Con cumplidora asiduidad visita el blog uno que tiene toda la pinta de ser kikillo placentario, es decir, nacido en el cnc, de padres kikotistas y él mismo aspirante a kikotista mayor. Este elemento sigue ofuscado con la idea de que puede provocarme con sus comentarios cargados de falacias.
Ya despertará del sueño, que fiel y poderoso es Dios para lograrlo.
El caso es que esta persona, versada en kikadas pero no en la verdadera doctrina de la Iglesia, confunde el sentido del último encargo que Jesús da a sus discípulos, que también son sus amigos, ante quienes antes de su Pascua, ha transformado el pan en su Cuerpo y el vino en su Sangre y les ha encargado que ellos hagan lo mismo en conmemoración suya.
Por cierto que los Evangelios no comentan que Jesús volviese a celebrar ninguna Eucaristía con ellos antes de su Ascensión. Y ahora, ante su inminente ascenso al Cielo, reunido por última vez con los once, les da sus últimas instrucciones y también una promesa:
«Id, y haced discípulos a todas las naciones, bautizándolos en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo; enseñándoles que guarden todas las cosas que os he mandado; y he aquí yo estoy con vosotros todos los días, hasta el fin del mundo».
De ninguna manera niego el sacerdocio común de todo cristiano, en virtud del cual está llamado a evangelizar en sus circunstancias, en su casa y en su oficio. Pero es obvio, salvo para los kikotizados, que son los que antes recibieron la misión de consagrar el pan y el vino los que ahora reciben la tarea de evangelizar y bautizar.
Y son ellos, que recibieron el encargo directo de Jesús, quienes a su vez pueden designar a otros para dicha misión. Una misión que no consiste en acomodarse y aburguesarse en un lugar distinto y distante al de procedencia, sino en no tener otra patria ni otro hogar que el del Maestro.
Es importante a quién se da el encargo y también lo es el para qué: para transmitir al mundo entero todo lo que Jesús enseñó a sus discípulos. No para repetir como loros las consignas de uno muy sensible, sino para enseñar lo que Dios mismo por medio de su Hijo enseñó que es el único camino verdadero para tener Vida Eterna.
Lo que hacen los neocatecumenales que se las dan de misioneros itinerantes suele ser muy diferente. Los que mandan entre ellos, aunque presuman de lo contrario, no lo dejan todo ni se quedan sin nada, sino que se instalan en otro país con todas las comodidades posibles y desde su instalación se dedican a la repetición de los dichos y errores del sensible, a fin de captar nuevos ingresos. Ellos no van en busca de ovejas perdidas ni les interesa llevar nuevos hijos a la Madre Iglesia, su meta son las arcas que nutren su cómoda instalación.
Sin embargo, por dar un barniz de catolicidad o porque saben que la misión corresponde a la Iglesia por deseo divino, que el Espíritu Santo solo está en la Iglesia y que va con aquellos a quienes la Iglesia envía, a Kiko y los suyos les gusta comprometer a los obispos y al mismo Papa en sus envíos de kikotistas, por más que los tales jamás se han planteado ni están dispuestos ni preparados para ser evangelizadores, sino meros loros repetidores de kikadas.
No son capaces de ver que del mismo modo que el hábito no hace al monje, el envío del Papa no es ni puede ser eficaz más que para la evangelización, y no funciona ni puede funcionar para obligar al Espíritu Santo a colaborar en la kikotización.
No entienden que no pueden obligar al Espíritu Santo a someterse a Kiko.

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