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martes, 8 de julio de 2025

Amenazas de kikotista

 


Segunda entrada veraniega con comentarios kikotísticos rescatados de la hemeroteca.

Este es de un kikotista amenazante… ¿"Amor y unidad" decían? ¿"No resistirse a qué" decían? ¿"No ser justicieros" decían? Tonterías que no aplican a los kikotistas.

 

Este comentario tan escocido fue contestado por Sepul... 

 


¿Hace falta que diga que el kikotista amenazante desapareció en cuanto se le hizo frente? ¿O que todavía no ha llegado ningún requerimiento del Instituto de la mujer, hoy Instituto de las mujeres?

 

viernes, 6 de junio de 2025

Catequistas y kikotistas

 

Improcedente muestra de idolatría de los últimos y los peores

Voy a contar una anécdota de mi comunidad que refleja los prejuicios neocatecumenales contra la Iglesia.

Había en la comunidad una señora religiosa de misa de 12 de toda la vida (de verdad de misa de 12, no de 11 ni de 19, de 12). Se confesaba con regularidad una vez al mes, colaboraba con su parroquia, conocía personalmente a los sacerdotes destinados en ella (frailes franciscanos de la tercera orden regular T.O.R.), acudía a las charlas que programaban, etc. Se quedó viuda y, en la tristeza y el duelo por la muerte de su marido, alguien le propuso buscar respuestas en las kikotesis que empezaban en otra parroquia (los franciscanos no son amigos de kikadas).

Esta mujer destacaba en la comunidad por la sencillez inocente con que exhibía sus maneras de religiosa de misa de 12: conocía todas las devociones populares, iba a las procesiones de Semana Santa, aunque iba a la uka de los sábados no dejaba de asistir también a la misa de 12 de su parroquia y tampoco dejaba de confesarse de forma regular con su confesor de siempre.

Lo peor era lo de sus hijos.

Los tres eran ya adultos, los mayores casados, el pequeño aún vivía con ella. Y esta mujer no veía ninguna necesidad de hacer proselitismo entre hijos, yerno y nuera para que dejasen la religiosidad de la misa de 12 y se apuntasen al CNC. Al contrario, cuando salía el tema ella rebatía, con ingenuidad encantadora, que sus hijos estaban bien formados en la doctrina católica, es más, que eran desde hacía años catequistas de niños en sus respectivas parroquias.

Eso le valió que la comunidad siempre la mirase por encima del hombro y que los kikotistas jamás fuesen amables con ella. 

Por eso insisto tanto en que nada tiene que ver un catequista con un kikotista. El primero merece todo mi respeto, el segundo se agota con lo que no llena y siempre está triste y en crisis. 

Porque los neocatecumenales pretenden que ningún catecumenado es válido ni serio salvo el suyo que, ¡qué ironía!, no es un catecumenado, puesto que se dirige a bautizados. Ellos son así, desprecian a los religiosos de misa de 12 como religiosos naturales que no conocen a Dios, sino que lo temen sin conocerlo y tratan de aplacarlo con una capa de moralina social; desprecian a los verdaderos catequistas, los que conocen al fondo el catecismo de la Iglesia Católica y lo transmiten a los niños, a quienes consideran ignorantes por no haber recibido los mamotretos arcanos de la sabiduría kikil; desprecian la verdadera doctrina y la verdadera liturgia de la Iglesia porque, sin darse cuenta, se han vuelto idólatras de un buey que fuma hierbas (by Malinche) y no ven en el prójimo a un hermano, solo ven paganos o engañados por el demonio.

Por esto nada tiene de raro que también en los eventos del jubileo 2025 actúen como una iglesia paralela y que se monten sus akikolarres por su cuenta, nada de participar en las cositas de los religiosos naturales. 

Esto no sería admitido entre los religiosos naturales

viernes, 15 de septiembre de 2023

"Como dicen que ven, siguen en su pecado"

 

Quienes sigan este blog ya sabrán que hay un paso en el que se hace uso y abuso del Evangelio del ciego de nacimiento (Jn 9).


 La elección de Evangelios alrededor de los cuales soltar los mantras de Kiko no es aleatoria, los Evangelios son los que dice el RICA, que el CNC usa por aquello de conservar el barniz que le hace parecer católico, aunque no lo sea, porque su realidad es kikótica.

El caso es que al final del paso hay un escruticidio en el que unos que se autoproclaman catequistas sin serlo interrogan a los sufridos catecúmenos con intención de determinar si están o no están maduros para ser enviados por casas ajenas a predicar el kikismo. Y en ese escruticidio se hace mal uso del Evangelio citado y se les pregunta a todos si ya han descubierto que estaban ciegos, si les han puesto barro en los ojos y qué ha sido en concreto eso que ahora ven y antes no veían.

Pues bien, es muy interesante contrastar cómo actúa Jesús en este pasaje evangélico frente a cómo actúa un adicto a la kikotina con pretensiones de guía de las Kikosas haciendo mal uso de dicho relato.

Para empezar, cuando Jesús se cruza con este ciego, son sus discípulos quienes le llaman la atención sobre él al achacar su ceguera a un castigo divino. Esto era usual entre los judíos de entonces: la ceguera, como la lepra y como tantas otras enfermedades y defectos físicos, era tenida por designio de Dios. Es decir, alguien cometía un pecado de tal magnitud que Dios se enfadaba y maldecía al pecador con su poder… o a uno de sus hijos, si le daba por ahí.

 Eso es lo que preguntan los discípulos a su maestro: ¿De quién fue el pecado que causó esta ceguera, del ciego o de sus padres? Como si hubiesen sido aleccionados por Kiko, el sensible que achaca todo cáncer a la voluntad divina, en la cabeza de los discípulos no cabe la posibilidad de que Dios permita que un bebé nazca ciego sin que el hecho responda a que Él lo ha maldecido. Y si Dios lo ha maldecido, eso implica que ha habido un pecado muy gordo. O que lo habrá en el futuro, porque Dios todo lo ve…

En el CNC, un caso así daría para un sabroso escruticidio en el que los kikotistas emplearían todas las armas a su alcance, las amenazas, los desprecios, las acusaciones y los vaticinios negros y funestos hasta enterarse de todos los pormenores de la historia de esa familia maldita por Dios.

La respuesta de Jesús rompe los esquemas de sus discípulos y no se parece en nada al proceder habitual de los kikotistas escruticiadores: Jesús no interroga al ciego, no le saca ninguna confidencia y no muestra el menor interés por enterarse de sus pecados, al contrario, niega que Dios se haya fijado en uno solo de los pecados de este o de sus padres. A continuación se inclina hasta el suelo, hace barro con su saliva y extiende el barro sobre los ojos del ciego.

Por supuesto, este proceder tiene un eco del Génesis. 

El sexto día de la Creación, Dios toma barro del suelo y modela una criatura a su imagen y semejanza, una criatura destinada a la Vida.

 

Ahora, es Jesús quien toma tierra del suelo, hace barro y lo extiende sobre la criatura imperfecta: cubre la imperfección con el barro nuevo, la oculta y le da al ciego de nacimiento una nueva imagen, cambiada debido a ese barro que le tapa los ojos inútiles.

Y le dice al ciego que vaya a lavarse a la piscina de Siloé.

Sin duda habría otros lugares, quizá más cercanos, donde el ciego podría haberse lavado la cara para quitarse el barro. Es más, es dudoso que la piscina de Siloé estuviese destinada a baños rituales de purificación, porque era muy grande. Fuera como fuese, el hombre no tenía nada que perder. Fue, se lavó y sus ojos se abrieron y empezó a ver.

La noticia corrió por las calles y llegó hasta los fariseos, quienes, como vulgares kikotistas, se apresuraron a demandar explicaciones, a hacer preguntas, a intimidar a los interrogados con amenazas y acusaciones… Tanto que la alegría de los padres del que fue ciego se trocó en temor: temían que los fariseos los declarasen enemigos de Dios, por eso dijeron que ellos no sabían nada y que las preguntas se las hicieran al hijo, que era mayorcito para contestarlas.

¡Y vaya si lo escrutaron! Una y otra vez, porque el menda se empeñaba en no dar las contestaciones que ellos, los muy kikot…, digo, los muy fariseos, querían oír. Porque lo que pretendían era obtener una declaración de que Jesús obraba con el poder del demonio, en suma, que era un pecador y que sus obras eran las de un pecador.

Lo más interesante de este escrutinio feroz es la evolución del que fue ciego. Cuando los vecinos le preguntan cómo es que ahora ve, el responde: «Ese hombre que se llama Jesús hizo barro, me untó los ojos y me dijo: “Vete a Siloé y lávate.” Yo fui, me lavé y vi». Cuando lo interrogan los arrogantes fariseos, que no se recatan a la hora de proferir juicios contra Jesús, les dice que en su opinión ese hombre «es un profeta».  Los ataques de los fariseos contra Jesús hacen que el que fue ciego tome partido, porque quien se mantiene apático ante la injusticia y la maldad se convierte en cómplice.

El que fue ciego intenta razonar con los fariseos, intenta que ellos entiendan que por los frutos se conoce al árbol bueno, pero los fariseos lo expulsan de mala forma tras cubrirlo de improperios. En suma, el que fue ciego la pifió en el escrutinio y ha sido declarado empecatado de pies a cabeza y expulsado de la comunidad de los elegidos.

Los fariseos, como los kikotistas, tiene el poder que los demás les dan. Si un kikotista dice: «A este ni lo saludéis, ni os acerquéis ni lo miréis», hay mucho akikotado que se cruzará de acera para no rozarse con el declarado endemoniado.

Pero para demostrar que los fariseos, como los kikotistas, no conocen a Dios ni hablan en su nombre ni lo representan ni nada por el estilo, es entonces cuando Jesús busca al que fue ciego. No busca a sus padres, busca a quien ha tenido el coraje de preferir la Verdad al favor de los hombres, por influyentes que sean estos hombres.

Y ni antes de abrirle los ojos le importó los pecados que tuviera ni le hizo reconocerlos en público ni le impuso peajes de trípodes y diezmos obligatorios ni ahora tampoco. No le interroga no le recrimina nada, sino que se presenta a sí mismo como el Mesías, porque la expresión "Hijo del hombre" que Jesús se aplica, procede del profeta Daniel y se refiere al Mesías. 

Había por allí un grupo de fariseos, los kikotistas de entonces, testigos de las pretensiones mesiánicas de Jesús. 

No por casualidad, el que fue ciego reconoce la verdad en las palabras de Jesús y se postra ante él, en cambio, los fariseos no se enteran de nada, porque ellos son los ciegos, aunque no lo sepan.

Y aquí sí saca Jesús a colación el tema del pecado. No lo ha visto en los padres del ciego ni tampoco en el que era ciego, pero ante la obcecación de los kikot..., de los fariseos, les avisa de que su pecado permanece.

Quien tenga oídos para oír que oiga.