viernes, 30 de enero de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXIV)

 


No acaban los rollos, porque a continuación, todavía en la interminable celebración de laudes, y antes de dejar que los presentes hagan un rato de oración estática, les suelta otra arenga.

 

«MONICIÓN A LA ORACIÓN SILENCIOSA

Dice Jesús: "Tú, en cambio, cuando vayas a orar, entra en tu aposento y, después de cerrar la puerta, ora a tu Padre, que está allí, en lo secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará"».

Por tanto, por coherencia, una vez superado el umbral del re-precatecumenado comunitario, los neocatecumenales deberían evitar las oraciones privadas en sus reuniones, porque es contraria a la recomendación de Jesús y porque puede dar lugar a que haya quien haga preces para ser visto por los demás.

«Como dicen los Padres, eso no significa que no se deba rezar donde hay otras personas, en una capilla, por ejemplo, o como ahora en esta sala, sino que significa ante todo que para rezar siempre tenemos que entrar en nuestro corazón, dentro de nosotros mismos, donde está presente Dios que nos da el ser. Nosotros vivimos porque Dios, amándonos, nos está dando la vida; si Dios no nos amase, dejaríamos de existir».

En ocasiones Kiko hace afirmaciones poco o nada ortodoxas. ¿Qué no dejen de existir los bacilos, los virus, las enfermedades, significa que Dios las ama? ¿Qué el demonio exista, implica que Dios lo ama?

Todo lo que Dios creó era bueno. El mismo Lucifer era bueno hasta que decidió no serlo. Y Dios no trae consigo la muerte y la destrucción, por eso no destruyó al demonio, sino que lo derrotó.

«Entonces, hermanos, entremos en nosotros mismos y gritemos: "¡Señor, ayúdame a renunciar hoy a la paternidad del demonio!"».

Kiko trata a la audiencia como a niños pequeños y tontos. ¿No sabrá cada uno de ellos lo que tiene que rezar y pedir, para que les tenga que dar instrucciones? Quizá no, quizá no sean lo bastante adultos para saber rezar.

«Dice Jesús: "No llaméis a nadie 'Padre' vuestro en la tierra, porque uno solo es vuestro Padre: el del cielo". Esto no hay que interpretarlo de modo fundamentalista, en el sentido de que no tenemos que llamar "padre" a nuestros padres o a los curas, por ejemplo; lo que quiere decir es que no tenemos que dar a nadie ni a ninguna cosa el lugar de Dios Padre, del Padre de Cristo, de Aquel que nos ha engendrado como hijos suyos».

Entendedlo bien: no deis el lugar de Dios a ningún kikotista, por más Kiko que sea, ni aunque sea un presbikiko. Jamás les hagáis caso cuando reclamen obediencia porque "es Dios quién te habla a través de ellos", al contrario, ¡huid!

«Cristo nos dice sobre todo que tenemos que renunciar al demonio, padre de la mentira».

Y no prestar oídos a sus hijos, los que mienten cada vez que hablan, en particular si son kikotistas con presunta línea directa para saber lo que Dios quiere de vosotros.

Después de esto hay quince minutos de oración (tiempo que muchos aprovechan para fumar). Y después, por fin, el Benedictus, tras lo cual se pasa a la celebración penitencial que completa la mañana del sábado.

 

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