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viernes, 11 de abril de 2025

No, no es lo mismo el seder que la Pascua

 

Desde hace algunos años, en cada Semana Santa, hay una cantinela que muchos neocatecumenales repiten monótonos, monocordes y empecinados en el error. La cantinela equívoca consiste en afirmar que la última cena de Jesús fue exactamente y paso por paso la celebración del seder judío, como si quienes tal cosa aseveran hubiesen estado allí y lo hubiesen grabado.

Foto de grupo tras montarse un "seder pascual" fetén y kukísimo

A ver, chicos, no, por más afán judaizante que os posea hay cosas que no tienen sentido y una de ellas es que os paséis por el forro la institución de la Eucaristía y del sacerdocio ministerial para quedaros con la fiestita “kuki” de unos que conmemoran una leyenda viejísima sin visos de realidad histórica.

Más claro todavía: el cuentito de los pobrecitos judíos esclavizados por el malvado faraón y de la intervención prodigiosa del Dios altísimo en su favor, con plagas y portentos, con la muerte de todos los primogénitos de una nación poderosa y no sé cuántas otras plagas, con el paso del mar a pie enjuto y demás son alegorías que prefiguran lo que estaba por venir, pero no hay ninguna evidencia histórica que lo sustente. Es un mito, una leyenda, una fábula, un cuento.

Lo verdaderamente importante es lo que Jesús hizo en su última cena, lo verdaderamente vital es su pasión y muerte y su resurrección, quedarse en el mito y restar importancia a la verdadera intervención salvadora de Dios hace pensar que algunos no han entendido el significado de «Deja que los muertos entierren a sus muertos» (Mt 8,22 y Lc 9,60) y «quien echa mano al arado y vuelve la vista atrás no vale para el reino de Dios» (Lc 9,62), pese a ser frases muy empleadas por los neocatecumenales.

La mesita pequeña es para Elías
 

Para mí es incomprensible que algunos leviten con la simbología del hagada de pesaj -o como se llame- y no sean capaces de advertir que una Misa tiene tanta o más simbología y mucho más sentido, puesto que conmemora un hecho real… Porque se supone que también son cristianos los neocatecumenales que tanto se emociona con el pesaj, el hagada, el seder o lo que les pongan delante con resonancias judías. Y, sin embargo, la misa no les emociona, lo que les emociona es que en no sé qué parroquia han montado una pantomima de cena pascual judía en la que han participado y de la que han salido renovadísimos… 

Para mí que tendrían que hacérselo mirar.

Para empezar, me cuestiono si esos neocatecumenales tan sensibles a las representaciones teatrales caen en la cuenta de que la pascua judía consiste primero en un sacrificio y después, como consecuencia de este, en una cena. Pero primero y fundamental es el sacrificio de una víctima, cordero o cabrito, macho, de un año y sin tara.

 

En la celebración judía ancestral, el componente sacrificial es fundamental. No tengo ni idea de cómo se hace en el siglo XXI, pero lo que dice la tradición es que la victima se sacrifica en el templo -mala suerte, los judíos se han quedado sin templo- a la caída de la tarde y la sangre se recoge en recipientes para rociar con ella las jambas de las puertas.

El plato fuerte de la cena, por supuesto, es la víctima sacrificada, de la que no puede quedar nada. Por eso la tradición manda que se reúnan las familias hasta alcanzar un número de comensales suficiente para que no sobre ni una orejita.

Mención especial merecen las copas.

En la cena judía hay cinco copas. Cuatro se beben, la quinta se deja sin tocar pues es para Elías, por si se presenta a cenar.

Voy a suponer que en la última cena de Jesús se respetase el ritual de las copas, la de Elías y las otras cuatro: la de la bendición, la de las plagas, la de la redención y la de las alabanzas. Pero Jesús «todo lo hace nuevo». En el relato de la cena que hace el evangelista Lucas, Jesús dice: «Con ansia he deseado comer esta Pascua con vosotros antes de padecer; porque os digo que ya no la comeré más hasta que halle su cumplimiento en el Reino de Dios» (Lc 22,15). 

El postre, que se reparte al final entre todos

Esta Pascua que Jesús anhela con ansia es la Pascua de la Pascuas: esa noche se realizó de forma plena y definitiva la Liberación y Redención; esa noche Jesús consuma el paso de la Antigua a la Nueva y Eterna Alianza y da las pautas para celebrarla.

Según el relato de Lucas (cap. 22), Jesús bebió de la primera copa, la de “la bendición”, al comienzo de la cena, diciendo las palabras acostumbradas: «Bendito seas Señor, Rey del Universo, por el vino…». Después bebió y dio de la segunda copa (la de “las plagas”) a sus discípulos: «recibiendo una copa, dadas las gracias, dijo: Tomad esto y repartidlo entre vosotros; porque os digo que, a partir de este momento, no beberé del producto de la vid hasta que llegue el Reino de Dios».

Tras la cena tiene lugar el afikomán, que literalmente significa “lo que viene después”, es decir, el postre, que es lo que Lucas narra a continuación: «Tomó luego pan, y, dadas las gracias, lo partió y se lo dio diciendo: Este es mi cuerpo que es entregado por vosotros; haced esto en recuerdo mío». Y esto, que para un cristiano es crucial, no tiene nada que ver con el seder.

Esto me da que no aplica en la Pascua judía, por más que se pongan kipá

Acabada la cena, tomó Jesús otra copa, la de la redención, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza en mi sangre, que es derramada por vosotros».

Pero según las misteriosas palabras dichas con la segunda copa, Jesús no bebió de esta. Más aún, se levanta abruptamente de la mesa y sale al huerto… Este hecho es verdaderamente insólito, pues los judíos tenían que completar los ritos de la cena pascual, o no se daba por cumplido el precepto.

Sucede que de la misma forma que Jesús deja pasar el cordero sin darle nueva significación sino que identifica su Cuerpo con un pan, ahora no bebe la copa de la Redención porque la va a beber en la Cruz. Por eso en el huerto de Getsemaní Jesús dice: «Padre, aparta esta copa (cáliz) de mí, pero que no se haga mi voluntad sino la tuya». Hay una conexión entre esta copa que quiere evitar y la que no bebió. Poco antes, en el aposento alto, Jesús se ha ido sin beber de la tercera copa. Y ahora pide a su Padre que “la aparte”. Se trata de la copa de la Redención con todo lo que ello significa.

El bailecito me da que tampoco es tradición judía, pero les parecía kuki

Y todo este simbolismo solo está en la Pascua cristiana, no en la pascua judía con la que tanto se extasían algunos neocatecumenales que parecen anclados en una alianza caduca.

Mateo cuenta que en el Calvario «le dieron a beber vino mezclado con hiel, pero después de probarlo, no lo quiso beber» (Mt 27, 34). Jesús, fiel a lo dicho en la cena, rehusó tomar vino. Sin embargo, san Juan, testigo presencial de la muerte de Cristo en la cruz, nos dice que fue el mismo Jesús quien pidió de beber: «Después de esto, sabiendo Jesús que ya todo estaba cumplido, para que se cumpliera la Escritura, dice: "Tengo sed". Había allí una vasija llena de vinagre. Sujetaron a una rama de hisopo una esponja empapada en vinagre y se la acercaron a la boca. Cuando tomó Jesús el vinagre, dijo: «Todo está cumplido.» E inclinando la cabeza entregó el espíritu» (Jn 19, 28-30).

El hisopo era lo que se utilizaba para rociar la sangre del cordero en los marcos de las puertas hebreas en la noche de la Pascua.

El director del teatrillo, que es presbi, disfrazado para la actuación

Tras beber el vinagre Jesús dice: Todo está cumplido. Este vinagre bebido en la cruz da cumplimiento a la misión Redentora de Jesús.

El reino de Dios es el reino de aquellos que hacen la Voluntad de su Padre. Jesús en lo alto de la cruz está en lo más perfecto de la Voluntad del Padre, y es aquí, en esta plenitud de la voluntad del Padre donde Jesús bebe la tercera copa de la cena pascual, su copa de la Redención. De este modo se conecta el Cenáculo y el Calvario, la cena pascual y el Sacrificio y con esto se termina la Antigua Alianza y comienza la Nueva, todo ligado por la cena pascual de Liberación y Redención, la Cena del Cordero.

Por lo tanto, la cena pascual de Jesús termina en la cruz.

 

Parte de esta entrada está sacada de aquí.

Las imágenes del teatrillo pseudo judío son de aquí.

 

miércoles, 3 de noviembre de 2021

Cuatridoctor

   

El pasado 25 de octubre del fantástico año 2021, la Universidad Francisco de Vitoria (UFV) invistió como doctores HC al rabino David Shlomo Rosen y a Kiko Argüello. El motivo de la distinción es «poner en valor el encuentro que se ha dado entre dos personalidades, judío y cristiano, que han creído en este diálogo y han puesto su amistad al servicio del bien y la belleza».

Y también se aseguró que una muestra de «los importantes avances de los últimos tiempos en el diálogo judío-cristiano» de los que los neodoctores han sido protagonistas es nada menos que la paparrucha sinfónico-kikotética que hace sufrir a los oídos inocentes.

En suma, pájaros y flores.

Da la casualidad para nada casual de que en dicha universidad hay abundancia de alumnos y, en particular, de profesores aficionados a la kikotina (esto no lo digo yo, lo dice el rector, Daniel Sada), lo que da idea de la objetividad con que fue planteada y aprobada la propuesta de doctorado.

El caso es que el doctorado fue concedido y aceptado en un acto académico que tuvo lugar en el centro de deportes de la UFV ante más de mil personas.

Unos días antes, el 19 de octubre, Kiko había declarado que «El redescubrimiento de las raíces de nuestros hermanos mayores en la fe ha hecho nacer el amor al pueblo judío en los hermanos del Camino Neocatecumenal».

A mí, las declaraciones de amor de los neohermanos me hacen esbozar la sonrisa más irónica. Si pese a tanta palabra de Dios semanal no son capaces de amar a los religiosos de misa de doce, a los que ven y entre quienes conviven, ¿he de creerme que aman al pueblo judío, al que no ven y con quien no conviven?

Pues eso.

En el acto académico de investidura, Florentino Portero, director del Instituto de Política Internacional de la UFV y padrino del rabino David Shlomo Rosen, director de Asuntos Interreligiosos del Comité Judío Americano, expuso que su apadrinado entendió que «tras veinte siglos de profundo desencuentro se daban las circunstancias para tender puentes, pasando paulatinamente de la reconciliación a la fraternidad, desde un profundo y sincero respeto a las creencias de cada cual».

Pero lo cierto fue que, en su discurso, el rabino Rosen habló de reconciliación, no de fraternidad.

Luego fue el turno de Ángel Barahona, director del departamento de Humanidades de la UFV, neocatecúmeno y padrino de Kiko Argüello que dedicó su discurso al recordatorio de la historia del Camino Neocatecumenal, lo que no tenía nada que ver con el asunto de la investidura.

Y el colofón fue la intervención de Kiko, que se trabuca cuando lee y no lee bien, que empezó repitiendo letra por letra la misma declaración que lleva fecha del día 19 de octubre y prosiguió con el consabido cuentito de las chabolas de Palomeras. Es decir, su padrino se podía haber ahorrado el rollo porque Kiko repitió algo que nada tiene que ver con el motivo del doctorado.

Lo peor es que además trufó la historieta con mentiras: «Dios se ha servido de Carmen y de mí para llevar a cabo una obra de renovación de la Iglesia que no es nuestra: es un don del Espíritu Santo». Si fuera un don del Espíritu Santo no habría puertas cerradas ni textos secretos y heréticos en el CNC, pero los hay, luego Kiko miente o se engaña.

Otro tic muy kiko que no podía faltar en su discurso es el de juntar hechos que nada tienen que ver entre ellos como si hubiese una relación de causa-efecto:

«Una vez un ministro de Israel me preguntó de dónde les venía a los hermanos del Camino su amor por el pueblo judío. Creo que es importante explicarlo brevemente aquí.

Todos somos como Abraham, que sale de su tierra sin saber a dónde va: Dios elige a Abraham, le hace una promesa y la Palabra de Dios fecunda, da vida a la historia, la pone en marcha y Abraham debe continuar siguiendo al Señor. Así enseñamos a nuestros hermanos del Camino Neocatecumenal -porque todos somos hijos de Abraham- que éste es el camino de la fe: vivir día a día respondiendo a los acontecimientos de la historia, donde Dios se manifiesta. ¡Los hechos de la historia siempre nos sorprenden!».

¿Qué tiene que ver lo anterior con los judíos? Nada. Abraham era un arameo errante y politeísta.

A continuación, quizá en un intento de encontrar una relación inexistente entre judíos y neocatecumenales, aunque Kiko la extiende a la Iglesia, se pone a pintar el Armagedón según le conviene a él:

«Tenemos una batalla común que librar contra la bestia, la bestia que quiso Auschwitz, que sigue actuando en el mundo y que prepara un nuevo ataque contra la Iglesia y el pueblo judío, un terrible ataque de ateísmo, de negación de Dios. En esta batalla, en esta situación histórica en la que nos encontramos, creo que debemos ayudarnos mutuamente, cristianos y judíos, a estrechar profundamente nuestros lazos para hacer la voluntad de Dios, para redimir esta sociedad, para salvar la familia y la transmisión de la fe a los hijos».

¿Qué pasa con los musulmanes? ¿O los budistas? ¿O las “cienes y cienes” de confesiones religiosas que existen? No interesan. Para la película que monta Kiko la bestia solo va contra la Iglesia y el pueblo judío. ¿Por qué? Porque es lo que conviene a su historieta. Pero también los fieles de las otras confesiones buscan la voluntad de su Dios y están interesados en salvar la familia y la transmisión de su fe a los hijos, por lo que la omisión es un dislate… salvo que Satanás en persona le haya contado sus planes y estos sean solo contra la Iglesia y el pueblo judío, lo que pongo en duda. Sobre todo en lo que se refiere al pueblo judío, ya que supongo que Lucifer está muy satisfecho con su desprecio manifiesto hacia Cristo y su santa Madre.

Y el discursete sigue con el autobombo que le sale de dentro, porque no podía ser de otro modo.

En suma, no fui capaz de concluir la lectura, me indigesté mucho antes de llegar al final.