miércoles, 31 de enero de 2024

Ayer y hoy del CNC

 

Sigo con la tesis doctoral que estudia el fenómeno de los grupos religiosos desde el punto de vista de su posible impacto social. Este estudioso pululó por los carismáticos, las comunidades de base, los neocatecumenales y algunos otros.


En concreto, respecto al CNC su conclusión no fue optimista ni positiva.

Para empezar, y es algo que no he encontrado en ningún otro estudio y que me parece muy procedente, este sociólogo enfrenta lo que caracterizó al CNC en su origen, según el relato de los iniciadores, con lo que lo caracteriza en la actualidad.

Y de tal enfrentamiento se deduce que el CNC de hoy ha renegado de lo que era su naturaleza original.

El autor lo resume en los siguientes aspectos:

1. ESPONTANEIDAD

La experiencia neocatecumenal en las casuchas de Palomeras no seguía un ritual ni una normativa rígida, por el contrario, los participantes hacían gala de frescura y espontaneidad en las reuniones.

En la actualidad, la rigidez manda, no queda espacio para la imaginación y la creatividad. Todo (la estética, la distribución, el mobiliario, el contenido de las reuniones, el papel de los participantes) está minuciosa y rígidamente estructurado.

2. ESTRATOS SOCIALES

Las comunidades neocatecumenales nacieron entre los pobres y con los pobres.

Hoy, no están presentes en los suburbios, ni sus miembros son proletarios. Han crecido, por el contrario, en la clase media.

3. OBJETIVO

El Camino quiere ser, según sus promotores, una restauración del catecumenado que instituyó la Iglesia primitiva. Razón por la que su lugar apropiado es la parroquia.

Pero su pretensión es contradictoria con el hecho -concreto- de que está orientado a gente ya bautizada.

Este último punto es crucial puesto que los dirigentes o responsables máximos del Camino sostienen que éste ES la Iglesia en su vertiente catecumenal. Es decir, de forma implícita niegan la validez del verdadero catecumenado, el que se orienta a los no bautizados, y también niegan la eficacia de la formación doctrinal y moral que reciben a posteriori quienes han sido bautizados en su infancia.

Aún más claro: según ellos, la Iglesia perdió el catecumenado hace siglos y solo lo ha recuperado en la medida en que el CNC se ha introducido en las parroquias. Y puesto que tal premisa es objetivamente falsa, solo puede concluirse que los dirigentes del Camino están en un error muy muy gordo.

Suscita, por tanto, seria inquietud que quienes incurren en error tan garrafal pretendan que su misión en esta vida es suscitar la fe verdadera, adulta y consecuente con el Bautismo en quienes carecen de ella.

Y aquí hay otro aspecto discrepante entre lo que era el Camino en sus orígenes en Palomeras y lo que es ahora:

4. DESTINATARIOS

Las personas objeto de neocatequización serían lógicamente personas que no tienen fe y las que viven un cristianismo rutinario o como simple fenómeno cultural. Es decir, si se trata de evangelizar, deben quedar excluidas aquellas personas que en base a su instrucción, adhesión y comportamiento tienen conciencia de pertenecer vitalmente a la Iglesia.

Pero según los dirigentes neocatecumenales todos precisan ser neoevangelizados, no solo quienes no tienen fe o viven un cristianismo cultural, también quienes se creen y se llaman cristianos porque, según los neocatecumenales, se denominan así infundadamente, sin razón.

Lo más preocupante de este punto es que requiere convencer a quienes sí son cristianos de que su fe es irreal o está muerta. Y si para conseguirlo hay que entrometerse en el fuero interno o herir la sensibilidad de la víctima o aprovecharse de sus dificultades cotidianas, se hace.

 

En conclusión, en la actualidad, el CNC no es ni puede ser una herramienta de evangelización ni está al servicio de nada más que de sí mismo, es un ente totalitario que devora a aquellos que le abren la puerta.

 

lunes, 29 de enero de 2024

Del demonio y las posesiones

 

IV domingo del tiempo ordinario, ciclo B: Mc 1, 21-28

«En aquel tiempo, se hallaba Jesús a Cafarnaúm y el sábado siguiente fue a la sinagoga y se puso a enseñar. Los oyentes quedaron asombrados de sus palabras, pues enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo, que se puso a gritar: "¿Qué quieres tú con nosotros, Jesús de Nazaret? ¿Has venido a acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios". Jesús le ordenó: "¡Cállate y sal de él!" El espíritu inmundo, sacudiendo al hombre con violencia y dando un alarido, salió de él. Todos quedaron estupefactos y se preguntaban: "¿Qué es esto? ¿Qué nueva doctrina es ésta? Este hombre tiene autoridad para mandar hasta a los espíritus inmundos y lo obedecen". Y muy pronto se extendió su fama por toda Galilea».

 

En aquel tiempo, como en este, los hombres poseídos no se caracterizaban por echar espumarajos por la boca, no les giraba la cabeza, no flotaban, no tenían pústulas verdes ni se retorcían en el aire, su apariencia era la de hombres corrientes; amargados, malhumorados, faltos de misericordia con el prójimo, engreídos, pero de apariencia normal.

Reunión en la que podría haber algún endemoniado
 Es más, la posesión no les apartaba de la sinagoga. El endemoniado, si era creyente, seguía cumpliendo con sus obligaciones religiosas. Como buen catecúmeno, rezaba lo que le decían y cuando se le decía, daba el diezmo, acudía los sábados a la sinagoga a escuchar las enseñanzas para no incurrir en pecado grave por faltar a la comunidad y leía la biblia con asiduidad…

Todavía más, como el demonio es sabio e inteligente, este hombre posiblemente tendría respuesta para todo, sería de los que siempre tienen consejos e indicaciones para los demás, sería de los que aseguran saber por qué suceden todas las cosas, como los kikotistas.

Y no solo eso, cuando Jesús se presenta en la sinagoga, los presentes no le reconocen, se admiran de su forma de enseñar, quizá se sienten interpelados e incomodados, pero no entienden quién es el que está entre ellos. El único que lo reconoce es, precisamente, el endemoniado.

Y porque lo reconoce, lo proclama a grandes voces como el Santo de Dios.

Entonces Jesús le da dos órdenes: que se calle y que libere al poseído y se marche. Y se diría que el demonio obedece, pero lo suyo no es obediencia, porque no es voluntaria, el demonio no tiene más remedio que someterse ante las órdenes de Jesús, en contra de su voluntad.

También hay que señalar que los vecinos que veían a este hombre a diario no se habían dado cuenta de su dolencia. Lo verían irritable y amargado, pero tan entregado a la causa como siempre, y ninguno de ellos advirtió su mal, porque cómo sospechar de él si era el que siempre sabía qué tenían que hacer los demás y si además se conocía toda la Biblia y la citaba cada dos por tres.

Lo que hay que tener muy claro es que los endemoniados están entre los que frecuentan la Iglesia, haciéndose pasar por cumplidores y rectos, dando consejos a los demás, menos inteligentes o con menos camino recorrido, ejerciendo de guías. Porque el demonio no quiere apartar al ser humano de la religión, sino convertir la religión en algo vacío, en fuente de rabia y frustración.

Lo que le gusta al demonio es que el endemoniado rece a diario, que rece mucho, para poder susurrarle en cada ocasión que su oración no sirve de nada, que se queda por las pareces y no llega a Dios. Lo que quiere el demonio es que su víctima se frustre, se amargue, que no vea el amor de Dios por ningún lado, que piense que lo que le pasa es porque no hace bastante, porque no prepara bastante, porque no ensaya lo suficiente con la guitarra, porque se distrae durante las tediosas kikotesis, porque no tiene bastantes hijos, porque no entrega toda su vida a la comunidad. Porque no vale, porque no se merece ser amado, porque es el último y el peor de todos.

Y hay algo más, muy importante, el demonio es un imitador. Dios quiere habitar dentro de los seres humanos. El demonio, que no tiene capacidad creadora, lo imita y se introduce en el hombre y lo inhabita para impedir que Dios sea uno con esa persona.

Pero hay un procedimiento infalible para descubrir a un endemoniado. No se le puede derrotar en elocuencia porque el demonio es el más elocuente, tampoco se le vence con astucia, sabiduría o ingenio, e incluso es capaz de disfrazarse de ángel de luz y hacer pasar sus hechos concretos por interés y afecto por los demás. Pero hay algo que no puede hacer.

Se trata de una ”prueba del algodón” que no resiste ninguno de los kikotistas que he conocido. Por algo será.

La prueba es tan simple como requerir al sujeto sospechoso de estar endemoniado que pida perdón. Por ejemplo, si unos kikotistas, muy posiblemente endemoniados, sacuden estopa al otro, que es Cristo, con juicios y condenas como:

 “Queréis destruir la misión”

 “Nos odiáis, os vamos a echar de la misión

 “Tú, que eres tonto, dejas que tu mujer, que está loca, dirija la familia... Así están vuestros hijos

 “A ti lo que te pasa es que nunca te han dado un bofetón”

 “Eres una maleducada, tu padre nunca te ha dado un tortazo bien dado por eso hablas con esa soberbia”…

En un caso así lo que procede es sugerir a los amorosísimos endemoniados que pidan disculpas por haber incurrido en juicios… Pronostico que lo más probable es que estos sí acaben soltando espumarajos por la boca. Porque al demonio se lo descubre por su incapacidad para pedir perdón.

 

sábado, 27 de enero de 2024

«Nosotros no hacemos caso al obispo»

 

Sigue el relato de la entrada del pasado domingo, y qué mejor que los testimonios que se aportan en la tesis doctoral para ver hasta qué punto para los neocatecumenales la única autoridad es la de los kikotistas: 

Este señor no tiene ninguna autoridad en el CNC

«La comunidad, todas las comunidades neocatecumenales son libres; están ubicadas en las parroquias pero no están obligadas a seguir las directrices de la parroquia; las directrices que siguen son las dadas por Kiko. El párroco de ninguna manera puede alterar las directrices ni cambiar el método de preparación de la Palabra, por ejemplo. Pero hay algo más fuerte: tal y como yo lo veo, en el supuesto que el Obispo determinase que mi comunidad, pongo por caso, tuviera que abandonar el Camino para seguir otra andadura y otras actividades, la comunidad no tendría en cuenta la determinación del Obispo, y se iría por el camino de Kiko».

Otro miembro de la comunidad aporta: «El párroco no nos ordena nada pero si es que lo hiciera no le haríamos caso. La parroquia, como estructura, no nos afecta, como si no existiera para nosotros».

Y un testimonio más: «Respecto al obispo: no tenemos de hecho relaciones con él. Hemos ido algunas veces a hablar con él pero ni él nos hace caso, ni nosotros le hacemos caso a él».

Detrás de estas frases hay no solo una actitud sino sobre todo una concepción de Iglesia en la que no tiene cabida la verdadera Iglesia que representan las parroquias, los obispos y los párrocos no sometidos a los kikotistas.

Otro testimonio sirve para ilustrar la desafección e incluso la contrariedad hacia la Iglesia que caracteriza a los neocatecumenales:

«Quiero decir que la comunidad me ha hecho cambiar. En primer lugar, hoy en día veo mis pecados só1o como faltas, mientras que antes los vela como hacer sufrir a Cristo de nuevo. Esto me hacía sentirme a mí mismo como un ser despreciable. Que yo me sintiera así me lo inculcó la Iglesia cuando era un niño».

En cambio, en la comunidad inculcan que eres el último y el peor de los despreciables, lo cual, al parecer, les da a todos un gustito alucinante.

Este curioso proceder de apartarse con repelús de la Iglesia que explica que el pecado ofende a Dios y, en cambio, reírle las gracias al gurú que asegura que deberías estar en la cárcel porque eres el último y el peor de todos los malvados, se produce porque lo que inculcan en el CNC no es tan simple, sino mucho más retorcido. Y también mucho más errado.

Lo que se inculca es que no es solo que el hombre cometa pecados, es que no puede dejar de cometerlos, aunque no quiera, porque no es libre para no cometerlos. En suma, no es libre en absoluto.

Y aún peor, no es libre porque así le place a Dios.

Porque cuando a Dios le dé la gana, sin el menor esfuerzo por parte del ser humano, procederá a entregarle Su gracia y Su resurrección y a liberarlo de la esclavitud del pecado, pero hasta entonces el bautismo está inoperativo, pausado, roto, disfuncional y no le sirve de nada al ser humano..

En consecuencia, es un moralismo absurdo que el ser humano se esfuerce por no pecar, no tiene sentido la ascética ni el autocontrol, lo que hay que hacer es seguir con la vida y esperar la manifestación de Dios precisamente en esa vida.

Es decir, lo que han comprado estos últimos y peores es que ellos no son responsables del mal que cometen, el responsable es Dios, que no se escandaliza de sus pecados, que los quiere pecadores y que ya les dará la conversión cuando convenga.

Una catecúmena dijo: «Se nos decía en la Iglesia que las personas teníamos que esforzarnos, luchar contra nuestras inclinaciones malas, ahora, se nos dice en la comunidad todo lo contrario: que uno no tiene que esforzarse, que Dios lo hará todo. Verdaderamente me encuentro confusa».

La respuesta está en la carta de Santiago: «la fe, si no tiene obras, está realmente muerta. Y al contrario, alguno podrá decir: «¿Tú tienes fe?; pues yo tengo obras. Pruébame tu fe sin obras y yo te probaré por las obras mi fe».

¿Se entiende? Pues eso. La fe de quienes alardean con sus obras de ser últimos y peores está muerta.

Lo peor es toda la gente a quien arrastran al error de pensar que lo malo es el moralismo y que a Dios no le importa tu pecado puesto que te ama pecador.

Y hay otro aspecto que se inculca en el CNC: el providencialismo. La idea e que Dios está detrás de cada evento y, por tanto, que todo acontecimiento se ha de ver y de aceptar como fruto de la voluntad de Dios. ¿Que tu marido es violento? Eso viene de Dios, que ve que es bueno para tu conversión. ¿Que no encuentras trabajo? Dios quiere que pases precariedad. ¿Que tienes cáncer o algo peor? Dios te lo envía. ¿Que eres adicto a la pornografía?...

En una reunión celebrada en el Valle de los Caídos, un dirigente dijo: «A esta convivencia podrían haber asistido más personas, posiblemente pensarán ellas mismas que no han venido por razones varias: enfermedad, ocupaciones, desinterés, pero todo eso no es la verdadera razón. No han venido porque Dios no quería que viniesen. Habéis venido sólo los que Dios quería que vinieseis».

Pero es que cuando este dirigente así habló el gran jefe todavía no había explicado que faltar a las cosas de la comunidad es pecado grave.