En la Iglesia
católica, apostólica y romana, el Corpus Christi es una solemnidad que reúne a
las familias de la gran familia cristiana.
Es una fiesta
luminosa, bulliciosa, colorista, alegre, en la que la Iglesia, que se
congratula de ser Cuerpo de Cristo, procesiona como signo vivo y público de su
fe y rinde culto a la Eucaristía, Dios con nosotros.
Las calles por las
que va a pasar la Custodia se engalanan con flores, estandartes y cintas, los
balcones se adornan con palmas, los niños que han recibido su Primera Comunión
ese año ocupan un lugar destacado en las procesiones, los templos se iluminan
para recibir al Rey de reyes y Señor de señores.
Es una fiesta grande
de todos y para todos… ¿Para todos?
Bueno, a decir
verdad, para algunos prima el ‘todo aparte’ por encima, por debajo y por en medio,
del ‘para todos’.
Así en el CNC
se ignora por completo la solemnidad del Corpus Christi mientras el catecúmeno
está gestando su fe, no sea que por el influjo del ambiente, se le pegue algo y
en lugar de gestar un kikín se geste un religioso de Misa de 12, Dios no lo
quiera.
Pero hete aquí, como
ya conté en otra ocasión, que al año de acabar el camino, cuando el catecúmeno
ya tiene su diploma, digo, su túnica de kikiano adulto, se presentan los
catequistas (a los que se sigue debiendo obediencia total) e imparten
instrucciones sobre como ha de celebrar la fiesta de Corpus Christi un adulto catecúmeno bien adiestrado por sus catequistas.
Por supuesto, los
kikianos adultos bien adistrados no lo celebran con la Iglesia, sino todo
aparte. Es más, en caso de que la comunidad sea numerosa (algunos dicen que
existen comunidades de hasta 50 hermanos), se parte en dos grupos que ‘celebran’
(digámosle así) por separado.
El procedimiento de ‘celebración’
está regulado por los mamotretos no litúrgicos y debe seguirse al pie de la
letra, sin omitir ni añadir nada de nada. No se vaya a pensar nadie que por el
hecho de que Pako añada o quite a su antojo elementos de las celebraciones
litúrgicas reguladas por la Iglesia, con lo que él se inventa se va a poder
hacer lo mismo. Ni hablar, en el camino no se puede opinar, se obedece, y al
que no le guste, que se vaya al mundo donde será destruido tanto el
desobediente como su familia.
El caso es que dicho
procedimiento regulado por el magín de Pako que no debe ser alterado so pena de
anatema, es el siguiente:
Caso de haber en la parroquia varias comunidades que hayan acabado el camino, las mismas se reparten las noches de la semana del Corpus. De forma que durante esa semana, cada noche haya una comunidad o grupo de una comunidad (si alguna necesita dividirse en
grupos). Cuando le toque, la comunidad se reúne sobre las 23:00 para pasar la noche
en vela ante el Santísimo.
La letra de la
ley de cómo debe ser vivida esta dizque celebración por las comunidades
adultísimas a las que hay que dirigir férreamente para que no se desmanden y no
innoven, ya fue contada en su momento y puede consultarse aquí,
por lo que no voy a repetirlo.
Sólo comentar que tal
vez lo más llamativo del programa de festejos para adultos sea el primero de
los ritos, al que, por la posturita concreta que se dispone en los kikotretos
secretos, se puede llamar el rito del más
rebuscado todavía. Pero el rito central de toda la noche es claramente
otro, que nada tiene que ver ni con el Corpus Christi ni con la adoración al
mismo: es el que damos en denominar rito
de la lectura al azar con la que Dios te habla.
Para no pocos hermanos de comunidad, lo que según ellos da sentido a esa dizque celebración
todo aparte, que ni es en familia ni con la Iglesia, ni es colorista, ni alegre, es ese ritual que ellos
viven como algo pseudo-mágico en el que una vez al año Dios les habla.
Son estos hermanos de
comunidad quienes me han dicho que si no voy al ‘Corpus neocatecumenal’, me
pierdo el mensaje anual de Dios para mí y tendré que esperar un año entero
hasta que Él disponga volver a hablarme.
Así, tan
supersticioso y mitológico como suena, me lo han dicho.








