domingo, 21 de abril de 2019

Cristo ha resucitado. ¡Aleluya!







Tanto en Oriente como en Occidente, a lo largo de los siglos se han desarrollado muchas maneras de representar a Cristo resucitado. En el Oriente cristiano privilegian los iconos, cargados de simbolismo para transmitir un mensaje teológico. Entre ellos destaca la representación de la “anástasis” (palabra griega que significa “resurrección”), también llamado “Icono del descenso de Cristo a los infiernos”.

En el centro está Cristo revestido de luz, aunque conserva las llagas de la pasión en las manos y en los pies. A sus pies hay unas puertas rotas: son las puertas del abismo, del infierno, de la morada de los muertos, de la que nadie podía salir hasta entonces. Cristo no solo ha abierto las puertas del lugar de las tinieblas, sino que las ha roto para que ya nunca puedan volver a cerrarse.

Por debajo de las puertas rotas se encuentra un personaje encadenado: es la representación de la muerte, que ha sido definitivamente vencida, cumpliéndose la palabra de Cristo: “Cuando un hombre fuerte y bien armado guarda su palacio, sus bienes están seguros, pero, cuando otro más fuerte lo asalta y lo vence, le quita las armas de que se fiaba y reparte su botín” (Lc 11,21-22). La muerte tenía presos en el abismo a los difuntos, pero Cristo la ha vencido y se ha quedado con su botín, que son los muertos, y les ha devuelto la vida. Alrededor están los cerrojos, las llaves y los instrumentos de tortura, rotos e inservibles.

Así lo interpreta san Pablo que, citando el salmo 68, dice: “Subió a lo alto llevando cautivos. Decir subió supone que había bajado a lo profundo de la tierra” (Ef 4,8-9). San Pedro lo explica más detenidamente: “Cristo fue a predicar incluso a los espíritus que yacían en la prisión, a los desobedientes de otros tiempos…” (1Pe 3,19-20).

Por eso, alrededor de Jesús se encuentran varios personajes del Antiguo Testamento, que varían en cada icono. En este se pueden ver a la izquierda al rey David (con barba y corona), al rey Salomón (sin barba, pero también con corona) y a Juan Bautista (con larga barba y melena). A la derecha se distingue Abrahán (con larga barba blanca), a su hijo Isaac (con barba marrón) y a Abel (jovencito con cayado de pastor). En algunos iconos están todos con aureola sobre la cabeza y en otros no la lleva ninguno, no sé por qué en este solo la llevan los de la izquierda.

Los dos personajes que salen de los sepulcros y a los que Jesús toma por las manos son Adán y Eva, porque Cristo viene a redimir a todos, empezando por los primeros padres. Ahora no son ellos los que elevan la mano para tomar el fruto del árbol prohibido, sino que es Cristo, fruto del árbol de la vida, que los toma por mano y se ofrece a ellos como alimento de inmortalidad.



Fuente: https://padreeduardosanzdemiguel.blogspot.com/2013/04/icono-de-la-resurreccion-del-senor.html

sábado, 20 de abril de 2019

Tostón publicitario. Pascua 2019 (V)



Porque, mirad, os he vuelto a repetir que Dios cuando ama se da totalmente. Por eso le dice a Felipe: Quien me ve a mí, ve al Padre. Porque el Padre estaba totalmente en el Hijo. Pero, si yo soy cristiano, Cristo está totalmente en mí, no está una parte de Cristo, no me ama como un trocito, me ama totalmente, Él se da a mí  totalmente. Quien me ve a mí ve a Cristo, quien te ve a ti ve a Cristo.
En las kikotesis iniciales se asegura que es el que mira quien ha de tener fe de ante mano, o de lo contrario no reconocerá a Dios en nadie, ni seglar, ni monja, ni monje ni cura. Ahora pretende que mágicamente él y quien él disponga se han divinizado de forma palpable. Las dos veces yerra.
Si es que te ha elegido el Señor para ser su discípulo en el mundo, y para que a través de ti conozcan los hombres a Jesucristo, que es la única verdad, el único bien. Cristo es Dios. Fíjate que Dios te ha elegido para que seas deificado, lleno del amor de Dios en ti, mediante el Espíritu Santo. El Espíritu Santo desciende sobre nosotros por una elección divina, porque Dios lo ha dispuesto así en su providencia impresionante y maravillosa. Ha decidido que seamos discípulos de Cristo, hermanos. Qué grande que Dios nos haya elegido. Cómo podríamos darle gracias, que nos ha elegido para vivir en nosotros.
Muy calvinista. Y muy de teoría del suprahumano por dosis de kikotina frente al infrahumano, que son tanto los paganos como los de misa de 12.
Tenemos que vivir nuestra vida con esta conciencia de que el Señor está en nosotros como en un templo, somos como una Iglesia que camina, somos la Iglesia, Cristo habita en nosotros, vive en nosotros. Y vive ¿para qué? Él te lo dirá: para que seas humilde y santo, para que te consideres el último y el peor de todos, para que ames a tus hermanos, para que ames a tu mujer, a tus hijos, a tus nietos, para que te pongas al servicio de todos, para digas a todos que no mereces vivir, que tú eres un pecador. ¡Ay, si fuéramos cristianos, humildes, santos! No hay nada sin humildad en el cristiano. Dime cuánto eres humilde y te diré cuánto eres santo. Sin humildad no hay nada en nosotros. Pues tenemos que pedirle al Señor que nos haga pequeños, que nos haga humildes, que nos haga ponernos al servicio de los hermanos, para todo. No para ser considerados, ni estimados, sino contentos de ser despreciados, contentos de participar en la cruz de Cristo, contentos de ser cristianos, crucificados con Cristo por el amor a los demás. Y si cargamos con algún pecado de otro, de tu nieto, de tu mujer o tu marido, bendigamos al Señor porque no hay cosa más grande que con Cristo llevar los pecados de los demás, unidos a Jesucristo.
Por eso, hermanos, ánimo.
En este encuentro no podemos por menos que prepararnos a la Noche Santa. Dios ha elegido, como sabéis, hay un poema antiquísimo, que se llama el poema de las cuatro noches. Dice que la noche más importante del mundo es la noche de la creación, en esa noche en donde Dios dijo: “Sea la luz, y la luz se hizo”. La primera noche.
La segunda noche es cuando aparece la fe sobre la tierra, cuando Dios dice a Abraham: Sal de tu tienda, mira las estrellas del cielo, todo lleno de estrellas, así será tu descendencia y creyó Abraham en Dios y le fue reputado como justicia, lo creyó. Y así es su descendencia hoy, es la descendencia de Abraham, no solamente son los cristianos, los protestantes, son todos los musulmanes, somos millones y millones, todos descendencia de Abraham. Esta noche es importante, es cuando aparece la fe sobre la tierra. La fe es un don que viene del cielo, una virtud sobrenatural y Dios se la concede a un anciano que había superado los 90 años, que no podía tener hijos, cuya vida era toda un fracaso. Él se dio cuenta de que su vida no tenía sentido, no tenía hijos, no tenía descendencia, que en aquella época era considerado una maldición.
En otras palabras: que no aceptaba su historia, la que diosito quería para él.
Dios le prometió un hijo y no sabía cómo sería esa promesa, pensaba que quizás fuera con su esclava Agar y le dijo Dios: No, será con tu mujer. Pero si mi mujer no tiene edad. Pues no obstante Dios hizo ese milagro que naciera su hijo Isaac, y de Isaac una descendencia inmensa sobre todo el mundo. Isaac. La fe, la fe. Si tienes fe es impresionante, tener fe es un don que recibes de Dios. Tener fe, creer en Dios y amarlo, creer en la vida eterna, creer en el cielo, poner tu vida al servicio de la trascendencia divina. La fe. Un don inmenso. La segunda noche aparece la fe sobre la tierra.
Pero hay otra noche también importantísima, que es la noche del Éxodo, cuando Dios para mostrar lo que iba a hacer con su Hijo, abre el mar de pronto y pasan a pie enjuto sobre el mar. El mar se abre en dos, como dos murallas, y caminan. Es un signo de lo que va a hacer Dios con nuestra fe. Va a abrir la muerte para que pasemos nosotros por la muerte y lleguemos al cielo.
La cuarta noche es la noche en la que viene el Mesías, en que viene Cristo, y llegó y destruyó la muerte con su resurrección. La quinta es cuando volverá. Nos ha prometido que vuelve. Ánimo, hermanos, que volveré.
Se lo tiene un poquito creído.
Así como los ángeles aparecieron en la Ascensión y dijeron a todos: Así como lo habéis visto subir, así le veréis descender, descenderá sobre el mundo.

viernes, 19 de abril de 2019

Tostón publicitario. Pascua 2019 (IV)



Pero, yo tengo que deciros en nombre del Señor, que quiere que seamos santos, no quiere, es que necesita la Iglesia de Madrid de nosotros, necesita que seamos santos. Y ¿en qué consiste ser santo? Pues en vivir en la voluntad de Dios.
Y ¿cuál es la voluntad de Dios para mí? pues pregúntaselo a Él. Tenemos que rezar al Señor, asistir a los Laudes, hacer el oficio de lecturas, los salmos y sobre todo ser pequeños. Considérate el último y el peor de todos, dicen los Padres de la Iglesia. Considérate el último y el peor de todos, que no eres digno de estar en esta comunidad, tendrías que estar quizás en la cárcel, no sé dónde, pero el Señor te quiere muchísimo. Por eso sé agradecido al Señor y alégrate de vivir en su voluntad. Seamos agradecidos a Dios y vivamos el día a día, cada jornada poniéndonos al servicio de nuestros hermanos, alegrándonos de hacer algún servicio, de ayudarles.
Después de 50 años, estaría bien que algún kiko se pusiera por una ver al servicio de la Iglesia. Sospecho que se oirían trompetas en el Cielo ante tal prodigio.
Alegrémonos de las humillaciones, no es que las busquemos, las que Dios permite, sea por la salud, sea por los conflictos de la familia, sea con los hijos, sea con los nietos. Lo que Dios permita.
Démosle gracias de todo al Señor. Vivamos dando gracias a Dios por la vida que nos da, por su amor, por su ternura, por su presencia. Esa es la voluntad de Dios: que vivamos dándole gracias, haciendo la oración constante: “Señor Jesús, Hijo de Dios, ten piedad de mí que soy un pecador”.
Es decir, que la voluntad de Dios no es que tripodees, que diezmes, que prepares, que machaques a tus hijos con la comunidad, que juzgues a todo el que deja el Camino… A ver si te vas enterando.
Gracias, Señor, por tu amor y por tu bondad. Concédeme ser manso, humilde, ayúdame a considerarme el último y peor que los demás. Que no me considere superior a nadie, dirá S. Francisco, que se consideraba el último y el peor de todos. Era la obra del Espíritu Santo en S. Francisco, que, habiendo sido inundado (sic), tenía una luz dentro y se veía el último y el peor de todos.
Lo del santo inundado es nuevo. El abuelo ya no está para estas cosas.
Esto sucede en todos aquellos hermanos que han sido visitados por el  Espíritu Santo.
Eso: los inunda a todos.
Considérate el último y el peor de todos, que no eres digno de estar aquí. Hazte consciente de tus pecados y dale gracias al Señor. Vivamos dando gracias al Señor por la vida que nos da, de su presencia, de su amor, de su misericordia, de su bondad, de que te ha dado catequistas, de que te ha dado una comunidad. ¿Cómo podríamos dar gracias al Señor por tener una comunidad cristiana? En esa comunidad tienes la ocasión de ayudar a los hermanos, tienes la ocasión de quererlos, tienes la ocasión de servirlos, de recibir alguna humillación. Las humillaciones son muy importantes para nuestra santificación. Todo aquello que nos humilla es santo. ¿Qué nos  humilla? ¿La familia, los nietos, los hijos, los cuñados, el trabajo, el que no tenemos dinero? ¿qué nos humilla?
¿Qué clase de mente retorcida y deformada es la que puede poner a la familia, los hijos o los nietos como causas de humillación?
Todo lo que te humille es una gracia. Vivamos dando gracias al Señor, hermanos. Podría decir esto y muchas más cosas, pero, es difícil, porque más importante de lo que yo pueda deciros es la acción de los sacramentos, es la acción de la Vigilia Pascual, es el momento en que el sacramento irrumpe en nuestro espíritu.
Pero, para ello tenemos que prepararnos a recibir el Espíritu Santo, a participar realmente en lo que significan los sacramentos. El sacramento de la Pascua significa que Cristo se hace presente con su muerte para morir por nosotros. En esa Noche Santa Cristo se hace presente en el altar y se ofrece en sacrificio por ti, para que tú te unas a Él y dejes sobre su cadáver el hombre viejo y sea resucitado con Él. Porque no somos santos, no somos apenas cristianos.
¿Solo se hace presente una noche al año? ¿Las demás ukas son de pega? ¡Las barbaridades que llega a decir el abuelo! No deberían dejarle hablar.
La Iglesia de Madrid, el Camino Neocatecumenal necesitan de tu santidad, necesitan nuestra humildad, necesitan nuestro amor a Cristo. ¡Ay, si fuéramos cristianos, enamorados de Cristo! Amar a Cristo es la única verdad, el resto es todo vanidad, decían los Padres del desierto: Recuerda, hijo mío, que amar a Cristo es la única verdad. Amar a Cristo. ¿Tú amas a Cristo? ¿lo amas? Y ¿cómo muestras tu amor a Cristo, dime cómo lo muestras? A lo mejor estás distraído todo el día, ¿qué has hecho hoy? En este día de hoy ¿se ha visto el amor que tienes a Cristo? ¿no sé? ¿has rezado el rosario, has estado rezando todo el día, has hablado con Él, le has dicho que le quieres, le has dicho ayúdame a hacer tu voluntad? ¿no sé? Necesitamos amar a Cristo, amar a Cristo es la única verdad, el resto es todo vanidad. Amar, amar a Cristo es lo que haremos en el cielo, amar a Dios. Pero ya podemos participar del cielo si amamos aquí a Jesucristo. Si nos levantamos y pensamos en Él, si le ofrecemos el día, si le decimos: Señor, ayúdame, estate conmigo cerca, ayúdame, ayúdame a hacer tu voluntad, a ponerme al servicio de los demás. Ayúdame. Y hablando con el Señor, así poco a poco, debe ir creciendo en nosotros el amor a Cristo. Amar a Cristo es la única verdad, el resto es vanidad. Y para amar a Cristo necesitamos humillarnos.
Creo que se confunde. El amor es humilde, pero la humillación no es mágica para poder llevar a nadie a amar.
Señor, ayúdame a humillarme, a considerarme el último, a decir que no soy digno de estar aquí con estos hermanos, que son todos santos, yo soy un miserable, Señor, yo soy un pecador. Concédeme, Señor, tu gracia y tu bondad. Concédeme ser cristiano, que viéndome los hermanos vean en mi a Cristo.

jueves, 18 de abril de 2019

Tostón publicitario. Pascua 2019 (III)



Bien, hermanos, vengo a deciros de parte del Señor que está muy contento de vosotros, que después de tantos años, cuarenta casi cincuenta, juntos aquí en una gran batalla.
Ni uno se ha convertido, ni uno es santo ni cristiano. ¡Qué alegría! (para su señor, que debe de tener un olor a azufre…)
El Señor os está esperando para salvar a tanta gente y para ayudar a que la Iglesia cumpla su misión en este tiempo.
Después de 50 años de espera, mejor que se busque una opción B.
Es una gran alegría el que os haya elegido y que os mantenga, que nos mantenga a todos en este tiempo, porque ahora este encuentro es fundamental porque el Señor os dice, que en esta misión que os otorga, que os da y que es importantísima para la ciudad de Madrid, necesita que seáis santos. Y la única cosa que nos hace santos es la Pascua.
Entonces, tenemos que prepararnos para nuestra santificación, para la participación fructuosa y profunda en la Vigilia Pascual. Y ¿cómo podemos prepararnos para que realmente, en esa Noche Santa, nuestra vida se transforme, pase el Señor y destruya en nosotros los restos del hombre viejo que hay en todos nosotros, porque todos somos pecadores, todos. Y todos tenemos un combate. No somos santos, no somos suficientemente santos. Para que se realice de verdad nuestra misión necesitamos ser santos y el Señor nos recuerda que para hacernos santos Él ha instituido los sacramentos y entre ellos el sacramento más importante la Santa Vigilia, la Vigilia Pascual.
Ya está confundiendo el culo con las témporas. Un tipo que no sabe lo que son los sacramentos y pretende dar lecciones.
Todas las Eucaristías hacen presente la Vigilia Pascual: la muerte y la resurrección de Cristo. Pero hay una noche importantísima que es la noche de la Vigilia Pascual, la Noche que celebra la Iglesia la muerte de Cristo en una cruz para salvar a la humanidad, a ti y a mí, a todos los hombres de la esclavitud al pecado, la soberbia, la codicia, la lujuria, etc., y restaurarnos interiormente.
NO. Lo que celebra es la RESURRECCIÓN. Si celebrase la muerte, la Pascua sería el viernes, pero porque celebra la resurrección, es el DOMINGO. Que los hay que no se enteran.
El Señor nos necesita santos a todos, a mí y a vosotros. Y a mí me dice que viene esta Vigilia, que me tengo que preparar, que no soy santo, además que no sabemos lo que nos prepara este año y cuál es la voluntad de Dios para mí y para ti. A lo mejor es una enfermedad, es un cáncer, es un conflicto, es una persecución, es una calumnia, no sabemos que es lo que Dios tiene destinado para nuestra santificación y para el buen nombre de Cristo y para la salvación de la Iglesia. No sabemos lo que esperamos.
Y suma más tontadas. Dios, a diferencia de otros, no envía cánceres ni se recrea en la muerte.
El Señor solamente nos dice que tenemos que prepararnos a esta Vigilia, a la Vigilia Pascual de 2019. Santa Vigilia, paso del Señor en medio de su Iglesia, en medio de nosotros. El Señor quiere pasar para destruir en nosotros el hombre viejo, el autor del pecado, de la envidia, de la soberbia, de la avaricia, del afán de dinero, para que seamos sobrios. Hay tanta gente que está bajo el alcoholismo, bajo la droga, y no solamente eso, sino que está en conflicto y odio con los familiares, se detestan.
Nosotros no podemos odiar a nadie, tenemos que ser como corderos, corderitos, todos corderitos, pequeños, blancos y dispuestos al sacrificio. No somos lobos, Cristo no es pastor de lobos, es pastor de corderos.
Le ha faltado decir: y el que odie, que se vaya. Y se hubiese quedado solo, porque el odio es algo que tienen metido muy dentro, no se lo quitan de la boca ni del corazón.
Pues esta Pascua el Señor quisiera que tú fueras un cordero y que yo también, que nos convirtiéramos. ¿Dónde están los cristianos en España, en Madrid?, ¿dónde están? Quisiéramos verlos, son los discípulos de Jesucristo. Y ¿quién fue Cristo? El Hijo de Dios que vino a este mundo, vino a destruir en los hombres la obra del pecado y de la muerte. Y quisiera darnos su victoria sobre la muerte, nos da a participar de su resurrección, y sobre el pecado. Y para hacernos humildes. Sin humildad no hay nada en el cristianismo. Tenemos que salir de aquí esta noche dispuestos a ser humildes.
Para ser humildes necesitamos pedirle al Señor que nos ayude: Señor ¿qué tengo que hacer yo para ser humilde como tú quieres? Lo que tú quieras de mí ¿qué tengo que hacer? Humíllate. ¿En qué consiste?
La humildad consiste en que el hombre se humille ante la historia, porque es Dios el que lleva nuestra historia, aceptando la historia que lleva con nosotros. Y ¿qué historia tiene conmigo? La edad, la enfermedad, el trabajo, las  comunidades…, no sé.
Tengo que ser humilde y sometido a la historia, esto es, sometido a la voluntad de Dios cada día, en lo que Él quiere para mí, para hacerme santo. Si yo soy santo, mucho bien recibiría la Iglesia y todos vosotros, si yo fuera santo. Desgraciadamente yo soy un pecador, soy un pobre hombre que, a veces, no puedo más, y no puedo dejar esto, aunque quisiera marcharme. No, no puedo. El Señor me ha unido a vosotros en tanto que tengo un poco de salud tengo que ayudaros en vuestra fe.
¡Qué diosito tan malévolo el suyo, que le tiene esclavizado! Está claro que no es el Dios cristiano, que respeta la libertad del ser humano. Incluso si la emplea para hacer el mal.
Detrás de vosotros tenéis a vuestros hijos, a vuestros nietos, a vuestros cuñados a vuestros parientes, a tanta gente que nos mira y nos ve.
Y porque ven, no quieren el Camino.

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