lunes, 9 de febrero de 2026

Padre nuestro - parte 2 (XXVI)

 


En la anterior entrada sobre este paso, los neocatecúmenos, como alumnos ignorantes, se tragaron la explicación kikil sobre cómo escrutar. Y después, o bien se fueron obedientemente a escrutar según las instrucciones recibidas, o bien se fueron a fumar. En cualquier caso, como siempre, tras la hora de escruta se hace la l en común.

Y por la tarde hubo uka, de la que sorprendentemente no hay en el mamotreto más que una monición breve.

Lo siguiente, ya en domingo por la mañana, son laudes, pero tampoco figuran en el mamotreto discursos previos a los salmos, aunque sí se dice expresamente qué quiere Kiko que se cante en lugar el himno de Laudes. Y hay tostón tanto antes como después del Evangelio, que el mamotreto no llama Evangelio, sino Palabra.

No es un detalle baladí. En el Camino, de múltiples maneras, se reduce el Evangelio para engrandecer el Antiguo Testamento, una de tales formas es emplear el genérico Palabra. Y alguno pensará que tan importante es el Antiguo como el Nuevo Testamento. Si es así, aconsejo que la próxima vez preste más atención en misa y observe que solo una de las “palabras” se escucha en pie. Por algo será.

Kiko no dice nada profundo ni inspirado en la monición al Evangelio, pero aprovecha para dar la impresión, una vez más, de que los neocatecúmenos y solo ellos son especiales.

 

MONICIÓN A LA PALABRA (Mc 11)

(Kiko)

Escucharemos ahora una palabra del Evangelio en la que Jesucristo visita el templo de Jerusalén. Esta palabra se cumple hoy aquí. El Señor, que se ha hecho presente en esta convivencia, viene a visitar su templo, que somos nosotros.

A esto me refiero. Todo bautizado que esté en gracia es templo del Espíritu Santo. Pero como Kiko niega la eficacia del bautismo y cómo además asegura que al ser humano le es imposible estar en gracia porque no puede evitar pecar ni puede dejar de pecar, entonces los únicos llamados a ser el tempo que Jesús visita son los consumidores de kikotina.

¿Por qué? Porque según Kiko ellos son los únicos conscientes de su realidad de pecadores impenitentes.

¡Jesucristo nos ha hecho templo de Dios, templo de la Santísima Trinidad, para ser alabanza de la gloria de su amor gratuito! Y el Señor nos ha concedido el don más grande que existe: ser hijos de Dios y poder gritar a Dios, en este templo del Espíritu Santo, que somos nosotros: "¡Abbá! ¡Papá! ¡Padre!".

Acordaos que, según Kiko, todos son hijos del demonio, salvo los que él decrete que ya pueden ser hijos de diosito. Aquí decreta que esos son los neocatecúmenos que le sirven, le obedecen y le pagan sus caprichos. Y nadie más.

Y lo que sigue es más irreal todavía.

Dios nos ha puesto a nosotros, katekistas, a vuestro servicio para ayudaros a crecer en la fe de modo que este don de la filiación divina sea visible en vuestra vida, en los hechos concretos de vuestra vida. Los katekistas tenemos la misión de ayudaros a que no seáis agentes de iniquidad, a que no pongáis vuestros miembros al servicio de la iniquidad, de la maldad, del escándalo, sino al servicio de la santidad, de la glorificación del Padre.

¿Acaso poner denuncias, forzar el cierre de canales en internet, cobrar derechos de autor sobre cantos ajenos y expulsar a no-miembros de una no-asociación no es propio de los agentes de iniquidad?

Hoy Jesucristo viene a visitar su templo que eres tú. Quizá encuentre su casa de oración, que eres tú, transformada en una cueva de bandidos: llena de amor al dinero, a Mammón, llena de orgullo, de murmuración, de juicio, de lujuria, llena de raposas, de demonios.

Eso es lo que se puede esperar de los últimos y los peores.

Escuchemos, hermanos, esta palabra que es muy importante. Hermanos, estáis en el Camino desde hace muchos años. El Señor pasa en esta etapa del "Padre Nuestro" buscando frutos; Él os ha plantado como una higuera en su viña -la higuera es símbolo de la iniciación cristiana- y viene a recoger los frutos. Espero, hermanos, que el Señor no tenga que decir: "Ya hace tres años que vengo a buscar fruto en esta higuera, y no lo encuentro; córtala; ¿para qué va a cansar la tierra?".

Las palancas del miedo y la culpa siempre presentes en el magín de Kiko, siempre la amenaza final, la pullita rencorosa. Su diosito no conoce la misericordia ni la libertad, porque Kiko no las conoce.

Escuchemos el Evangelio.

 

PROCLAMACIÓN DE LA PALABRA: Marcos 11

 

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