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lunes, 29 de junio de 2026

Misioneros... o no

 

Cruz de plata que pagan sí o sí los misioneros del Camino | Ramón Fandos

Otro interesante artículo de fandosrj en RD

«La Iglesia tiene desde hace siglos un modo preciso de enviar misioneros, y existe por algo: para proteger a las personas. Ningún sacerdote actúa por libre. Está incardinado en una diócesis y depende de su obispo. Cuando sale fuera, el Código de Derecho Canónico exige documentación concreta: un "celebret" para celebrar (c. 903), autorización del rector para predicar (c. 764) y facultades escritas para confesar (cc. 966-973). Todo apostolado en una diócesis requiere el consentimiento del obispo del lugar.

Dado que diversos testimonios y episodios documentados han señalado prácticas que, en ocasiones, parecen situarse al margen de las normas, cabe preguntarse si los ochocientos presbíteros del Camino Neocatecumenal enviados un fin de semana como misioneros por toda Italia cumplen el procedimiento canónico establecido. ¿Consta el consentimiento explícito de los obispos de las diócesis de destino, tal como exige el Código de Derecho Canónico (c. 265‑268)? ¿Llevan consigo las licencias necesarias para predicar y ejercer el ministerio pastoral fuera de su diócesis de incardinación? La información publicada no lo aclara.

Con los laicos, el asunto plantea cuestiones aún más delicadas desde el punto de vista jurídico. El Código de Derecho Canónico no contempla ninguna figura denominada “familia en misión”, expresión utilizada internamente por el Camino Neocatecumenal para referirse a estos envíos. Define al misionero como quien es "enviado por la autoridad eclesiástica competente" (c. 784) y regula al catequista laico bajo mandato (c. 785). Una bendición litúrgica de envío, por hermosa que resulte, no equivale por sí sola a ese mandato. El propio Camino sostiene que a estas familias "no las envía el Camino, sino las parroquias, los obispos o el Papa". De acuerdo: entonces su cobertura depende por entero del obispo de destino. Donde hay respaldo formal, hay legalidad. Donde no, el encaje jurídico es frágil, y muchos países solo conceden visado de "misionero" si una entidad reconocida lo acredita. Sin ese estatuto, una familia que se presenta como misionera queda en una situación muy precaria.

Y aquí está lo más importante: en estas historias también hay menores.

Dos preguntas sobre la mesa. Una institucional: ¿qué garantías laborales, de previsión social y de estatuto jurídico protegen realmente a quienes son presentados como "misioneros" pero carecen de contrato, de cobertura social y de reconocimiento canónico claro? Y otra, profundamente humana: ¿qué disculpa, qué reparación se ofrecerá a esta familia que fue enviada al extranjero y que quedó sin acompañamiento institucional en el momento en que su situación dejó de encajar en la estructura que los había enviado?

A título personal, creo que la entrega y la fe de estas personas —incluidos los menores que forman parte de su misión— merecen respeto. Y precisamente por ese respeto, la institución tiene la obligación ineludible de garantizar transparencia, protección real y condiciones seguras.

No sorprende el silencio del propio Camino, pero sí resulta más difícil de comprender el de la Santa Madre Iglesia. No se trata de suponer mala fe en nadie. Se trata de pedir lo que la Iglesia pide a todos: orden, autoridad y cuidado de las personas. Sobre todo de las más frágiles, que en estas historias son los hijos menores.

"Id y anunciad el evangelio a todas las gentes bautizándolas en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo. Yo estaré con vosotros hasta el fin del mundo", Inscripción en la cruz de plata que “se entrega” a todos los "misioneros".

Dato curioso:  los “misioneros” del CNC tienen que pagarse ellos mismos la crucecita.


Este artículo se basa en información pública —la nota de Vatican News sobre Porto San Giorgio, decretos y discursos pontificios, declaraciones episcopales recogidas en prensa, el Código de Derecho Canónico y un testimonio registrado como denuncia ante el Arzobispado de Valencia y publicado por Religión Digital—. Las alegaciones de esa denuncia se presentan como lo que son: la versión de una parte, pendiente de resolución.

fandosrj@gmail.com»

 

martes, 1 de octubre de 2024

Estafa "misionera"

 

Un comentarista del blog italiano expuso hace poco cómo es el proceso para enviar gente a kikotizar a tierras extranjeras.


Después de una cuidadosa investigación obtuve la información sobre el envío de los "misioneros" neocatecumenales, habida cuenta de que los Estados exigen garantías a través de las leyes de inmigración.

Hay dos posibles procedimientos, de los cuales el primero es el más conveniente para el CNC.
La primera opción es que los "misioneros" partan con visado/permiso de residencia como trabajadores. 

En este caso, su papel, el personaje que interpretan es el de trabajadores desplazados que hacen el Camino Neocatecumenal allí donde han ido a trabajar y que además se esfuerzan por reclutar seguidores para el Camino Neocatecumenal. Es decir, son trabajadores que hacen proselitismo a favor de su grupito sin que se sepa de la existencia de prebendas a cambio de tanto esfuerzo.

Insisto, la situación jurídica de estos enviados es la de trabajadores y no la de misioneros. La Iglesia no sabe nada de ellos, quien les ha enviado ha sido la cúpula del CNC, pero todo se hace de tal forma que estos trabajadores son enteramente autorreferenciales y no dependen (legalmente) de ninguna organización. 

Son simplemente inmigrantes que han ido a trabajar. Aunque la mayor parte de las veces su conocimiento del idioma y de la cultura local es francamente deficitaria, por más que puedan aportar un título académico y cierta experiencia laboral.

El punto gordiano es que en caso de conflictos, dificultades, apuros… estos trabajadores están solos, ni la Iglesia ni mucho menos el CNC se volcará con ellos, todo lo contrario, no los reconocerán.

La segunda opción es que las familias partan con el visado/ permiso de residencia de "misioneros". 

Repartir tales visados no está al alcance del CNC debido a que no tiene reconocimiento civil como organización/ organismo/ asociación. Por tanto, el Camino Neocatecumenal no puede enviar "misioneros".

Esto es importante. 

En Italia, para que los laicos partan como “misioneros” debe existir una ORGANIZACIÓN DE REFERENCIA que presente la documentación al Obispo, y será el Obispo quien autorice el envío. 

Sin embargo, como el Camino Neocatecumenal no está reconocido civilmente, no es una organización de referencia legítima que "se hará cargo de los gastos del viaje de ida y vuelta, al inicio y al final del tiempo de servicio, y además, en caso de necesidades particulares, también cubrirá gastos sin cobertura financiera específica". 

Y si no lo hace, puede ser demandado. 

Pero si carece de reconocimiento civil, es imposible demandarlo y por tanto el "misionero" maltratado queda indefenso y no puede obtener protección.

Para España es casi lo mismo, salvo que no es el Obispo quien envía, sino directamente la organización/asociación.

 Sin embargo, para Italia DEBE ser el Obispo quien autoriza el envío y, si lo hace sin que exista una organización de referencia LEGÍTIMA, debe rendir cuentas en caso de problemas. No se pueden enviar fieles católicos al tuntún sin el aval de pertenecer a una organización legítima que vele por los misioneros. 

Entonces, si en el plano de la legalidad y del reconocimiento civil el CNC es INEXISTENTE, ¿quién envía a los llamados “misioneros” neocatecumenales, no los inmigrantes con visado de trabajo, sino los "misioneros" (si los hay)? 

¿Son conscientes los obispos de es un delito enviar a familias enteras sin la protección de una organización legítima reconocida civilmente?


Marco

 

viernes, 19 de julio de 2024

Las familias en misión no viven contentísimas

 

Una constante del CNC es la insistencia de Kiko en asegurar que la receta para hallar la felicitad es renunciar a la razón y someterse a él, a sus caprichos y a sus designios. 

Kiko: si te sometes a mí, te abro el paraiso

No lo dice así, claro, lo cuenta con más prosodia, pero el meollo es lo que he resumido en el primer párrafo: para ser feliz, sométete a él, obedece a tu sumo kikotista.

Por eso no hay reunión ni rollo de temporada en que no asegure que todos lo que hacen su voluntad están contentísimos. Por ejemplo:

«En septiembre hemos tenido las convivencias de seminarios: primero con los formadores, hemos vivido una comunión maravillosa; y luego con los seminaristas. La Tienda de Porto San Giorgio estaba llena de jóvenes: todos contentos, en comunión, dispuestos a ir a cualquier parte ¡algo inimaginable! Han sido enviados por sorteo a Madrid, a Granada, a Roma, a Finlandia, a Camerún, a China…Parecía un milagro ¡y todos los muchachos contentísimos!» (tostón de inicio del curso 2023-2024).

«El 27 de junio el Papa ha enviado 430 familias a los cinco continentes. Todas iban contentas dispuestas a salir a cualquier lugar, Bulgaria, Rusia, Islandia, Uganda, Kazajistán, Camboya, Mongolia, Australia, etc.» (tostón de inicio del curso 2022-2023).

En esa reunión, el Papa les dijo:

«Hemos escuchado la misión de Jesús: “Id, dad testimonio, predicad el Evangelio”. Y desde ese día los apóstoles, los discípulos, toda la gente fue adelante con la misma fuerza que Jesús les había dado a ellos: es la fuerza que viene del Espíritu. “Id y predicad… Bautizad…”.

Pero sabemos que, una vez que hemos bautizado, la comunidad que nace de ese Bautismo es libre, es una nueva Iglesia; y nosotros debemos dejarla crecer, ayudarla a crecer con las propias modalidades, con la propia cultura… Esta es la historia de la evangelización. Todos iguales en cuanto a la fe: creo en Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo, el Hijo se ha encarnado, ha muerto y resucitado por nosotros, el Espíritu que nos ayuda y nos hace crecer: la misma fe. Pero todos con la modalidad de la propia cultura y de la cultura del lugar donde ha sido predicada la fe.

…A esto estamos llamados: ir adelante con la fuerza del Espíritu, llevando el Evangelio en el corazón y en las manos. El Evangelio de Jesucristo, no el mío

Todo en la Iglesia, nada fuera de la Iglesia. Esta es la espiritualidad que debe acompañarnos siempre: predicar a Jesucristo con la fuerza del Espíritu en la Iglesia y con la Iglesia. Y quién es el jefe —digamos— de las varias Iglesias es el obispo: siempre ir adelante con el obispo, siempre. Él es el jefe de la Iglesia, en este país, en este Estado…».

Por desgracia el kikismo es opuesto a lo que pide el Papa. La comunidad que nace jamás es libre, siempre estará sometida en todo a los kikotistas, porque el jefe no es el obispo, es Kiko a través de sus patanegra y, en consecuencia, el CNC no hace nada en la Iglesia ni con la Iglesia ni para la Iglesia ni sometido al obispo, solo se sirve a sí mismo y a su señor supremo.

Y esto tiene consecuencias y las primeras víctimas son quienes, engañados, sirven a la bestia.

Para mostrar a qué punto puede llegar el daño causado y refrendar la entrada precedente, he rescatado un comentario que desmonta la presunción de que todos marchan felices y están contentísimos a todas horas.

 


Dios tenga misericordia de las familias usadas y abusadas por el CNC y su señor.