El sábado por la tarde se dedica a escrutar la Biblia, que en neocatecumenal se llama scrutatio, que queda más finolis.
Por supuesto, la sesión empieza a cargo de Kiko que suelta una arenga antes de dejar tranquilos a los convocados.
Como sabéis, estamos construyendo espacios litúrgicos -con el tabernáculo del Santísimo Sacramento, la cátedra, tronos y pupitres, bellas vidrieras, lámparas, moqueta, etc.-, que llamamos "santuarios de la Palabra", porque son lugares a propósito para escrutar la palabra de Dios, para redescubrir la riqueza inmensa de la palabra de Dios, como sugiere el Concilio Vaticano II.
Hay una incoherencia en el párrafo precedente, tal vez ocasionada por ignorancia. Se trata de que escrutar no es celebración ni acto litúrgico, es un método de estudio. Y no requiere de espacio “litúrgico” de ningún tipo, de hecho, lo que requiere es más tipo sala de estudios, con buena luz, silencio, mesas, sillas, espacio para libros y material de escritura…
Ahora tendremos un tiempo para escrutar la Escritura en un ambiente de oración, para escrutar un texto en el que la Escritura dice que somos hijos de Dios. Escrutaremos Romanos 8,19-23: "La ansiosa espera de la creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios. La creación, en efecto, fue sometida a la vanidad, no espontáneamente, sino por aquel que la sometió, en la esperanza de ser liberada de la servidumbre de la corrupción para participar en la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Pues sabemos que la creación entera gime hasta el presente y sufre dolores de parto. Y no sólo ella; también nosotros, que poseemos las primicias del Espíritu, nosotros mismos gemimos en nuestro interior anhelando el rescate de nuestro cuerpo".
Lo que dice este fragmento concreto de la Escritura no es lo que pretende Kiko, que por algún motivo siempre interpreta lo que le da la gana.
Por lo demás, no deja de ser sospechoso que a estas alturas del CNC todavía tenga que explicar a la audiencia cómo se escruta la Biblia, como si fuesen en el asunto tanto o más novatos que en materia de rezar, que también les dice lo que tienen que rezar.
Escrutaremos los textos paralelos que nos propone la Biblia de Jerusalén y la nota a 8,19: "la revelación de los hijos de Dios". Estudiaremos así qué significa la adopción como hijos de Dios y su revelación, que toda la creación está esperando. Todo el cosmos, que ha sido creado para nosotros, los hombres, está esperando la realización definitiva del designio divino en nosotros, en los hijos de Dios, para ser también él transformado. Mientras eso no sucede, la creación participa de la corrupción, y a ella eso no le gusta en absoluto (a nadie le gusta envejecer...). Tenemos que estar agradecidos a Dios porque la naturaleza le obedece. Si la naturaleza no le obedeciese a Dios, si la lluvia dejase de llover, si el sol ya no calentase, si los árboles dejasen de dar frutos, etc., ¡inmediatamente moriríamos todos como chinches!
Veis. Eso de humanizar al cosmos y a la naturaleza y concederles sentimientos y voluntad me recuerda a los cuentos de Wilde, en los que hablan las golondrinas y lloran las estatuas.
Hemos preparado el comedor como una especie de "yeshivá" para que podáis escrutar la Escritura.
Quede claro que una yeshivá no es un espacio litúrgico. Y dudo que un judío aprobase que se comparase un comedor con una yeshivá. ¡Con lo fácil que hubiese sido decir que habían preparado el comedor como una especie de aula de estudio!
Os recuerdo que antes de empezar tenéis que rezar pidiéndole al Señor que os dé el don de la sabiduría. Luego -en ambiente de oración y de veneración-, os ponéis a escrutar haciendo un "árbol", como ya os hemos explicado otras veces, para poder luego poner en común lo que el Señor os ha dicho, por medio de la Escritura, para vuestra vida. Así, si te toca hablar luego, podrás decir, por ejemplo: "Rm 8,19, que dice: 'La creación desea vivamente la revelación de los hijos de Dios', me ha llevado a Col 3,4, que dice: 'Cuando aparezca Cristo, vida vuestra, entonces también vosotros apareceréis gloriosos con Él'. Aquí he pensado: '¿Verdaderamente mi vida es Cristo?' Entonces he visto que todavía busco mi vida en tantas cosas que no son Cristo, etc.".
Lo dicho, los trata como a niños pequeños y les chiva las respuestas que quiere oír, no sea que a alguno le dé por pensar por sí mismo.
Es importante copiar los textos de la Escritura porque eso nos ayuda también a aprenderla de memoria. Os quedarán como almacenados dentro y, cuando deis catequesis o habléis con alguien, el Espíritu Santo os los hará sacar de dentro. Cada quince minutos, o cuando sientas la necesidad, te pones de pie y le rezas al Señor, con las manos levantadas. Escrutar las Escrituras es el trabajo más importante. Dice Jesús: "Vosotros escrutáis las Escrituras, ya que creéis tener en ellas vida eterna; ellas son las que dan testimonio de mí" (cf Jn 5,39).
También dice: «si creyerais a Moisés, me creeríais a mí, porque él escribió de mí. Pero si no creéis en sus escritos, ¿cómo vais a creer en mis palabras?» (Jn 5, 46-47).
Entendedlo, escrutar, memorizar versículos, soltarlos en cualquier conversación (incluso si no los adecúas a conveniencia, como gusta hacer a Kiko), no es garantía de nada, lo mismo hacían los judíos de la época de Jesús y no fueron capaces de reconocerle ni creer en sus palabras.

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