jueves, 1 de octubre de 2026

Sígueme

 


Evangelio del 30 de septiembre de 2026

Lucas 9,57-62

En aquel tiempo, mientras Jesús y sus discípulos iban de camino, le dijo uno: «Te seguiré adondequiera que vayas». Jesús le respondió: «Las zorras tienen madrigueras, y los pájaros del cielo nidos, pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza».

A otro le dijo: «Sígueme». El respondió: «Señor, déjame primero ir a enterrar a mi padre». Le contestó: «Deja que los muertos entierren a sus muertos; tú vete a anunciar el reino de Dios».

Otro le dijo: «Te seguiré, Señor. Pero déjame primero despedirme de los de mi casa». Jesús le contestó: «Nadie que pone la mano en el arado y mira hacia atrás vale para el reino de Dios».

 

Cuando puedo, en lugar de rezar las laudes sola me voy a la asamblea de los “religiosos naturales” madrugadores de mi parroquia. La homilía de la primera misa del día 30 de septiembre fue estupenda, al “abrir la palabra” del Evangelio, el sacerdote explicó algo que jamás escuché en el CNC.

Por un lado, dijo que la respuesta de Jesús al interlocutor que quiere seguirle allá donde vaya es una advertencia a quienes le buscan por interés. Un interés del tipo: «Señor, ten en cuenta cuanto preparo, que no falto a la comunidad de los no-miembros, que diezmo todos los meses, que descuido a los hijos por enterarme de las cosas de la comunidad… tenlo en cuenta, porque me debes el ciento por uno de tantos desvelos míos, pero te admito una rebaja siempre que se haga mi voluntad y me des todo lo que creo necesitar».

Lo siguiente es todavía más importante.

En tiempos de Jesús, el estudio de la torá era tan importante que no podía descuidarse ni interrumpirse nada más que por dos causas. Una era la muerte del progenitor, en cuyo caso el hijo no faltaba a Dios por interrumpir el estudio para acudir a enterrar al padre; la otra era la obligación de atender al sustento familiar. Parece razonable, primero está la obligación de procurar el sustento de la familia y una vez asegurado este, la devoción.

Pues bien, lo impresionante es que en este Evangelio, Jesús, un pueblerino de Galilea, se pone por encima de la torá. Ante su llamada no vale esgrimir ni al padre anciano ni las obligaciones familiares para escurrir el bulto. Dios es lo primero, es más que la torá, más que el padre, más que la familia, por tanto, también es más que cualquier no-asociación, más que lo que diga cualquier kikotista, más que Kiko, incluso si dice que faltar a la comunidad es pecado grave (sin opresión ni manipulación, eh, todo en tu libertad, pero que sepas que te inflas a pecados graves si no renuncias a esa libertad para someterte a Kiko. Y el que peca es hijo del demonio. Y los hijos del demonio van al infierno).

Entendedlo bien. La torá es palabra de Dios, pero no es Dios. El cuidado de los padres está antes que la torá, la atención debida a la familia está antes que la torá. Pero Jesús es más que la torá. Y Jesús sí es antes que los padres y que la familia. 

No está la comunidad antes que los padres y que la familia, porque la comunidad no es Dios. Y hacer un ídolo de la comunidad es caer muy bajo.

Los judíos no hicieron un ídolo de la torá, el kikismo hace un ídolo del Camino.