martes, 27 de octubre de 2026

Padre nuestro - última parte (VIII)

 


Después de asegurar erradamente que un texto poco o nada normativo es de san Gregorio de Nisa, Kiko se lanza a comentarlo a su modo… Recuérdese que este panfleto trufado de falsas citas se supone que es una monición a la Palabra.

«Esto es un fragmento de una catequesis de S. Gregorio de Nisa sobre el "Padre Nuestro"».

Falso.

«En la Iglesia antigua sólo podía rezar el "Padre Nuestro" el que ya estaba bautizado, el que había recibido del cielo el Espíritu Santo, el que durante el catecumenado había mostrado con su vida que había escuchado, creído y respondido a la predicación».

Falso de nuevo. Cuando la Iglesia era tan tan antigua que aún no se habían escrito los Evangelios, muchos desconocerían el Padre nuestro hasta ser catequizados, pero otros lo conocerían incluso antes del Bautismo gracias a la tradición oral. Y no había prohibición ni multa para quienes enseñasen a rezar. Y después de escribirse los Evangelios, los que dispusiesen de una copia, bautizados o no, encontrarían en ella el Padre nuestro, pocos serían, pero de nuevo no había prohibición ni multa ni amonestación.

«Porque como el Espíritu bajó sobre la Virgen María y la cubrió con su sombra cuando Ella dijo: "He aquí la esclava del Señor, hágase en mí según tu palabra", lo mismo sucede también en quien acoge la palabra con corazón íntegro; el Espíritu Santo, ese Espíritu que recibe gratis desde el cielo por mediación de Cristo, le cubre con su sombra y, con facilidad, como una gracia, se empieza a producir en ese hombre un profundo cambio. Antes no quería tener hijos, ahora acepta tenerlos; antes no quería tener a su suegra en casa, ahora acepta tenerla; antes era incapaz de perdonar a su mujer, ahora empieza a perdonarla. Todo eso es obra de la gracia, obra del Espíritu Santo, que va moviendo a ese hombre poco a poco, en virtud de un cambio de naturaleza que se da en él. La naturaleza divina va actuando en él; la gestación va creciendo en él hasta el punto que (sic) se reconoce por sus obras que es hijo de Dios».

Este es el núcleo del kikismo. “Quien acoge la palabra” es quien se somete a Kiko, y es a ese y solo a ese a quien se le asegura la filiación divina gratuita, fácil, sin esfuerzo. ¿Sacramentos? ¿Oración? Centraos, lo importante en el kikismo es la palabra, lo demás no queda otra que admitirlo para simular ante curas y obispos, pero Kiko no cree en la Iglesia, solo cree en el Camino.

«Esto no quiere decir que sea impecable. Nosotros no somos cátaros. La filiación divina aparece siempre en medio de la debilidad que todos tenemos: llevamos un tesoro incalculable en vasos de barro, como dice S. Pablo. Pero ese tesoro está dentro de nosotros; por eso la Iglesia nos autoriza a poder llamar a Dios: "!Papá!" Y no sólo eso, sino que nos da las siete "notas musicales" de este tesoro, de esta joya, que es la oración profundísima del "Padre Nuestro". Pensad que esa oración la ha recitado Jesucristo, seguramente en arameo. Cristo, el Hijo del Padre, el Hijo de Dios, Dios mismo -no hay tres dioses, sino un único Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo- nos ha enseñado una oración impresionante que os entregaremos cantándola, con una melodía un poco oriental, con una música dulce».

Kiko ha leído un panfleto, ese que atribuye erróneamente a san Gregorio de Nisa, en el que se dice que mucho ojo con pronunciar el Padre nuestro si no eres impecable… Ahora resulta que no importa, que puedes llamar a Dios Padre aunque sepas que no eres impecable. ¡Pues claro! Para llegar a tal conclusión no hace falta este rollo kikil.

«Es un don inmenso poder gritar a Dios: "¡Papá!, ¡Abba!", tener dentro de ti un espíritu que dice: "!Padre! ¡Papá!" Si tienes dentro de ti este Espíritu que da testimonio a tu espíritu de que eres hijo de Dios, no necesitas que te lo diga Kiko; lo creerás no porque alguien te lo dice, sino porque el Espíritu mismo de Cristo da testimonio en tu interior de que eres hijo de Dios».

Ese es mi argumento: no necesitas a Kiko ni a la comunidad, ni el Camino, tienes a Dios por Padre y lo demás sobra, peor aún, te aleja de Dios tanta palabrería vana.

«¡Dime qué miedo puedes tener de la enfermedad, de la falta de dinero, de los problemas del tipo que sea, si tienes dentro de tu espíritu el testimonio de que eres hijo de Dios, el testimonio que da el Espíritu de Cristo a tu espíritu! ¡Eres hijo de Dios, hijo de Dios! Un padre nunca abandona a su hijo, y todo lo que su hijo le pide se lo concede. Esta confianza es obra del testimonio del Espíritu de Cristo a nuestro espíritu, como dice S. Pablo. ¡Esto es un tesoro fantástico, hermanos, un tesoro maravilloso!».

Eso tampoco es así. Dios no es el genio de la lámpara, no concede todo lo que se le pide, concede lo que conviene a sus hijos.

«Escuchemos ahora la palabra de Dios. Ánimo, porque es una gran gracia poder escuchar una palabra. No todos escuchan una palabra; hay gente que nunca ha escuchado más que moralismos, exigencias; en el mundo no hay más que exigencia: "¡Tienes que cambiar, tienes que estudiar, tienes que ser bueno, tienes que, tienes que...!" Pensad que millones de hombres nunca han oído hablar de la misericordia divina. En el paganismo, el perdón no tiene sentido: ¡quien la hace la paga! Escuchemos de pie, hermanos, esta palabra estupenda de la primera Epístola del apóstol S. Juan.

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA DE DIOS: 1Jn 1,5-2,2;2,7-11;3,1-16»

Lo que habría que escuchar es la Palabra de Dios. Y como Kiko solo pesca entre feligreses, se diría que todos, incluso cuando eran religiosos de misa de 12, han escuchado mucho más que moralismos y exigencias. Pero Kiko asegura todo lo contrario. Quizá sea que no hay que perder ocasión para menoscabar “lo de fuera” en un vano intento de engrandecer el CNC.

 

domingo, 25 de octubre de 2026

"Te gusta pecar, te gusta fornicar"

 


Tenía desde hace bastante tiempo un recorte de un tostón (del curso 2022-2023 en concreto, pero podría ser de cualquier otro porque Kiko repite una y otra vez los mismos errores), a la espera de que me entrasen ganas de analizar los mantras de Kiko.

Presento primero el recorte.


     

 

 

 

Lo primero que suelta Kiko -un clásico- es que nadie va por su voluntad, libre y consciente, a escuchar uno de sus tostones. Todo el que acude a él, a Kiko, es impepinablemente porque diosito les ha reclutado y llevado a presencia del nuevo moisés del CNC.

Por tanto, el segundo detalle importante es que diosito está al servicio de Kiko, y no al revés. Es diosito quien junta y lleva a los integrantes de la asamblea, para que Kiko, el gran líder, pueda arengarles.

Lo tercero, por desgracia, es que la arenga no sirve de nada. Una y otra vez, pese a que diosito hace su mejor esfuerzo para que la asamblea se convierta, esta decide que le gusta pecar y que no está por la labor de convertirse.

¡Cuánta incoherencia!

Vas a una gravosa convivencia no por tu voluntad, sino porque diosito te lleva, escuchas no porque te interese lo que se dice, sino porque la tercera persona de diosito te tiene sujeto a la silla, pero no sirve absolutamente de nada porque diosito ha gastado todos sus cartuchos magikikos en asegurar tu presencia allí, de modo que nada puede hacer para inducirte a convertirte.

De todo lo cual se concluye que el CNC y las arengas kikiles no sirven para nada. Y como demostración de esta conclusión están los hechos concretos de los no-miembros, que no deslumbran precisamente.

Pues bien, frente a la palabrería vacía de Kiko, un texto de san Agustín, obispo y padre de la Iglesia Católica:

«Lo que preguntamos, pues, es si está en nuestro poder alcanzar la fe con que creemos a Dios o con la cual creemos en Dios. Pues por esto está escrito: Creyó Abrahán a Dios, y le fue abonado a cuenta de justicia (Gn 15,6); y también: Al que cree en aquel que justifica al impío, se le abona su fe a cuenta de justicia (Rm 4, 3-5). Considera ahora si habrá alguien que pueda creer, si no quisiere, o no creer, si quisiere. Si esto es absurdo —porque ¿qué es creer sino asentir a lo que se nos dice como verdadero?, y el asentimiento, ciertamente, es un acto de la voluntad—, luego, sin duda, la fe está en nuestro poder» (cap. XXXI de Del espíritu y de la letra).

San Agustín no sostiene que la fe es solo para unos pocos, gente extraordinaria como Abrahán o san Pablo, al contrario, su argumento es que la fe está al alcance de todos.

Siendo así, algo tiene que pasar para que entre los neocatecumenales se dé el caso de que ni uno solo en ningún sitio se ha convertido jamás, sino que todos ellos escuchan decir que no se convierten porque les gusta pecar y se sienten identificados.

La solución la da san Agustín en la obra ya citada:

«Le es posible al hombre el vivir sin pecado con el auxilio de la gracia divina, si no le falta la cooperación de su voluntad; pero, sin embargo, a excepción de aquel en quien todos serán vivificados, nadie ha existido ni existirá aquí en la tierra en quien se hallase tan cabal perfección» (cap. I de Del espíritu y de la letra).

Es decir, es una trampa, una treta y una mentira vil pretender que si tienes fe has de ser totalmente irreprensible e irreprochable de pensamiento, palabra, obra y omisión. Esa no es la fe de la Iglesia.

La fe de la Iglesia sostiene que todos, creyentes y paganos, necesitan de la gracia y del perdón de Dios, que ni uno solo se salvará a si mismo por sus obras. Por tanto, no solo es compatible, además es ineludible, que la fe vaya acompañada de la falibilidad humana.

Kiko engaña para mantener a sus huestes subyugadas bajo su bota a sabiendas de que jamás dejarán de ser pecadores, pecados que él reclama que se cuenten en comunidad y que utiliza para echarles en cara que no tienen fe y no están convertidos.

En su caso no niego que eso sea real, porque si conociesen al verdadero Dios huirían del Camino, pero es que lo que Kiko dice es en su mayor parte falsedad y engaño.