lunes, 12 de abril de 2021

Violencia en nombre de Dios en el Camino (VII)

 

Aunque todos nos echen, aunque parezca que todo se viene abajo a nuestro alrededor, o que el fin del mundo está próximo, el Dios de la Biblia nos dice: “No te dejaré ni te abandonaré” (Hb 13:5). 

Quien ha sido objeto de abuso espiritual y ha dejado el grupo puede vivir en la vergüenza y en la culpabilidad, porque piensa equivocadamente que traicionó a Dios y que, para vengarse, Dios le rechaza. La culpabilidad y la vergüenza son parte de la programación que persiste incluso apartado de la comunidad y son un engaño porque pase lo que pase Dios no abandona a nadie.

Lo primero que hay que entender es que ese sentimiento de desastre inminente y de responsabilidad por el previsible desastre es normal: Al abandonar la comunidad has perdido a la vez amigos, esperanza, confianza y varios años preciosos de vida.

Es importante comprender que tú no has traicionado a nadie, sino que has dejado atrás a un falso dios. No es que Dios quiera vengarse de ti, son los que le han manipulado. No hay que temer su enseñanza mentirosa.

El amor de Dios es incondicional. Incluso si estás tan lastimado que no pisas una iglesia, ¡Dios le ama! Incluso si no puedes dar ofrendas de dinero para la iglesia, Él le ama. Incluso si no viste con ropa cara cuando vas a los oficios divinos, Él le ama. Eres aceptado no por lo que haces sino por quién eres. Pablo escribe: “Estoy convencido de que ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni las dominaciones, ni el presente, ni el futuro, ni las potencias, ni los seres de arriba ni los de abajo ni ninguna otra criatura podrá separarnos del amor de Dios en Jesucristo nuestro Señor” (Rm 8, 38-39). No te preocupes, a pesar de todo lo que te pueda pasar, Dios jamás te negará su amor.

Dios nos dice a cada uno: “Con amor eterno te he amado, por eso te he atraído con misericordia” (Jr 31,3).

Dios nos ha mostrado su amor por la cruz de su hijo Jesucristo. “En eso está el amor, no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó primero y envió a su Hijo como propiciación por nuestros pecados” (1 Jn 4:10).

En las comunidades que se desvían, los responsables enseñan y hacen creer que si no haces enormes esfuerzos y un trabajo considerable por y para el grupo, no podrás salvarte. Pero resulta que es mentira, te mienten y te engañan porque la salvación no viene de nosotros ni de nuestras obras. Somos salvados por la gracia, por medio de la fe. Es el don que Dios nos hace por la cruz de Jesucristo. Dios nos pide simplemente creer y recibir su gracia. En la epístola a los Romanos está escrito: “Porque si confesares con tu boca al Señor y creyeres en tu corazón que Dios le resucitó de entre los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para la justicia, y con la boca se confiesa para la justificación. Pues la Escritura dice: Todo el que creyere en Él no será confundido” (Rom. 10:9-11).

Rechaza esa falsa imagen de Dios que te han inculcado, la imagen del Dios colérico que está ahí para juzgar, castigar y enviar al infierno, la de un Dios frío y lejano al que no le importan los problemas y sufrimientos de los seres humanos y solo mide el grado de cumpli-miento a las directrices de los falsos profetas que te han manipulado.

Aprende a través de Jesucristo a descubrir el verdadero rostro de Dios Padre, el del amor, la compasión y el perdón. Para ese Padre, cada persona, sin ninguna excepción, tiene valor a sus ojos. Dios ha venido en Jesucristo para salvar, curar y dar la vida en abundancia.

Jesús conoció la angustia y el sufrimiento. Por eso Él puede comprenderte, llorar contigo como lo hizo con Marta y María a la muerte de Lázaro. No te juzgará ni condenará: así actuó con todos los que encontró.

Deja de culpabilizarte y recuerda las palabras de Jesucristo: “Venid a mí, todos los que estáis fatigados y cargados que yo os aliviaré. Tomad vosotros mi yugo y aprended, que soy manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para vuestras almas, pues mi yugo es suave y mi carga ligera” (Mt 11, 28-30).

Responde a su llamada y encuentra el Él descanso para tu alma.

sábado, 10 de abril de 2021

La verdad sobre la "transmisión de la fe" a los hijos

 

En el blog hay comentarios que merecen una entrada para ellos solos porque plasman con crudeza visceral la realidad de lo que significa ser un engranaje más de esa bestia sin alma que es el CNC.

Hoy he rescatado uno de tales comentarios y algunos otros que surgieron como respuesta al primero.

Todo empezó con una publicación sobre uno de esos kiko-ritos de los que el gran gurú de Palomeras presume como si fuesen infalibles en sí mismos. En este caso se trataba de describir cómo es y cómo se practica el kiko-rito mágico de la “transmisión de la fe” a los hijos. Es decir, “los (sic) laudes dominicales en familia”, que el CNC vende como el arma mágica indispensable para que los hijos no caigan en que sus padres se llevan peor que nunca, se tratan a gritos, no se respetan, la convivencia es un desastre, el otro es tu enemigo y está empeñado en destruirte, etc., que viene a ser lo que según Kiko sucede al interior de cualquier familia de catecúmenos.

Pero no pasa nada. Porque aunque esa sea la realidad de todos los lunes y los martes y los demás días de la semana, el domingo todo se arregla si se obedece al gran gurú y se aparca cuanto haya que aparcar para realizar los sakros kiko-ritos con toda la parafernalia, simbolismos esotéricos y simbología decretados por el responsable supremo.

En el fondo de lo que se trata es de que tú obedezcas, crucifiques la razón y te sometas. ¿Qué tu matrimonio es un desastre? Obedece, que ya se arreglará, pero has de descubrir que no eres tú quien maneja los tiempos. ¿Qué no aguantas a tus hijos? Pues díselo. Los (sic) laudes dominicales son el momento ideal para poner los trapos sucios sobre la mesa -revestida de blanco impoluto- y hablarlos.

Da igual que la pantomima grotesco-musicalizada no sirva de nada, puesto que el gurú nunca pierde. Si no obedeces, dirá que tu vida es un desastre por no someterte a él, pero si sí lo haces y aun así todo va cuesta abajo y sin frenos dirá que eso es lo que diosito decreta para ti para que descubras lo que hay en tu interior, para que conozcas la enormidad de tu pecado. ¿Ves? El trilero nunca pierde.

Pero mi percepción del tinglao dominical laudatorio es más racional y basado en observaciones que vivencial y experimental, pues pocas veces lo practiqué con mi familia y cuando lo hice me salté la mascarada teatral de acondicionar la mesa con símbolos kikos, sacar las guitarras y vestir al personal como para un desfile. Por eso me gustó tanto el comentario que recupero a continuación, porque es pura vivencia de como vive una esposa y madre neocatecumenal la opereta de los (sic) laudes del domingo en familia.

 


 


Sucede que Kiko es un niño bien de mediados del siglo pasado. 

Los domingos, su familia se vestía "de domingo", iban a la misa de los religiosos naturales todos juntos y después paseaban por los bulevares, saludaban a los conocidos, se enteraban de las novedades del barrio y de la villa mientras tomaban el aperitivo en alguna terraza y volvían a casa a mesa puesta, que para eso tenían cocinera según cuenta Kiko.

Eso es lo que imita, pero quitándole contenido y cargándolo de kikadas, porque lo de ir a misa no le interesa, no sea que alguien atienda y se de cuenta de las contradicciones entre lo que dice la Iglesia y lo que se cuenta a puerta cerrada en la comunidad. Así que elimina la misa dominical -¿para qué, si ya has ido a la comunidad el sábado?- y en su lugar, bajo el barniz del rezo de Laudes, lo que siembra es la costumbre de interrogar a los hijos semanalmente.

jueves, 8 de abril de 2021

Traditio symboli (LXXVII)

En la anterior entrada dedicada a la kikodoctrina sobre matrimonios y familias, Kiko se despachó contra las sociedades de América del Sur pues según ellos son todos gandules -pocos trabajan-, borrachuzos y no saben comer ni cocinar. Pues no penséis que el discurso racista ha terminado, aquí prosigue:

Estamos viendo que no hay familia; hay una mujer como un conejo que hace conejos. Él llega a casa para hacer el amor, quiera o no quiera, borracho.

Por un momento me he sentido transportada a cualquier ronda de experiencias de cualquier k-konvivencia kika, porque eso precisamente es lo que contaban los matrikikomios.

No hay familia, hay otro tipo de cultura. Luego están las sucursales, es decir, él debe tener no solo una mujer sino varias mujeres. Aquí está su esposa, después está la sucursal, otra casa con otra mujer, y él siempre está enredado porque la mujer llega allí con el niño y dice que es su hijo y que él tiene que alimentarlo, él negocia con ella, ¡un follón! Allí hay una mezcla entre la situación cultural indígena y los conquistadores españoles que llegaron sin mujeres, hay una precariedad, ¡no hay familia! Os lo pueden decir nuestros itinerantes que están en Brasil, en Perú.

Os lo pueden decir porque eso es lo que enseñan a contar a sus kikokúmenos.

Y la catequesis que nosotros llevamos trae consigo una civilización, una cultura; ¡Quizás algunos no estén de acuerdo con esta civilización o con esta cultura y dirán que esta familia que vosotros tenéis en casa es monstruosa! Prefieren una civilización donde ya no exista este tipo de esposa con marido, como hay otras culturas donde no existe ese tipo de familia: el estado socialista ha intentado quitarles los hijos, por ejemplo. Vosotros tenéis un hijo y el Estado lo educa y os lo quita; en Escandinavia hoy existe el terror de los inspectores que van a comprobar si se educa a los niños, y si no se los educa bien, os los quitan. ¿Sabes de esa mujer italiana que no tenía suficiente dinero para criar a su hijo: fue a la escuela a recoger a su bebé y él ya no estaba, el estado se lo había llevado, y no hay retorno, nunca lo recupera.

Y los monstruos se esconden debajo de la cama y el armario comunica con Narnia y si no crucificas la razón, diosito se mosquea. Lo peor es que no creo que esté loco, sabe que engaña, es su objetivo.

Bueno, dejemos esto, que no es el tema que nos interesa en este momento. Lo importante es el cristianismo como fuente de civilización, está claro que aparece la familia. La sociedad postcristiana está destruyendo insidiosamente a la familia, este tipo de familia. La televisión ante todo es absolutamente disruptiva: ahora está el problema de las cadenas de televisión, de las televisiones privadas, porque el estado a través de la televisión mantiene a la gente bajo control y puede adoctrinarla constantemente. Me pareció un escándalo cuando fui a Moscú, viendo televisión por la noche y viendo cuatro películas de adoctrinamiento en cuatro días.

Naturalmente como su conocimiento del ruso hablado y escrito es casi de nivel nativo, lo entendió todo sin malinterpretar nada. Eso al margen de que las kikadas son precisamente por la noche, lo que deja poco tiempo para películas vespertinas y de que el estado no controla las cadenas privadas que son, “casualmente”, las que más programas basura y de higadillos emiten.

Digo: "¡Fastídiate! ¿Después de setenta años de revolución todavía echan una película política adoctrinadora a diario?".

Y después de cincuenta años de comunidad todavía dicen que no estás maduro para no requerir la autoridad de un kikotista y que sin comunidad no se salva nadie y que diosito dispuso a tus kikotistas desde antes de la creación del mundo. Eso sí es esclavitud y adoctrinamiento en la sumisión al más karadura.

 En cuatro días que estuve allí por casualidad vi "la conquista del palacio de invierno por las tropas bolcheviques"," Lenin", todos los días; después de setenta años ¿es necesario ver esto todos los días? ¡Mira un poquito! Luego estaba la poesía rusa de los poetas del Partido, después de un documental sobre la naturaleza, todas las noches así, y no hay más, ¡hay que ver eso! La televisión tiene un poder, hay algo disruptivo ahí. Tanto para la izquierda como para la derecha, conquistar los medios de comunicación significa tener al pueblo en la mano.

El aborregamiento de rebaño se practica también, y mucho, en el CNC, sabe de lo que habla. Y eso solo significa que Montesquieu acertó plenamente al plantear una división de poderes que se limitasen y controlasen entre sí para asegurar la libertad del pueblo. Si se permite que los kikotistas tengan todo el poder, el resultado es incluso peor que en un régimen totalitario, pero los medios por los que se llega a ese resultado son similares: el adoctrinamiento y el engaño.

El tipo de familia que vosotros habéis conocido, tal vez algunos recuerden a los abuelos, cuando al padre de familia le gustaba comer con sus hijos al menos los domingos, ya no existe. Se hace de la casa un autoservicio, cada uno va a la cocina y come así.

Este punto me toca la moral. Yo trabajo dentro y fuera de casa, me esfuerzo por tener siempre la nevera provista y platos preparados fáciles de calentar, pero cada hijo llega a una hora diferente en función de sus estudios y de sus prácticas y no digamos los padres, que no podemos volver a comer a casa. Yo como de tartera en la oficina -ahora menos, gracias al teletrabajo y la pandemia- y los demás se apañan como pueden. No son los tiempos de mis abuelos. Uno que no da un palo al agua puede comer de mantel, copa y puro a diario, los demás, no.

La sociedad también es materialista, apuesta por el dinero, y te enseñan que para no perder el tiempo en el trabajo hay un comedor con autoservicio.

Esa tontería solo se le puede ocurrir a uno que no da un palo al agua. Lo que sucede es que las ciudades son enormes y vives a catorce kilómetros y un atasco de tu lugar de trabajo. Ese es el motivo por el que no hay opción a volver a comer a casa y luego retornar al trabajo. Quien tiene la suerte de vivir a dos manzanas de su trabajo por supuesto que va a comer a su casa, pero es un lujo que la mayoría no tenemos.

Esto nunca ha sucedido en la civilización católica, porque comer siempre ha sido sagrado, es un sacrificio, 'sacrum facere'.

Acaba de enseñar la patita peluda, porque comer habrá sido algo sagrado en a saber qué sociedades paganas, pero jamás lo ha sido en el cristianismo. 

Recuerdo cuando fui a Escandinavia y vi los autoservicios (en España todavía no los había), ¡para mí fue un shock! En mi familia éramos muchos en la mesa, mi padre tenía muchas ganas de que nos sentáramos a la mesa después de lavarnos las manos, nadie podía sentarse si no estaba vestido correctamente, no podías aparecer en pijama, absolutamente, ¡Porque allí está presente el Señor!

El señor Baal o Mamona o alguno de esos ídolos que gustaban de sacrificios carnosos y sabrosos.

Bueno, uno llega a Suecia y resulta que hay cola para comer, cada uno con su bandeja, solos, sin hablar. Imaginaos, en España e Italia estamos acostumbrados a charlar mientras comemos. ¡Comer es convivir, es hablar! Me quedé aterrorizado: ¡pobres, comen solos! Comer se ha convertido en algo físico: somos un embudo, un tubo que hay que rellenar para trabajar más duro.

Y dale con la película del miedo. Si fuera cierto lo que cuenta, los comederos en Suecia solo tendrían mesas individuales, pero es mentira, también ellos se reúnen alrededor de una mesa cuadrada o alargada y charlan y bromean además de comer. Y nadie come “para trabajar más”, nadie piensa en rendir más en el trabajo cuando para a comer. Pero como este no ha currado en su vida, no tiene ni idea.