Mostrando entradas con la etiqueta segundo escrutinio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta segundo escrutinio. Mostrar todas las entradas

lunes, 25 de agosto de 2025

El rito del caldero

 

En la mitología celta abundan los calderos mágicos. Me suena que los más importantes son tres, el de la sanación, que incluso resucitaba muertos; el de la abundancia y el de la sabiduría.

En el CNC también hay un caldero que juega un importante papel en la prosperidad de los pobrecitos kikotistas...


 

domingo, 17 de octubre de 2021

Segundo escrutinio: miedo, daño y destrozo

 Lo siguiente es un testimonio que llevaba demasiado tiempo perdido por el blog.

 

Los responsables del destrozo

MIS SEGUNDOS ESCRUTINIOS. EL MIEDO.

Quiero hablar de ello para vomitarlo y no se me quede en la cabeza como un runrún que me daña como si lo hubiera vivido ayer mismo otra vez.
Para empezar, hicimos la convivencia en el Valle de los Caídos con otras comunidades de Madrid. En esos casos el equipo catequista que lleva la convivencia no es el de una sola parroquia.
Hacen un equipo con los matrimonios responsables de catequistas o catequistas jefes, por así decirlo, de cada parroquia.
Luego se reparten las tareas: que si la catequesis de las Vírgenes Necias, que si la de los Talentos, las de la eucaristía, las de los nuevos salmos (que estaban prohibidos cantar hasta que no se hace ese paso).
Nuestro catequista era un hombre alto y corpulento. Muy bien vestido siempre (de hecho muy pijo), se notaba que su posición social era buena y debía ser un profesional con un cargo importante. Digo todo esto porque su imagen transmitía mucha autoridad, aderezada con una chulería y una forma de ser seca y cortante.
Ese tipo de personas que infunden miedo sin haber hablado. TEMOR. DESASOSIEGO. Era capaz de cruzarse contigo en un pasillo, mirarte fijamente durante metros y metros y no molestarse en responder a tu tímido "hola". HIRIENTE. INCISIVO. UN CHULO, no porque yo lo diga, es que era algo que él mismo sabía y explotaba. Le hacía mucha gracia permitirse ser como era. Me consta que mucha gente del Camino no le tragaba, ya fuera entre los del vulgo (catecumenos) o las altas esferas (catequistas responsables de otras parroquias).
No le tosía nadie. Era muy buen gestor, muy inteligente y rápido, muy eficaz. No me habría gustado estar en el pellejo de sus inferiores en el trabajo. En el arzobispado gozaba de buena reputación y colaboraba en una serie de asuntos que por supuesto habían delegado expresamente en él.
Tenía otra faceta, era muy tierno y sensiblón, se echaba a llorar cuando estaba sufriendo por algún acontecimiento en su vida muy duro. De esos que impactan en el Camino, que se convierten en leyendas kikiles. Así que verle así después de que te hubiera torturado producía un conflicto interno bastante extraño. De repente te dabas cuenta que podías sentir misericordia por él, como si fuera un niño grande bastante capullo que en el fondo no es tan malo, tiene su corazoncito.
Tener un catequista así añade un plus de miedo considerable. ERA TEMIDO Y TEMIBLE. Nunca podías adelantarte a él. Nunca sabías por dónde iba a salir. Era un auténtico sabueso. Entraba a matar y se cebaba. Siempre tenían que pararle los pies los de su equipo. Este tío habría hecho un buen tándem con Rafael el Cruel y algún otro de esa calaña. bueno, en el Camino deberíamos intercambiar "calaña" por "categoría". Cuanto más ca++++ es un catequista, mayor es la fama y la gloria que le preceden.

 

MIS SEGUNDOS ESCRUTINIOS: EL DAÑO
El primer ensayo de qué era escrutar lo tuvimos en la propia convivencia. Cada jefe de catequistas sacó a un catecúmeno suyo al estrado (el papelito al azar sacado de la bolsa).
Le tocó a una señora de unos 70 y pico años. Una buena mujer, toda la vida en la Iglesia, siempre prudente y muy cariñosa con todos, servicial, siempre de buen humor. Un encanto de mujer. De formación universitaria y dedicada a la investigación. O sea, tonta no.
El carnicero empezó a afilar sus cuchillos. La buena mujer lee sus respuestas a la encuesta y tarda como mucho un minuto en leerla. No podía ser. Eso no podía ser. Una señora sin grandes complicaciones en su vida, demasiado fácil todo. Ahí había demonio encerrado, fijo. Esa es la mentalidad del Camino.
Todos tenemos que tener una historia pasada truculenta, llena de rebeldía y maldición, no aceptada, un presente en el que por fin te ves tal cual eres, un saco de mierda de pecados innombrables y escondidos, y por supuesto unas idolatrías como catedrales a todos esos tópicos que siempre señalan: el sexo, el dinero, el poder, el prestigio, etc. etc.
Pero por más que la torturó delante de doscientas personas la buena mujer no daba más de sí, con lo cual el cabreo y la frustración del catequista fue supina. Otros catequistas escrutaron a alguno de sus catecúmenos y la verdad es que su forma de hacerlo era más educada, no tan sanguinaria, pero ya podíamos salir de allí con algo muy clarito: nos íbamos a cagar, con perdón. Esto ya era un cambio muy drástico en la forma de estar en el Camino.
Como en mi comunidad éramos bastantes, las jornadas de escrutes fueron numerosas y maratonianas. Teníamos que hacer ayuno absoluto desde por la mañana, como nos decían nuestros catequistas "para ir en tensión". El ayuno era un arma para luchar contra las tentaciones del demonio, que durante ese paso serían fortísimas. "Nuestro cuerpo siempre pide que le demos gustirrinín, con el ayuno combatimos".
Aquello era dantesco. Salvo algún caso -casualmente el de hijos de catequistas de otras parroquias, de sus propios hijos (no entiendo que unos padres puedan escrutar a sus hijos)- hubo situaciones en las que muchos apretaban los puños para soportar la indignación y la rabia de ver cómo machacaban a un hermano de comunidad de esa manera. Estábamos en general pasándolo todos muy mal, sufres viendo el dolor de los demás ahí arriba sentados y tratados como trapos, sufres por ti mismo.
Había momentos en que se nos salía el corazón por la boca de las palpitaciones que nos daban. Gritos del catequista que debían estar escuchando hasta en la luna, una violencia desatada, hasta el extremos de que tuvieron que sujetarle con un hermano "que no se dejaba, que estaba cerrado por el demonio", al que casi le pega. Tiró al suelo con furia, esa agenda donde van tomando apuntes sobre cada cual que se sienta en la silla de torturas.
Supongo que en todas las comunidades será así. En mi parroquia todos los catequistas del equipo tenían su propia agenda, supongo que cuando tienen que decidir si un hermano pasa el paso (valga la redundancia) tirará cada uno de agenda y lo pondrán en común.
Es muy desagradable estar ahí sentado y que según hablas el que te está escrutando vaya tomando notas, también que se pasen papelitos entre catequistas y se lo hagan llegar al que te escruta, como dándole pistas de "ve por aquí" o "tira para allá".
Es una sensación de absoluta vulnerabilidad, todo te hace sentir como un gusano que casi ni tiene derecho a la vida de lo ciego que estaba, de sus muchos pecados y adoración a todo menos a Dios. Todo centrado en romperte en público, te rompen, te hacen quebrar. Y lo más terrible es que cuando ya te soltaban y podías regresar a tu sitio, te decían eso de "ánimo hermano, Dios te ama".
¿Cómo te pueden decir eso después de haberte violado psicológicamente en nombre de Dios? ¡¡Dios no hace esas cosas!!
Realmente es una PARAONIA.

 

MIS SEGUNDOS ESCRUTINIOS EN EL CAMINO NEOCATECUMENAL: EL DESTROZO.

Después de haber descrito ese ambiente de "la Casa del Terror", contaré lo más importante de mis segundos escrutinios. Quiero vomitarlos, cada vez que los recuerdo me dan arcadas, se me revuelven las tripas. Así que a vaciar el estómago, y entonces comenzará la mejoría.
Yo era una jovencita muy acomplejada y callada en general. Mi autoestima hacía años que ya no existía. Ya había recibido unas cuantas guantadas de la vida. Un hermano que cayó fulminado en cuestión de horas por una enfermedad entonces incurable, con 10 años. Haber perdido todo, nuestra casa, nuestro colegio, nuestros amigos de clase... por una situación económica dramática, había días que no había para comer. Vestíamos con ropa que nos daban unas señoras muy pijas.
Yo en plena adolescencia, iba vestida con ropa de señorona porque no tenía otra cosa. No podía salir de casa como hacían el resto de jóvenes porque no teníamos ni un chavo. No podía usar transporte público. En fin, todo así.
Era un auténtico bicho raro. Quisiera o no, no podía pasar desapercibida. ¿Qué hace una chavala de 16/17 años con una blusa de satén con unos pantalones ya con color de ala de mosca por lo viejos (solo tenía esos) y unos zapatos de abuela? Solo salir a la calle era un suplicio.
Ese aspecto es fundamental para comprender parte de mi escrutinio. No hay que ser muy espabilado para saber por dónde iba a entrar una de las estocadas. Mi imagen era lo más antifemenino del mundo. Parecía todo menos una chica jovencita en edad de arreglarse para gustar a los chicos, maquillarse, que si falditas, el pelo bien peinadito... la coquetería, en definitiva. Yo no llevaba ni pendientes (y el pelo me lo cortaba yo). Conclusión: yo no era femenina. Algo había ahí.
Por otra parte, yo vivía una situación de maltrato psicológico y físico por parte de una persona que no voy a mencionar porque no viene al caso. Además no tenía nada que ver con el Camino. Esa situación de abuso y vejación venía ya de tiempo atrás. Se trataba de un hombre. Esto lo subrayo porque también es importante para la interpretación que los catequistas iban a hacer de mi vida.
Por supuesto, salió que yo me rebelaba ante esa situación, era un auténtico sufrimiento intenso y mantenido, no era cosa de un día o de dos. Yo vivía continuamente atemorizada, sabiendo que otra vez volvería a sufrir pero sin poder escapar ni controlar nada.
Es necesario aclarar que en aquella época en España de eso no se hablaba, era un tabú, algo que quedaba en la más estricta intimidad. Ahora la sociedad está concienciada de que esas cosas deben ser denunciadas. Pero entonces no. No podías hablar con nadie de ello, eso se escondía. Era esa filosofía de "por algo será", "algo habrás hecho". El sentimiento de culpa era devastador.
Total, que siguiendo esa línea, me preguntaron si yo amaba a esa persona a pesar del daño que me hacía. Yo respondí que no. Era obvio. Me preguntaron si entonces salía juicio de mi corazón. Pues sí, claro, era lo más normal, no?
Ahora paso a las conclusiones que hizo mi catequista -iluminado por el espíritu santo e contrabando- y las correspondientes sentencias para poder continuar en el Camino.

Sentencia 1:
Tú no amas a tu enemigo, tienes que amarlo como Dios te ama a ti. Con tus pecados, tú maltratas a Jesucristo y Él te ama sin límites, tú eres su enemiga y da la vida por ti.
Tienes que pedir perdón a esa persona que te hace eso y decirle que no lo aceptas, que lo juzgas cuando te maltrata, pero que Jesucristo es fuerte para convertir mi corazón de piedra. Que Él me invita a amarlo en la dimensión de la cruz con un amor que no conoce el mundo, bla, bla, bla...
Tardé un año y pico o dos en poder cumplir esto que mis catequistas me mandaban en nombre de Dios y de la Iglesia, pero como me habían preguntado si lo iba a hacer, si les obedecería, y yo dije que sí, pues pude pasar los Segundos Escrutinios.
Hacer lo que me habían ordenado para poder seguir a Cristo era algo que me resultaba imposible y todos y cada uno de los días que iban pasando sin que yo lo cumpliera era como escuchar en mi mente que yo no amaba a Dios. Y que si Dios no me amaba entonces solo me esperaba que me echasen al fuego eterno, porque fuera del Camino en el que precisamente Dios me había puesto solo existía la muerte, el infierno.
El día D lo elegí por pura desesperación. Ya no podía más con esa tortura mental. Era mejor un rato de infierno que el infierno eterno.
Cuando tuve a esa persona cerca, decidí empezar a caminar hacia él. Estaba paralizada, las piernas no me respondían. Los brazos y las manos se movían descontroladamente, como haciendo espasmos. La cabeza igual. La boca seca y temblando no me dejaban articular ni una palabra. Me eché a llorar cuando lo tenía a medio metro. Le dije todo lo que me ordenaron. Me moría de miedo. No sabía si me iba a meter un guantazo que me tirase al suelo. Era algo tan irracional, tan contra natura, que era como si el tiempo se hubiera detenido. No veía, literalmente. Ni siquiera lo veía ya a él. Creo que era del puro pánico.
No me pegó, se limitó a descojonarse de mí, a insultarme, a humillarme, pero no me pegó. Un milagro gracias a haber confiado en Dios. Así lo entendí yo.
Por cierto, los catequistas me dijeron que tenía que pedirle perdón de ahí en adelante cada vez que lo odiase y lo juzgase en mi corazón, porque evidentemente yo era una soberbia que me creía mejor que esa persona, por tanto mi humildad vendría de reconocer ante esa persona, siempre que fuera necesario, que por mis pecados yo le juzgaba y no le amaba.

CADA VEZ QUE RECUERDO ESTO SIENTO MUCHA RABIA. LA IGLESIA NUNCA ME HABRÍA HABLADO ASÍ NI ME HABRÍA IMPUESTO ESE "CASTIGO" EN NOMBRE DE DIOS PARA MI CONVERSIÓN

Sentencia 2: 

No eres femenina y odias a un hombre por lo que te hace. El demonio te está poniendo por delante la figura de la autoridad, la figura masculina, como algo horrible que tú no aceptas. Conclusión: eres lesbiana porque rechazas a los hombres porque a todos los vas a ver siempre como maltratadores.
Por eso no eres femenina ni te arreglas y vas con esas pintas. A partir de ahora tendrás que venir a las celebraciones maquillada, con falda, con bolso, zapatos de tacón, etc. Además vamos a comprobar si lo haces porque te vamos a ver por la parroquia (a veces alguno de ellos venía a darme la paz en la eucaristía y me miraba las orejas a ver si llevaba pendientes).
Como es lógico, me levanté de aquella silla con el corazón destrozado. Yo odiaba ir vestida como una señora de sesenta años, me avergonzaba salir así a la calle para ir a clase, etc. Pero a eso ahora tenía que sumar que parecía una lesbiana, una marimacho. ¿Cómo podían ponerme como condición para poder seguir a Cristo que llevase pendientes si no tenía ni para ir en metro al instituto? ¿Zapatos de tacón, bolso, maquillaje, ropa femenina de chicas de mi edad...? Yo no podía hacer eso... ¿dónde lo regalaban?
O sea, que por un lado resulta que el mismísimo Dios nos había embargado la casa y todos los bienes familiares para hacernos caer el ídolo de no sé qué. También el mismísimo Dios había matado a mi hermano para que buscásemos la fe porque de otro modo no reaccionábamos, no nos convertíamos. ASÍ TAL CUAL LO INTERPRETARON Y LO DIJERON EN PÚBLICO.
Y resulta que ahora Dios quería que me comprase todo eso -no pudiendo- para ser su discípula. Tendría que hacer el milagro de los panes y los peces, pero con pendientes y faldas y todo lo demás. Yo creía en que los catequistas estaban iluminados por el Espíritu Santo. Por tanto, yo no podía seguir a ese Dios que me pedía cosas así. No entendía a Dios, la verdad. A ese Dios, no.
Así que mis segundos escrutinios sirvieron para multiplicar exponencialmente mi autoestima negativa hasta el menos infinito, mis sentimientos de culpa, mis diarreas mentales de que entonces los maltratos eran para mi conversión, que era algo querido por Dios para que experimentase cómo tiene que amar de verdad un discípulo de Cristo.
Encima mi hermano tuvo que morirse siendo un niño de 9 años porque ni mi familia ni yo nos enterábamos de que Dios me llamaba. Más sentimiento de culpa y más odio a mí misma...

Y suma y sigue.

UN DESTROZO QUE MARCARÍA MI VIDA PARA SIEMPRE.
UNAS INTERPRETACIONES EN NOMBRE DEL CAMINO, O SEA, EN NOMBRE DE SU DIOS, TOTALMENTE ALEJADAS DE LAS ENSEÑANZAS DE LA IGLESIA Y DEL DIOS VERDADERO.

jueves, 28 de febrero de 2019

Una piedrecita blanca



Hubo una entrada, hace tiempo, en la que a cierto ser ultra-sensible le daba por comentar las cualidades y el simbolismo de la sal en las Escrituras. Y dado que dicho individuo no muestra el menor reparo en inventarse interpretaciones que nada tienen que ver con la doctrina de la Iglesia Católica, no dudó en relacionar la sal con la piedrecita blanca mencionada en el libro del Apocalipsis.

Los dichos y la falaz interpretación kikiana, tal y como figuran en los arkanísimos mamotretos, pueden leerse aquí

Hoy recupero y recuerdo esa falsa interpretación porque el lunes pasado don Jacinto, santo sacerdote que se afana por exponernos con rectitud las razones de nuestra fe, proporcionó a quienes acudimos a sus charlas la recta interpretación de la piedrecita blanca del Apocalipsis.

La cita es la siguiente: «El que tenga oídos, oiga lo que el Espíritu dice a las Iglesias: al vencedor le daré maná escondido; y le daré también una piedrecita blanca, y, grabado en la piedrecita, un nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe.»  (Ap 2,17).

Este fragmento pertenece al mensaje que el narrador recibe en una visión. El mensaje procede de Cristo y se dirige en particular a la Iglesia en Pérgamo y en general a todo el que lo escuche, puesto que es un mensaje pensado para ser leído en público.

Pérgamo era una gran ciudad, fue capital del Imperio Romano de Oriente pero conservaba sus raíces helénicas. En Pérgamo había grandes templos en los que se adoraba a Zeus, a Atenea, a Dionisos y a Asclepios (en latín, Esculapio, el dios de la medicina y la curación, representado por una serpiente). Además fue la primera ciudad que recibió permiso para construir un templo dedicado al culto al emperador y a la diosa Roma. En este ambiente, los cristianos eran gente subversiva que no participaban en las bacanales en honor de los dioses; un cristiano no comía «de lo sacrificado a los ídolos».

Pero dice Cristo a la Iglesia en Pérgamo: «al vencedor le daré el maná escondido».

En el libro del Éxodo se relata que Dios ordenó a Moisés preservar una vasija llena de maná para que las generaciones futuras pudieran conocer el pan que Dios dio a sus ancestros: Dijo Moisés: «Esto manda Yahveh: Llenad un gomor de maná, y conservadlo, para vuestros descendientes, para que vean el pan con que os alimenté en el desierto cuando os saqué del país de Egipto.» Dijo, pues, Moisés a Aarón: «Toma una vasija, pon en ella un gomor lleno de maná, y colócalo ante Yahveh, a fin de conservarlo para vuestros descendientes.» Tal como Yahveh se lo mandó a Moisés, Aarón lo puso ante el Testimonio para conservarlo.

Esta vasija se conservaba junto al arca de la Alianza como un don precioso. Posteriormente, en el 2º libro de los Macabeos se hace referencia a que Jeremías esconde todos los utensilios del templo para preservarlos hasta la llegada del Mesías. En la carta a los Hebreos también hay una mención al maná escondido. Es decir, los cristianos de Pérgamo que escuchan que a quien persevere se le promete le maná escondido entienden que se les está hablando del maná preservado para los descendientes de aquellos que murieron en el desierto, del maná que Jeremías guardó para que el Mesías dispusiera de él.

Y entienden que la verdadera descendencia de Abraham son ellos, no los judíos.

Pero en el Apocalipsis se menciona además «una piedrecita blanca» reservada también para los vencedores.

Pues bien, ningún estudioso de las Escrituras –tal vez alguno infectado por el kikismo, pero no me consta- relaciona dicha piedrecita blanca con la sal. La verdadera explicación de la Iglesia se basa en las aplicaciones prácticas que se daba en la sociedad de aquella época al símbolo de la piedra blanca.

En primer lugar, una piedra blanca indicaba inocencia jurídica porque para declarar a alguien inocente el tribunal usaba como símbolo una piedra blanca, mientras que para declararlo culpable, el símbolo era una piedra negra.

En segundo lugar a los vencedores en los juegos se les reconocía su victoria haciéndoles entrega de una piedra blanca. Esta piedra era un salvoconducto, quien la presentaba era admitido al banquete destinado a los vencedores.

Por tanto, la piedra blanca es símbolo de inocencia, de victoria y de admisión en el banquete. Y no es algo para comer ni tiene magia, como parece querer dar a entender el gurú de los mamotretos.

Por último, está lo del «nombre nuevo que nadie conoce, sino el que lo recibe». Se trata de un nombre grabado en la piedra entregada, por tanto, es un nombre otorgado por Dios, e implica en primer lugar que Dios tiene dominio sobre lo nombrado, es decir, que reconoce a aquel a quien nombra como criatura suya. En segundo lugar, recibir un nombre nuevo es símbolo de recibir una naturaleza nueva, como se relata también en Is 62, 2 y en Is 65, 15.

También es interesante que nadie conoce ese nombre nuevo, sino quien lo da y quien lo recibe: sin intermediarios, sin kikotistas que exijan obediencia, sin intérpretes de la voluntad divina, sin guruses que se crean Moisés, porque Dios se relaciona de manera personal con cada una de sus criaturas.

lunes, 3 de diciembre de 2018

Segundo escrutinio (y LXXXIII)

«Jesús intercede ante el Padre por nosotros. Él nos dará su Espíritu porque cuando le presentaron la cruz, cuando el Padre le presentó algo que es humanamente monstruoso, no trató de salvarse en sus fuerzas, pensando: "Haz esto, haz aquello". Él no dudaba de Dios. Por eso Jesús es el nuevo Israel, el verdadero. El pueblo de Israel siempre ha dudado de Dios. Dios tardaba un poco en darle agua y ya querían matar a Moisés. Tardaban mucho en llegar a esa tierra y eso no era posible; además buscaban constantemente la seguridad.»
Y con la excusa de lo necios que eran los israelitas, a continuación una de juicios de intención sobre como vives y sobre lo que te va a pasar a cargo de Kiko el agorero:
«Ya que la Tierra no se ve, bueno: demuéstranos que verdaderamente nos dará esa tierra porque todavía no lo creo, no puedo dormir tranquilo por la noche. Lo que te importa es dormir tranquilo por la noche. No puedes tener un poco de angustia, no, no. ¿No puedes soportar un poco de combate? No, no. ¿Un poco de lucha interior, un poco de lucha? No, no. No puedes tener un poco de lucha. Eres un pancista. Siempre hay que divertirse. ¡Eres un chico cómodo! Comodidad a todas horas; de luchar, nada. No puedes tener un poco de angustia, de problemas, un poco de tensión. No, no. Diviértete a todas horas: televisión, fútbol... No quieres desorden en casa, ya tienes suficiente en el trabajo. No quieres problemas. Hermano, puedes empezar a asustarte. Verás cuando lleguen...»
Lo que viene a continuación tal vez fuera la idea inicial acerca de cómo llevar a cabo el itinerario del CNC. No tiene nada que ver con la realidad, pero precisamente lo interesante es contrastar la idea inicial con la degeneración actual.
«El camino neocatecumenal que estamos haciendo está descendiendo para conocer nuestra propia realidad, para reconocer que estamos cojos y comenzar a apoyarnos en Jesucristo. Por eso ahora entrarás en un tiempo catecumenal. El camino neocatecumenal tiene tres grandes fases. Una primera fase es el pre-catecumenado, que son 4 años; otra fase, tres años de catecumenado, y un año de alabanza: ocho años de camino. En los cuatro años de precatecumenado, lo más importante es la humildad, es este descenso, este tocar el fondo de tu realidad, es este conocerte a ti mismo, con esto comenzarás un poco a ser el profeta de tu realidad y el profeta de la historia
Eso es lo que pretenden ser los kikotistas; profetas de la historia de los demás. Profetas por efecto de la kikotina.
«Para pasar luego, ahora, a un tiempo de simplicidad. Ahora que has descubierto a tu hombre viejo, ahora que has descubierto que eres egoísta, que realmente no puedes darte la salvación a ti mismo; ahora que has descubierto todo esto, ahora Dios debe destruir a este hombre viejo porque tú ni siquiera puedes destruirlo. Entonces ahora necesitas de la oración, debe ser Dios quien destruye a estos enemigos, estas siete naciones que poseen la tierra, estas siete naciones que son el símbolo de los siete pecados capitales. Esto el Señor debe destruirlo y para esto te invita a que te apoyes en Él por medio de la oración. Por lo tanto, en el catecumenado, el año que viene haré con vosotros una iniciación a la oración: durante 15 o 20 días, todos los días, nos reuniremos públicamente a rezar. Debes aprender a rezar, aprender a pedirle al Señor que te dé esta simplicidad, porque el Señor va realizando esta destrucción del hombre viejo, comienza a desvestirte, a desvestirte de este cuerpo de pecado.»
Llanamente lo que dice es que nadie sabe rezar hasta que su humildad le enseña. Se puede ser más cínico, pero hay que ensayar.
«Durante ese tiempo habrás descubierto algo, habrás tocado tu vida, al menos esto es lo que el Señor trató de hacer, para iluminarte, durante estos cuatro años de camino. Ya sabes lo que ha hecho el Señor para iluminarte. ¿Qué ha hecho el Señor para iluminarte? Que te pelearas con todos los de la comunidad, que criticaras a todos, que envidiaras, que murmuraras...»
En el kikismo, el responsable de que tú peques no eres tú, es diosito que te lo ha impuesto “para iluminarte”. Hay iluminaciones que dejan ciego de por vida. Y otra característica del diosito del CNC es que le encanta matar gente:
«Líos en la comunidad, que muere tu hijo, que muere tu marido, que no sé qué cosa, que el otro te critica, que dice que te vayas de la comunidad… Todo lo ha hecho el Señor para hacerte ver quién eres: que no perdonas, que criticas, que eres incapaz de amar al enemigo. ¿No lo ha hecho el Señor? Sí, lo hace en todas las comunidades. ¿Cuántos líos habéis tenido? Maravillas del Señor, poder de Dios a vuestro favor. El Señor está luchando contigo y tú has resistido, has echado la culpa al otro y has dicho que esto no es una comunidad, no lo es en absoluto. "¡Si estos son cristianos, me vuelvo budista!". Porque quieres ir a la Palabra, pero como nos has contado de ti no sé qué cosas ahora todo se ha acabado y no vienes a la comunidad durante 3 meses seguidos. Y tan pronto como dejas de creer que eras un buen cristiano porque has visto en tu casa que te era imposible aceptar a tu esposa, entonces ya no vienes más a la comunidad, porque venir a la comunidad significaba aceptar a la esposa. No venías porque tu marido te decía que era un hipócrita en la comunidad y en casa. Tú eres quien manda, un orgulloso y algo más. Esto y mucho más. Y si todavía no hay suficiente... el Señor viene a iluminarnos, no puede dejarnos en la mentira. Claro. Y sobre todo, debe llegar a aquellos que se creen que ya han llegado, que se creen que ya son cristianos y muy cristianos. No solo cristianos sino también personas muy respetables y muy educadas, gente que dice: "¿Por qué tengo que soportar estas cosas?".»
¡Por favor! ¿Cómo puede haber gente que piense que desde Cristo hasta nuestros días ha habido cristianos a porrillo, sin necesidad de CNC ni de Kiko ni de categorías pésimas o superiores?
«El hecho es que aquí, hermanos, se está para una misión, porque el Señor quiere una Iglesia y nos está llamando a una misión que quiere hacer con nosotros. Esto es lo único que quería deciros, si puede ayudaros hoy, si escuchamos hoy la voz del Señor. Porque es el Señor quien lucha contigo. Digo esto porque es, en el fondo, la catequesis de Jacob y la de la cruz gloriosa del primer escrutinio. En este acontecimiento que tienes hoy, no te resistas, no te resistas al mal porque puedes estar resistiendo a Dios. Comienza a decir: "¿Por qué Dios permite estas cosas?" Es la pregunta que debes hacerte. ¿Por qué? ¿Por qué me sucede esto a mí? ¿Qué quiere decirme Dios con este acontecimiento? Dios habla en la historia y nuestra historia es Palabra de Dios.»
Y de verdad que se vuelven majaretas. Si se estropea el coche, ¿qué me quiere decir Dios con esto? Si el jefe le llama la atención por hacer algo mal, ¿por qué Dios permite que me equivoque y los demás se enteren? Nada de asumir su propia responsabilidad, nada de pensar que realmente no han prestado la atención debida al mantenimiento del coche o al trabajo encomendado.

«¿Por qué Dios lo permite? ¿Qué me quiere decir Dios? Dios dialoga, como ya os he dicho diez mil veces, con vosotros a través de vuestra historia y por medio de la Iglesia, como lo está haciendo hoy: ilumina vuestra existencia con la Palabra, envía luz sobre vuestra historia. El campo de batalla es la historia. La historia es tu vida: es allí el campo de batalla, es allí donde está el Señor, es allí donde tienes lugar el encuentro, todos los días, en una constante precariedad, en un camino día a día en el que el pasado no te sirve: es Abraham. Y con una meta, como la imagen del corredor que hace S. Pablo, de un camino por hacer y tener que alcanzar una meta, corriendo. Y corriendo y cansándose se llega a la meta. Esta meta es a la que el Señor nos llama para darnos una misión en la tierra y en el mundo.
Bueno, yo no añado nada más. Ahora haremos una oración y cantaremos "Jacob". Rezamos. En el sentido de no dudar de Dios, no dudar de Él que los ama, que Él ha jurado que las aguas de la muerte no volverán a la tierra. En Cristo, Él llama a los hombres a la vida, porque el hombre ha sido amado por Dios en Jesucristo hasta el extremo. Por lo tanto, no debéis dudar del hecho de que Dios os ama como a hijos y os ha preparado un pueblo, ha preparado una Iglesia que no dude de Dios y pueda mirar con confianza su historia. Ha hablado antes y sigue hablando. Incluso si tienes miedo, incluso si te suceden acontecimientos que te parecen sin solución, incluso si tienes el mar ante ti que te cierra el paso y detrás de ti el enemigo, verás que el Señor abre un camino delante de ti.
Por un lado te defiende de tus enemigos y por el otro abre el mar. Por esto, hermanos, os invito a hacer una oración al Señor, os invito, en estos días, a que os aferréis al Señor, os invito a que entréis en vuestra habitación, cerréis la puerta y gritéis al Señor que os escuche: "Señor, ¡Ten piedad de mí!", repitiéndolo una, dos, cinco mil veces:" Señor, ten piedad de mí". Él te responderá como desee. Ahora, hermanos, los invito a elevar las manos y los corazones al Señor.»

FIN