He encontrado en internet una visión crítica desde dentro del CNC. Es estimulante saber que hay gente que todavía no ha crucificado la razón y advierte las ruedas de molino que pretenden venderle como vía de salvakikación.
En muchas comunidades del Camino Neocatecumenal, estamos viviendo una transformación alarmante. Lo que fue un itinerario de redescubrimiento del Bautismo, de reconciliación con la historia personal, de vida nueva, está siendo socavado —no por enemigos externos, sino desde dentro— por la corrupción del carisma en manos de quienes han acumulado poder: los katekistas.
Durante años, muchos katekistas —no todos— han sido verdaderos servidores. Han caminado, acompañado, sufrido con nosotros. No se les niega su entrega. Pero el poder sostenido sin renovación, sin rendición de cuentas y sin autocrítica, termina por deformar el alma. Y hoy hay comunidades que ya no caminan: desfilan. Obedecen sin discernir. Callan por miedo. Aplauden por costumbre.
“El poder destruye la comunión si no está ungido por el Espíritu y atravesado por la cruz” (Kiko Argüello, encuentro vocacional 2014).
Uno de los cánceres silenciosos es el favoritismo descarado. En muchas comunidades se otorgan privilegios, funciones, elogios y misericordias según vínculos personales con los katekistas: familiares, amigos, ahijados, compadres, padrinos. Los “cercanos” gozan de libertad, los “otros” de sospecha. Se normalizan redes de protección afectiva donde el pecado se excusa por cariño y la verdad se castiga por incómoda.
Esto
destruye la igualdad bautismal que el Camino prometía. “En Cristo ya no hay
judío ni griego, esclavo ni libre, hombre ni mujer”
(Gálatas 3,28).
El problema se agrava con la indiferencia de algunos itinerantes, que conocen desde hace mucho a estos katekistas y prefieren evitar el conflicto. O quizás deben favores, porque con ellos tienen alojamiento y bolsas aseguradas cuando pasan de visita… El caso es que cierran los ojos. Justifican. O peor aún: aprueban y comparten, porque ellos fueron los primeros en implantar ese modelo, por lo que son cómplices y maestros de los katekistas locales.
La misión del itinerante no puede ser la de un supervisor procedimental. Tendría que ser capaz de poner el carisma por encima de las amistades. Si es que su carisma viene del Espíritu de Dios.
El espíritu se apaga, los sesgos se consolidan. El Camino se deforma. Lo que era una vivencia comunitaria de conversión se vuelve una estructura institucional rígida, marcada por sesgos, apegos y miedos.
Hoy la prioridad no es la Palabra de Dios, sino la forma. Ya no se busca el bien común, sino la continuidad de lo “de siempre”. Pero si el Camino no se adapta, si no escucha, si no se purifica, se convertirá en lo que juró destruir: una tradición muerta sin vida en el Espíritu.
¿Y las nuevas generaciones?
Hoy, las comunidades jóvenes no conectan con estructuras autoritarias. No quieren reproducir esquemas verticales ni vivir bajo una espiritualidad del miedo. Están sedientas de sentido, no de mandatos. De diálogo, no de monólogos. Y si no escuchamos a estas nuevas generaciones, si no les damos voz, ellas no se irán de la Iglesia… se irán del Camino.
También es hora de decirlo con claridad: las parroquias y sus comunidades locales no pueden quedar aplastadas por la consigna de “las primeras comunidades mandan”. Esta estructura piramidal asfixia los carismas. El Camino no es un museo, y su misión no es la nostalgia de las primeras comunidades, sino la evangelización del mundo actual.
¿Qué hacer?
Recuperar el espíritu del Camino. Hay que volver a la escucha de la Palabra, a la libertad del Evangelio, a la centralidad de Cristo crucificado y resucitado. No al mantenimiento de estructuras humanas.
Salvo que Kiko se equivocase cuando dijo que “el Camino es un don del Espíritu, no una empresa de hombres” (Kiko Argüello, entrevista con L’Osservatore Romano).
Las reacciones de los amados hermanos no se han hecho esperar y, no por casualidad, sino porque es lo que produce la kikotina, rezuman juicios, condenas y maledicencia. Salvo una excepción que, por desgracia, cuenta el daño que puede hacer un presbikiko
Estas convirtiendo excepciones en la norma.
Estas proponiendo modificaciones a tradiciones fundamentales avaladas por los estatutos aprobados por la Santa Sede. No propones cambios, solo atacas lo que te ha parecido mal.
Si eres catecumeno escandalizado o un detractor del Camino no lo se (sic).
En el primer caso, que Dios te ayude y en el segundo, que Dios te perdone.
En Honduras, El Padre Femín Muro ya tiene más de 50 años de encargado del Camino y lamentablemente está provocando crisis en las Parroquias, confrotando Párroco con katekistas y ha llegado a expresar que los Parrocos no PINTAN NADA en el Camino Neocatecumenal.
Oh Señor envía tu Espíritu
Que renueve la faz de la tierra...70 veces 7.
No sé puede usar palabras de Kiko para destruir desde dentro al Espíritu Santo que se contrista pero no se marcha!
SI CONOCEMOS EN PERSONA, ESTO QUE SE DICE AQUI, NO CAIGAMOS EN LA MURMURACION, SINO DE RODILLAS Y PIDAMOS A DIOS, A CRISTO Y A LA VIRGEN MARIA, INSPIRADORA DEL CAMINO, PARA QUE EL ESPÍRITU SANTO GUIE A ESTOS HERMANOS, HACIA LA FE Y EL CONOCIMIENTO VERDADERO, DE NUEVO. NO SEAMOS PARTÍCIPES DE LA DESTRUCCIÓN DE ESTE CARISMA QUE TANTAS VIDAS HA SALVADI, ENTRE ELLAS, LAS NUESTRAS. KA PAZ DE NUESTRO SEÑOR JESUCRISTO, SALVADOR NUESTRO Y REDENTOR QUE RESUCITARA PIR Y PARA NOSOTROS, ESTE DIA!!!
esto no viene de Kiko ni tiene autorizacion de los catequistas.. es una murmuracion pública en nombre de la razón y no del discernimiento...
Por su frutos se reconoce al árbol.


