Una parte de artículo del señor Elorriaga en la Revista de Espiritualidad N.º 184-185, vol. 46, 1987 se dedica a describir las etapas y pasos del Camino.
No da ninguna explicación -para mí es injustificable- sobre por qué los no-miembros ya bautizados, que son casi todos, a quienes se les ha prometido un nuevo catecumenado para redescubrir su bautismo, han de pasar por una etapa -no precisamente breve, sino de varios años- en la que ni tan siquiera son neocatecúmenos, es decir, ni tan siquiera están en un neocatecumenado sino en… ¿en qué? ¿en una etapa muy larga de sesiones de alienación?
Yo lo recuerdo así, en mi memoria fue una etapa en la que intentaron convencerme de que toda mi vida pasada, toda mi historia, había sido negativa, dolorosa y sobre todo, había carecido de Dios, se esforzaron en hacerme pensar que yo había vivido siempre esclavizada por los afectos y el dinero, que no conocía a Dios, no lo había conocido nunca jamás hasta que llegaron ellos con su “verbo divino” ante el cual debía confesar mi cruz para que a través de la obediencia a ellos se volviese gloriosa.
«En este tiempo se parte de la convicción de que el hombre vive siempre esclavizado por una deteriorada vivencia e interpretación de sus relaciones con el mundo afectivo, la realidad del trabajo y la fuerza que para él representa el dinero. El conjunto de todo esto debe empezar a ser sanado para que el aspirante a [neo]catecúmeno esté en condiciones, si da el paso al [neo]catecumenado, de practicar más estrechamente el seguimiento de Cristo. La catequesis que se recibe insiste en este tiempo en la importancia de la cruz como fuente de vida. La cruz se percibe como algo que siempre está presente de forma muy específica en la vida de cada uno».
Lo de la “forma muy específica en la vida de cada uno” es un eufemismo para hacer referencia a los hechos concretos que se exigirán a todos y cada uno de los no-miembros en todos y cada uno de los escruticidios. Y es interesante que tanto el primero como el segundo escruticidio se llevan a cabo ANTES de admitir al no-miembro en el neocatecumenado. Los escrutinios de la Iglesia son parte del catecumenado de adultos, los del CNC, no. La Iglesia pone las condiciones morales a los catecúmenos, el CNC, que presumía de no poner requisitos morales previos a quienes acuden a las kikotesis, los pone para entrar en el neocatecumenado. ¿Por qué? Porque tienen que medir el grado de kikotización adquirida antes de abrir el paso a imposiciones todavía más gordas.
Esa kikotización es lo que el autor describe así: «el individuo comienza a descender hacia lo que puede llamarse realmente la kénosis de cada vida cristiana. El segundo escrutinio cierra la etapa examinando lo que Dios ha hecho en cada uno».
Insisto, no se trata de examinar lo que Dios ha hecho, que normalmente solo incumbe al interesado, se trata de medir la kikotización de cada uno, solo a los bien kikotizados se les abre la puerta.
Ahora, traspasada la puerta de los segundos, el autor describe lo que según él es el neocatecumenado.
Iniciación a la oración.
«Cuando los miembros de las comunidades neocatecumenales tienen ya un conocimiento más objetivo de sí mismos comienza la tarea más honda de que Dios penetre más auténticamente en la propia vida y la transforme. Quienes conocen ya de modo más realista su propia personalidad, con sus posibilidades y sus límites, y tienen siempre presente en sus vidas la fuerza de la cruz, saben que necesitan clamar cada día al Dios que quiere venir siempre en su auxilio. Los neocatecúmenos se han dirigido ya en muchas ocasiones a Dios, desde el principio del camino, probablemente con mucha mayor fuerza y entrega de lo que nunca antes lo habían hecho. Sin embargo, necesitan hacer la experiencia de que la oración es un don de Dios, y por ello ahora la Iglesia, por medio de los catequistas, se la «entrega», abriéndoles el sentido de los Salmos y entregándoles la Liturgia de las horas».
No es fácil justificar este paso cuando los receptores son bautizados que ya tuvieron la iniciación a la oración en su momento; tampoco es justificable que, en el caso de no bautizados, se pierda el tiempo durante años antes de proceder a la iniciación a la oración. Es, por ello, necesario pretender que es que antes no rezaban bien, ahora merced a la meticulosa kikotización recibida -enmascarada como mayor y mejor conocimiento de sí mismos-, ya están en condiciones de rezar como diosito quiere -gracias a la intevención magikika de los kikotistas-.
Traditio.
«Más tarde, siempre sostenidos por la oración, se hace entrega del Credo a los catecúmenos (la antigua traditio symboli) para que verifiquen en su vida si realmente creen».
El Credo es el compendio teológico por antonomasia. Dudo que nadie pueda “verificar en su vida” si cree en la Trinidad, porque Dios no se puede abarcar en la vida de nadie, pero lo que en realidad significa tan pintoresca descripción es que, de nuevo, se exigirán hechos concretos y pruebas de kikotización adquirida sin las cuales el neocatecúmeno no es autorizado a dar el siguiente paso.
Redditio.
«Tiempo después será examinada la actitud de fe, tras lo cual, de manera pública, se devuelve la fe (redditio symboli), profesando el Credo ante quien quiera escucharlo. La publicidad de esta confesión de fe culmina, por otra parte, en una procesión que se organiza un Domingo de Ramos y que acaba en la Eucaristía de ese día».
Como saben los que han vivido este paso, no se trata de profesar el Credo, de lo que va la publicidad que el autor reconoce es de que el amaestrado neocatecúmeno cuente su vida según el patrón dado por los kikotistas. Por ejemplo, si es hijo de familia numerosa no debe olvidar mencionar que debe su vida al CNC; si es adúltero ha de decir que ha visto que Dios le ama pecador y que la comunidad sostiene su matrimonio, etc. Siempre con cantidad de hechos concretos, lo de menos es el recitado del Credo, da igual si no se lo sabe.
De los siguientes pasos apenas se hace mención, quizá porque el autor va de oídas.
Padre Nuestro.
«Tras la devolución del Credo, más tarde los neocatecúmenos serán introducidos a la intimidad del Padrenuestro».
De nuevo es injustificable que bautizados que han profesado el Credo tras "demostrar" que lo han vivido tengan que esperar unos añitos para “ser introducidos a la intimidad del Padrenuesto”. Y como no tiene justificación, el autor pasa de puntillas por el asunto, por supuesto no va a contar -quizá no lo sabía- que es aquí cuando Kiko y sus loros descubren a los neocatecúmenos que todos ellos son hijos del demonio, no de Dios, del demonio.
Así que o fue falsa la profesión de fe de esta gente o es mentira lo que se les kuenta ahora.
Elección.
«Un nuevo escrutinio les conducirá hacia la electio, la elección de quienes se encuentren maduros para renovar el compromiso bautismal que la Iglesia contrajo por ellos cuando eran niños. El objetivo de todo el camino ha sido llegar a una madurez cristiana».
Un nuevo escruticidio que es una nueva intromisión en la privacidad y el fuero interno de los neocatecúmenos les conduce a recibir, o no, una túnica de lino que es signo externo de su kikotización, no de su madurez cristiana, más bien al contrario, quien adquiere madurez cristiana abandona el kikismo.
Y esto es todo.

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