miércoles, 11 de marzo de 2026

La higuera maldecida (I)

 


Una explicación que merece la pena, no una kkada, sobre el episodio evangélico de la maldición de la higuera.

 

Ariel Álvarez Valdés

El milagro más extraño que Jesús realizó en su vida, según el Evangelio de Marcos, fue el de maldecir y secar una higuera. Es el único milagro “destructivo” de Jesús, el único que realizó en Jerusalén, el único que demoró 24 horas en cumplirse, y el único históricamente incomprensible. Resulta tan incómodo, que la Iglesia no lo lee nunca los domingos en la misa. Cuenta san Marcos que una mañana Jesús salió con sus discípulos del pueblito de Betania, cerca de Jerusalén, y a poco de andar sintió hambre; viendo a lo lejos una higuera se acercó, pensando encontrar frutos; pero el árbol estaba vacío; “es que no era tiempo de higos”, explica Marcos. Entonces Jesús la maldijo diciendo: “¡Que nunca nadie coma frutos de ti!”. Y siguió viaje con sus discípulos hacia el Templo de Jerusalén. Al día siguiente, cuando volvió a pasar por el lugar, sus discípulos vieron con asombro que la higuera se había secado hasta sus raíces (Mc 11,12-26).

El episodio siempre ha llamado la atención de los lectores de la Biblia, que se preguntan cómo es posible que Jesús, un maestro lleno de bondad y misericordia, en un ataque de furia pudiera haber destruido una inofensiva higuera simplemente porque no le dio frutos.

 

Ya san Mateo, cuando diez años después escribió su Evangelio, basándose en la obra de Marcos, trató de suavizar algunos detalles (Mt 21,18-22). Por ejemplo:

a) omite decir que, cuando Jesús se acercó a la higuera, “no era aún tiempo de higos”, para que no suene tan absurda su actitud;

b) cambia la maldición. En vez de decir: “¡Que nunca nadie coma frutos de ti!”, dice: “¡Que nunca brote fruto de ti!”. Así, la maldición recae sobre la higuera (que no dará frutos), y no sobre las personas que se quedan sin comerlos;

c) dice que la planta se secó inmediatamente, no al día siguiente, para que la palabra de Jesús no demorara en cumplirse;

d) no cuenta que la higuera se secó “de raíz”.

 

Por su parte, a Lucas el relato le pareció tan duro que lo eliminó. Y en su lugar incluyó otro que, aunque parecido, tenía un sentido muy distinto: la parábola de la higuera estéril (Lc 13,6-9). Así, Lucas reemplazó el relato negativo de Marcos por una historia positiva y llena de esperanza.

Finalmente san Juan en su Evangelio no menciona ni la maldición ni la parábola de la higuera. Vemos, pues, cómo cada evangelista trató de arreglárselas lo mejor que pudo con la tradición de aquel difícil episodio.

¿Qué significado esconde este gesto aparentemente absurdo de Jesús?

Lo primero que hay que resolver es si se trata de un hecho histórico o no. Si respondemos afirmativamente, estamos en problemas.

Primero, porque nos lleva a preguntarnos: ¿cómo pudo Jesús tener hambre esa mañana, si según el relato venía de pasar la noche en Betania, donde sin duda habría disfrutado de un buen desayuno como es habitual en la hospitalidad oriental? ¿Y por qué sólo él sintió hambre, y no sus discípulos?

Segundo, si todavía no era la temporada de higos, ¿cómo pretendía que la planta desobedeciera las leyes de la naturaleza? Algunos piensan que al ser carpintero no entendía mucho de higueras. Pero no es así. Porque durante el último sermón que pronunció, hizo precisamente una comparación tomada de la higuera: “Aprendan esta parábola de la higuera: cuando ya sus ramas están tiernas y brotan las hojas, caen en la cuenta de que el verano está cerca” (Mc 13,28), lo cual muestra que entendía de higueras maduras y estaciones. Resulta, pues, inexplicable semejante actitud hacia la pobre planta.

Tercero, los milagros de Jesús siempre tenían como objetivo ayudar a los demás. En este caso, al ver Jesús a la higuera vacía tendría que haber hecho el milagro de socorrerla para que diera frutos, y no maldecirla para que se secara. A esto hay que añadir la dificultad, ya advertida por Mateo, de que la planta se secó “de raíz”, algo imposible de comprobar por los discípulos. Muchas cosas no cierran en el relato, si lo tomamos como un hecho estrictamente histórico.

Hoy, la mayoría de los biblistas sostiene que no se trata de un episodio vivido realmente por Jesús sino de una creación literaria, es decir, una narración compuesta para transmitir una enseñanza religiosa, una idea teológica, con el fin de hacer reflexionar a los lectores de Marcos. Ahora debemos averiguar qué quiso decir Marcos con el relato. Hay tres propuestas.

Para algunos, lo que pretendió fue dejarnos una enseñanza sobre el aspecto humano de Jesús. Es decir, que a pesar de ser el Hijo de Dios, tenía las mismas necesidades y penurias que cualquier ser humano, por ejemplo, el hambre. Pero el acento del relato no está en el hambre de Jesús sino en la maldición de la higuera. De hecho, al día siguiente los discípulos siguen hablando de lo que le pasó al árbol, y no del hambre de Jesús.

Otros alegan que Marcos quiso dejar una enseñanza moral: todo cristiano debe estar siempre preparado para dar frutos, porque en cualquier momento Jesús puede pasar por nuestra vida y pedirlos. Pero esta interpretación espiritual [que es la que hace Kiko el confuso] tampoco es aceptable porque la higuera y sus frutos no aparecen nunca en el Nuevo Testamento como imagen o símbolo de los cristianos.

La higuera en la Biblia es un símbolo del pueblo de Israel desde muy antiguo (Os 9,10; Is 28,4; Jr 24,1-10; Miq 7,1; Ct 2,13). Es decir, la maldición de la higuera en realidad encierra una condena o reprobación contra el pueblo de Israel.

(Continuará)


lunes, 9 de marzo de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXXI)

 


Prosigue el rollo, ahora con una serie de imposiciones que no son de la Iglesia, sino de Kiko. Porque santo y bueno es que el creyente rece todos los días, a la hora que quiera y según Dios le inspire, la Iglesia solo regula con precisión cómo rezar a los consagrados, que para eso lo son y para eso su oficio es la intercesión. El oficio del seglar no es la intercesión, aunque sea buenísimo que la practique a diario.

"Mi casa será llamada casa de oración para todas las gentes". Para realizar el culto espiritual con vuestra vida, para poder hacer de vuestra vida una liturgia de santidad, es imprescindible que os mantengáis firmes cada día en la oración litúrgica y personal. Tenéis que empezar siempre el día con la oración de Laudes, añadiendo las dos lecturas del oficio de Lecturas y los quince minutos de oración silenciosa; y por la noche tenéis que hacer Vísperas. ¡No podéis dejar de hacer esto cada día! ¡Es un culto que hacemos por todo el mundo! La oración que hacemos por la mañana y por la noche no es solo por nosotros, sino también por el mundo. Tenemos en este sentido un "oficio", un deber. Como sabéis, la Liturgia de las Horas se llama también "oficio divino", porque la bendición de Dios es el oficio de los cristianos, y no podemos faltar a ese oficio, a ese deber. La oración es fundamental.

Pero el Señor nos ha dicho en el Evangelio que hemos escuchado: "Todo cuanto pidáis en la oración, creed que ya lo habéis recibido y lo obtendréis". Pero con una condición: que cuando os pongáis a orar, si tenéis algo contra alguno, le perdonéis, para que también vuestro Padre, que está en los cielos, os perdone vuestras ofensas. ¡Esto es otra cosa importantísima! ¡Muchos hermanos se creen que rezan y en realidad no rezan en absoluto, porque rezan pero no perdonan a los demás!

En justicia -que es algo que da mucho repelús a Kiko- en el camino que no lleva a ninguna parte los primeros «hermanos se creen que rezan y en realidad no rezan en absoluto» son los que humillan a otros, los que se aprovechan y abusan de la buena de fe de otros. Pero Kiko nunca se refiere a esos, tan abundantes por desgracia, sino solo a las víctimas de esos.

Y hay otro problema más.

Sí, hay otro problema que es la voracidad sin medida del CNC. Por más que hagan, entreguen y den los neocatecúmenos nada es suficiente para la bestia, siempre reclamará más: tu dinero, tus bienes, tu familia, tu razón, tu vida entera. Serás un pelele y no será suficiente.

Algunos tenéis siempre el espíritu árido, seco. ¿Y por qué? ¡No hemos sido llamados a tener siempre nuestro espíritu seco, árido, a oscuras! Si te sucede eso es porque en realidad estás lejos de Dios; te crees que amas a Dios, pero en realidad haces como hacen algunos ricos: le das al Señor sólo lo que te sobra; ¡no te has entregado al Señor por entero! Le das al Señor algo, es cierto; vas a la comunidad; pero sólo para ver si recibes algo a cambio; quizá nunca te has dado al Señor tú mismo. ¡Aunque uno haya dado todos sus bienes, si no le ha dado su voluntad a Dios, no le ha dado nada!

Y si para ablandarte hay que inventarse que Dios se indigna contigo y se plantea maldecirte, Kiko se lo inventa, que le gusta decidir lo que su diosito tendría que decirte a ti.

Hermanos, Dios no se contenta con recibir de nosotros solo lo que nos sobra. Por eso Jesucristo nos da el signo de la higuera. La higuera existe para dar higos; la vid, para dar uva; ¡y tú existes para amar a Dios, para dar frutos de amor a Dios! Por eso el Señor te dice hoy: "¿A Mí no quieres darme frutos? ¿No quieres amarme a Mí, que te he creado y te he salvado? ¿A quién le quieres dar frutos entonces? ¿A quién quieres amar en lugar de Mí? ¿A tus hijos? ¿A tu mujer? ¿El dinero? ¿Las prostitutas? ¡Si es así, que ya nunca nadie pueda comer tus frutos!".

En este texto del Evangelio de S. Marcos hay una cosa sorprendente: dice que no era tiempo de higos. ¿Cómo va el Señor a buscar frutos en la higuera cuando no era tiempo de higos? Con esta paradoja S. Marcos resalta la seriedad de la visita del Señor a nuestra vida. El Señor tiene hambre de nuestro amor. ¡Cuando llega a nuestra vida, quiere cosechar frutos de amor!

Kiko, en su ignorancia o indiferencia, trivializa un texto que ha dado muchos quebraderos de cabeza a los estudiosos de la Biblia, en la que la higuera representa al pueblo de Israel, no a los cristianos, que aún no existían. Pero el trasfondo es demasiado extenso para que lo condense aquí, quizá en otra entrada.

El texto paralelo de este pasaje de la higuera es la parábola de los talentos.

Falso. El paralelo es el episodio de la higuera relatado por Mateo y, si acaso, el de la higuera estéril relatado por Lucas.

¿Qué es lo que quiere cosechar Dios en nosotros? El amor. Dios, que es amor, está sediento de nuestro amor. El Señor viene a nosotros, a su templo, al templo que está construyendo en nosotros. Viene a nosotros su Reino, el Reino de los Cielos. Nos visita la vida celeste, el Cielo. ¡No hay otra felicidad para nosotros en este mundo que amar a Dios y a los hermanos! ¡El resto es vanidad!

Vanidad es ofuscarse en imponer la propia voluntad por encima de la del Papa que reclama unidad y obediencia.

No hay otra felicidad para nosotros en este mundo que amar a Dios, vivir constantemente con nuestra mente y con nuestro corazón en Él. Jesús te dice: "Si conocieras el don de Dios, y quién es el que te dice: 'Dame de beber'…". Basta solo que hagas un poquito de esfuerzo para mantenerte constante en la oración y que ofrezcas cada día algún sacrificio al Señor, por amor, y experimentarás que inmediatamente Él te da el ciento por uno, porque el Señor es buenísimo.

Aquí una nota aclara la verdadera postura de la Iglesia: «Conviene que el hombre ore atentamente, bien estando en la plaza o mientras da un paseo: igualmente el que está sentado ante su mesa de trabajo o el que dedica su tiempo a otras labores, que levante su alma a Dios: conviene también que el siervo alborotador o que anda yendo de un lado para otro, o el que se encuentra sirviendo en la cocina [...], intenten elevar la súplica desde lo más hondo de su corazón» (S. JUAN CRISÓSTOMO, De Anna, sermón 4, 6). Jamás ha impuesto la Iglesia a los seglares que sea obligatorio rezar laudes con x minutos de oración estática y también vísperas, pueden rezar “mientras pasean”, por ejemplo. Los rollos de Kiko no vienen de la Iglesia y, por tanto, no vienen del Espíritu de Dios.

A partir de aquí, la perorata degenera hacia una pseudo conferencia sobre la libido, que parece ser que los neocatecúmenos la tienen muy alterada.

Lo dejo para otra entrada.

 

sábado, 7 de marzo de 2026

Roma prohíbe el Triduo fuera de iglesias parroquiales

 


Además de la carta publicada en la entrada precedente, el Vicario General para la Diócesis de Roma aporta a sus subordinados la siguiente información, que recorto para abreviar la entrada.

 

La historia de los primeros siglos nos dice que tanto en Jerusalén como en Roma, la comunidad cristiana se reunía toda en un mismo lugar, alrededor del Obispo, para la celebración de la Pascua semanal y de la anual (Cfr. Justino, Apología,65). Los mismos monjes, que celebraban la Liturgia de las Horas en sus respectivos monasterios, participaban luego en la Eucaristía junto con el Obispo, el clero y los fieles. Todo esto tenía como objetivo manifestar la unidad de la Iglesia en torno al único evento sacramental que fundamenta la comunión de todos en Cristo Señor (Cfr. 1Cor 12, 12).

Por lo tanto, siguiendo las normas indicadas por la Congregación para el Culto Divino en la carta circular sobre la preparación y celebración de las fiestas pascuales del 16 de enero de 1988 y a las notas pastorales sobre la celebración del Triduo Pascual, ya publicadas en la Revista Diocesana de Roma (Año XXI, N. 3-4, marzo-abril 1980, pp. 438-443), el Consejo Episcopal de la Diócesis de Roma ha considerado oportuno

CONFIRMAR Y ESTABLECER LO SIGUIENTE:

a) para llevar a cabo convenientemente las celebraciones del Triduo Pascual, expresar visiblemente la unidad del pueblo santo de Dios (cf. Eucharisticum Mysterium n. 17) y experimentar de manera más profundo el sentido de pertenencia a la comunidad eclesial, quienes frecuentan las rectorías (y lugares de culto equiparados: iglesias anexas, lugares subsidiarios de culto, etc.), así como los oratorios abiertos al público de las comunidades religiosas y de otras comunidades (grupos, asociaciones, movimientos y nuevas comunidades) son exhortados a participar en las celebraciones del Triduo Pascual en las iglesias parroquiales (cf. Eucharisticum Mysterium n. 26).

La celebración de las acciones litúrgicas del Triduo fuera de las iglesias parroquiales queda limitada a los casos de verdadera necesidad pastoral, sometida al juicio del Obispo auxiliar y con su previo consentimiento. Por lo tanto, quedan revocados todos los permisos otorgados anteriormente.

 

b) Se debe evitar que la Vigilia Pascual esté reservada a grupos particulares y, por lo tanto, ninguna asamblea debe ser «cerrada»: esto estaría en contradicción con el «sentido de la Iglesia» que tal celebración debe expresar y fomentar (cf. Lumen Gentium n. 11). De hecho, en toda realidad sacramental y especialmente en la Eucaristía, el Espíritu Santo nos transforma en sustancia de Iglesia, es decir, en una comunidad que se manifiesta como «un solo cuerpo y un solo espíritu» (Plegaria Eucarística III).

Sin embargo, además de en la Parroquia, el Sagrado Triduo podrá celebrarse en aquellos lugares en los que sea objetivamente imposible participar en la celebración litúrgica de la comunidad parroquial (en los monasterios de clausura, hospitales y cárceles). En estas realidades, sin embargo, se debe celebrar el Triduo con decoro y en su totalidad -desde la Misa vespertina de la Cena del Señor hasta el Domingo de Resurrección – para garantizar la visión unitaria del misterio de Pasión, Muerte y Resurrección. Por lo tanto, si esto no fuera posible, se debe evitar celebrar solo una parte.

No es admisible la doble celebración del Triduo Pascual, o de parte de él, dentro de la misma comunidad parroquial [Hay lugares donde se “invita” a asistir a la vigilia pascual “del párroco” para cumplir y a continuación, cuando se van los religiosos naturales, esos mismos montan la vigilia neocatecúmena hasta la mañana].

c) Es pastoralmente oportuno que el Bautismo se confiera solo en la Vigilia celebrada en la Parroquia o donde el Párroco preside con su comunidad parroquial (Además de las limitaciones impuestas por el derecho y en particular por el can. 860 C.I.C., sigue prohibida sin excepciones la celebración de este Sacramento en rectorías, en oratorios y en capillas, salvo lo dispuesto por los cann. 858 §2 y 859 C.I.C.).

 

d) En proximidad o en los primeros días de la semana santa se valore la celebración comunitaria del Sacramento de la Reconciliación.

Esta celebración se haga, sin embargo, antes del Triduo pascual y no anteceda inmediatamente a la misa vespertina en la Cena del Señor [Antes del triduo implica que tampoco es válido tener la penitencial el sábado santo por la mañana].

 

e) Los párrocos, en la inminencia de la semana santa, convoquen a los responsables de las comunidades religiosas masculinas y femeninas, así como los de grupos eclesiales, para acordar con ellos las modalidades y la preparación de la celebración del Triduo pascual, siguiendo las indicaciones del Misal Romano y de los demás Libros litúrgicos.

El párroco se aproveche, por tanto, de la contribución de todos (Lectores, Acólitos, Ministros extraordinarios de la Comunión, Animadores del Coro, Grupo litúrgico) para que la participación activa en las acciones litúrgicas de la Parroquia sea más provechosa (cfr. Sacrosanctum Concilium n. 14).

 

f) Los movimientos eclesiales que por Estatuto aprobado por la Autoridad eclesiástica [no es el caso del CNC, véase el artículo 12 de su estatuto] consideren útil para su camino formativo y catequético, o en caso de una asamblea demasiado numerosa, celebrar la Vigilia Pascual con su comunidad, pueden hacerlo con el permiso del Párroco también en lugares idóneos para el ejercicio del Culto Divino (iglesias no parroquiales, etc.), teniendo en cuenta que, sin embargo, es preferible la celebración en la Parroquia y también lo expuesto en el punto c). Los responsables de dichos movimientos estudien fomentar la celebración lo más participada posible, reuniendo a más grupos y evitando la multiplicación no justificada de pequeñas asambleas.

Donde la ayuda de tales movimientos pueda estimular a la Parroquia a una participación más rica de la Vigilia pascual, el Párroco, de acuerdo con lo aquí precisado, involucre a los responsables de los movimientos manteniendo siempre presente la unidad de la Comunidad parroquial.

 

g) Se recuerda que la Vigilia pascual debe ser celebrada «al inicio de la noche y terminar antes del amanecer del domingo» (Normas generales del año litúrgico y del calendario, n. 21).

 

A todos los carísimos hermanos [presbíteros] recordamos que en todo momento debe guiarnos la preocupación de no dispersar el rebaño y de que todos puedan hacer una madura y auténtica experiencia de Iglesia, aún más esta ansiedad apostólica y pastoral debe sostenernos en los momentos celebrativos de la Gran Semana Santa y, en particular, del Sagrado Triduo.