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sábado, 25 de julio de 2020

Discerni-miente-que-te-miente neocatecumenal


En mis primeros años en el Camino, me llamaba poderosamente la atención la afición de la gente a “consultar” sus cuitas con los kikotistas. Siempre se trataba de asuntos de índole personal, es decir, nadie buscaba al kikotista como asesor fiscal para que le aconsejase cómo o dónde invertir los ahorros, ni para decidir qué modelo de vehículo le convenía más, pero iban a ellos cuando tenían disputas con compañeros de trabajo, problemas de pareja o con los hijos, follones con los suegros o los cuñados o, el gran clásico entre los jóvenes, dudas sobre el noviazgo, fuese este en grado de tentativa o real.

Yo nunca tuve con ellos -a Dios gracias- la confianza precisa para querer hacerles partícipes de ningún tema tan personal, mucho menos cuando lo usual era que estuviesen implicadas otras personas en lo que se compartía con los kikotistas.

El caso es que era un clásico de esos años pedir audiencia a los kikotistas no solo para consultarles, sino para recibir de ellos indicaciones precisas acerca de cómo actuar en el asunto en cuestión. Era tan habitual que si mes tras mes no tenías ninguna cuestión que tratar con ellos en sesión privada eras mirado con cierta conmiseración, como si tu vida fuese muy plana y aburrida o como si Dios se hubiese olvidado de ti y no te enviase acontecimientos fuertes para tu conversión. Esa era la apreciación que yo tenía: que si no te abrumaba algún problema serio y, sobre todo, si no lo compartías con los kikotistas y te sometías a su criterio, no te podías convertir, porque sabido es que los neocatecumenales son inducidos a pensar que nadie nadie nadie -por más  que sea de diaria misa de 12 y confesión semanal- está convertido antes de hacer las kikotesis, antes de tripodear y llenar bolsas durante veinte o más años, antes de recibir una túnica fantasmal.

Ese es su primer dogma de fe en el kikismo.

Así que, cuando surgía algún problema personal por parte de un hermano de comunidad invariablemente se le aconsejaba que pusiese el asunto en conocimiento de los kikotistas.

También era muy curioso, en las convivencias de mes, ver el alivio o el orgullo con que algunos contaban que ya habían dado ese paso, ya podían ser contados entre los que habían puesto sus problemas personales en las manos -y en los oídos atentos- de los kikotistas. ¡Ya estaban en el camino de la verdadera conversión!

Había algunos hermanos por los que Dios mostraba tanta predilección que tenían que solicitar audiencia a los kikotistas en numerosas ocasiones e incluso llegaban a formar lazos de amistad con ellos. Nunca fue mi caso, pero al principio me preguntaba si sería real que los kikotistas tendrían un discernimiento providencial digno del mismo Salomón.

Entonces llegaron los segundos escruticidios y resolví mis dudas: Cero en discernimiento y por debajo de cero en lo que a empatía y habilidades sociales se refiere. Lo que verdaderamente dominaban los kikotistas eran los mantras kikiles y la pose de sabios greco-romanos, y con tan fútiles medios pretendían estar allí por designación divina y episcopal -en ese orden o a la inversa, que lo mismo da porque ambas eran falsas- para transmitirnos la voluntad de Dios para nuestras erradas vidas con vistas a nuestra conversión y posterior salvación.

A lo largo de las sesiones de escruticidios vi como lo que ellos llamaban -y otros tomaban por- discernimiento no era sino un conglomerado de recetas precocinadas.

Por ejemplo, para quien estuviese ennoviado con uno de fuera del kikismo, el veredicto invariable era que estaba haciendo un ídolo de su noviazgo y se conminaba a esa persona a poner a prueba si la relación venía de Dios. La prueba era bien sencilla, si la parte ajena aceptaba entrar al Camino, significaba que Dios daba su visto bueno, en otro caso, era imprescindible cortar para no contrariar a Dios.

Por el contrario, si ambos novios caminaban no se ponía en duda la solvencia divina de la relación, incluso si los afectados confesaban mantener relaciones sexuales. Se les amonestaba con cariño, se les decía que eso no estaba bien, se les animaba a regularizar la situación, pero nada más, ni veían idolatría ni ofensa a Dios pues, como dice Kiko en alguno de los mamotretos, eso es un absurdo y un moralismo ya que el ser humano no tiene poder para ofender a Dios y sabido es que los cristianos adultos no son moralistas.

Había más recetas-tipo: Pasados los 25 años, los jóvenes sin compromiso era “invitados” a hacer “una experiencia seria” en un convento o seminario. Los que estaban enemistados con algún pariente, padre o hermano, tenían que correr a pedir perdón por haber juzgado a dicha persona. Lo de menos eran las circunstancias que hubiesen motivado el enfado, era irrelevante quien fuese el ofensor y quien el ofendido, el escruticiado tenía que humillarse y pedir perdón para no contrariar a Dios y a los kikotistas.

Además había preguntas improcedentes -y casi siempre indecorosas- y dictámenes-tipo en función de las respuestas. Por ejemplo, en el caso de los matrimonios, las preguntas de rigor eran si estaban abiertos a la vida y quien era el cabeza de familia; en el caso de los solteros, si vivían en castidad y, más importante, si veían pornografía y hacían cochinadas en soledad. Ante esas preguntas fuera de lugar, lo peor que se podía hacer era negar el pecado, porque el ataque, la caza y el derribo de “los buenecitos” era el deporte favorito de los kikotistas. Por tanto, si querías evitar la masacre y salir con tan solo un par de cogotazos cariñosos tenías que ser vicioso y pecador -o decir que lo eras-, de lo contrario, se cobraban tu pellejo para exponerlo en su kikosalón.

O al menos hacían lo posible, en piña con el responsable de la comunidad, para cobrarse tu pellejo.

He presenciado muchas de tales cacerías que les han salido bien debido a la información privilegiada que obraba en poder de los kikotistas -en ocasiones sin que el escrutado se explicase quien había traicionado su confianza y les había ido con el cuento-, al apoyo explícito del responsable y al silencio cómplice de la comunidad.

Pero también he visto casos en los que el escruticiado salió respondón. Recuerdo el caso de un hombre ya mayor, esposo, padre, abuelo de varios nietos y empresario, al que pretendían someter a su superior criterio, como si fuese un mocoso adolescente frente a unos adultos. Este abuelo vino a decirles que cuando se les pasase la tontería volvieran para hablar de igual a igual, porque jamás les reconocería un estatus de superioridad moral.

En este blog se ha dicho unas cuantas veces: ningún kikotista, ni Kiko ni sus adláteres, tiene más autoridad que la que tú quieras darle.

sábado, 23 de junio de 2018

Fetichismo neocatecumenal



Para los neocatecumenales, los hijos son fetiches. Ellos dicen que son flechas en la aljaba y tal y tal, que es otra forma de decir lo mismo: son los fetiches que creen que diosito (el suyo, tan pequeñito, débil y tiránico) les envía como signo y señal de que su matrimonio le complace.
Por eso se obsesionan tanto con los hijos.
Por eso y porque la presión tribal neocatecumenal les impulsa e incita a casarse muy jóvenes, sin estar preparados para dar tan decisivo paso y, sobre todo, sin saber si están con la persona adecuada. Porque entre fornicar y casarse apresuradamente, lo que impera es el matrimonio apresurado. Total, Dios proveerá y se manifestará si se fían de Él, dicen. Y eso quiere decir: Cásate. ¿Qué no sabes si l@ amas? Yo te lo digo: es imposible para ti amar al otro. Pero no te preocupes, cásate, que Dios proveerá.
Y se casan. Jovencísimos. Verdísimos. Confundiendo el deseo biológico con el amor.
Y se ponen a tener hijos de inmediato. Porque otro rasgo del neocatecumenado es que reducen el matrimonio a un contrato reproductivo. Para ellos lo importante es la reproducción biológica, la faceta de alianza vitalicia entre dos seres humanos es secundaria, tanto que falsamente llaman sacramento a la reproducción y no a la convivencia de común acuerdo.
El caso es que debido a que en tantas ocasiones se casan por la presión del grupo, porque los kikotistas “ven” que es lo conveniente, porque habrá grandes dramones en sus familias si no lo hacen y tal y tal, sucede que de repente se encuentran casados y agobiados, preguntándose si han acertado, si era eso lo que Dios quería, si era con esa persona…
Y aquí es donde interviene el pobre hijo fetiche. El hijo-objeto, aquel cuya concepción es invariablemente interpretada como la prueba que envía diosito para sellar tan traumático matrimonio.
Por eso entre los neocatecumenales hay algo así como un ranking de celeridad en el primer embarazo. Se estimula y se celebra que los recién casados regresen de su viaje de novios con la certeza de que el primer hijo ya está en camino. Porque eso, para ellos, quiere decir que todo va bien, que su unión es grata a diosito, que diosito les envía el fetiche para que sepan que él (diosito) es fiel y cuidará de su matrimonio, aunque tenga que destruirles a ellos para que el matrimonio se mantenga, como he visto pasar en el CNC.
Debo ser rara. Porque cuando vienen los recién casados, tan ufanos, con el mantra neocatecumenal de que cuanto les cuida diosito, cuanto les quiere, que les envía la certeza de un hijo veinte días después de haberse casado, para que ellos puedan saber que no se han equivocado ni precipitado sino que diosito les quería casados, yo no puedo sino preguntar: Si teníais dudas el uno respecto al otro, ¿por qué os habéis casado? ¿Os creéis que el matrimonio es un juego?
He visto sus ojos en ese momento. Para ellos el matrimonio no es una vocación, sino una simple herramienta. Porque ellos no viven para el otro, que es Cristo, ellos viven para la comunidad, para el CNC, para lo que el que firma sin trabajar disponga, y el otro, como los hijos, sólo son objetos que se usan para medrar en el camino.
 

martes, 12 de julio de 2016

Dichos de "catequistas" neocatecumenales



Francesco, hijo de Giuseppe
El de la imagen, con su estola-bufandera y el cuello de la camisa mal puesto, es Francesco Gennarini, hijo del cefas neocatecumenal pata negra Giuseppe Gennarini y además uno de los dos arquitectos que recibieron decenas de miles de dólares para el diseño de dos edificios neocatecumenales en Guam que nunca llegaron a construirse.
Bueno, Francesco, además de arquitecto (en grado de tentativa, cuanto menos), es katequista neocatecumenal, como su padre, aunque no parece especialmente dotado para la dialéctica. Y tal vez como su padre, no duda en recurrir a las medias verdades en sus "sermones": 
"¿Qué te mata? Un cáncer. Un cáncer no me mata. Un cáncer es algo que el Señor envía para mi conversión, para mi bien.

Oh espera. Pero voy a morir... del cáncer. Voy a morir.

Sí, pero tal vez que el cáncer es la única cosa, lo único que te ata a Dios.

Así que esta crisis de fe que separa... um... um... que divide al hombre, eh, eh... de ooph... ¿dónde estábamos... [risas de la audiencia] Vamos a ver..."

Aquí el audio original:
https://soundcloud.com/undecoverneo/francesco-gennarini-cancer-sent-by-god

Sí, un cáncer mortal es algo que envia Dios porque le place a Él, según Francesco Gennarini, el que no sabe donde está él ni los demás.
El joven Gennarini, hermano de Stefano, enseña una verdad a medias (en otras palabras, una mentira completa), porque la Iglesia y el Evangelio dice algo bastante diferente: Dios ciertamente permite tragedias en nuestras vidas, pero Él no lo dispone ni nos lo envía. Decir que Dios permite el mal es completamente diferente a decir que Él envía el mal. Él no envía el cáncer, más de lo que envía a un conductor borracho para matar a un niño. Pero con Su gracia, de cualquier desgracia puede surgir un bien.
Giuseppe, padre del que transmite una doctrina no cristiana
Esto es lo que dice el Evangelio y enseña la Iglesia:
"¿Quién de vosotros, si su hijo le pide pan, le dará una piedra? O si le pide un pescado, le dará una serpiente? Si vosotros, que sois malos, sabéis dar cosas buenas a vuestros hijos, ¿cuánto más vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le pidan?" Mateo 7, 9-11.

"Porque Dios no hizo la muerte, ni se recrea en la destrucción de los vivientes." Sabiduría 1:13
 
"Dios omnipotente, como confiesan los mismos infieles, "universal Señor de todas las cosas", siendo sumamente bueno, no permitiría en modo alguno que existiese algún mal en sus criaturas si no fuera de tal modo bueno y poderoso que pudiese sacar bien del mismo mal.” San Agustín, Manual de Fe, Esperanza y Amor, 11.
Por desgracia, la idea de que Dios envía-procura-quiere el mal en la vida de los cristianos es doctrina establecida en el Camino, como demuestra la retorcida interpretación que hace Kiko del noveno capítulo del Evangelio de Juan, como puede comprobarse en la siguiente cháchara de un cura neocatecumenal: 
https://soundcloud.com/undecoverneo/mud-in-your-eyes

"...He was not just there. He was not asking for anything. That's why this other catechesis of the early church, we are asked to accept that sometimes the Lord throws mud into our eyes.
What is this mud? It means the suffering. Maybe it's what we call the cross and a problem, eh.
It somehow forces you to go to wash. To obey. To obey. To go to wash. Because otherwise you will think life is just this.
...[this] catechesis will throw mud into your eyes. A suffering, a problem that will force you to go to wash.
And in a sense also you to be humble enough to accept it.
So courage brothers and sisters, heh?
"


Tal vez aquellos que no han sido instruidos adecuadamente en la fe, no entienden la diferencia entre que Dios envía el mal y que Dios permite el mal, pero aquí está hablando un menda que se atreve a llamarse a sí mismo catequista, uno que dice haber sido encargado por algún obispo para enseñar la fe a otros.
Esto es verdaderamente escandaloso.
(Tomado de la página The Throughtful Catholic).