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miércoles, 8 de abril de 2026

Camino escandaloso

 


Desde su arranque, el Camino Neocatecumenal se presentó como un itinerario de redescubrimiento del Bautismo. Con tal objetivo ni se orientaba ni podía orientarse a la missio ad gente, es decir, la Evangelización de los paganos, sino que su propuesta era la formación espiritual de gente oficialmente cristiana pero con un conocimiento deficitario de su fe. Por eso el itinerario no conducía al Bautismo, sino al redescubrimiento de este.

Al ser su audiencia “natural” gente con un bagaje doctrinal insuficiente, pues de otro modo no necesitarían redescubrir el primero de todos los sacramentos de la iniciación cristiana, sería razonable que los participantes en tal itinerario (no confundir con miembros de una asociación) no se tuviesen por una élite espiritual.

Lo que pasa es que la razón y el razonamiento están muy mal vistos en el itinerario neocatecumenal.

Por eso, en las parroquias donde el itinerario se asienta, lo que en sí mismo es un oxímoron, se implanta una anticristiana casta neocatecumenal de segunda o tercera generación que mira a los demás (los otros, los de fuera, los religiosos de misa de 12, los que Kiko llama alienados, los clericalistas perseguidores) por encima del hombro.

Otro signo de la existencia de la casta neokika es la tendencia a convertir los pasos del itinerario en filtros sociales, morales y afectivos. Los padres que aconsejan al hijo alejarse de los compañeros de colegio no neocatecumenales, los kikotistas que previenen a los neocatecúmenos sobre esos novietes que no quieren hacer las kikotesis, la esposa que es enviada a su casa para convertir al marido no caminante, la soltera que, por serlo, es encaminada a hacer una experiencia en un convento de clausura… Pueden parecer consejos sin malicia, pero son muy graves.

Y hay situaciones peores.

Hermanos que, por la causa que sea, se vuelven incómodos para algún jefecillo y son excluidos o silenciados sin posibilidad de defensa, sin una corrección fraterna ni un discernimiento real. Al contrario, se usa el chisme y la maledicencia del “me han dicho que” para causar escándalo que “justifique” apartar a estos hermanos precisamente “para proteger a los pequeños”.

El escándalo real, según el Evangelio, es ver al prójimo tirado al borde del camino y pasar de él “para no incurrir en impureza”.

Pasos como el segundo escrutinio son una dictatorial aduana moral que no se pasa por la fe, por frutos visibles, ni por deseo de conversión. Se pasa —o no— según criterios inconfesables pero sabidos:

* Si eres hijo de alguien “con responsabilidad” dentro del itinerario, pasas aunque blasfemes de Dios.

* Si eres compadre de algún kikotista, pasas aunque zurres a toda la familia.

* Si tu situación personal no se ajusta a la normalidad impuesta (soltero sin compromiso pese a tener empleo, casado sin hijos o con pocos hijos, novio de alguien ajeno al CNC…), probablemente no pases.

* Si tienes una posición económica holgada (o que los kikotistas consideren holgada), posiblemente no pases, pues alguien con el discernimiento de una lombriz considerará que no te has probado suficientemente en los bienes.

* Y si no se sabe qué hacer contigo, se recurre a “nuestros kikotistas ya están al tanto. Ellos decidirán” para cerrar cualquier asunto.

Esto no es discernimiento. Es un sistema de reglas, una normativa, un guiaburros para kikotistas sin formación, pero con poder absoluto.

Porque lo que sí causa escándalo y es indicio de sistema abusivo es la asimetría entre el poder que sobre la vida de otros ejercen los kikotistas y el conocimiento y formación de que carecen.

Quien reclama para sí un presunto derecho a ser informado acerca de la vida de otro, a opinar sobre las circunstancias de ese otro y a dictaminar e imponer cómo debe proceder el otro, como mínimo debe tener herramientas teológicas, pastorales y humanas que faciliten no dañar al otro, no avergonzarle, no humillarle.

La realidad es todo lo contrario.

Con frecuencia, el segundo estropicio parece un concurso por ver qué kikotista hace más daño, a ver quién hace llorar a más hermanos, a ver quién suelta la imposición más anticristiana:

* Déjate de método Billings, que es un engaño del demonio, tú te vas al tálamo con tu marido y si te quedas embarazada, da gracias a Dios, y si te mueres en la sexta cesárea será que eso es lo mejor para tu familia.

* Te hemos dicho que tú tienes que dar el diezmo lo primero de todo, y si luego tu sueldo no alcanza hasta fin de mes y tus hijos se pasan una semana a pan y agua es que eso es lo que Dios quiere para ellos.

* Si tu novio no quiere hacer las kikotesis, es porque no te quiere. ¿Qué haces tú con un novio que no te ama? Explícamelo, ¿qué es lo que haces con un novio que no viene de Dios? So necia, que estás cambiando la primogenitura por el plato de lentejas.

Así una y otra y otra vez. Frases hirientes y mensajes errados cuando no malvados, frutos de la ignorancia, la improvisación del momento y la presunción de superioridad moralikikante.

Además, donde el Camino toma el control de la parroquia, la corrupción espiritual se multiplica.

* Se ignora la realidad de los fieles que no neocatecúmenos (Iba a poner los que no pertenecen al Camino, pero nadie pertenece al Camino, porque no es una asociación ni tiene miembros).

* Se tapan los abusos internos, en particular si son cometidos por algún kikotista. Con la excusa, de nuevo, de no escandalizar, se machaca a las víctimas y no se elevan denuncias al obispado.

* No se obedece al obispo, se obedece al kikotista de zona, que puede o no estar en sintonía con el obispo.

 

Esta es la praxis real del CNC. ¿Te parece escandaloso que se publique lo que con tanto ahínco tratan de ocultar?

Escandaloso es que se normalizar la coacción y la violencia espiritual bajo el falso nombre de la santa obediencia.

Escandaloso es que la voz del hermano sufriente sea desacreditada con la argucia de chismes esparcidos por los verdugos.

Escandaloso es que no se permita corregir al kikotista que mete la pata.

Escandaloso es que desee la muerte del que ordena correcciones muy pertinentes.

Escandaloso es que se expulse de la no-asociación a quien, lejos de dejarse pisotear en silencio, cuenta lo que le hacen.

Escandaloso es que se denuncie a alguien con la excusa de unos kikirikantos de los que Kiko no es el compositor.

¿Qué hay hoy en el CNC que no sea escandaloso?

 

sábado, 13 de enero de 2024

Itinerario de deformación católica

 

No sé si sabéis que el término “neocatecúmeno” se impuso para no confundir a quienes están en el CNC con los verdaderos catecúmenos.

Catecúmeno, por su propia definición, es quien está en proceso de formación sobre la doctrina cristiana previo al Bautismo. Cuando la formación es posterior al acceso a los Sacramentos, para diferenciarlo del catecúmeno, se le puso -dicen que la ocurrencia fue del arzobispo Aníbal Bugnini- el nombre de neocatecúmeno.

Lo importante, es que se presupone que el neocatecumenado es, ante todo, formativo: «Reconozco el Camino Neocatecumenal como un itinerario de formación católica» (San JP II en 1990), pese a que su praxis demuestra que como herramienta educativa es muy muy incompetente pues ningún teólogo tarda veinte o más años en recibir el título, en cambio, en el CNC tras cuatro o más lustros, los que quedan siguen igual que al principio, sometidos en todo a otros tampoco titulados, todos ellos sin alcanzar la adultez jamás.

Por otra parte, la naturaleza formativa implica que el CNC está orientado a quienes desconocen la doctrina cristiana y no creen en los dogmas de la Iglesia por el simple hecho de que los ignoran, y no se puede creer en lo que se ignora. Tal vez crean en una potencia cósmica superpoderosa o sean animistas o simplemente hayan caído en las supersticiones, los signos del zodiaco, el horóscopo y demás tontadas, pero no hay fe sin razón (encíclica Fides et ratio). Y para razonar hay que saber.

Entonces, el CNC, reconocido como itinerario de formación y nada más, es solo para gentes ignorantes de los dogmas y creencias del Cristianismo. Y que no acaben jamás de caminar da idea de que siguen ignorantes durante toda su vida. Lo cual, por desgracia, no está lejos de la realidad.

La Iglesia establece en el RICA (Ritual de Iniciación Cristiana de Adultos) que tras el catecumenado, es decir, tras el aprendizaje, tras adquirir el conocimiento que sustenta la fe, el punto de partida es el Bautismo y la meta es la Eucaristía.

El Bautismo es la puerta que se abre para que el catecúmeno deje de serlo y adquiera la condición de hijo de Dios y miembro de la Iglesia. La Eucaristía es más, quien recibe la Eucaristía recibe a Cristo, recibe a Dios, se “diviniza” en Cristo. Por eso, la Eucaristía es la meta. En el Bautismo está Dios, en la Eucaristía recibida, Dios y quien comulga son uno.

Sin embargo, en el CNC, hay una distorsión y la Eucaristía pasa a ser una actividad semanal más en la que lo importante es la comunidad que se junta a cantar y bailar, a contar y escuchar y, con cierta frecuencia, a despellejarse unos a otros; y se reserva para el final de la presunta etapa formativa una “renovación del Bautismo” que busca ser el no va más de los ritos sacramentales.

Sucede también que, en su afán de dotar de significado profundo y de trascendencia a esa renovación bautismal de todo punto innecesaria y sin carácter sacramental -por más que se pretenda lo contrario-, declaran ineficaz el Bautismo recibido antes de hacer el neocatecumenado.

Sostienen en el CNC que el bautismo allá en la infancia del neocatecúmeno fue un hecho fortuito fruto de la tradición social de la época, o motivado por el qué dirán de los vecinos, o como un ritual de religiosidad natural, y también dicen que por eso mismo es ineficaz. Y aunque no lo fuera, su eficacia habría caducado porque a uno muy sensible así le peta. Y ese es el motivo por el que, tras culminar el itinerario, hay que hacer una pantomima en el agua del Jordán.

No se dan cuenta o no quieren ver que la eficacia de un Sacramento no depende de la fe ni de la buena voluntad ni del compromiso personal de quien lo recibe o de sus padrinos. El cristiano no se hace a sí mismo en función de sus méritos, es Dios quien lo hace, es el compromiso de Dios con la humanidad lo que hace eficaz el Bautismo, sea cual sea la situación del bautizando y de sus padrinos.

A ver si lo expreso bien: nada que haga el hombre puede dañar la eficacia del Bautismo recibido, porque en ese acto, es Dios quien se compromete con el bautizando a quien adopta como hijo. Y la adopción de Dios es para siempre.

Ello no significa que el recién nacido para la Iglesia no precise alimento y formación para su fe, sino que no tiene lógica que el culmen de la formación sea una especie de duplicado cutre del rito de filiación divina.

 

sábado, 21 de octubre de 2023

La salida, el itinerario y la meta

 

Los responsables del Camino dicen que lo suyo no es un movimiento ni una asociación ni muchísimo menos un grupito dentro de la parroquia, que es lo que quería hacer de ellos un Papa que no tuvo la amabilidad de morirse cuando le apetecía a uno muy sensible, pero «dimitió. Pues gracias a Dios» (Kiko en Puerto Rico, 14 de marzo de 2017).

Ellos aseguran que el Camino Neocatecumenal es un itinerario, es decir, es la «ruta que se sigue para llegar a un lugar» (Diccionario de la lengua española de la Real Academia Española).

La pregunta que surge de forma natural es: ¿Adónde lleva el itinerario CNC? ¿Cuál es su meta, cuál es su destino?


Los loros bien amaestrados contestarán que la meta es la renovación del Bautismo, y que el recorrido está jalonado de pasos que capacitan a los catecúmenos para adquirir verdadera y plena conciencia de lo que significa y obra el Bautismo en ellos.

¡¡Un camino que lleva a quienes lo siguen a la plena conciencia de lo que significa ser hijos de Dios!! ¡Cómo no considerar deseable un itinerario que asegura conducirte sin pérdida, error ni engaño a una meta semejante! 

 


Sin embargo, el punto de partida de ese itinerario se fundamenta en errores gordísimos.

El primer error es que el único camino que lleva al Padre es Jesucristo. NO HAY OTRO. Y confundir el instrumento inútil con el verdadero camino es síntoma de idolatría.

El segundo error es además un juicio improcedente sobre el prójimo. Porque sucede que los loros bien amaestrados también han de repetir y asegurar que nadie nadie nadie que no recorra su camino ha podido alcanzar ya esa meta.

En otra palabras, son tan humildes ellos que su palabrería se basa en la asunción de que no existe ni ha existido ni existirá un ser humano que haya comprendido y vivido su Bautismo sin la guía del CNC.

Dicho de otro modo: están adiestrados para considerar que nadie es cristiano adulto salvo quienes el gran gurú o ellos determinen.

«Yo llegué a los veinticinco años sin ver un solo cristiano», les enseña Kiko en el mamotreto del primer escruticio. Lo que demuestra que la lupa de ver intenciones ajenas es consustancial al itinerario que empieza mal.

La posesión de tal lupa hace que ellos distingan entre los santos normalitos y la una sola santa -de momento- de categoría extra superior, del mismo modo que se entiende su desprecio hacia los religiosos de misa de 12, esos ignorantes cargados de devociones populares que se confiesan con curas clericalistas y no practican la bibliomancia a destajo para saber qué les quiere decir Dios.

Por tanto, el punto de partida de este itinerario es opuesto a la recta doctrina de la Iglesia Católica, que no juzga las intenciones, sino los actos, y no dispone de bola de cristal ni de aparato alguno capaz de medir la fe de los catecúmenos.

Ese es otro aspecto identitario del itinerario CNC: hace correr el bulo de que los kikotistas adquieren en propiedad, en virtud de su designación como loros, el carisma de medir la fe de los demás, no solo de los catecúmenos, también de los ajenos. Aunque lo último está chupado, pues es dogma kikiano que los de fuera no tienen fe o, a lo sumo, la tienen del calibre de un chiquillo en su primera comunión que, en opinión de estos notas, es el menor calibre posible.

Una vez más sucede que la pretensión de medir la fe de los demás no es Cristiana ni propia de la Iglesia Católica, es más bien un arcaísmo propio de paganos y supersticiosos.

Ese dogma falso y mentecato tiene otra consecuencia: obliga al secreto de los textos que los loros memorizan, pues en ellos están las recetas a aplicar. Es decir, su pretendida sabiduría no es tal, solo son recetas memorizadas.

Por descontado, el secreto tampoco es cristiano ni propio de la Iglesia Católica, por el contrario, es propio de masones, satanistas y grupos por el estilo que no buscan el bien común ni tienen por destino la fe, sino más bien la dominación. Pero si el punto de partida es errado, no es de sorprender que el recorrido tampoco sea acertado.

Otro error en ese recorrido tan tan largo que nunca acaba porque jamás se alcanza la meta es la autointerpretación de las Escrituras al margen de la Tradición y del Magisterio de la Iglesia Católica.

En el CNC no hay el menor interés por conocer la recta interpretación de las Escrituras, de lo que se trata es de que cada uno las aplique al tuntún a su vida y sus circunstancias; «hacerlas carne», le dicen a lo que no es sino instrumentalizar la palabra de Dios para acomodarla a los intereses o anhelos personales. Y además se hace pasar por inspiración divina las ocurrencias que se sueltan en los ecos a la Palabra.

Usar en vano el nombre de Dios y achacarle a Él todos lo que algunos largan por la boca es otro de los errores del CNC.

Y ya puestos a hacer a Dios responsable de todo, también le encasquetan todos los desastres e incluso de todos los pecados, pues la incorrecta interpretación de las Escrituras les lleva a sostener que si ni una hoja se mueve ni un cabello se cae sin que Dios lo quiera, ello implica que ninguna tragedia tiene lugar ni nadie incurre en pecado sin que también Dios lo consienta, acepte e incluso quiera.

Es tan demencial que nadie con dos neuronas podría aceptar semejante argumento, lo que obliga al kikismo a establecer otra norma sacrosanta en su itinerario que no lleva a ninguna parte, y dicha norma es la pretendida infalibilidad del kikotista.

Con esta premisa eso tan demencial se trueca en un lo que pasa es que tú ahora no lo entiendes, ya lo verás más adelante.

Así que el itinerario neocatecumenal tiene un punto de partida incorrecto, el recorrido equivocado y, encima, se impone la obediencia absoluta al guía inepto que solo repite las máximas erradas de uno muy sensible.

Obediencia a la que también han de someterse los presbikikos. Es decir, el sacerdocio ministerial es tenido en nada frente al presunto karisma del kikotista (el que les dota de visión ultrasideral para ver y medir la fe de los demás), pues prima la presunción de que nadie, por más sacerdote que sea, tiene fe si no ha recorrido el itinerario neocatecumenal en sometimiento a los kikotistas y si estos no garantizan su fe tras medirla con su visión magikika.

Y esta subversión de la estructura jerárquica de la Iglesia, que es Cuerpo de Cristo, tampoco es cristiana.

Así les va a los pobres neocatecumenales.