sábado, 19 de septiembre de 2026

De falsos méritos del Camino (II)

 


Sigo desgranando las trolas del señor Elorriaga en la Revista de Espiritualidad N.º 184-185, vol. 46, 1987 sobre el Camino Neocatecumenal.

«Si hubiese de vivirse el bautismo como un sello que concluyese todo un proceso de predicación, fe y experiencia y prueba de esa fe, la espiritualidad de ese proceso sería la que corresponde a lo que es ya hoy el camino neocatecumenal en la Iglesia».

A ver, ¿qué es hoy el Camino Neocatecumenal en la Iglesia?

Es una no-asociación que reclama espacios privados porque se opone tajantemente, por directriz de su cefas, que no es Pedro sino Kiko, a juntarse en la liturgia de la parroquia; que no quiere saber de cantos ni melodías que no sean las aprobadas por su cefas; que justifica los feminicidios y la violencia vicaria porque “todos somo pecadores” y diosito nos quiere así; que ataca a quien no se calla cuando recibe una injusticia; que se inmiscuye sistemáticamente en el fuero interno de los no-miembros, con especial interés por los asuntos matrimoniales…

¿Qué parte de todo esto es sello de un proceso válido y verdadero de predicación, fe y experiencia y prueba de esa fe? ¿La parte en la que actúan como iglesia paralela, la parte en la que se humilla a las víctimas o la parte que se posiciona con los malvados? Quizá sea la parte en la que agasajan voluntades con mariscadas y ofrendas a cargo de los bolsillos de los sacrificados no-socios.

 

«El Camino se introduce siempre a través de las parroquias. Cuando un párroco solicita unas catequesis neocatecumenales para los miembros de una parroquia, acude a ella un grupo de catequistas … No se excluye a ninguna clase de personas que quieran acudir a estas catequesis. Es importante hacer notar que nunca se requieren tampoco ningunos requisitos morales previos».

Aquí hay mucho que cortar.

Obsérvese en primer lugar que no se menciona la preceptiva autorización previa del obispo. En 1987 ni siquiera tenían estatuto ad experimentum por lo que a lo mejor todavía la Iglesia no había establecido la obligatoriedad de contar con el obispo.

Lo segundo es la ocurrencia de que la idea de llamar a los neocatecumenales parte del párroco. Eso sucede casi exclusivamente cuando el párroco es presbikiko, en los demás casos lo habitual es que antes el párroco haya recibido visitas y “ofrendas” para convencerle de la bondad del CNC.

En tercer lugar, según este autor, el párroco solicita -o es inducido a solicitar previo ablandamiento con ofrendas- “unas catequesis” para los parroquianos. Es decir, no solicita el Camino, no solicita comunidades, solicita unas catequesis que duran un par de meses y se acabó… Hay muchísima distancia entre lo que el párroco “solicita” y lo que los neocatecumenales introducen en la parroquia.

Además, el párroco lo solicita para sus parroquianos, pero la realidad que yo conozco es que la mayor parte de los no-socios de una parroquia no son vecinos del barrio, a veces ni siquiera residen en el mismo municipio. Así que, de nuevo, entre lo que se le dice al párroco que va a obtener a beneficio de sus parroquianos y la realidad hay un abismo.

Lo último es la ausencia de requisitos morales previos para quienes acudan a la convocatoria. Esto es delicado porque también se invita a todos a participar del “banquete” dominical como si fuese un picoteo sin mayor trascendencia. Además no es tanto que no se pongan requisitos morales como que la vara de medir que se emplea es, como poco, cuestionable. Por ejemplo, a cualquier matrimonio joven sin hijos se le dará la vara casi desde el principio, no así al adúltero.

Lo que el autor dice a propósito de la ausencia de requisitos morales previos es:

«El camino neocatecumenal es moralmente exigente, pero desde la convicción de que quien viene a él, solo en la medida en que su hombre viejo se va transformando en hombre nuevo, puede, en consecuencia a esta novedad, actuar con decisión y del modo adecuado en el terreno moral».

Ahora bien, en efecto se consienten hombres viejos violentos, narcisistas, infieles, tramposos, mentirosos, ladrones… unos pobrecillos que están porque quieren convertirse pero aún no han sido transformados. En cambio, la falta de indulgencia es total con aquellos que fallan en el trípode, en el diezmo o en tener un hijo cada año y medio, a esos no se les exime en razón de que aún no se han transformado en hombres nuevos, sino que se les exige el cumplimiento por encima de cualquier metamorfosis moral.

Hay más materia todavía, pero lo dejo para otra entrada.

 

1 comentario:

  1. Saludos.
    Alguien podría compartirme las preguntas de la encuesta de la convivencia de inicio a la oración?
    Quedo muy agradecido!

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