martes, 5 de mayo de 2020

No se puede negociar el modo de comulgar

 

Hace tiempo dediqué una entrada a explicar que la Semana Santa en Kikónides no es como la Semana Santa de la Iglesia Católica.

Cuando eres adicto a la kikotina asumes que lo de los religiosos de misa de 12 solo vale como 20 mientras que lo de su sensibilidad vale como 100. Así que de ninguna forma puede ser lo mismo. Ellos se reúnen -se reunían, por mor de Dios, que ya se sabe que este es un año providencial- para hacer kiko-ritos pseudomágicos cargados de signikikado especial ajenos a la liturgia de la Iglesia y ni antes ni ahora tienen el menor reparo en propalar que "es un engaño del demoño" pensar que lo mismo da ver al Papa por TV.

Nada de ver al Papa, pero el que no se conecte es un "engañao por el demoño", que lo dice el jefe


Es que el kikismo da mucha importancia a los signos. Se les llena la boca con sus signos por aquí y por allí, como un pagano ante el altar de las ofrendas en espera de una manifestación esotérica que dé sentido a su vida.

Por eso, para ellos lo importante del domingo de ramos es lucir palma. Lo de menos es que sea un absurdo agitar ramitas de perejil en un paseíllo desde la puerta del baño del fondo hasta el salón, si no se puede hacer el paripé en la calle, ellos lo hacen desde el baño hasta el salón, y si no se puede adquirir palmas y ramitos de olivo, se hace con perejil, pero no se van a quedar sin hacer el teatrillo, no sea que diosito se enfade y les«mande un cáncer o algo peor».

El paseillo del perejil o la fe en los kiko-ritos mágicos

El jueves santo, en Kikónides no es ni ha sido nunca el día de la institución de la Eucaristía, de hecho, jamás se ha conmemorado en Kikónides tal institución. No, el jueves santo es el día del teatro de los lavatorios pedicuros. Y este año ha sido peor que nunca.

Por lo menos, cuando tal jolgorio se llevaba a cabo en la comunidad, se dejaba tranquilos a los niños, que no participaban ni lo contemplaban. Pero este año, como lelos deseosos de congraciarse con un diosito enfadado que les manda un coronavirus, han arrastrado a los pobres críos a semejante esperpento.

En la Iglesia, el viernes santo es el día del monumento y del recogimiento, no es momento para reuniones, es tiempo de silencio. En Kikónides no se concibe tal cosa, ellos se juntan con guitarras y arman la charanga de costumbre con la excusa de adorar la cruz.

Pero este año el esperpento ha sido como nunca. Porque otros años esta charanga está reservada a la comunidad y a los niños se los deja al margen, ya que lo mejor para preservar la inocencia infantil es mantenerlos lejos de lo que ciertos elementos largan por la boquita en sus ecos.


¿Qué sentido tiene que un padre hable a niños de menos de 5 años desde un improvisado atril doméstico, en lugar de sentarse con ellos? ¿Qué sentido tiene hacer que besen un crucifijo, si para ellos tiene el mismo valor que si besasen a un oso de peluche o una muñeca llorona? Un despropósito.

Pero el despropósito alcanza cotas siderales en la vigilia pascual, la vigilia más importante de la Iglesia, la vigilia en la que los kikotizados no quieren participar, sino que se montan otra por su cuenta. Y este año se apresuraron a repartir instrucciones kikúrgicas sobre cómo proceder kikamente a profanar la Eucaristía, repitiendo algo que, según contaron los que salieron por pies de la China, ya habían probado allí antes de venir por aquí.

Este blog ya dijo que era un abuso muy grave, por más que convencieran a Ezequiel Pasotti de que prestase su nombre al abuso. Ahora es un cardenal, que no es precisamente un obispillo de un lugar remoto, sino el actual prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, quien lo llama por su nombre: PROFANACIÓN.

«En estos días también en Italia se ha hablado de una solución ya adoptada por alguien en Alemania, el "empaquetado" del Cuerpo de Cristo: Para que los católicos italianos vuelvan a comulgar, pero evitando la posibilidad del contagio -se lee en el periódico La Stampa- se está pensando en una comunión "hágalo usted mismo" con ostias (sic) "para llevar" previamente consagradas por el sacerdote, que se cerrarían individualmente en bolsas de plástico.

Mesa kikiana en casa particular con el pan y el vino del supermercado presbikikal

"No, no, no –respondió escandalizado el cardenal Sarah por teléfono-. Es absolutamente imposible, Dios merece respeto, no puedes meterlo en una bolsa. No sé quién pensó este absurdo, pero aunque la privación de la Eucaristía es ciertamente un sufrimiento, no se puede negociar sobre el modo de comulgar. Comulgamos de manera digna, dignos de Dios que viene a nosotros. La Eucaristía debe ser tratada con fe, no podemos tratarla como un objeto trivial, no estamos en el supermercado. Es una total locura".

"La Eucaristía no es un derecho o un deber, es un regalo que recibimos gratuitamente de Dios y que debemos recibir con veneración y amor. El Señor es una persona, nadie daría la bienvenida a la persona que ama en una bolsa o de otra manera indigna. La respuesta a la privación de la Eucaristía no puede ser la profanación. Esto realmente es una cuestión de fe, si lo creemos no podemos tratarlo indignamente". 

"El diablo ataca fuertemente la Eucaristía porque es el corazón de la vida de la Iglesia. Pero creo, como ya he escrito en mis libros, que el corazón del problema es la crisis de fe de los sacerdotes. Si los sacerdotes son conscientes de lo que es la Misa y de lo que es la Eucaristía, ciertas formas de celebrar o ciertas hipótesis sobre la Comunión ni siquiera vendrían en mente. Jesús no puede ser tratado así"».

No dejo de preguntarme que pasaría por la mente de Ezequiel Pasotti para proponer convertir a los presbis kikos en proveedores de panes consagrados. Para querer poner la Eucaristía al servicio del kikismo.

 «Por sus frutos los conoceréis». 

Sin duda.


domingo, 3 de mayo de 2020

Encuentro virtual



Hoy se estará llevando a cabo un “encuentro virtual”. ¡Qué cosas! Es una más de las cosas que ha impuesto esta pandemia mundial al CNC, una risa más de Dios ante los proyectos kikos.
Ellos, los kikos, tenían proyectado un encuentro vocacional solo para chicas a mediados de marzo, pero el virus, que no tiene nada de virtual, desbarató sus planes y no pudo ser.

Mes y medio después, tras la llamada al orden de los mandamases y la imposición de que se hiciese lo que fuese preciso para que los captados no se desentendiesen del Camino y de la comunidad, los animadores, digo, los responsables de tales encuentros solo para chicas han decidido realizarlo de forma virtual.
Un encuentro virtual para chicas que lo sean o que lo hayan sido, porque la palabra chica se refiere a mujeres jóvenes, por lo que, en propiedad, no todas las que se encuentren virtualmente serán chicas, incluso si a ellas les quieren vender otra cosa.
El caso es que es un encuentro en el que chicas y no tan chicas no se reúnen.
Quien sabe si de un encuentro virtual puedan surgir vocaciones irreales, imaginarias, puramente virtuales… ¿Qué tal salmonetas virtuales para colonizar virtualmente una China imaginaria de chinos irreales convertidos al kikismo? Al fin y al cabo el de salmoneta jamás ha sido una vocación reconocida salvo por gente tan tan extremadamente sensible que no duda en vivir del cuento y de sudor ajeno.
Por lo menos la propaganda de la convocatoria virtual se ve más atinada que la primera. 
En la segunda aparece una chica a solas con un árbol y un libro en un entorno bucólico, pastoril e irreal dada la situación de confinamiento que padecemos, pero que esté más sola que la una refleja la idea de encuentro sin encontrarse con nadie.
En cambio, en la imagen de la convocatoria que no pudo ser por el coronavirus y por mor de Dios, lo que se ve es una reunión de kikos en torno a su gurú que nada tenía que ver con el discernimiento vocacional de chicas y no tan chicas.
En fin, un hecho concreto más de este año providencial en el que los kikos han descubierto los encuentros virtuales, las comunidades virtuales y las bolsas virtuales vía transferencia. Aún tienen mucho que aprender. Por ejemplo, les faltan los escrutes virtuales o las cenorras y los chupitos virtuales. 
Pero sobre todo sería conveniente que los sufridos pagadores aprendiesen a hacer transferencias virtuales y que sea Dios el que provea... si es que le place.


viernes, 1 de mayo de 2020

Leyendas kikas



Hoy, que no tengo ganas de escribir mucho, voy a dedicar la entrada a hacer notar lo poco de fiar que son las historietas que propalan los neocatecúmenos.
Para empezar, conviene resaltar que los neocatacúmenos no son amigos de investigar ni de contrastar la información. No es una buena práctica, pero es consecuente con el fallo principal: han comprado que quienes les adiestran son enviados por obispo, poseedores del espíritu -me niego a ponerlo en mayúsculas, ya que para mí que lo que poseen es una legión completa- y hablan en nombre de diosito, así que ¿por qué tomarse la molestia de contrastar nada si es imposible que algo de lo que salga de sus bocas no sea conforme a diosito?
Y así pasa lo que pasa: que a poco que sople la brisa, el castillo de naipes de sus cuentos y leyendas se derrumba.
Y entonces todos corren a decir que son perseguidos y tal y cual. Como niños pequeños y llorones. Ni una muestra de adultez entre ellos.
Bien. Por casualidad, he encontrado en la web una serie de fotografías muy muy viejas que dicen ser “de los inicios del Camino Neocatecumenal”.
Entre ellas me ha llamado la atención la que asegura ser “Cuarto de Kiko Argüello inicios del Camino”.

Ya digo que tendrían que procurar contrastar la información antes de hacer afirmaciones arriesgadas ya que… si la de arriba es la famosa habitación de las pintadas, resulta que estas brillan por su ausencia. Porque algo que se sabe gracias a los devotos del CNC que peregrinan a la que fue la "celda" de su humildad cuando era joven, es que tiene pintadas horrorosas en todas las paredes. 
Por si alguien no las recuerda, me tomo la molestia de hacer el recorrido fotográfico por la "celda" que puede visitarse en el Centro Diocesano Neocatecumenal de Madrid que, según la guía turística que lo enseña, se conserva tal y como estaba allá por los años 60.
Vista de la cama, la mesilla, las pintadas y la suciedad de la pared

Otra panorámica de la esquina de la cama que deja vislumbrar la ventana


Al otro lado de la ventana, más pintadas y sucieda en la pared. Después la puerta (cochambrosa)
Otra pared y un armario

Regreso a la esquina de la mesita. El kikono no es de los años 60.
Pues bien, salvo que la única pintada de la vieja foto de los tres niñitos haya sido escondida tras el armario, resulta que o bien no es la misma habitación o bien la habitación no está como estaba entonces, sino que la cama es otra diferente y las pintadas -horrorosas todas- se han multiplicado kikomágicamente para que los visitantes tengan algo que mirar (y sientan que no pringan tanto cuando les pasen la bolsa para sufragar los gastos del "santukikario").
En la web mencionada más arriba, hay otra foto vieja que también es interesante. ¿Quién puñetas, allá por los años 60, desperdiciaba una foto para inmortalizar una bombona junto a una cama vieja? Curioso. 
Se dice en esa web que tal cama es nada menos que aquella donde yacía su humildad cuando honró con su presencia a los últimos de Palomeras…
Pero vamos a ver, ¿no decía el sensible que vivió en una chabola de tablas con tantos rotos que se calentaba con los perros del barrio?
«Mi barraca de tablas llena de agujeros estaba al lado del sendero que subía hacia la fuente, que se encontraba quinientos metros más arriba, entre las casitas bajas de Palomeras Altas. Los gitanos y quinquis que vivían en las cuevas que estaban por debajo, a doscientos metros de nuestras chabolas, tenían que pasar todos los días por delante de mi barraca para ir por agua. Pronto todos me conocían: la guitarra, la cruz en la pared, la Biblia, mi aspecto con la barba…» (Anotaciones - 463).
En la singular imagen de la bombona y la cama se ve que las paredes no son las de una chabola de tablas de madera. Es más, precisamente se ve que no dormía en el suelo ni tapado con sacos.
Y si hay que creer a su humildad, y los gitanos que tenía por vecinos vivían en cuevas, entonces él debía ser algo así como el señoritingo de Palomeras, con su cama de hierro, sus paredes encaladas ¡sin pintarrajear! y su bombona.