Para empezar, un fragmento del pasado anuncio de
cuaresma, en el que el gurú, fiel a su estilo, se va por peteneras
distorsionando una escena de la biblia para adaptarla a su conveniencia:
«¿Y cómo se ama a Dios con la
inteligencia? Dios los lleva al desierto donde les hace entrar en un absurdo,
en una estupidez como una casa: dando vueltas y dando vueltas por el desierto
¿pero a dónde vamos? Estamos haciendo el idiota aquí, somos estúpidos, no vamos
a ninguna parte y nuestros hijos se van a morir en el desierto. Y mientras
otros murmuraban contra Moisés, uno dice “como a mi hijo le pase algo, al
Moisés me lo cargo, porque mi hijo aquí no se muere” Figúrate, el chulo ese, a su hijo
no hay quien lo toque. Y van a por Moisés y le querían lapidar. Tú
habías dicho que Dios está con nosotros ¿no? “Sí, sí, Dios nos sacó de Egipto y
abrió el mar”. “¡Qué mar, si sabemos que el viento sopla fortísimo en el mar de
los Juncos, que es muy bajo, y las aguas se separan y se puede pasar! ¿Y tú
dices que todo es de Dios? ¡Yo te digo que no! ¿Tú dices que Dios está con
nosotros? ¡Pues que se muestre! ¡Queremos ver por qué estamos en este absurdo,
en esta vida sin saber a donde estamos yendo!” Entonces le quieren matar. Y va
Moisés a Dios y le dice: Señor me quieren matar porque dicen que para
tranquilizarse para dejar de pensar que se van a morir sus hijos en el
desierto, quisieran que Tú te mostrases, te manifestases. Así se
tranquilizarían.
Parece una cosa muy lógica. La razón, siempre la razón. “¿Y
cómo quieren que me manifieste?” “¡Quieren que les des agua!”. “Nada, no te
preocupes, vete a la roca, a la primera roca que encuentres grande y háblale a
la roca y te dará agua”. Y Moisés que estaba muy cabreado porque le querían
matar a él, estaba tan lleno de rabia que con el bastón golpeó la roca y salió
el agua. Dios le dijo: “¿Por qué le has golpeado? ¡Te dije que le hablaras! Yo te voy a
decir porque has golpeado la roca: has golpeado la roca porque te has
escandalizado del pecado de tus hermanos, les has juzgado, te has creído
superior a ellos, te has escandalizado de lo soberbios que eran; y con
este juicio que has hecho te has creído superior. Pues por haber hecho ese
pecado de soberbia, no entrarás en la Tierra”. Y Moisés fue castigado, no entró
en la Tierra Prometida». (Anuncio de Cuaresma 2013)
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Schönborn con puñetas |
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Hasta aquí la película que contó
el egregio líder con barbita, en la que se aprecia su carisma, su trato afable
para con todos, incluso para con quienes piensa que le hostigan (“Figúrate, el chulo
ese”). Lo
que pasa es que como ya nos tiene acostumbrados a su habitual actitud
respetuosa, carente de matices burlones y sin la menor presunción (“ha prohibido todos
los oropeles que había antes, todo lleno de floripondios… Ha dicho que no
quiere ningún floripondio, ha dicho que los curas no tienen que llevar
puntillitas”, dijo acerca del papa Francisco, para resaltar la diferencia
con su antecesor en el cargo; “Ahora todos se
divorcian y mucha culpa la tienen los curas y los obispos", dijo en el
seminario de Moncada en 2010), pues no nos parece ni extraordinario ni
resaltable que, por ejemplo, aproveche para arremeter contra los que
obcecadamente se empeñan en pasarlo todo por la razón.
Por idéntico motivo, tampoco
resulta novedoso que se retuerza una historia para hacer de ella un alegado
sobre las consecuencias de juzgar a los demás. No estaría mal que los neos que
tan asiduamente visitan el blog tomasen nota de que morirán sin remedio en el
desierto si insisten en sus nefastos juicios contra todo el que no les sigue el
rollo, pero lo cierto es que la explicación que dan nuestros hermanos mayores
en la fe al castigo de Dios a Moisés es bien distinta.
Pero primero los hechos
(narrados en Números 20:1-13): Tras viajar durante cuarenta años por el
desierto, el pueblo de Israel llega a Kadesh, en el desierto de Zin, en la
frontera de la Tierra Prometida. No hay agua, la gente está sedienta, y se
quejan con rabia a Moisés: «¡Ojalá hubiéramos
muerto cuando murieron nuestros hermanos delante del Señor! ¿Por qué trajeron a
este desierto a la asamblea del Señor, para que muriéramos aquí, nosotros y
nuestro ganado? ¿Por qué nos hicieron salir de Egipto, para traernos a este
lugar miserable, donde no hay sembrados, ni higueras, ni viñas, ni granados, y
donde ni siquiera hay agua para beber?»
Moisés apela a Dios, Quien le
indica «Toma el bastón
y convoca a la comunidad, junto con tu hermano Aarón. Después, a la vista de
todos, mandad
a la roca que dé sus aguas. Así harás para ellos agua de la roca y darás
de beber a la comunidad y a su ganado».
Cuando todos se reunieron frente
a "la roca", Moisés se dirigió a ellos: «¡Escuchad, rebeldes!
¿Podemos hacer que brote agua de esta roca para vosotros?» Moisés alzó su
mano y golpeó dos veces a la piedra con su vara. El agua brotó
abundantemente, y bebieron la comunidad y el ganado. Pero el Señor dijo a
Moisés y a Aarón: «Por no haber confiado
lo bastante en mí para que yo manifestara mi santidad ante los israelitas, os
aseguro que no llevaréis a este pueblo hasta la tierra que les he dado».
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La Palabra que hace brotar un agua nueva |
¿Qué es lo que hizo mal Moisés?
Dios le ‘invita’ (en jerga neocatecumenal, equivale a ‘ordena’) a hablar a la
piedra, pero Moisés la golpea, con lo que fracasa en la misión de poner
de manifiesto ante los israelitas la Santidad de Dios (el milagro tendría que
haber sido hacer brotar agua de la Roca mediante la Palabra). Pero ¿si Moisés
no tenía que golpear la piedra, por qué Dios le ordenó que llevara su vara? En
una ocasión anterior, Dios había ordenado a Moisés que golpeara con el bastón
para extraer agua de una piedra (Éxodo 17:6), no era descabellado asumir que la
vara tendría una función similar también en este caso.
Por eso, muchos piensan que el
fracaso de Moisés fue haber hablado con dureza al pueblo, en plan:
"¡Escuchad, rebeldes, alborotadores, necios!". Pero hubo otros casos
en que la biblia dice (más explícitamente que en este caso) que Moisés se
enojó, y al parecer con menos justificación. ¿Si no se decretó castigo en esos
casos, por qué ahora sí?
Según los estudiosos judíos, el quid
está en que Moisés se equivocó al decirle a la gente «¿Podemos hacer
que brote agua de esta roca para vosotros?», palabras que podrían implicar
que extraer agua de una piedra es algo que hace Moisés, no Dios. Su error no
fue presuponer que el bastón era el instrumento que Dios quería que usase,
tampoco fue su enfado, el error fue usurpar
el lugar que sólo corresponde a Dios. Hablar como si la salvación la proporcionase
él, no Dios.