miércoles, 14 de enero de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXII)

 


Prosigue el tostón.

«La ley condujo a Israel a desear un liberador, uno que hiciese que la ley no fuera ya algo externo al hombre. Por eso Dios, mediante el profeta Ezequiel, hizo esta promesa: "Os daré un corazón nuevo, infundiré en vosotros un espíritu nuevo, quitaré de vuestra carne el corazón de piedra y os daré un corazón de carne. Infundiré mi espíritu en vosotros y haré que os conduzcáis según mis preceptos y observéis y practiquéis mis normas. Vosotros seréis mi pueblo y yo seré vuestro Dios". Y dice también Jeremías: "Ésta será la alianza que yo pacte con la casa de Israel, después de aquellos días -oráculo de Yahveh-: pondré mi Ley en su interior y sobre sus corazones la escribiré, y yo seré su Dios y ellos serán mi pueblo"».

Kiko mezcla cosas. No consta en la Biblia que la ley condujera a Israel a desear que viniese uno a imbuirles dentro cosa alguna. Lo que sí consta es la repetida queja de los profetas sobre las infidelidades de Israel. Y junto con las quejas la promesa de Dios de una alianza nueva.

«¡Esta ha sido la obra de salvación realizada por Jesucristo para nosotros! Por eso nos acaba de decir: "Si os mantenéis en mi Palabra, seréis verdaderamente mis discípulos, y conoceréis la verdad y la verdad os hará libres. Si, pues, el Hijo os da la libertad, seréis realmente libres". Jesucristo ha venido a librarnos de la esclavitud del pecado, ha venido a hacer una obra inmensa que se hace presente hoy aquí para nosotros en el sacramento de la penitencia.

¡Y esta obra de Cristo en nosotros se tiene que ver! ¡Si eres verdaderamente hijo, si has sido hecho realmente libre, se tiene que ver! A través del Camino, el Señor quiere hacer en vosotros una cosa muy importante para el bien de la Iglesia».

Otro uso impropio del nombre de Dios. Si Dios quisiera hacer algo “a través del Camino”, se verían los frutos. Y lo que se ve es que el árbol malo no puede dar fruto bueno.

«No podéis seguir viviendo el cristianismo a nivel de religiosidad natural. No puedes seguir pecando, yendo al templo a pedir perdón, siendo perdonado y pecando de nuevo. ¡El perdón no es una gracia barata para seguir pecando! ¿Cómo puedes todavía cometer pecados de muerte? ¡El pecado mortal destruye la Iglesia, el cuerpo de Cristo, destruye en nosotros la gracia, la filiación divina, la naturaleza divina! ¡Tenemos detrás de nosotros un pueblo -los hijos, los familiares, los compañeros, las comunidades más jóvenes- que nos está mirando! Si el cristianismo no sirve para cambiar tu vida, no sirve para nada; y si no sirve para nada, ¿qué hacemos aquí perdiendo el tiempo?».

Kiko, lo que queda patente es que la comunidad no sirve para nada. No lo achaques al cristianismo que ha dado grandísimos santos, mártires y misioneros. El cristianismo ha demostrado su eficacia, y el kikismo sus muchos vicios.

«"Sabéis que el Hijo de Dios se manifestó para quitar los pecados y en Él no hay pecado. Todo el que permanece en él, no peca. Todo el que peca, no le ha visto ni conocido. Hijos míos, que nadie os engañe. Quien comete el pecado es del Diablo, pues el Diablo peca desde el principio. El Hijo de Dios se manifestó para deshacer las obras del Diablo. Todo el que ha nacido de Dios no comete pecado porque su germen permanece en él; y no puede pecar porque ha nacido de Dios. Sabemos que todo el que ha nacido de Dios no peca, sino que el Engendrado de Dios le guarda y el Maligno no llega a tocarle" (cf 1 Jn 3,5-9; 5,18)».

En resumen, quien ha nacido de Dios no daña a su hermano, al que Kiko acusa siempre de ponerse de morros y retirarle su amistad al dañino. Porque antes de reclamar virtudes heroicas a la víctima, habría que pedir al dañoso que se retracte de su actitud.

«¡Esto es muy serio! ¡Dios nos da su naturaleza! Y quien tiene su naturaleza no peca. Dios ama a todos los hombres con un amor inmenso; ¿cómo entonces su naturaleza dentro de mí va a llevarme a hacer daño a alguien? Pongo un ejemplo. Yo soy un hombre célibe y me gustan muchísimo las chicas; soy libre para alargar la mano, para pecar y destruir las raíces de la fe de una chica; pero para hacer eso, primero tengo que ahogar, pegarle una patada al Espíritu Santo que habita dentro de mí; tengo que decirle: "¡No digas nada! ¡Cállate! ¡Quiero hacer el mal, quiero pecar!"».

Ese ejemplo se ha dado en la vida real, con kikotistas y presbikikos a quienes también gustaban muchísimo las chica. Lo más perverso es que cuando se descubre el asunto, la postura oficial del CNC es negar la mayor, argumentar que hubo consentimiento por parte de la víctima, etc. Lo dicho, los frutos del árbol malo.

«Hermanos, el Espíritu es Santo, ¡y no es posible que de la santidad salga el mal! Si tenemos el Espíritu Santo, ¿cómo podemos pecar? Si tenemos el Espíritu Santo que ama al hombre, que ama a las chicas, que les quiere con toda el alma, porque Dios es amor, si hemos nacido de Dios, si somos hijos de Dios, ¿cómo podemos pecar? Pecar es hacer algo muy grave: ¡es hacer la iniquidad,  ser inicuos, destruir, hacer daño en serio! El pecado mata lo más santo y sagrado que hay en el hombre: ¡la vida de Dios! Cortarle la mano a un hombre es algo muy grave. ¡Pero matar a Dios en él es lo más grave que puede haber! Atentos, hermanos, porque con Dios no se puede jugar, como dice S. Pablo: "No os engañéis; de Dios nadie se burla".

Sería muy grave decirle a un enfermo de cáncer: "Nada, hombre, tómate una aspirina y ya está". ¡Pero mucho más grave es que uno peque, que vaya a confesarse —como el que se toma una aspirina— y que luego siga fornicando! ¡Atención, porque de Dios nadie se burla!».

Si embargo, el kikotista procesado por abuso contra una menor siguió a lo suyo. Y cuando salió a la luz, el responsable del CNC en esa parroquia, dijo que él solo era un pobrecillo que atravesaba una crisis matrimonial. Y a la esposa se le reclamó que le perdonase. Y a la chica se le censuró que no hubiese callado para siempre. ¿No es esto un intento de burlar a Dios?

«Si el pecado no fuese algo grave y si no existiese el infierno, su Hijo no habría sufrido tanto por nosotros, no habría soportado la injusticia, el desprecio, los escupitajos en la cara, no habría sufrido atrozmente en la cruz, no habría sufrido una muerte ignominiosa.

Si alguien nos habla con un poco de desprecio, si nos insulta, nos dan ganas de coger un cuchillo y matarlo».

Kiko, no generalices. Si tú no soportas que te pongan en la verdad, el problema es tuyo, no acuses a los demás de lo que tú quisieras hacer.

«Jesucristo, en cambio, que era Dios, que era el Santo, por nosotros, ha sufrido el ser despreciado, insultado, escupido, escarnecido, apaleado, torturado; ha tenido que soportar el desprecio tremendo que significa ser rechazado por su propio pueblo y entregado a los gentiles! Dice Sta. Teresa de Ávila que, en la oración, es fundamental meditar en la pasión de Cristo. ¿Quieres rezar de verdad? Piensa en la pasión que Cristo ha sufrido por ti y piensa que Él, que murió ignominiosamente, un día aparecerá sobre las nubes del cielo y todos tendremos que ponernos de rodillas ante Él, como dice S. Pablo: "Cada uno de vosotros dará cuenta de sí mismo a Dios. Dejemos, por tanto, de juzgarnos los unos a los otros: juzgad más bien que no se debe poner tropiezo o escándalo al hermano"».

Esto no lo he visto nunca en práctica en el CNC, empezando por Kiko, el que ordena cerrar canales sociales ajenos.

 

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