domingo, 8 de noviembre de 2026

Padre nuestro - última parte (X)

 


Kiko es experto en mezclar verdades con mentiras para engendrar el engaño. Lo que sigue es una demostración práctica (praxis neocatecumenal) de tal habilidad.

Se empieza por una verdad incuestionable…

«Somos hijos de Dios; hemos recibido el Espíritu Santo. Pero podemos contristarle mediante el pecado, el pecado mortal, el pecado de muerte que mata la vida divina en nosotros, que deja el espíritu del hombre en tinieblas, el alma en la frialdad más total, que deja inactiva la vida divina en nosotros. Si el hombre contrista al Espíritu con el pecado, ya no tiene fuerza dentro de él, no consigue salir sólo con sus fuerzas de esa situación de muerte: ha matado en él al Autor de la vida, ha entrado en la muerte y no tiene fuerzas».

…Se adoba con un poco de kuento para fortalecer la idea de que el kikotista es el director espiritual enviado por Dios (aunque sea falso)…

«Por eso nosotros, como katekistas, tenemos una sola preocupación con vosotros; que viváis en gracia, que estéis unidos a la gracia divina, a su gratuidad, en el deseo de hacer su voluntad, que seáis asistidos por el Espíritu Santo. Porque entonces todo es posible para vosotros».

…Y a continuación se aplica el mazazo de la mentira vil. Kiko habla de gratuidad, pero pretende que esta consiste en que renuncies a la razón y la lógica para obedecer sin cuestionar ni rechistar. Y además, si no cumples sus expectativas, es porque no eres recto, porque eres un pecador, porque has matado al Espíritu Santo.

«Si vemos, en cambio, que uno de vosotros no tiene una rectitud interna, que en el fondo quiere hacer su propia voluntad, que no sigue la voluntad divina, que quiere dirigir su vida él mismo, sabemos que entonces para él todo son leyes, que no tiene fuerzas, porque no está unido como el sarmiento a la vid para que la vida divina pase a través de él y le haga hacer las cosas con facilidad.

Hermanos, no es cuestión de leyes, de moralismos; es cuestión de vida divina operante, viva, en vosotros».

Precisamente. Quien tiene vida divina operante en él casi seguro que tenga que enfrentarse a los kikotistas y desobedecerles, entre otras cosas porque no tiene ninguna obligación de obedecer a un kikotista que solo habla en nombre de Kiko, pues loro suyo es, no de Dios.

«Por eso es fundamental que entremos ahora en conversión. Mañana haremos una celebración del sacramento de la penitencia en la que Jesucristo, a través de la Iglesia, os ofrecerá la posibilidad de seguir recibiendo la vida divina que os concede la gracia de entrar en la cruz. Cristiano es aquel que sube a la cruz cada día. No te bajes de la cruz, porque el demonio te devorará».

Y aquí se apresura a contradecir lo sostenido hasta ahora. Si en los párrafos anteriores decía que para el cristiano todo es fácil, ahora resulta que no, que todo es por puños y por moralismo y que el que no esté dispuesto a esforzarse que se vaya.

«El otro día vino un matrimonio a hablar con nosotros; él decía que no soportaba a su mujer. Yo saqué el crucifijo y le dije: "¡Mira a Éste! ¿Qué quieres de nosotros? ¡Mira a Éste! ¿Cuántos años llevas en el Camino? ¿Sabes qué significa ser cristiano? ¡Mira a Éste! ¡Mírale! ¿Qué quieres? ¿Que cambie a tu mujer? ¡Mira a Éste! A S. Pablo, que perseguía a los cristianos, a los discípulos de Cristo crucificado, Él le dijo: 'Saulo, Saulo, ¿por qué me persigues? ¡Te es duro dar coces contra el aguijón!' (Hch 26,14). También tú estás escapando de tu salvación, que es morir por tu mujer, ¿verdad? Entonces, hermano mío: si quieres ser cristiano acepta tu cruz, si no, es mejor que dejes el Camino. No has entendido el cristianismo y no lo quieres entender. Te hemos dicho que subir a la cruz es encontrarse con Cristo, que Él te ayudará. Ser cristiano significa dejarte matar por los pecados de tu mujer, morir por ella, amarla como Cristo ha amado a la Iglesia. Cristo ha amado así a su Iglesia. Pero tú no quieres, no quieres". Ese hermano aceptó, recibió una gracia a través del crucifijo y ahora está contento, se le ha pasado aquella crisis».

Por supuesto. Los kuentos kikos siempre termina con la victoria de la kikotización que invariablemente tiende a que el malvado se vaya de rositas mientras a la víctima se le exige sumisión y perdón. Y encima se le dice que su deber es estar contento.

«Quiero decir, hermanos, que esto no está al alcance de nuestras fuerzas solamente: no es que yo, Kiko, pueda dejarme matar por Mario o por Carmen; ¡es que el Señor nos concede por su Espíritu la gracia de ser, cada uno de nosotros tres, ovejas llevadas al matadero todos los días! ¡Esto es el cristianismo! ¿Es un horror ser ovejas llevadas al matadero todos los días? ¿Es un horror vivir así? ¡No! ¡Mentira! ¡La cruz de Cristo es gloriosa, es una gran noticia! ¡Amar, darse al prójimo, poder darse, poderse ofrecer por el otro, es la felicidad, hermanos!».

En el fondo Kiko no tiene ni idea de lo que es el Cristianismo, por eso siempre ve un enemigo en el otro y, por eso, porque todos son enemigos, solo le queda la salida del asumir el matadero que de aguantar al otro. Kiko no ve a Dios en el prójimo. Y quien no encuentra a Dios en el otro, no conoce a Dios.

«La obra del pecado, la obra del demonio consiste exactamente en lo contrario: nos impide darnos a los demás. El pecado, habitando en nosotros, nos dice: "Tú eres dios". ¡Si el pecado habita en mí y me dice en el fondo del alma: "Tú eres dios", me incita a ofrecérmelo todo a mí mismo: las mujeres, las comunidades, Mario, Carmen, ¡todo! Tengo que ofrecérmelo todo a mí mismo porque yo soy Dios, y todos me tienen que servir, amar, respetar, obedecer. ¡Todos! ».

Una verdad se le ha escapado. Ha descrito lo que reclama a todos los neocatecumenales: su servicio, su obediencia, la entrega de todos sus bienes, la satisfacción de todos sus caprichos, el sometimiento total.

 

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Antes de comentar, recuerda que tú eres el último y el peor de todos, y que el otro es Cristo.