Patriarcas de Jerusalén alertan sobre el 'sionismo cristiano'
Esta noticia, fechada el 17 de enero de 2026, se publicó un día después. Como los designios de Dios son inescrutables, puede que no sea casualidad la casi coincidencia temporal entre las abundantes llamadas de atención del Papa a los sensibilísimos neocatecumenales y esta otra advertencia, que también, aunque sin nombrarles, va al pelo a Kiko y sus imitadores.
La noticia es que los patriarcas (el patriarca Greco-Ortodoxo, el patriarca Armenio y el patriarca Latino -Católico-) y jefes de las Iglesias de Jerusalén, en una declaración conjunta, señalan que «actividades recientes [hechos concretos recientes] de gente local impulsan ideologías dañinas, como el sionismo “cristiano”, que engañan al público, causan confusión y dañan la unidad de los fieles».
A mí me recuerda lo que en su día dijeron los obispos japoneses de cierta realidad no-asociación y del daño que causaban en las diócesis niponas los no-miembros no-expulsables de la no-asociación. ¿Por qué será?
Los firmantes afirman, «ante los fieles y ante el mundo, que el rebaño de Cristo en esta tierra ha sido confiado a las Iglesias Apostólicas, que han ejercido su sagrado ministerio durante siglos con inquebrantable dedicación».
Más claro agua: rechace imitaciones, rechace a los advenedizos a quienes les entra sarpullido si son llamados a juntarse con los religiosos de misa de 12 y desean muertes ajenas antes que obedecer tal llamamiento.
«Reivindicar una autoridad al margen de la comunión de la Iglesia -escriben los Patriarcas y Jefes de las Iglesias de Jerusalén tras citar Romanos 12,5 ("un solo cuerpo en Cristo")- significa herir la unidad de los fieles y gravar la misión pastoral confiada a las Iglesias históricas en la misma tierra donde Nuestro Señor vivió, enseñó, sufrió y resucitó de entre los muertos».
La declaración incluye un punto especialmente contundente: «solo nosotros representamos a las Iglesias y a su rebaño en las cuestiones relativas a la vida religiosa, comunitaria y pastoral cristiana en Tierra Santa».
Este punto sostiene que estas recientes iniciativas dañinas no solo fracturan internamente a las Iglesias, es decir, le hacen el juego al enemigo, sino que además «han encontrado algún apoyo político en Israel y en otros lugares», por parte de actores que «tratan de promover una agenda política que podría perjudicar la presencia cristiana en Tierra Santa y en Oriente Medio en general».
El texto menciona expresamente el sionismo cristiano, corriente que, con la excusa de ser ellos el pueblo elegido, los receptores de la promesa, los hermanos mayores en la ge y a saber qué más (¿le suena a alguien?), promueve el apoyo ciego a los israelitas en todo, incluido el respaldo político, hagan lo que hagan y la imitación de tradiciones y cultura.
Desde esa óptica, Tierra Santa deja de ser principalmente un lugar de fe y custodia cristiana, para convertirse en un tablero ideológico y geopolítico. Es precisamente ese desplazamiento -de la fe al activismo político- lo que preocupa a los líderes de Jerusalén.
El texto concluye pidiendo sabiduría para proteger al pueblo cristiano y salvaguardar su testimonio en una tierra sagrada, hoy atravesada por presiones políticas, discursos ideológicos y luchas de representación.
Por parte de la esfera política, las reacciones a este comunicado fueron más bien contrarias o tibias. Y, por supuesto, no ha habido respuesta de los patriarcas a las críticas de los políticos, pero otros líderes religiosos de menor importancia local sí han aprovechado para dejar oír su voz.
El arzobispo anglicano Hosam Naoum sostuvo que «No hablamos en nombre de todos los cristianos del mundo. Hablamos desde nuestra responsabilidad como líderes espirituales aquí, donde estas ideologías están causando un daño real y concreto». Y remarcó que existen grupos que «afirman representar a los cristianos [en genérico, como si fuese suyo el monopolio de la fe] mientras promueven narrativas que son alienantes, demonizantes y profundamente contrarias al mensaje cristiano».
Naoum subrayó que las iglesias pretenden advertir sobre grupos específicos que, en Tierra Santa, se arrogan una representación que no les corresponde mientras instrumentalizan la fe para demonizar a otros y justificar el despojo y la violencia.

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