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viernes, 4 de julio de 2025

«Dolor silenciado durante demasido tiempo»

 


El vídeo es la lectura de la primera carta del Papa León XIV al pueblo peruano. Podría haber sido una remembranza de sus muchos años pasados en esa tierra, pero no, su primera carta al pueblo de Perú es un apoyo personal y público a la gente incómoda, principalmente periodistas, que cuentan la verdad y destapan grupos coercitivos...

La carta dice lo siguiente: 

Estimados hermanos y hermanas

Con profundo respeto y reconocimiento, poco más de un mes del inicio de mi pontificado pero recordando con gratitud los casi cuarenta años desde mi primera misión vivida en el Perú, me uno al estreno de la obra “Proyecto Ugaz”, que da voz y rostro a un dolor silenciado durante demasiado tiempo.

Esta obra no es solo teatro, es memoria, denuncia y sobre todo un acto de justicia. A través de ella, las víctimas de la extinta familia espiritual del Sodalicio y los periodistas que las han acompañado, con valentía, paciencia y fidelidad a la verdad, iluminan el rostro herido pero esperanzado de la Iglesia.

La lucha de ustedes por la justicia es también la lucha de la Iglesia, porque como escribí años atrás una fe que no toca las heridas del cuerpo y del alma humana es una fe que no ha conocido aún el evangelio. Hoy esa herida la reconocemos en tantos niños, jóvenes y adultos que fueron traicionados donde buscaban consuelo, y también en aquellos que arriesgaron su libertad y su nombre para que la verdad no fuera enterrada.

Quiero agradecer a quienes han perseverado en esta causa incluso cuando fueron ignorados, descalificados o incluso perseguidos judicialmente. Como dijo el Papa Francisco en su carta al Pueblo de Dios en agosto de 2018, «el dolor de las víctimas y de sus familias es también nuestro dolor», y por tanto es urgente reafirmar nuestro compromiso para garantizar la protección de los menores y de los adultos vulnerables.

En esa misma carta mi predecesor, que habló de la estimulante diferencia entre el delito y la corrupción, nos llamó a todos a una conversión eclesial profunda; esa conversión no es retórica, sino camino concreto de humildad, verdad y reparación. La prevención y el cuidado no son una estrategia pastoral, son el corazón del Evangelio.

Es urgente arraigar en toda la iglesia una cultura de la prevención que no tolere ninguna forma de abuso -ni de poder o autoridad ni de conciencia o espiritual ni sexual-. Esta cultura solo será auténtica si nace de una vigilancia activa, de procesos transparentes y de una escucha sincera a los que han sido heridos. Para ello necesitamos a los periodistas.

Hoy quisiera agradecer particularmente a Paola Ugaz por su valentía en acudir el 10 de noviembre de 2022 al Papa Francisco y pedirle amparo ante unos ataques injustos que sufría junto a otros tres periodistas Pedro Salinas, Daniel Llovera y Patricia Lachira, por denunciar los abusos cometidos por parte de un grupo eclesial radicado en varios países pero nacido en Perú.

Entre las numerosas víctimas de abusos también las había de abusos económicos, los comuneros de Catacaos y Castilla, lo cual hacía aún más intolerable lo denunciado.

Desde el inicio de mi pontificado, cuando tuve el privilegio de dirigirme por vez primera a los periodistas reunidos tras el cónclave, subrayé que la verdad no es propiedad de nadie, pero sí es responsabilidad de todos buscarla, custodiarla y servirla. Aquel encuentro fue más que un saludo protocolario, fue una reafirmación de la misión sagrada de quienes, desde el oficio periodístico, se convierten en puentes entre los hechos y la conciencia de los pueblos, incluso con grandes dificultades.

Hoy vuelvo a elevar la voz, con preocupación y esperanza, al mirar hacia mi amado pueblo del Perú. En este tiempo de profundas tensiones institucionales y sociales, defender el periodismo libre y ético no es solo un acto de justicia, sino un deber de todos aquellos que anhelan una democracia sólida y participativa.

La cultura del encuentro no se edifica con discursos vacíos ni con relatos manipulados, sino con hechos narrados con objetividad, rigor, respeto y valentía.

Exhortamos pues a las autoridades del Perú, a la sociedad civil y a cada ciudadano a proteger a quienes desde las radios comunitarias hasta los grandes medios, desde las zonas rurales hasta la capital, informan con integridad y coraje. Donde se silencia a un periodista se debilita el alma democrática de un país; la libertad de prensa es un bien común irrenunciable, los que ejercen esta vocación con conciencia no pueden ver apagada su voz por intereses mezquinos o por miedo a la verdad.

A todos los comunicadores peruanos me atrevo a decirles, con afecto pastoral, no teman, con su trabajo pueden ser artífices de paz, unidad y diálogo social; sean sembradores de luz en medio de las sombras. Por ello hago mis votos para que esta obra [la obra teatral “Proyecto Ugaz”] sea un acto de memoria, pero también un signo profético que despierte corazones, remueva conciencias y nos ayude a construir una Iglesia donde nadie más deba sufrir en silencio y donde la verdad no sea vista como amenaza sino como camino de liberación.

Con mi oración, mi afecto y mi bendición apostólica,

Papa León XIV

 

El Papa con la periodista Paola Ugaz

lunes, 30 de junio de 2025

Trucos y chantajes del Camino Neocatecumenal

 


En la entrada precedente se ha mencionado el recurso de la palanca del miedo y la culpa para mantener sometidos a los captados por el Camino.

¿Miedo a qué? ¿Culpables de qué?

No hay que perder de vista que el CNC se nutre básicamente de aquellos que no pueden elegir, no tienen opción a irse, por ejemplo menores de edad o quien se juega su matrimonio si manda a paseo a la comunidad; y el segundo perfil es el de quien pasa por un mal momento personal y busca una tabla de salvación.

Sea cual sea la situación de los captados, la praxis del Camino consiste en averiguar en detalle la vida privada de todos ellos y utilizar el conocimiento adquirido para someterlos.

El método básico para enterarse de la vida de los demás no es sutil.

En primer lugar el tono y el contenido de las kikotesis y arengas de los kikotistas no es casual. Pongo un par de ejemplos:

«Basta con mirarte a ti mismo, y descubrirás que eres un burgués, amante de la comodidad y del dinero, el resultado es: no pensar, porque pensar es reconocer que soy un lascivo, un burgués, que me gustan las mujeres, que me gusta divertirme, vivir bien a cualquier precio» (Mamotreto II).

«El enemigo es tu esposo, tu esposa, tu pareja, que no te entiende, que te mata, que te juzga, que destruye algo muy íntimo, que es tu sensibilidad, que no te respeta, cuando es del todo injusto contigo» (Ibid.).

Todas las arengas están llenas de este mensaje desalentador, eres un desastre siempre lo has sido, no amas a nadie, no puedes amar, tampoco puedes dejar de pecar, así que no te esfuerces, que esforzarse es un moralismo. Y, sobre todo, cuéntalo, cuenta quienes son tus enemigos, cuenta cómo te han dañado, cuenta cómo te has defendido, cuéntalo, porque si no lo cuentas, la varita mágica del kikismo no podrá arreglarte tu vidita.

El mensaje de Kiko siempre está orientado a que los captados sepan la información que han de proporcionar: con quién se llevan mal, a quién no soportan, qué injusticias han sufrido por parte de otros. Y ocasiones para contarlo no faltan, para eso están las “confesiones públicas”.

Porque no otra cosa se busca en las ruedas de experiencias de las convivencias, los escruticidios e incluso los ecos tras las lecturas de la biblia.

De los tres mecanismo, el más sanguinario es el de los escrutinios dirigidos normalmente por un laico sin preparación ni conocimientos pero con mucho alarde de pretendida autoridad en virtud de su presunto carisma de kikotista. La excusa para practicar escrutinios es medir el grado de crecimiento en la fe de los hermanos a través de los hechos concretos de su historia personal. Por eso es importante la presencia de un presbikiko amaestrado que dé la impresión de que tan nefasta experiencia es conforme a la doctrina y normativa de la Iglesia.

Ahora pido al lector que se ponga en la piel de quien, presionado por el ambiente, confiado en la presencia de un presbikiko y ansioso por encontrar ayuda, cuenta su dolor más íntimo, y en lugar de comprensión y simpatía se encuentra con que el kikotista, convertido en basilisco, le acusa de ser el culpable de todo lo que le pasa.

Esto tampoco es casual.

Es necesario que los captados no busque la justicia («No juzgues, hermano», le dirán los mismos que a él le han juzgado y condenado), porque es importante que no se rebelen contra las injusticias que cometerán kikotistas y demás elementos.

El objetivo es la destrucción de la personalidad individual. Se repite con insistencia lo de «Debes morir a ti mismo. Debes aniquilar al hombre viejo para que renazca el hombre nuevo».

En realidad, la receta de Kiko solo produce personas dependientes que renuncian a su responsabilidad personal para seguir las directrices marcadas por el CNC. La exigencia de obediencia total e irracional es absoluta y se acompaña de amenazas esotéricas para quien no se someta:

«¡Murmurar contra Dios! Como murmurar contra los catequistas. No se puede murmurar de los catequistas. Porque entonces, si yo murmuro de los catequistas dejo de creer que son enviados de Dios. … Yo no me tengo que justificar contigo. Vosotros siempre me habéis obedecido ... Además, Dios os corregirá, porque yo no vengo aquí a hablar por mi cuenta, yo hablo en nombre de otro» (De un anuncio publicitario de 2011).

Con gente así el diálogo es imposible. Ellos no tienen que justificarse por nada porque lo que sale de su boca es lo que su diosito quiere. Y si a ti se hace daño, te fastidias. Y si no te gusta, ya te espabilará diosito, porque el equivocado eres tú y tu párroco y el obispo, y todo el que se oponga a ellos es un perseguidor y un endemoniado.

Sinceramente, a más de un neocatecumenal habría que hacerle un exorcismo, a ver dónde residen esos demonios que ven hasta en la sopa.

Y con todo, cada vez más gente escapa del CNC. Algunos abren los ojos después de ser víctimas de abusos vergonzosos, otros se niegan a crucificar la razón, otros nunca quisieron estar dentro y se van en cuanto pueden.

Como regla general, no solo del Camino sino de cualquier organización coercitiva, los de fuera son unos pobrecillos ignorantes de la verdad del universo, pero los que abandonan son traidores, sin paliativos, sin disculpas, traidores, endemoniados, judas a quienes hay que volver la espalda, porque quien sale del CNC ¡se opone a Dios!

 Y los peores de todos son los que cuentan en voz alta los abusos cometidos contra ellos.

Contra ellos descargan toda la artillería de chismes y maledicencia (por eso es peligroso dar información confidencial a gente con ínfulas de apóstol del mismo Dios) a la misma vez que se dan golpes de pecho y claman ser ellos los perseguidos.

A quienes tenéis el valor de denunciarles va esta advertencia: la lucha será a muerte, pero no estáis solos. Si queda medio millón de kikos, hay diez veces más exkikos. Y lo más importante, Dios no está con quienes mienten, engañan y abusan de la buena fe de otros.

 

martes, 27 de mayo de 2025

“Yo era ciego y ahora veo”

 

Imagen ñoña, diría Kiko, sin relación con la entrada, pero me parece preciosa

 

“Yo era ciego y ahora veo”

Otra frase hecha que repiten mucho los neocatecumenales.

Lo explica uno que los conoce.

«En el kikoismo, que nada tiene que ver con las verdaderas catequesis para adultos pensadas para la formación cristiana, se usa mucho una técnica de manipulación llamada “gaslighting” [intraducible, procede de gaslight -luz de gas- por el nombre de la película que mostraba este tipo de manipulación] que consiste en pretender [por parte de quien manipula] que la realidad que observas no es real o es errada.

En mi caso, denuncié unas irregularidades que se daban en la comunidad que dirigía [era responsable], irregularidades de las que tenía pruebas, y recibí respuestas bastante estúpidas.

Algunos términos:

“El demonio te tiene engañado”.

“Circuncida/Crucifica la razón”.

“Esos son juicios” .

“Tu pecado no te deja ver”.

“Haces juicios temerarios”.

“Este es un camino para bajar, para ser el último”.

Y la más popular de todas “TRANQUILO, TRANQUILO” (con su usual coletilla “luego vemos eso”).

El “gaslighting” es muy fuerte, pues la terapia de grupo kikil, es tal que al final terminas sometiéndote a lo que la mayoría cree correcto o a lo que el “kilkotista” te dice que es lo correcto. Y si no, a lo que dice el “irresponsable” servil que hace lo que el “kikotista” de turno le dice sin pensar.

Y ese es precisamente el problema, el ser un “kikozombie” tonto que sigue a ciegas mandatos absurdos sin lógica alguna, como el terco y trillado enunciado “el que obedece no se equivoca” o “el cristiano no se defiende”, frases sueltas que se usan para manipular mentalmente a los vasallos del españolito ladino y tramposo.

Y lo viví, sé de lo que te hablo y estoy mejor sin la kikotina que no te hace ni mejor persona ni mejor cristiano. La neurosis no es bendición, sino neurosis. ¿Crees que puedes amar y servir al Señor en un “itinerario de formación cristiana” lleno de falacias, verdades a medias y dirigido por laicos que no tienen, en su mayoría, ni la más remota idea de la caridad cristiana?

Son ciegos guiando a otros ciegos que caen -por no ver- en ese agujero negro llamado “Camino Neocatecumenal”. Un camino que no conduce a nada, porque es dar vueltas en círculos con adornos diferentes. Con batitas blancas o sin ellas, son la misma cosa: moralismos, discursos de superioridad moral, favoritismos y el menosprecio a quien no piensa como ellos.

Maltratar a hermanos y hermanas en grupitos so pretexto de “ponerlos en su verdad” (especialmente a los más débiles) no es cristiano ni tampoco correcto.

El "santo aguante" no es santidad, es cobardía.

 

Eliseo

Ex responsable»

 

Adenda sobre el gaslighting

Patrón de abuso emocional en la que la víctima es manipulada para que dude de su propia percepción, juicio o memoria. Esto hace que la persona se sienta ansiosa, confundida o incluso depresiva.

Por ejemplo, tú puedes decir: "Lo que dijiste me hizo daño" y el abusador dice "Yo nunca dije eso, me malinterpretaste"; o bien: "Cuando hiciste eso me sentí muy mal", a lo que el abusador responde "Tú me estás juzgando y la murmuración es pecado". Se trata de hacer pensar que ha sido un error de percepción propio. Y que además quien obra mal eres tú.

El peligro de este tipo de manipulación sutil es que lleva a la víctima a pensar que de verdad hay algo malo en ella, lo que se traduce en inseguridad y dependencia de la opinión de otros; la víctima asume poco a poco que carece de criterio para tomar decisiones por sí misma, puesto que siente que no solo no sabe interpretar bien lo que ve u oye, sino que además no es capaz de sacar conclusiones acertadas a partir de premisas.

Todo ello se plasma en un bajo nivel de autoestima general, lo que conduce a la víctima a adoptar un rol de sumisión.