domingo, 15 de febrero de 2026

Si hoy escuchárais su voz...

 


 Tan próximos a la Cuaresma, cuando los neocatecúmenos se juntan en una reunión publicitaria en la que dirán que las correcciones del Papa por supuestísimo que no eran para ellos, sino para a saber qué otros que no estaban allí presentes, es interesante constatar que las lecturas del domingo 15 de febrero parecían especialmente destinadas a darles a ellos -a ellos, a los neocaminantes- en la línea de flotación, para destruir con la Palabra de Dios las falacias que una y otra vez Kiko y los loros les repiten.

Porque si hoy algún kiko escuchara la voz de Dios, descubriría que dice:

«Si tú lo quieres, puedes guardar los mandamientos; permanecer fiel a ellos es cosa tuya» (de la primera lectura del domingo 15 de febrero de 2026, Eclo 15,15).

¿No dice Kiko que es imposible que tú hagas el bien? ¿No dice que es imposible que no te busques a ti mismo en todo? ¿No repite que no puedes amar al otro ni cumplir los mandamientos y que además pretenderlo es un moralismo clericalista y anticristiano?

Dios afirma justo lo contrario que dice Kiko. Va a ser que Kiko, por su ignorancia, no está capacitado para pretender impartir doctrina cristiana, lo suyo solo es kikianismo, por más que muchos prelados miren para otro lado.

Y la primera lectura de hoy concluye como sigue:

«El Señor conoce todas las obras del hombre. A nadie le ha mandado ser impío y a nadie le ha dado permiso de pecar».

El Señor conoce todas las obras de todo hombre, las obras de los que confunden y engañan a los pequeños y también las obras de los que les dejan hacer sin mover un dedo. Y el que obra el mal no lo hace porque no puede evitarlo ni porque a diosito así le place, cada uno es responsable ante Dios de lo que ha hecho.

Más de uno debería tomar nota.

El salmo de respuesta insiste en lo mismo: los preceptos de la ley de Dios no son para pisotearlo, sino para seguirlo por amor a Él. Porque para quien no ama son imposibles de cumplir.

La segunda lectura da una pista más:

«A los adultos en la fe les predicamos la sabiduría, pero no la sabiduría de este mundo ni la de aquellos que dominan al mundo, los cuales van a quedar aniquilados» (1 Cor 2,6).

Los adultos en la fe advertirían la falsedad en las palabras de Kiko, advertirían que su verborrea no viene de Dios. Por desgracia se diría que todos los neocatecumenales son pequeñines en la fe, o bien son tan retorcidos como Kiko.

El Evangelio remata la faena.

A lo lardo del trozo de mamotreto del paso del Padrenuestro que se ha ido publicando, Kiko ha machacado muchas veces a quienes han sufrido en sus carnes la injusticia. Muchas veces pretende que el error, el fallo y el pecado está en la víctima por quejarse de la injusticia sufrida, por no callar, por pretender que la obra mala del agresor no quede impune.

La especialidad de Kiko es oprimir más a los oprimidos en favor de los opresores. Pero Dios no es así y el Evangelio de hoy lo pone en negro sobre blanco:

«Habéis oído que se dijo a los antiguos: No matarás y el que mate será llevado ante el tribunal. Pero yo os digo: Todo el que se enoje con su hermano, será llevado también ante el tribunal; el que insulte a su hermano, será llevado ante el tribunal supremo, y el que lo desprecie, será llevado al fuego del lugar de castigo.

Por lo tanto, si cuando vas a poner tu ofrenda sobre el altar, te acuerdas allí mismo de que tu hermano tiene alguna queja contra ti, deja tu ofrenda junto al altar y ve primero a reconciliarte con tu hermano, y vuelve luego a presentar tu ofrenda. Arréglate pronto con tu adversario, mientras vas con él por el camino; no sea que te entregue al juez, el juez al policía y te metan a la cárcel. Te aseguro que no saldrás de allí hasta que hayas pagado el último centavo» (Mt 5, 17-37).

Ojalá hoy algún kiko escuche la voz de Dios, que sostiene todo lo contrario a lo que pretende vender Kiko. Es el opresor, el que desprecia, el que injuria, el que ofende, el que tiene que enmendarse y buscar al hermano dañado para congraciarse con él. Es el que ha provocado el mal el que tiene que buscar a su víctima y pedir perdón. La malvada hija de Satanás no es la víctima, sino quien obra el mal que ha aprendido en la casa de su padre.

¿Tal difícil es que algún kiko entienda esto? ¿O lo entienden pero ninguno se atreve a corregir a Kiko?

Sea como sea, lo que se proclama en el CNC, amparados en el secretismo que impera tras las puertas cerradas, no es doctrina cristiana. A los hechos me remito una vez más para demostrarlo.

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