Prosigue el rollo con las mismas consignas. Si
recordáis, se trataba de convencer a la audiencia, después de proclamar el
Evangelio en el que Jesús expulsa a ganaderos y cambistas, de que el templo de
piedra está obsoleto y es innecesario. Lo que es contradictorio con la Palabra
de Dios proclamada.
En el
cristianismo, el verdadero templo de Dios, el lugar en el que habita Dios
plenamente, es Jesucristo y, por medio de Él, también los cristianos nos hemos
convertido en templo de Dios, en templo del Espíritu Santo. Por eso podemos
decir que en el cristianismo ya no hay esa separación entre sagrado y profano,
ese divorcio entre religión y vida.
Y acto seguido otra disrupción propia de lector de revista pseudohistórica.
En el
imperio romano la gente pagana era muy religiosa…
A ver si se aclara, porque “ser muy religioso” implica no hacer
separación entre religión y vida.
…y había
templos por todas partes dedicados a muchas divinidades: Júpiter, Venus, Marte,
Minerva, Mitra, etc. Había templos para todos los dioses, hasta para el
"dios desconocido"… Y cada templo tenía sus sacerdotes. Cuando
parecía que algún dios hacía más milagros en su templo que los demás dioses, se
corría la voz y la gente abarrotaba aquel templo llevando dones, ofrendas,
dinero, etc.
No como los judíos, que no tenían que llevar nada de su casa,
porque lo compraban en el mismo templo, hasta que un tal Jesús la lio.
Los
cristianos primitivos, que no iban a los templos paganos, ni tenían sus templos como todos,
eran para los paganos una novedad escandalosa: ¡un grupo de hombres que no
adoran a los dioses, que no tienen templos! Los paganos les llamaban ateos,
pensaban que había que matarlos porque suponían una amenaza terrible para la
sociedad y para el Imperio, y gritaban: "¡Muerte a los ateos!".
Ojo. Los primeros cristianos venían del judaísmo. Había judíos
por todo el imperio cristiano y… ¡NO TENÍAN TEMPLOS! Decían que la morada de
Dios entre ellos estaba en Jerusalén y no podía estar en ningún otro sitio. Los
primeros cristianos heredaron del judaísmo y del Antiguo Testamento esta
postura sobre el templo. No era algo propio ni exclusivo de ellos.
Como
sabéis, en el Cristianismo
no hay templo, ni altar, ni sacerdotes en el sentido de la religiosidad natural.
No hay templo en el sentido de un único lugar sacrosanto en el que se ejerce un
culto sacro, la casa de Dios, donde Él habita con exclusividad, mientras que el
resto son lugares profanos. El templo en el cristianismo es Jesucristo. ¿Y
Cristo dónde está? En la Iglesia. Pero la Iglesia no es el templo de piedra. La
Iglesia somos los cristianos. Nosotros somos el templo vivo del Espíritu Santo.
De nuevo, con la excusa de separarse de la religiosidad natural,
Kiko trivializa algo muy complejo. Dios está en el Sagrario. En cada lugar
donde hay una hostia consagrada está Jesucristo, con toda su divinidad y toda
su humanidad, al completo, no un cachito. Por tanto, puede decirse que cada uno de esos lugares es
templo de Dios.
Del mismo
modo en el Cristianismo no hay altar, en el sentido de la religiosidad natural
de una piedra sacra a la que nadie puede acercarse, y menos tocar.
Esto es, sin paliativos, una mentira. En el paganismo como en el
judaísmo y en el cristianismo el altar es el lugar donde se llevan a cabo
sacrificios y holocaustos. No es una piedra mágica intocable, su importancia no
viene de lo que es, sino de lo que se realiza en él.
Los cristianos no tenemos altar en ese
sentido…
Otra mentira. Los cristianos tenemos altar precisamente en ese sentido
sacrificial.
…porque la
piedra santa es Cristo, única piedra angular. Por eso los cristianos podemos
celebrar la Eucaristía en una mesa apropiada y la podemos celebrar en una
plaza, en el campo, o donde sea conveniente. No tenemos un lugar en el que
exclusivamente se debe celebrar el culto.
Esto viene de esos sacrificios al aire libre que hacían Abel,
Caín, Abraham y demás patriarcas. No es esto lo que distingue al Cristianismo
de las demás religiones.
Tampoco
tenemos sacerdotes en el sentido de la religiosidad natural, o sea, de personas
que separamos de todos los demás para que en nuestro nombre se pongan en contacto con la divinidad.
Aquí hay otra trampa falaz. El sacerdote cristiano no es, por sí
mismo, mediador entre Dios y los hombres, porque uno solo es el mediador, pero
el sacerdote cristiano comparte la mediación de Cristo, es decir, recibe de
Cristo el ministerio de ser mediador entre Dios y los hombres. No es solo un
dispensador de sacramentos, como Kiko parece pensar.
En el
cristianismo, el único y eterno sacerdote, Aquel que intercede por nosotros, es
Cristo. Y como somos su Cuerpo, todos somos sacerdotes; toda la Iglesia, por
tanto, es sacerdotal e intercede por el mundo (sacerdocio común de los fieles).
Es cierto que este sacerdocio se visibiliza en un ministerio y hay algunos
hermanos que son ordenados como servidores de ese sacerdocio, ministros del
sacerdocio de Cristo, que actúan "en la persona de Cristo Cabeza"
(sacerdocio ministerial). En el Nuevo Testamento no se usa la palabra
"sacerdote" más que referida a Cristo y a los cristianos; para los
que nosotros llamamos sacerdotes, el Nuevo Testamento usa los términos
"ministros, presbíteros, epíscopos", etc.
El problema
es que mucha gente vive el Cristianismo a nivel de religiosidad natural. La
religiosidad natural nace del miedo del hombre frente a las enfermedades, a las
tormentas, etc. En contacto con la naturaleza, el hombre tiene miedo de las
fuerzas naturales que no logra controlar; se ve pequeño y débil, y siente la
necesidad de "religarse", de establecer una relación con la divinidad
que controla esas fuerzas. Frente a una enfermedad incurable, por ejemplo, el
hombre se siente impotente y trata de hacerse propicio a la divinidad
ofreciéndole sacrificios. Entonces va al templo y paga al sacerdote para que
ofrezca sacrificios con el fin de que la divinidad le conceda la curación.
O bien va a la comunidad y tripodea mucho no sea que
diosito le tenga que mandar un cáncer o algo peor.
En el
cristianismo ya no hay este esquema. El cristiano no vive en el miedo y no
tiene que aplacar ni hacerse propicio a un dios lleno de cólera y de ira
ofreciéndole víctimas.
Jesucristo
ha inaugurado una nueva realidad. ¡Muriendo en el madero de la cruz, Jesucristo
se ha entregado al Padre por nosotros, ha ofrecido a Dios su cuerpo una vez
para siempre como víctima de expiación por todos nuestros pecados! ¡Y,
resucitado de la muerte, se ha sentado a la derecha de Dios y desde allí ha
enviado el Espíritu Santo a la Iglesia!
¡Éste es el
nuevo templo de Dios: la Iglesia, el cuerpo de Cristo resucitado,
templo del Espíritu Santo! Éstos son los signos del nuevo templo de Dios, los
signos de la nueva presencia de Dios en la tierra, los signos que llaman a los
hombres a la fe en Jesucristo: "Que, como yo os he amado, así os améis
también vosotros los unos a los otros. En esto conocerán todos que sois
discípulos míos: si os tenéis amor los unos a los otros" (Jn 13,34-35).
En “cuerpo de Cristo resucitado” hay una nota muy significativa
porque denuncia al CNC. Dice «La comparación de la Iglesia con el cuerpo arroja
un rayo de luz sobre la relación íntima entre la Iglesia y Cristo. No está
solamente reunida en torno a Él: siempre está unificada en Él, en su
Cuerpo. Tres aspectos de la Iglesia "Cuerpo de Cristo" se han de
resaltar más específicamente: la unidad de todos los miembros entre sí por
su unión con Cristo; Cristo Cabeza del cuerpo; la Iglesia, Esposa de Cristo»
(CCE 789).
¿Entenderá alguna vez Kiko que quien rechaza la unidad de todos
los miembros -e incluso desea la muerte de quien reclama dicha unidad- no está
unido a Cristo y, por tanto, no es cristiano? ¿Lo entenderán los obispos que lo consienten?