domingo, 1 de febrero de 2026

La trola de los garantes

 


Un lector del blog me ha pasado sus impresiones sobre la etapa del Padre Nuestro.

Me ha venido muy bien, porque no me dejó ninguna impresión imborrable, recuerdo más o menos el periplo por Loreto y Roma, y poco más, cuán este lector me preguntó, yo no supe decirle nada de los “escruticidios” correspondientes, salvo que no debían ser muy sangrantes cuando los había olvidado.

Su respuesta me sirvió para recordar por qué no guardo en la mente ninguna escena de tales “escruticidios”. Esta persona lo cuenta así:

«Te quería comentar algunas cosas del paso por si te es interesante.

La encuesta no sirve para nada, se responde en el grupo de garantes pero después los kates no te la preguntan.

Los escrutinios como tal son preguntas al garante sobre el hermano...»

Se refiere a que se pregunta al garante sobre los hermanos del grupo, delante de estos y del resto de la comunidad.

«Pues si el escrutinio es para el garante sobre la vida de cada hermano de su grupo.

Se sientan por grupos de garantes y [el kikotista] va preguntando por cada uno de los del grupo, si hace el trípode, si el garante ve evolución en algún hecho concreto. Después le pregunta al cónyuge. Después, al grupo. Y finalmente se pregunta a la comunidad si el hermano puede recibir el Padre nuestro»...

Cuando llega el momento, se vende lo de hacer grupos de garantes como una herramienta para abrirse en canal en un grupo más reducido, en la confianza de que nada de lo que se cuente en ese grupo saldrá de él, por lo que es importante que salgan a la luz hechos concretos, no filosofías ni vaguedades…

Sí, sí, hasta que llega un paso cualquiera y los kikotistas le dicen a cada uno de los garantes que desembuchen, delante de toda la comunidad, cualquier hecho concreto jugoso que se haya contado dentro del grupo. Y ahí, el hermano confiado que habló de más se queda en gayumbos delante de todos.

Peor que eso. Porque va a ser juzgado sin derecho a réplica ni a defensa, puesto que si intenta defenderse le achacarán ser un soberbio o no ser capaz de reconocerse último y peor que todos o cualquier kikada por el estilo.

Por eso, siempre hay que preservar la intimidad propia, siempre, jamás debe confundirse un grupo de garantes con una sesión de psicólogo o un grupo de apoyo, no lo es, y por eso cualquier cosa que se cuente puede acabar siendo del dominio de toda la comunidad e incluso de toda la provincia.

«Si el garante es amigo no tienes problema, pero si no la has kagado... Lo que más me jode es el puto favoritismo hacia hijos de... Me pone enfermo.

Después dices que no es oro todo lo que reluce porque sabes cómo son realmente algunos hermanos y cuando dices la verdad pues se lía, y ya tienes el pecado de envidia. Otra cosa es el buenismo... Gente que con cara de no romper un plato en su vida se creen superiores a los demás dando lecciones de catequesis y encima la gente se los cree y después te enteras de que las broncas en el edificio son brutales..., pero el martes en la palabra los dos dan eco, elegidos para garantes a dedocracia... y si tú dices algo malo de ellos eres un envidioso».

Así es el Camino. Un engaño tras otro, una mentira tras otra. Y la kasta, porque los pasos también son el marco adecuado para colocar a la kasta. Lo cuenta el lector que me ha escrito:

«Una que mi katekista ha hecho ha sido elegir él los nuevos garantes... pese a que el mamotreto dice que los elige la comunidad... y… ¡Sorpresa! Ha puesto a los hijos de los katekistas a dedocracia, aunque no sirven ni para hacer la o con un canuto, y los garantes que han sido sinceros... defenestrados».

¡Por supuesto! Esto es de primero de kasta caminera. Labor fundamental de los kikotistas es lograr que los kargos en la no-asociación CNC formada por no-miembros sean ocupados por los más kikistas y obedientes a las consignas, los que han nacido dentro de familias kikas y no conocen la verdadera Iglesia.

No es infrecuente que la comunidad, aún muy imperfectamente konvertida al kikismo, tenga otros criterios y, si se dejase en sus manos, sería capaz de elegir para garantes a gente honesta y con criterio. Por eso, se hacen ciertas imposiciones. Un garante ha de ser el responsable de la comunidad, y lo usual es que ya se haya maniobrado para que dicho responsable sea un kikokúmeno acérrimo, si hay presbikiko en la comunidad, él también ha de ser garante, y los demás, la primera vez, se deja que sean elegidos por los hermanos.

Pero si no salen a gusto del kikotista, en el próximo paso se ajustan cuentas.

Esto es kikónides, señores.