viernes, 16 de enero de 2026

Profeta y sacerdote

 


El pésimo Mario insiste con cierta frecuencia en presentar a Kiko como el Moisés del Camino. ¿Una anécdota sin importancia? Lo dudo.

Para los judíos Moisés no solo es el mayor de los profetas, es también quien organizó el sacerdocio profesional a partir de la familia de su hermano Aarón. El poder descansaba sobre ellos dos, Moisés y Aarón, quien obedecía en todo al primero.

Un poco de historia.

El judaísmo fue, en sus orígenes, una religión sin templo. No es la única, el budismo tampoco requiere edificios con una función sacra, ni el taoísmo, por dar solo dos ejemplos.

En el caso de los judíos, como sabéis, Dios moraba en medio de su pueblo escogido en una simple tienda y eso incomodaba a David, que vivía en un palacio espléndido. Como el rey no iba a mudarse del palacio a otra tienda, propuso edificar un templo suntuoso para Dios, templo que fue edificado durante el reinado de Salomón y más tarde destruido por los babilonios.

En tiempos de Esdrás, se levantó otro templo en el mismo lugar donde se había alzado el primero, en lo alto de un monte de Jerusalén.

Tiempo después, el rey Herodes ordenó ampliarlo. Se construyó un pórtico de columnas para circundar un gran explanada a cielo abierto.  Ese primer espacio rodeado de columnas era el «atrio de los gentiles» porque su acceso estaba abierto a todos, también a los no judíos.

En medio de la explanada había una segundo patio porticado delimitado por una valla y con advertencias de que cualquier no judío que entrase en ese recinto se exponía a la muerte. El acceso a esta zona estaba reservado a los israelitas que acudían a orar, pedir la bendición a los sacerdotes o depositar limosnas.

En su interior, una gran puerta daba acceso a un tercer espacio al que sólo podían entrar los varones que iban a presentar ofrendas o sacrificios. Allí estaba el altar, que era una plataforma alta en la que ardía un fuego permanente. A la zona del altar solo podían acceder los sacerdotes. Alrededor estaban las mesas para descuartizar las víctimas y una gran tina con agua para las purificaciones.

Al interior de ese tercer atrio donde se ofrecían los sacrificios estaba el santuario, de planta rectangular y con paredes adornadas con paneles de oro. En ese recinto estaba el candelabro de siete brazos (menorah), el altar del incienso y la mesa de los panes, todo ello de oro. Una gran cortina, muy rica, separaba esa estancia del Santo de los Santos, de planta cuadrada, que era el lugar donde se guardaba el Arca de la Alianza hasta su pérdida, por tanto, en el templo reconstruido por Herodes el Santo de los Santos estaba totalmente vacío. Y aún así, solo podía entrar en él el sumo sacerdote, y solo una vez al año, en la fiesta del Yom Kippur.

En suma, el segundo templo de Jerusalén se organizaba en espacios cada vez más restringidos: el atrio de los gentiles, delimitado por el pórtico exterior, llegaba hasta la valla que marcaba la zona a la que solo podían acceder los israelitas; un muro separaba este segundo espacio del lugar al que solo accedían los varones con las víctimas a sacrificar; en su interior, un recinto algo más elevado en torno al altar estaba reservado a los sacerdotes, y desde él se accedía sucesivamente al santuario y al Santo de los Santos.

Este segundo templo estuvo en pie hasta que se lo cargaron los romanos allá por el año 70 d.C. Y desde entonces el judaísmo es una religión sin templo.

Y sin sacerdotes, que es más importante.

La explicación oficiosa es que la destrucción del templo hizo innecesarios a los servidores del templo. Lo que no explica que en casi dos milenios los judíos no lo hayan reconstruido.

Para mí que la verdadera razón tiene que ver con Jesucristo, profeta, rey y sumo sacerdote eterno, y con la Iglesia que él fundó.

No puede haber dos sumos sacerdotes y hace dos mil años que Dios trasladó su morada en medio de los suyos al pan eucarístico, no a una piedra, por más que fastidiase a Carmen. La antigua alianza caducó, su templo y sus sacerdotes son historia pasada, y en Jesús, verdadero Dios y verdadero hombre, coinciden el profeta y el sacerdote, Él es el único camino hacia el Padre.

Ahora bien, en el actual judaísmo el poder religioso recae sobre los rabinos, cuya tarea es enseñar e interpretar las escrituras. En el cristianismo la autoridad reside en el sacerdocio ministerial, garante de la tradición y la pureza doctrinal.

Y en el kikismo se busca separar el sacerdocio de lo que dicen es carisma de predicación, para poner al primero al servicio del segundo, pues plantean algo así como que el carisma viene de Dios mientras que el sacerdocio es una opción profesional, y poco les importa si hay vocación o no. La pretensión es que sea el kikotista quien ostente la última palabra a la hora de interpretar la escritura, la historia y la vida misma. Y que todo se someta bajo sus pies.

Pero si Jesús hubiese querido eso lo habría organizado así, en cambio, lo que hizo fue instituir el sacerdocio ministerial y derramar su Espíritu sobre los instituidos sacerdotes. No hizo dos grupos, los que predican a este lado, los que imparten sacramentos a este otro, no separó esas tareas, al contrario, la liturgia va de la mano de la predicación y viceversa.

Y del mismo modo que no puede haber dos sumos sacerdotes a la vez, no tiene carisma divino quien desprecia a la Iglesia de los feligreses a secas, que llama endemoniados e imbéciles a los obispos, que declara inútil la fe de los curas y los denigra porque no se le someten.

Por sus frutos los conoceréis.

 

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