Desde hace algunos años, en cada Semana
Santa, hay una cantinela que muchos neocatecumenales repiten monótonos, monocordes
y empecinados en el error. La cantinela equívoca consiste en afirmar que la
última cena de Jesús fue exactamente y paso por paso la celebración del seder judío,
como si quienes tal cosa aseveran hubiesen estado allí y lo hubiesen grabado.
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Foto de grupo tras montarse un "seder pascual" fetén y kukísimo |
A ver, chicos, no, por más afán judaizante
que os posea hay cosas que no tienen sentido y una de ellas es que os paséis
por el forro la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial para
quedaros con la fiestita “kuki” de unos que conmemoran una leyenda viejísima sin
visos de realidad histórica.
Más claro todavía: el cuentito de los pobrecitos
judíos esclavizados por el malvado faraón y de la intervención prodigiosa del
Dios altísimo en su favor, con plagas y portentos, con la muerte de todos los
primogénitos de una nación poderosa y no sé cuántas otras plagas, con el paso
del mar a pie enjuto y demás son alegorías que prefiguran lo que estaba por
venir, pero no hay ninguna evidencia histórica que lo sustente. Es un mito, una
leyenda, una fábula, un cuento.
Lo verdaderamente importante es lo que Jesús
hizo en su última cena, lo verdaderamente vital es su pasión y muerte y su
resurrección, quedarse en el mito y restar importancia a la verdadera intervención
salvadora de Dios hace pensar que algunos no han entendido el significado de «Deja
que los muertos entierren a sus muertos» (Mt 8,22 y Lc 9,60) y «quien echa mano
al arado y vuelve la vista atrás no vale para el reino de Dios» (Lc 9,62), pese
a ser frases muy empleadas por los neocatecumenales.
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La mesita pequeña es para Elías
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Para mí es incomprensible que algunos
leviten con la simbología del hagada de pesaj -o como se llame- y no sean
capaces de advertir que una Misa tiene tanta o más simbología y mucho más
sentido, puesto que conmemora un hecho real… Porque se supone que también son
cristianos los neocatecumenales que tanto se emociona con el pesaj, el hagada,
el seder o lo que les pongan delante con resonancias judías. Y, sin
embargo, la misa no les emociona, lo que les emociona es que en no sé qué
parroquia han montado una pantomima de cena pascual judía en la que han
participado y de la que han salido renovadísimos…
Para mí que tendrían que
hacérselo mirar.
Para empezar, me cuestiono si esos
neocatecumenales tan sensibles a las representaciones teatrales caen en la
cuenta de que la pascua judía consiste primero en un sacrificio y después, como
consecuencia de este, en una cena. Pero primero y fundamental es el sacrificio
de una víctima, cordero o cabrito, macho, de un año y sin tara.
En la celebración judía ancestral, el
componente sacrificial es fundamental. No tengo ni idea de cómo se hace en el
siglo XXI, pero lo que dice la tradición es que la victima se sacrifica en el
templo -mala suerte, los judíos se han quedado sin templo- a la caída de la
tarde y la sangre se recoge en recipientes para rociar con ella las jambas de
las puertas.
El plato fuerte de la cena, por supuesto, es
la víctima sacrificada, de la que no puede quedar nada. Por eso la tradición manda
que se reúnan las familias hasta alcanzar un número de comensales suficiente
para que no sobre ni una orejita.
Mención especial merecen las copas.
En la cena judía hay cinco copas. Cuatro se
beben, la quinta se deja sin tocar pues es para Elías, por si se presenta a
cenar.
Voy a suponer que en la última cena de Jesús
se respetase el ritual de las copas, la de Elías y las otras cuatro: la de la
bendición, la de las plagas, la de la redención y la de las alabanzas. Pero
Jesús «todo lo hace nuevo». En el relato de la cena que hace el evangelista Lucas, Jesús dice: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de
padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento
en el Reino de Dios» (Lc 22,15).
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El postre, que se reparte al final entre todos
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Esta Pascua que Jesús anhela con ansia es la Pascua de la Pascuas: esa noche
se realizó de forma plena y definitiva la Liberación y Redención; esa noche
Jesús consuma el paso de la Antigua a la Nueva y Eterna Alianza y da las pautas
para celebrarla.
Según el relato de Lucas (cap. 22), Jesús
bebió de la primera copa, la de “la bendición”, al comienzo de la cena,
diciendo las palabras acostumbradas: «Bendito seas Señor, Rey del Universo, por
el vino…». Después bebió y dio de la segunda copa (la de “las plagas”)
a sus discípulos: «recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: Tomad esto y
repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no
beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».
Tras la cena tiene lugar el afikomán, que
literalmente significa “lo que viene después”, es decir, el postre, que es lo
que Lucas narra a continuación: «Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo
partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros;
haced esto en recuerdo mío». Y esto, que para un cristiano es crucial, no tiene nada que ver con el seder.
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Esto me da que no aplica en la Pascua judía, por más que se pongan kipá
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Acabada la cena, tomó Jesús otra copa, la de
la redención, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que
es derramada por vosotros».
Pero según las misteriosas palabras dichas con
la segunda copa, Jesús no bebió de esta. Más aún, se levanta abruptamente de la
mesa y sale al huerto… Este hecho es verdaderamente insólito, pues los judíos
tenían que completar los ritos de la cena pascual, o no se daba por cumplido el
precepto.
Sucede que de la misma forma que Jesús deja
pasar el cordero sin darle nueva significación sino que identifica su Cuerpo con un pan, ahora no bebe la copa
de la Redención porque la va a beber en la Cruz. Por eso en el huerto de Getsemaní Jesús dice: «Padre,
aparta esta copa (cáliz) de mí, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya».
Hay una conexión entre esta copa que quiere evitar y la que no bebió. Poco antes, en el
aposento alto, Jesús se ha ido sin beber de la tercera copa. Y ahora pide a su Padre
que “la aparte”. Se trata de la copa de la Redención con todo lo que ello
significa.
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El bailecito me da que tampoco es tradición judía, pero les parecía kuki
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Y todo este simbolismo solo está en la
Pascua cristiana, no en la pascua judía con la que tanto se extasían algunos
neocatecumenales que parecen anclados en una alianza caduca.
Mateo cuenta que en el Calvario «le dieron a
beber vino mezclado con hiel, pero después de probarlo, no lo quiso beber» (Mt
27, 34). Jesús, fiel a lo dicho en la cena, rehusó tomar vino. Sin embargo, san
Juan, testigo presencial de la muerte de Cristo en la cruz, nos dice que fue el
mismo Jesús quien pidió de beber: «Después de esto, sabiendo Jesús que
ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: "Tengo sed". Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu»
(Jn 19, 28-30).
El hisopo era lo que se utilizaba para
rociar la sangre del cordero en los marcos de las puertas hebreas en la noche
de la Pascua.
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El director del teatrillo, que es presbi, disfrazado para la actuación
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Tras beber el vinagre Jesús dice: Todo está
cumplido. Este vinagre bebido en la cruz da cumplimiento a la misión
Redentora de Jesús.
El reino de Dios es el reino de aquellos que hacen
la Voluntad de su Padre. Jesús en lo alto de la cruz está en lo más perfecto de
la Voluntad del Padre, y es aquí, en esta plenitud de la voluntad del Padre donde
Jesús bebe la tercera copa de la cena pascual, su copa de la
Redención. De este modo se conecta el Cenáculo y el Calvario, la cena pascual
y el Sacrificio y con esto se termina la Antigua Alianza y comienza la Nueva,
todo ligado por la cena pascual de Liberación y Redención, la Cena del Cordero.
Por lo tanto, la cena pascual de Jesús termina en
la cruz.
Parte de esta entrada está sacada de aquí.
Las imágenes del teatrillo pseudo judío son de aquí.