martes, 17 de septiembre de 2019

Neocatecumenales y cananeos




Hoy voy a tocar el tema de las parejas en las que hay un caminante y un “religioso natural” o bien un “rebotado” como tan, tan kikirativamente –que no caritativamente- dicen en el CNC.
Es decir, son parejas en las que una de las partes nunca ha caminado o bien, tras caminar un tiempo –o incluso tras acabar ese camino que nunca acaba-, lo ha dejado, mientras que la otra parte sigue en la comunidad.
Por mi experiencia, para tales parejas el tema de la comunidad es un asunto molesto, desagradable, que provoca tensiones y es fuente de incomodidad, reclamaciones y discusiones.
El que tengo más fresco es el caso de un matrimonio con el interminable camino acabado hace años. Una de las partes lo dejó al poco de volver del “Viaje de bodas” a Israel, hastiada de la hipocresía y la palpable falta de amor entre los hermanos. La otra parte es un pedazo de pan y, a pesar de que en la comunidad no cuentan con él para nada, se lo toma como una más de las actividades que se ha buscado tras jubilarse.
En una conversación con ambos, salió el tema y pregunté si recibían presiones para que ella regresase al redil. Ella dijo que la habían dejado de lado por completo, que no se daba el “kikireado” amor fraternal. Y él dijo que en muchos casos se sentía incómodo en la comunidad porque, al no estar ella, había muchos temas que no podía sacar.
Obviamente mi respuesta fue que dieran gracias a Dios que les cuidaba para que no sacasen fuera del matrimonio lo que solo pertenecía a este.
Pero ese es uno de los motivos por los que se ejerce presión sobre el cónyuge no caminante. Muchas veces no se trata de que el que sí camina haya sido tan deformado que crea que la salvación solo la pueden alcanzar los neocatecumenales practicantes asiduos del trípode y de las muchas bolsas, no. Si presionan e incordian y se ponen de morros y amenazan con la destrucción del matrimonio es, lamentablemente, porque quienes más pintan en el CNC son los matrimonios que lavan en público, en cada reunión de garantes y en cada convivencia de domingo, sus trapos sucios. Y si falta una de las partes para dar estopa, el lavado no luce igual y, a la larga, no tiene ninguna gracia. Y estas personas suelen quedar relegadas dentro de su propia comunidad.
En el caso de este matrimonio, como en tantos otros, la comunidad cierra los ojos para no ver su responsabilidad, prefieren sacudirse las manos y aplicar el manido mantra de que ella es una “rebotada”. A esta persona, mientras caminó, se le hicieron feos a mansalva, desde dedicarse a contar a todos lo que ella había confiado en secreto a quien tenía por amiga, hasta despreciar a sus hijos delante de ella. Y lo saben. Pero es más cómodo fingir que el problema es de ella, que está “rebotada” y no perdona, en lugar de reconocer que la comunidad se ha portado mal con ella y que jamás ha enmendado el mal practicado.
Esta actitud se conoce como “demonizar a la víctima” o “culpabilizar a la víctima” y no es cristiana. Porque zaherir y burlarse y humillar y ridiculizar, que tanto practican algunos neocatecumenales expertos en decretar rebotes, no es cristiano.
En otros casos uno de los miembros de la pareja nunca ha estado en el CNC, por lo que no hay rebote que valga.
Entonces, evidentemente, lo que hay que hacer es atraerlo para que entre en una comunidad. Y a quien corresponde la labor de captación es a la pareja a quien, para motivar y convencer de que la captación es imprescindible, los kikotistas dan argumentos manidos y falsos.
El primero suele ser que la no captación es incompatible con la vida. Es decir, profetizan que la pareja en inviable a menos que los dos caminen. Da igual que el que sí camina los mire con los ojos como platos y diga: «Permitidme que os aclare que llevamos dieciocho años juntos y que estamos bien». Les trae sin cuidado que la realidad los contradiga, ellos se ponen en plan agorero y disponen que lo que sucede es que Dios ha sido paciente y misericordioso hasta entonces, pero que su paciencia se ha acabado en el mismo instante en que uno de los dos ha entrado en el Camino.
Otro argumento es el de la infelicidad, que consiste en asegurar que toooodos los que están fuera del Camino sufren un disparate y además sufren sin esperanza. Y no quieras negárselo alegando que tú conoces personas felices, porque entonces esgrimirán el mantra de que esos que parecen felices están alienados y por eso no se dan cuenta de que son muy infelices. Así que la misión –la voluntad de diosito- de todo caminante es rescatar a su pareja de la alienación y del suicidio reincidente por causa de su profunda infelicidad sin esperanza.
El peor escenario posible se produce cuando quien sí camina se traga los vaticinios tenebrosos de los kikotistas y, en consecuencia, para remediar un mal que no existe, provoca otro, éste muy real, que causa mucho sufrimiento: le hace la vida imposible a la pareja no caminante, se vuelve intransigente y exigente y reclama que la otra parte camine como si fuese algo que se le debe y no se le paga.
Muchos ceden con la esperanza de lograr así la paz conyugal, pero esa paz suele ser un espejismo por el simple hecho de que el Camino siempre exige ser lo primero de todo, y quien ha entrado por el compromiso con otra persona, puede poner a esa otra persona por delante de sí mismo, pero al Camino, nunca.
Otros, pese a las presiones, no ceden. De estos casos, solo conozco a la parte que camina. Y lo que puedo decir es que son personas tristes, como si supieran que pierden el tiempo cada vez que dejan atrás a su pareja para ir a cualquier reunión-rollo de la comunidad.


4 comentarios:

  1. Así es, Gloria...es tal cual lo cuentas, porque casi a pies juntillas es lo que yo he vivido, lo que lo hace más terrorífico aún al comprobar la habitabilidad del hecho y las situaciones que surgen de él.

    En mi caso concreto mi mujer ha pasado por todos los estadios, de novios hacer las catequesis fue la condición del sí el mismo día que le pedí salir. Luego, fue la causa (el dejar el neo-invento), para que nuestra relación se rompiese varias veces...yo no era de dios para los que la rodeaban...al final el amor triunfó y nos casamos. Aguante un tiempo hasta que no pude seguir fingiendo y volvieron los problemas y los dramas; yo estaba en crisis, era un rebotado y a lo mejor no era de dios y ella se había obcecado en ir contra los planes de dios ( sinceramente, pongo dios en minúscula, porque no es mi Dios, sino el dios Kiko).
    El paso de los años (11 ya) nos ha mantenido, sin embargo, unidos. A veces, me echa en cara el que la dejo ir sola a todos sus saraos, otras me dice la pena de todo lo "que me he perdido" y otras, en cambio, y suelen ser más habituales cada vez, me dice que "menos mal que no has estado"..."porque les hubieras dicho algo"...

    Así es la vida del cónyuge de un Kikillos...un valle de lágrimas en el que solo cabe acogerse al consuelo de la MADRE.

    Lázaro

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  2. Muchas gracias GLoria por dicha entrada. Yo, como bien sabes, estoy en proceso de alguna de esas etapas, pero por muy duro que sea, y se vaya a poner, no me rindo, prefiero luchar contra la causa que ser toda la vida un desgraciado, una persona sin alma ninguna que por no luchar contra toda la sarta de mentiras que es el CNC agache la cabeza y se convenza de lo que tiene.

    Lázaro, me encanta leerte porque veo reflejada tu situación en la mía. La única diferencia es que yo aun no he encontrado el momento de romper por lo sano y pirarme, no es fácil, porque como bien comentáis Gloria y tú comienzan las presiones, tanto de mi esposa como de la comunidad y los karteristas. Pero poco a poco venceremos.

    Lo que pero llevo es el tema de mis hijos, me apena que su madre (erre que erre) quiera que vayan a hacer las catequesis y que entren en el CNC y yo solo pienso que es joderles la vida pero bien. Solo confío que poco a poco por la educación que les hemos dado sean lo suficientemente razonables para saber qué es lo que quieren para su vida.

    PD: I.C.

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    Respuestas
    1. Tengo el mismo problema con mis hijas...ese empeño enfermizo en catequesis, padrinos y demás saraos...dice mi esposa que si no es en el Kamino, fuera no hay nada, no hay jóvenes cristianos, no hay juventud en las parroquias si no es por el CNC o el Opus...todo estaría muerto.

      Es muy triste luchas contra esto y rebatir, puesto que, como buena kaminante, no hay opción de réplica, por más que yo aporto cifras...

      Ánimo, I.C. algún día se que se caerán con todo el equipo y yo, por mi parte, estaré ahí para tratar de rescatar a los míos.

      Lázaro.

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    2. En la parroquia de mi barrio, la misa de ocho del domingo es la misa de los jóvenes. Se llena.

      Jóvenes que no vienen desde barrios lejanos o incluso desde otras poblaciones limítrofes, sino que son de barrio; jóvenes a los que no hay que obligar a ir; jóvenes sanos que saben que han nacido porque han sido queridos, no por imposición kikoquética. Ninguno de ellos es otra cosa que un parroquiano a secas.

      ¿Qué no hay nada fuera del cnc? Todos los falsos profetas sostienen eso mismo, que fuera de ellos solo está el llanto y el crujir de dientes.

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