hora intermedia… No. Ni yo ni nadie la hacía. Es decir, lo hice una sola vez. Fue en torno a las tres de la tarde, me levanté en mitad de la oficina y no extendí las manos, pero recé. Fue el once de septiembre de 2001, acabábamos de enterarnos del atentado contra las Torres Gemelas y me salió del alma rezar por los que ya habían muerto y por los que estaban atrapados en una trampa de fuego.

Me falta comentar lo del rosario. Lo rezaba en el coche, de camino a la oficina, en lugar de escuchar la radio.

Lo que quiero contar es que se presentaron los lorokistas, los de la lección bien aprendida y repetida una y otra vez, y comenzó el interrogatorio sobre la forma en que rezaba cada quien.

A mí me parecía que mi componenda entre lo que ellos habían estipulado que había que hacer y la realidad de mi vida era tan lógica, razonable y sensata que con toda ingenuidad les dije que no entraba en mis posibilidades reales rezar Laudes.

A los kikotistas no les gustó mi técnica de rezo rodante del rosario, torcieron el gesto, pues al parecer María discrimina en función de la postura y el lugar en que se reza, pero donde pusieron el veto fue en el cambio de Laudes por Vísperas.

Dijeron que no valía que me saltase el guion.

Dijeron que todos teníamos que obedecer y que se nos había dicho que rezásemos Laudes. De hecho, todo lo demás podía dejarse de lado, pero las Laudes, no.

Dijeron que yo era una listilla y una rebelde.

¿Qué consiguieron?

Que dejase de interesarme por rezar las Vísperas. Seguí sin rezar las Laudes, pues de verdad que estaba más allá de mi resistencia física, pero tampoco iba a desgastarme en lo que según ellos no servía porque no era lo que nos había dicho que había que hacer.

Todo por atenerse a las órdenes de uno que pasa el día muy ocupado en no hacer nada y no tiene problemas para rezar a la hora que le dé la gana. Todo por carecer de empatía y ser incapaces de entender lo que de verdad importa.

Ciegos que pretenden estar capacitados para guiar a otros.

lunes, 24 de enero de 2022

Neocatecúmenos: dicen y no hacen

 

«En la cátedra de Moisés se han sentado los escribas y los fariseos. Haced, pues, y observad todo lo que os digan; pero no imitéis su conducta, porque dicen y no hacen. Atan cargas pesadas y las echan a las espaldas de la gente, pero ellos ni con el dedo quieren moverlas» (Mt 23, 2-4).

Estos días se ha hablado en el blog de la explosión de hace un año que se llevó por delante la vida de cuatro personas y el catecumenium de la parroquia de La Paloma de Madrid.

Misa aniversario por los fallecidos

 Ha sucedido también -una casualidad, sin duda, aunque para el kikiano la casualidad no existe- que justo después de celebrar una misa solemne en recuerdo de las víctimas de la explosión, misa en la que hubo una abundante representación meocatecumenal, el cardenal Osoro ha dado positivo por coronavirus. Así lo ha querido Dios.

En estos días se ha sabido también y se ha comentado que la parroquia de La Paloma ha decidido litigar en los tribunales porque considera que no se ha investigado bien el motivo de la explosión, más aún, considera que hay claros culpables por desidia de la explosión y que deben ser señalados socialmente y condenados económicamente, que es lo que se pide en la demanda presentada:

«No se indagó en posibles causas ni se investigaron las actuaciones o posibles omisiones de Naturgy y del Canal de Isabel II», sostienen las voces de La Paloma. Y también «nos disponemos a reclamar en la vía civil la presunta actuación negligente de las empresas suministradoras» (se puede leer aquí).

Ha sido inevitable que ese señalamiento público por parte de unos presbis tan kikotizados como los de La Paloma me recuerde un acontecimiento de mi caminar a ninguna parte, que comparto porque considero que lo que me dijo mi lorokista tendrían que aplicárselo los demandantes de La Paloma.

La situación fue la siguiente: de forma absolutamente inesperada para mí me encontré con una demanda por parte de un exsocio.

Para que se entienda el asunto: durante unos años este socio y yo tuvimos un pequeño negocio de artesanía que fue bastante bien mientras duró. Luego mi situación laboral y familiar cambió, yo no podía atender tantos frentes y disolvimos la sociedad.

Se acabó, hasta que al cabo de unos cuantos años me encontré con una demanda en la que mi exsocio me reclamaba una importante cantidad de dinero, pues según él el reparto, en la disolución, no se había hecho de forma equitativa y yo había salido claramente beneficiada.

Me llevé un susto y un disgusto serio, en particular porque bien sabía yo que cierto era que el reparto no había sido equitativo. De hecho, el beneficiado fue él, yo me retiré renunciando a parte de lo que me correspondía para que él pudiese seguir adelante con el negocio sin problemas. Pero no fue capaz de sostenerlo y en lugar de reconocer su impericia, fue a por mí.

La demanda me obligó a buscar abogado y procurador y a rescatar del cajón de los asuntos cerrados las pruebas de que yo no me había quedado con nada que no fuese mío, sino todo lo contrario, porque una cosa era que hubiese renunciado voluntariamente a llevarme lo que me pertenecía y otra muy distinta que no hubiese tenido la precaución de quedarme con las pruebas que avalaban que mío y solo mío era lo que se había quedado mi exsocio.

Mi abogado se dio un paseo triunfal por el juzgado y a mi exsocio se le condenó a devolverme el valor de lo que se había quedado. No era una cantidad irrisoria, incluso yo me sorprendí de lo elevado de la cifra.

El caso es que cuando recibí la demanda, en medio del agobio, cometí el desliz de contarlo en la comunidad, quizá en un domingo de sillas voladoras, no recuerdo en concreto en qué situación saqué el tema.

Lo que no olvidaré es que allá cuando el juez ya había dictado sentencia a mi favor y estaba pendiente del último recurso presentado -que obviamente también sentenció a mi favor- para recibir el dinero, hubo un paso, tal vez uno del Padre Nuestro.

No fue nada sorprendente encontrarme con que los kikotistas estaban al tanto de mis líos judiciales sin haber hablado antes conmigo: alguna “garganta profunda” les fue con la historia.

Pacientemente les expliqué que no, que la demanda no la había puesto yo, sino que me la habían puesto a mí; que no, que yo no le había reclamado dinero a mi exsocio, sino que había tenido que demostrar que era él quien se había quedado con bienes que me pertenecían a mí; que obviamente, después de demostrar que había habido una apropiación indebida, el juez había decretado que se me pagase lo que se me adeudaba. Y que por supuesto que yo iba a aceptar ese pago, por las molestias y los disgustos y porque era justo.

Lo que los presbis de La Paloma tendrían que aplicarse es lo que me “invitó a hacer” mi lorokista tras quedarle clara cuál era la situación: Me dijo que en cuanto recibiese el dinero debía devolvérselo al demandante, porque el cristiano no se resiste al mal y a quien le reclama la túnica le da también el manto.

Ya sabéis consignas de esas que cargan sobre los hombros de los demás cuando ellos no están dispuestos a ayudar ni con un dedo.

Pues bien, en mi caso, para pasar, se me puso la condición de devolver lo que mío era. Cuando recibí el dinero me hice cargo de pagar las costas judiciales y me quedé todo lo demás porque me dio la gana, porque podía y porque, repito, era justo. Y cuando me preguntaron los kikotistas les aseguré muy tranquila que ya había devuelto todo lo que tenía que devolver. Para entonces ya estaba lo bastante curtida para retorcer la verdad y decir lo que querían escuchar.

Pero insisto en lo dicho. En primer lugar los presbikikos de La Paloma no deberían meterse en follones judiciales porque el cristiano no se resiste al mal ni denuncia al prójimo, pero ya que ellos no hacen lo que dicen a los demás, que sepan que cualquier beneficio que saquen de esa denuncia, tendrían que devolvérselo al denunciado, porque el cristiano pone la otra mejilla y entrega en manto junto con la túnica.

¡Ja!

sábado, 22 de enero de 2022

Traditio symboli (CXIX)

 

Kiko: ¿Tú estabas ciego?

I.: Antes del camino yo estaba ciego y lo que no veía por ningún lado era que yo fuera un pecador. Algún pecado cometía pero lo confesaba y seguía adelante, sin embargo veía mucha hipocresía en el mundo y en los demás, mucha decepción. Yo me creía que era buenísimo, pero no le veía ningún sentido a la vida.

Kiko: ¿Y cómo te ha abierto los ojos?

I.: Bueno, entrando en el camino, a través de la escucha de la Palabra de Dios. Ahí he visto que tenía los mismos pecados que veía en los demás, es más, muchos más y mayores.

Uno de los muchos errores del CNC es que tratan de hacer iguales y equiparables la presencia de Dios en los sacramentos, en particular en la Eucaristía, y la palabra. Es un engaño del demonio, como les gusta decir a ellos. Ningún cristiano adora un libro, otra cosa es lo que hagan los kikianos.

Hay al respecto una entrada muy buena de hace años, escrita por un sacerdote que sabe mucho de lo que habla.

Kiko: ¿Qué pecados?

I.: Yo era más falso, más fariseo... mucho más que los demás.

El mamotreto está muy edulcorado. En un escruticidio real os aseguro que el lorokista no se contenta con una mención a pecados genéricos y que pide hechos concretos.

Kiko: ¿Sobre estos pecados se ha manifestado la gloria de Dios?

I.: He visto que Dios no tiene en cuenta estos pecados y me los ha perdonado.

Kiko: ¿Puedes decir "Feliz culpa" en el sentido de que gracias a que eres un pecador has visto la misericordia de Dios sobre estos pecados concretos?

En el universo tenebroso de Kikónides, Dios solo muestra su misericordia en medio de grandes pecados, por eso a los kikos se los invita con denuedo a pecar una y otra vez, que no pasa nada, donde abundó la culpa sobreabundó la gracia.

En mi vida, yo he visto la misericordia de Dios en asuntos que nada tenían que ver con la culpa y el pecado, porque un Padre amoroso no solo está ahí para recoger al hijo caído, sino también para sostenerlo y que no resbale, para acompañarlo, para guiarlo…

P: Sí, Dios me lo ha mostrado, me ha hecho experimentar estos pecados y me los ha perdonado. Me ha mostrado a Jesucristo que murió, siendo inocente, por mí.

Ahí está la aberración. Dios jamás hace que sus hijos experimenten la hiel del pecado, es el demonio quien se disfraza de ángel de luz y presenta la manzanita como algo deseable. Y los kikos, como ciegos que están, se la tragan.

Kiko: ¿Estás agradecido al Señor?

¿Estar agradecido a alguien que te hunde la cabeza en la fosa de la muerte para que experimentes el pecado? ¡Hay que ser masoquista!

I.: Sí.

Kiko: No sé si te das cuenta de que en el mundo no hay nada "gratis"... que si Jesucristo no hubiera muerto por los pecados, ningún pecado sería perdonado. En el mundo nada se perdona, "ojo por ojo, diente por diente".

Me suena que eso del ojo y el diente es ley para los queridos judíos hasta el día de hoy.

Nosotros no podemos cambiar nuestro carácter, no podemos tener un sentimiento bueno.

Mentira. Somos imagen y semejanza de Dios que es Bueno, con mayúscula.

Si una persona cometió un crimen hace cincuenta años en la guerra, hoy lo van a buscar y le tiran tres tiros en la cabeza; a los que te hicieron algo malo hace veinte años, si puedes ¡hoy se lo haces pagar!

Y si una rubia se tira de un ferry, el capitán se queda tan tranquilo. Pero no son juicios, eh, es que Kiko lo ha visto en la bola de cristal.

Hemos hecho del Espíritu Santo una gracia de poco valor. Tú has sido un soberbio, has detestado a los soberbios y el Señor no te ha detestado a ti. Sin embargo, se burlan de Jesucristo en la cruz: “¡Baja de la cruz!" con una crueldad bestial.

“Vete a pedir limosna a la puerta de la parroquia. ¿Me vas a obedecer? Soy tu kikotista”, con una mueca de desprecio y una crueldad bestial.

Piensa en lo que significa morir crucificado con clavos en las muñecas (porque en las manos se habrían arrancado); los tremendos dolores que tuvo que sentir, y no sólo desde el punto de vista humano. Ya sabéis que morían por asfixia, un suplicio atroz: tenían que ponerse de puntillas, sino se quedaban sin oxígeno, no podían respirar por el peso de su cuerpo. Dicen que no había suplicio mayor escogido por los romanos para someter a los pueblos. Roma estaba convencida de que esta muerte era una ignominia tan grande que no se permitía que ningún romano muriera así, y si alguno era condenado a morir, no podía ser crucificado. Tal castigo solo podía ser infligido a aquellos que ni siquiera eran considerados hombres. Era una muerte denigrante.

A Kiko le gusta cargar las tintas en el aspecto teatral. La crucifixión era un espectáculo. Los condenados podían tardar días en morir y así daba tiempo a que más gente los viera. Ese era el objetivo: que sirviesen de advertencia disuasoria a otros.

No podemos entender esto, es inexplicable. Sólo los grandes místicos y los grandes santos han visto hasta qué punto sus corazones se han inflamado de amor. Ha habido santos que sintieron fuego en el corazón, tuvieron fenómenos místicos y quemaron sus camisas. No recuerdo qué santo tuvo que tirarse al suelo porque no podía soportar el fuego que le producía el amor por Jesucristo y los demás no podían tocar su pecho porque ardía. El Señor debe concedernos el amor, es el amor el que nos hace santos.

En el kikismo la responsabilidad siempre es de ese señor de que hablan: si pecas es porque él te lo impone y si no amas a nadie es porque él, que te lo tiene que conceder, no lo hace. En cualquier caso, tú no te preocupes y sigue pecando, que ya te llegará la conversión… o no.

Hay una etapa del camino neocatecumenal en la que no sentirás nada, ni amor ni nada y tendrás que caminar sin sentimientos: es lo que los místicos llaman la "noche de los sentidos". Porque mientras hagamos las cosas porque "sentimos" somos como los paganos, es decir, hacemos las cosas porque "me gusta" o "no me gusta" y así no se puede seguir. Llegará un momento en que el Señor te da un grado de fe y te quita el sentimiento, entonces empiezas a hacer las cosas no por amor a ti mismo (porque sientes placer y gusto en hacerlas) sino porque es la voluntad del Señor manifestada y esto te hace crecer.

Eso me recuerda a tantos kikitos que van a la uka porque se canta y se baila y sienten no sé qué. Y si no hay uka no van a misa de doce porque “no es lo mismo”.

Pero el Señor no te deja ahí; después se entra en un período en el que se comienza a sentir de otra manera, no en el sentimiento sino de un modo más profundo. Se llama la vía unitiva, iluminativa, en la que se siente una unión grande y profunda con el Señor; y de ahí se pasa a la felicidad, a sentir una paz, una quietud y una gran sencillez. El Señor nos llama a experimentar esto en la vida.

A lo mejor es que eso se alcanza a los cien o doscientos años de camino y nadie ha llegado aún a esa etapa.

¿Tú estás convencido hoy del amor que Dios te tiene? Sólo el Espíritu Santo te puede decir esto: que Dios es tu Padre, que es tu Papá; que aunque vivas cosas que no entiendes, Dios las permite para tu bien; ¡y que Él puede sacar el bien del mal!

Ya sabes: la covid, algo que Dios permite para tu bien. Si te quedas en paro, si suspendes todo, si no llegas a fin de mes, si tienes una enfermedad incurable, son cosas que Dios permite.

El mal de los demás Él lo transforma en bien para los que Le aman. Si alguien está haciendo algo para destruirte, Dios lo transforma en lo contrario.

Por eso tienes que ir a pedir perdón al verdugo, que ha sido instrumento de diosito, por lo que oponerte a esa persona es oponerse al mismo diosito.

Y lo que hicieron con Cristo, y Dios cambió el mal en bien, para que todo contribuya a nuestro bien, Por eso dice el salmo: “He esperado en el Señor”, y otro salmo dice: “Espera en Dios, no te exasperes, que no suceda que por pecar quedes excluido”.

En realidad, lo que dice el salmo 40 en su primera estrofa es: “En Yahveh puse toda mi esperanza”. Y no tengo ni idea de cuál pueda ser el salmo de la segunda presunta cita.

La Escritura siempre nos invita a esperar en el Señor, cuando hay un momento en que sufrimos y nos parece que el otro no nos ama, o cuando no entendemos lo que nos sucede, ¡esperamos en el Señor! ¡Confía en que Él actuará, no te exasperes, no peques, no murmures del Señor! No pequéis y no os apoyéis en un ídolo porque ya habéis visto que no os da la vida.

No te apoyes en la comunidad ni en el CNC, donde solo te vuelves peor de lo que eras.

I.: Sí.

Kiko: Antes de hablar con tu mujer, te diré algo. La dificultad que tienes con tu mujer se debe a la falta de humildad por tu parte; tú no has visto hasta qué punto eres orgulloso, porque aún eres muy perfecto y tienes que aprender a perdonar.

Esta es otra neura del CNC: según ellos es imprescindible que te revuelques en el cieno de los vicios para poder perdonar a los demás. A lo mejor por eso hay tantos adictos a vicios varios en el CNC.