miércoles, 26 de octubre de 2016

Primer escrutinio (y XLV)



«Monición a la cuarta lectura
Ahora, hermanos, recibiremos el signo de la Cruz gloriosa.
Primero proclamaremos la Palabra de Dios. Escucharemos a S. Pablo decir que Dios le ha enviado a predicar, a evangelizar, no con palabras sabias, no con grandes discursos, con grandes argumentaciones, para no oscurecer la Cruz de Cristo, porque la predicación de la cruz es necedad.
Os hemos dicho, hermanos, que la cruz es el símbolo de lo que te destruye. Dios siempre os espera en la cruz. La cruz es escándalo para el mundo. También nosotros hemos rechazado siempre la cruz en nuestra vida.

Moralismo kikil: lo "imprescindible" para "rezar Laudes"
Y sin embargo, la piedra que desecharon los constructores es ahora la piedra angular del edificio. Es una piedra sobre la que edificar la vida.
Todos tenemos experiencia de las cruces de nuestra existencia: momentos de desolación y de tristeza. Cosas terribles que ha permitido el Señor para nosotros: enfermedades y sufrimientos. Sin embargo esta cruz es señal del amor de Dios.».
¿Habrá mayor moralismo que el empecinamiento kikil en que las enfermedades hay que quererlas porque vienen de Dios?
«La manda Dios para que podamos trascender hacia él, situarnos en nuestra auténtica realidad, para hacernos ver lo que somos: pobres, impotentes. Ha sido la ocasión de ver a Dios; la cruz es lo que Dios ha usado para hacerte venir aquí.
Por esto Jesús se levanta de la cruz que le prepara su Padre, porque sabe que Dios es quien saca el bien del mal. Nosotros sabemos que la cruz gloriosa es el misterio escondido que se nos ha revelado. Sabemos que la cruz es el arma con que el maligno nos encadena, porque por el temor que tenemos a la muerte estamos sometidos al poder del mal; sabemos que la cruz no nos destruye ya porque Jesucristo ha vencido el aguijón de la muerte, el pecado, porque ha alzado la Cruz y la ha hecho gloriosa. Por esto los cristianos llamamos a la Cruz la luz radiante del rostro de Dios. Por esto, hermanos, la Iglesia hoy os ha dado el camino: amar a Dios sobre todas la cosas, porque Dios es el único, los otros dioses son nada, humo, vapor, vanidad, no nos salvan. La Iglesia hoy nos ha hecho descubrir cual es la fuerza para caminar, que es el Espíritu Santo, para avanzar hacia la siguiente etapa. También la Iglesia os dará el arma, sin la cual no podrías seguir el camino: la cruz gloriosa. Para que cuando, al salir de aquí, el demonio te presente de nuevo la cruz para someterte a él, no temas y sepas que la cruz no mata, sino que glorifica.
Inicio curso 2016: ¿no saben que laicos no deben partir pan consagrado?
No porque seamos personas resignadas que cargamos con la Cruz, sino porque hemos recibido el Espíritu de Aquel que cargó con la cruz de una vez para siempre para liberarnos de su poder u demostrarnos con ello el rostro del Padre que birlla sobre la muerte. Sabemos precisamente que Dios es amor porque ni a su Hijo le libró de la muerte, de la cruz, de la angustia, del pecado».
Ahí queda eso: Dios no libro a su Hijo del pecado... ya decían sus paisanos que era un comilón y un borracho y el sensibilísimo Pakito lo confirma.
«Si el Espíritu de Cristo habita en ti, entonces podrás amar de una forma nueva, porque la muerte de la cual la cruz era el signo no te impide ya amar al otro, porque Cristo ha abierto un camino a través de su carne. Esta cruz te sirve de gloria».
En realidad en el kikismo no puedes amar a nadie si primero no conoces todo sus pecados y sufrimientos. Ergo siguen incapaces de amar al otro, por más que Cristo haya vencido a la muerte y nos haya regalado la salvación.
«Esto es lo que dice S. Pablo: que Dios ha tomado lo que no valía nada para confundir a los sabios e inteligentes del mundo. La sabiduróa del mundo no ha sabido descubrir el rostro de Dios en este Jesús que se entrega a la muerte; al contrario, se ha escandalizado como hoy se escandaliza de nuestra comunidad porque predicamos el Siervo de Yahvéh en una época contestataria en la que se debe hacer huelga y juzgar y odiar al otro para luchar contra la injusticia.
Cuando el Justo, hermanos, que nos podía juzgar, ha preferido no juzgarnos sino hacerse pecado a sí mismo, hacerse Él reo de muerte y ha amado al hombre así como era. El lenguaje de la cruz es un escándalo.
Escuchamos esta Palabra.
Cuarta lectura: I Corintios 1, 17-25

Convivir con la mentira. Un clásico neocatecumenal
Signo de la Cruz gloriosa
Ahora, hemanos, la Iglesia os hará un examen, un escrutinio, en el que responderéis libremente en voz alta. La Iglesia te preguntará:
“¿Cuál es tu cruz y qué sentido tiene en tu vida?”
Porque si todavía estás escandalizado de la cruz no puedes pasar al catecumenado. Porque a partir de este momento, tu dices que todo lo que te sucede es para tu bien, porque Cristo ha destruido la muerte y el pecado en la Cruz. Dios permite cosas para tu bien, para glorificarte. La Iglesia te dará la cruz gloriosa de Jesucristo para ayudarte, porque así como antes cuando el demonio te presentaba la cruz, el sufrimiento, te hacía rebelarte contra Dios y responder al mal con mal y a la violencia con violencia, ahora tu tienes esta cruz iluminada y tu sabes que el demonio no te puede engañar más presentándote la cruz, porque  en esta cruz ves a Cristo que se ha entregado en ella y que Dios ha resucitado y glorificado. La cruz hoy no sólo no te mata, sino que te glorifica- Cuando el demonio vea que para ti la cruz es gloriosa te dejará, porque cuanta más cruces te presenta tanta mayor gloria recibirás de Dios.
Por esto es muy importante que antes de pasar a la Eucaristía, a la acción de gracias, no estemos escandalizados por la cruz y sepamos en lo profundo de nuestro corazón que todo es gracia y todo es amor.
Que si Dios permite esto para ti, que tú seas cojo, que seas tuerto, ha permitido que tu mujer tenga un carácter terrible, que tu marido sea un soberbio, todas estas cosas que te matan, Dios esto lo ha levantado y lo permite porque te ama. Porque a través de esto que tú humanamente no comprendes quiere llevarte a descubrirle a Él para salvarte, y es capaz de transformar esta cruz en gloriosa».
Ojo al dato, porque tiene telita. En el kikismo, Dios tiene que recurrir a tretas humanamente incomprensibles para obligarte a renunciar a tu razón, que es lo que te hace humano, y sólo tras dicha renuncia, entonces puede salvarte. Ahí queda eso. Dios se podía haber ahorrado el crearnos a su imagen y semejanza, dotados no sólo de sentimientos sino también de razón.
Inicio curso 2016: Mucho hueco, mucha silla vacía, poco interés por escuchar al padre Rino
«Ahora os llamaremos uno a uno. Os ponéis en medio, de pie, y respondéis libre y expontaneamente a la pregunta del Obispo; entonces seréis signados con perfume en la frente con la cruz gloriosa de Jesucristo. Esto en memoria de la signación recibida en el Bautismo, con el óleo de los catecúmenos para prepararos para el combate diario, como si fueseis de los luchadores antiguos que se untaban con óleo para escapar de las presas del adversario.
Catequista: “...NN...” (se pone en pié)
Obispo: “...NN..., ¿cuál es hoy tu cruz y qué sentido tiene en tu vida?”
(el neo-catecúmeno responde libremente, pero con brevedad. Después se aproxima al Obispo y se arrodilla a sus pies)
Obispo: “...NN...,
Yo te signo con la cruz gloriosa de nuestro señor Jesucristo: que este signo de victoria te conduzca a la vida eterna”.
Amén.
Oración: “Señor Jesús, tú que sabes que en el misterio de tu muerte está nuestra vida, que en el misterio de tu resurrección está nuestra fuerza: amaestranos en el misterio de tu cruz; porque sólo en ella se encuentra la verdadera sabiduría, la verdadera vida.
Te lo pedimos a ti que vives y reinas con el Padre y con el Espíritu, por los siglos de los siglos”.
Amén
Canto: Himno a la cruz gloriosa
Re-acogida en las manos maternales de la Iglesia
Ahora, hermanos, el último signo que haremos en este primer escrutinio del paso al catecumenado, será poneros a todos en las manos maternales de la Iglesia. La Iglesia se compromete con vosotros a ayudaros, a rezar por vosotros, a conduciros en este camino hacia la fe.
Ahora los responsables de cada comunidad os acercáis y os ponéis de rodillas. La Iglesia os dirá: “Tú que en el Bautismo fuiste acogido en las manos maternales de la Iglesia, hoy te pones de nuevo bajo su cuidado y protección”. Y todos los responsables diréis: “¿A dónde iremos? Sólo el Señor tiene palabras de Vida Eterna”. Todos os ponéis de rodillas; y el Obispo, los presbíteros y los catequistas extendemos las manos sobre vosotros. Después, el Obispo ayudará a los responsables a levantarse, como signo de esta protección».
Y digo yo, puesto que se dirige a creyentes practicantes, ¿cuándo dejó la Iglesia de protegerles y por qué?
«(Se acercan los responsables de cada comunidad y se postran de rodillas ante el Obispo, mientras todos los demás se ponen también de rodilla en su sitio).
Obispo: “Tú que en el Bautismo fuiste acogido en las manos maternales de la Iglesia, hoy te pones de nuevo bajo su cuidado y protección”.
Responsables: “¿A dónde iremos? Sólo el Señor tiene palabras de Vida Eterna”.
Todos: “¿A dónde iremos? Sólo el Señor tiene palabras de Vida Eterna”.
(El Obispo ayuda a los responsables a levantarse; a continuación invita a todos a darse la paz –mayúscula en el original-).
Paz
Bendición
Canto: “Magnificat”
Eucaristía
Así termina la convivencia del primer escrutinio del paso al catecumenado.
Después de la convivencia se reune a la gente una noche en la parroquia para explicarles como se hace el camino durante el tiempo del paso al catecumenado hasta el segundo escrutinio».

lunes, 24 de octubre de 2016

Más frutos (malos) del Camino



El testimonio original que se reproduce en esta entrada puede leerse aquí.


Nací “en la comunidad” (en jerga cnc se dice así de los chicos cuyos padres están en el camino antes de su nacimiento).
 
A los 13 años entré en el Camino, tal y como imponía el responsable de la primera comunidad. En un momento de mi adolescencia, tenía entonces 17 años, debido a un pequeño problema (enorme a mis ojos, pero en realidad, visto en retrospectiva, normal para una muchacha), el responsable de mi comunidad decidió llevarme a hablar con el catequista de región. Era un inmenso honor, desde el punto de vista de la vida comunitaria; hablar con el catequista significaba ser una pequeña elegida. Sin embargo, a raíz de ese “encuentro”, comenzó a llamarme con insistencia. Yo no lo entendía, estaba confusa, pero no maliciaba nada; al fin y al cabo se trataba del catequista, casi un dios (casi, porque el verdadero Dios del Camino se llama Kiko). Después de todo pensaba que las insistentes llamadas telefónicas de ese catequista pretendidamente carismático, casado y con un montón de hijos, sólo podían responder al deseo de ayudar y apoyar.
 
Pasado mes y medio, tal vez dos, no recuerdo bien, por enésima vez suena mi teléfono; un poco alterada y estresada respondo a la llamada: era él. Quería que me reuniese con él, esa noche tenía un encuentro en la iglesia con la primera comunidad. Le creí. Fui a aquel malhadado encuentro.
 
¿Puedo hablar en el Camino?
Me hizo subir a su coche. Todavía pensaba, por mi condicionamiento de catecúmena, que se trataba de una especie de honor y que, pese a aquel extraño y repentino encuentro, lo que quería era mostrarme su apoyo.
 
Las primeras señales que mi psique y mi cuerpo me dieron fueron los incontrolables escalofríos y la confusión que me atenazó cuando me cogió las manos. “Tienes las manos heladas”, me dijo. Le miré de reojo. Sólo entonces pensé que algo no cuadraba, que su actitud no era acorde a los esquemas establecidos. La incomodidad me ahogaba y sin embargo seguía manteniendo una pequeña llama de imprudente esperanza. Me cogió la mano. Estábamos en un camino de tierra. Apagó el motor. Miré a mi alrededor… sólo vegetación y nada más. Ni un alma viva… aquí me resulta difícil continuar, el corazón se me desboca…
Me giré y vi sus pantalones bajados hasta los tobillos, debía haberlo hecho en un nano-segundo, no me había dado cuenta de nada, o tal vez fuese porque mi percepción del tiempo se había desvanecido, sí, porque no puedo cuantificar el tiempo pasado en aquel condenado auto parado. Con su fuerte mano, me hizo bajar la cabeza (no quiero recordar los detalles, porque siento un grandísimo malestar), sentía asco y malestar. Trató de besarme, trató de tocarme… me bajó de nuevo la cabeza  y ahí terminó mi pesadilla… eso pensé.
 
No hablamos. Me llevó de vuelta a casa. Me dijo que el Señor se servía de medios incomprensibles a nuestros ojos para conducirnos a la felicidad. Dijo que haría que mis deseos se hiciesen realidad y que cualquier cosa que salía de su boca y cualquier acción suya estaban inspiradas por Dios.
 
De hecho, eso era lo que me habían enseñado en el Camino: los catequistas eran seres superiores… inspirados por Dios y por Kiko.
 
Le conté a mi responsable lo que había sucedido. Me miraba de un modo extraño, girado hacia la ventana hasta que, para mi estupor, floreció en su boca una sonrisilla. «Mira», me dijo, «pienso que XXX ha actuado de este modo con un propósito para tu alma. Un propósito de salvación». 

¿Puedo hablar en el Camino?
Había escuchado miles de veces, en Eucaristías y convivencias, mentar los caminos y las historias de salvación. Pero en aquel momento no me decía nada. Me sentí mal, casi culpable, culpable por mi sentimiento de tristeza y angustia hacia un acontecimiento que según XXX y mi responsable era el proyecto de Dios para mi vida.
 
Intenté olvidarlo.
 
Cumplí los 18 años; pasaron tal vez dos o tres meses desde aquel acontecimiento, pero las llamadas no cesaron, así como no cesaba mi sentimiento de sumisión que me movía a contestar… cada una de las veces.
 
Se organizó una convivencia con varias comunidades; varios autobuses llenos de catecúmenos, casi todos jóvenes. Cada autobús tenía un responsable. Descubrí que nuestro responsable era XXX. Llegamos al hotel. Traté de no pensar en mi vergüenza e incomodidad, mi angustia y mi tristeza. Trataba de ser la chica de siempre, de recuperar la normalidad que me había sido arrebatada aquella noche. Todos los jóvenes nos habían reunido en una sala para charlar cuando sonó mi teléfono.
 
Me sentí enferma al leer su nombre. Fue como un presentimiento funesto. Contesté mientras me dirigía al baño (el catequista supremo nos había prohibido terminantemente estar de charla; Dios acontece en el silencio, no en el caos, fue su argumento).
 
Me dijo que fuera a su habitación, porque era lo correcto y… en aquel contexto, le creí. Saludé a mis amigos y salí de aquella estancia tan segura para mí para adentrarme en los pasillos fríos y vacíos del hotel. Bajé las escaleras esperando que sólo quisiera hablar conmigo, decirme algo concreto y tranquilizador… no fue así.
En retrospectiva, no era nada normal dirigirme de noche a la habitación de un hombre… tal vez hoy sea un hombre, entonces sólo fue una bestia infame. Sin embargo era mi catequista, todas sus obras “eran inspiradas por Dios” (Dios perdone la blasfemia, pero eso decía él).
 
¿Puedo hablar en el Camino?
Le encontré esperándome fuera, actuaba como si estuviese controlando los pasillos, como un catequista adulto y responsable que se ocupa de sus chicos. La máscara que siempre llevaba. Me hizo entrar en su cuarto […] 
Esa persona que decía estar inspirada por Dios me obligó a tener sexo con él, me violó… No recuerdo como me encontré en el suelo, ¿me caí? ¿traté de escapar? No recuerdo en qué momento recibí un golpe que me dejó un gran moratón durante al menos veinte días… Hay muchas cosas que no recuerdo, pero hay muchas otras que no puedo olvidar.
 
Recuerdo que por fin me rebelé, pero él era mucho más fuerte que yo, recuerdo que le dije que Dios no quería eso, que Dios no inspira a una bestia que realizaba actos infames. Por fin abrí los ojos y la mente, pero era demasiado tarde. Me hallaba en una situación de sometimiento físico de la que no pude librarme. 
 
No tuve valor para contárselo a nadie.

Fui a confesarme. Y el presbítero me dio un rosario para que lo recitase. Aún me aguardaba más dolor moral por parte del kikismo.
 
No dejé entonces el Camino, aunque aturdida y triste, participaba…
 
La noticia de que había sucedido algo peliagudo entre XXX y yo se extendió y para defender al CNC y a su amado catequista, Kiko en persona ordenó a XXX y a su familia que abandonasen nuestra región y volviesen a su lugar de origen
Para mi comunidad fue un shock y como había que echarle la culpa a alguien, recayó sobre mí (pese a que el sentido común –tan desconocido en el Camino- les tendría que haber llevado a pensar que algo grave y malo habría hecho XXX para ser repudiado con tanta urgencia, pues no habían pasado ni quince días desde aquel trágico suceso).
 
Una noche hubo una reunión con un presbítero relevante de la región, que en numerosas ocasiones había acompañado a XXX y su familia en las convivencias. Participaba también nuestro presbítero, extremadamente catecúmeno. Por turno, cada uno habló de su experiencia personal y de los problemas de la comunidad.
Llegó mi turno. Expresé mi malestar por el hecho de que nadie había vuelto a dirigirme la palabra, me sentía extraña en el mundo al que pertenecía desde mi nacimiento, pues los “hermanos” que habían sido mis “amigos” o que me habían visto crecer me habían abandonado. Hoy diría que se trataba de auténtico y genuino “bulling”.
 
No. No se puede hablar en el Camino
El presbítero relevante y sabihondo respondió que era culpa mía, que si había ocurrido era porque yo no había sabido gestionar la situación y los acontecimientos y, por tanto, de todo lo sucedido sólo yo tenía la culpa.
 
Me enojé seriamente, estaba por decir lo que verdaderamente había sucedido. El presbítero se dio cuenta y se interrumpió atropelladamente, se supo en pie y bendiciendo me calló categóricamente. Ni una palabra de consuelo, ni un abrazo… sólo indiferencia, después de todo lo que había pasado.
 
Al terminar la nueva responsable me acompañó a hablar con el presbítero de nuestra parroquia. Entré y empecé a hablar con él. La responsable y su marido estaban detrás de la puerta. Era casi media noche. Le dije al presbítero que quería denunciar. Abrió mucho los ojos y me conminó a no hacerlo, porque si la historia salía a la luz, muchos  dejarían no sólo la comunidad, sino también la Iglesia.
Agotada, humillada y sin esperanza me dirigí a la puerta; no veía el momento de que los responsables me llevasen de vuelta a casa. Fuera no había nadie, ni ellos ni el coche, se habían ido. Estaba sola, una vez más el peso del pecado de otro me aniquilaba. 

Me sentí fatal. 
 
Me puse a caminar hacia mi casa, a lo lejos vi, sentados en un bar propiedad de otros catecúmenos parientes de los responsables a mis propios responsables, al anterior responsable al cual al principio yo había contado lo sucedido y a otros.
Hablaban de mí, hablaban del incidente y de todo lo que yo había vivido en primera persona y como me había afectado profundamente.
 
Yo estaba devastada y ellos chismorreaban tan tranquilos… estaba sola en la oscuridad y sé con certeza que se percataron de mi presencia. Sé con certeza que me dejaron sola intencionadamente.
Sé de cierto que en aquel momento Dios estaba conmigo, mientras que con ellos se sentaba Satanás, pero todo esto lo sé ahora, entonces caminaba sola, desolada y profundamente humillada por las calles vacías.
Dejé el camino (minúscula en el original, y no se merece la mayúscula).
Un sacerdote de una lejana ciudad que estaba al tanto de todo participó en un encuentro en Roma en el cual participaban presbíteros y catequista de cierto nivel (según su escala de valores) y allí contó lo sucedido e informó de un detalle significativo:
Kiko dijo a XXX con mucha rabia que por su culpa el camino neocatecumenal (minúsculas en el original) corría el riesgo de ser rechazado. El disgusto de Kiko fue enorme, no en defensa de la víctima ni del inocente, sino en defensa de su secta.
¿Qué se podía esperar de él sino eso? Él ha gestado este maldito mecanismo de ocultación y de satanización de las víctimas.

sábado, 22 de octubre de 2016

Primer escrutinio (XLIV)



«Diálogo sobre la fe y sobre la Vida Eterna
El precatecumenado que habéis hecho, ha sido un tiempo para poner a prueba vuestra fe. Tal vez ahora hayáis descubierto que tenéis poca fe.
La comunidad, la Palabra de Dios, se encargó de mostraros la medida tan pequeña de vuestra fe. Habéis descubierto la necesidad de que la Iglesia os ayude, que geste en nosotros la fe, para darnos una fe adulta».
Tal vez ya lo hayas descubierto, pero si no es el caso, no preocuparse, que la comunidad te lo mostrará con toda su crudeza y falta de misericordia.
«Porque la fe no vienen volando entre las nubes: la fe la da Jesucristo, y Jesucristo está hoy vivo para nosotros en su Iglesia.
Por esto, ya que habéis descubierto la necesidad de la fe que os da la Vida Eterna, ahora os acercáis a la Iglesia para poder revivir, haciendo presente ante vosotros, aquello que la Iglesia sembró en vosotros, que os fue dado el día de vuestro Bautismo.
Ni se te ocurra replicar, pollito
Este diálogo lo hizo vuestro padrino por vosotros (vosotros no podíais hacerlo porque eráis bebés), prestándoos la voz y también la fe inicial que se requiere para este diálogo.
Hoy que sois adultos y que tenéis en vosotros mismos esta fe inicial, os adheris libre y conscientemente a lo que habéis recibido, a fin de que la gracia que está en vosotros pueda crecer y desarollarse y podáis experimentar la Vida Eterna».
No pierdas de vista que se trata de que reconozca que la fe que traes no vale de nada ni interesa a nadie.
«Yo os voy a ir llamando por vuestro nombre, de ocho en ocho, y os ponéis en fila delante del Obispo, que os preguntará qué queréis.
(El catequista lee ocho nombres, siguiendo la lista de la Biblia por lo que aunque se repita algún nombre propio cada uno sabrña a quien se refiere.
Los ocho se acercan y se ponen en fila delante del Obispo. El n´mero de llamadas depende de la cantidad de gente que hace el escrutinio).
Obispo: “¿Qué pedís a la Iglesia Santa de Dios?”
Precatecúmeno: “La fe” (de uno en uno)
Obispo: “¿Qué os da la fe?”
Precatecúmeno: “La Vida Eterna”
Obispo: “Si quereis tener la Vida Eterna:
Amad a Dios con todo todo vuestro corazón, con toda vuestra mente, con todas vuestras fuerzas y al prójimo como a vosotros mismos”.
Precatecúmenos: “Amén”
Oración: “Oramos: Padre Santo,
Dios omnipotente y eterno, te damos gracias por haber llamado a estos hermanos a renovar la primera parte de su Bautisno; mantenlos siempre en camino, para que su fe crezca en produndidad, para que sean luz, hasta llegar a verte sin velos, cara a cara, en la visión del amor eterno.
Por Jesucristo, nuestro Señor”. Amén.
Canto: Cantar de los Cantares 1, 1-8

Lo que distingue a los hijos de Dios es la razón
Monición a la tercera lectura
Habéis experimentado, hermanos, durante este camino, en vuestro precatecumenado, en vuestra vida, que hay aspectos de vosotros mismos que están sumidos en profunda oscuridad, en manos de poderes que os esclavizan, que os dominan. El maligno siempre tienta y tantas veces, por el temor que tenéis a la muerte, os obliga a hacer su voluntad. Vosotros queréis hacer el bien, pero no está en vuestras manos realizarlo»
En el kikismo, Cristo no ha traído la salvación ni la liberación, por eso no puedes dejar de hacer el mal.
«Sin embargo, os hemos anunciado que Dios Padre nos ha enviado un Salvador, Jesús, que murió por nuestros pecados y resucitó para nuestra justificación y que ha sido constituido como Señor de todos los poderes que nos dominan, nos esclavizan, que nos hacen sufrir. Jesucristo es el Señor de la muerte.
Pero, este Jescucristo Señor de la muerte, ¿dónde está hoy? Está vivo en su Iglesia, con poder. Hemos escuchado hace un momento que Jesús manda a sus apóstoles con poder sobre las serpientes y sobre los escorpiones, con poder de perdonar los pecados, de recucitar a los muertos. Id, que yo estaré con vosotros.
Hoy Cristo está aquí resucitado como Kyrios, presente en su Iglesia, vencedor de todo lo que te esclaviza y te mata. El cristianismo, hermanos, no es una filosofía ni un moralismo; dice S. Pablo: “Yo os he anunciado a Jesucristo no con palabras, sino con el poder del Espíritu Santo”. Por esto los apóstoles hacen signos para demostrar que el poder de Jesucristo resucitado va con ellos.
Aquí y hoy está presente Jesucristo, para exocizaros, para liberaros, para sacar de vosotros lo que os aliena, por el poder que ha recibido del Padre y ha dado a su Iglesia. Para que podáis amar a Dios con todo el corazón, con toda la mente con todas la fuerzas. No os hemos dicho con moralismo: “Ama a Dios”. La Iglesia sabe muy bien que si tu no tiene la gracia tu no puedes amar a Dios porque eres de carne, vendido al poder del maligno.
Por eso la Iglesia reza al Padre para que, por la fuerza de Cristo constituido Kyrios, se aleje de ti el demonio que te engaña con el afán de riquezas, de dinero, de prestigio, de vanidad, de ser el mejor. Porque tú te aferras a los ídolos del mundo porque quieres vivir, porque tienes miedo a la muerte, como hemos dicho en la catequesis.
Jesucristo te liberará de este poder.
Y aquí proclamaremos como Jesús libera a un mudo del demonio. El demonio tenía sometido a uno, y era mudo; Jesús lo libera. Algunos fariseos envidiosos dicen: “Este libera del demonio en nombre del demonio, porque Él es el mayor de los demonios, Belcebú, por esto todos los demonios le obedecen”; y Jesús les dice: “Si resulta que Yo expulso a los demonios en nombre de Dios, con el dedo de Dios, es porque ha llegado el Reino de Dios aquí y vosotros no os habéis dado cuenta”.
Hermanos, el Reino de Dios está llegando aquí, ahora está más cerca de vosotros que nunca, porque el dedo de Dios está aquí presente, porque donde está el dedo de Dios, está el Reino de Dios. Escuchamos esta Palabra».

Dios está en la Iglesia, pero en el CNC son amigos de las frasecitas confusas, como si sólo estuviera con ellos y sólo para ellos.
«Tercera Lectura: Lucas 11, 14-20

Exorcismo menor
Ahora, hermanos, os llamaremos de nuevo por el nombre y la Iglesia os preguntará si queréis recibir el Espíritu Santo de Dios, si tenéis deseo de ser llenos de él (minúscula en el original).
Lo que de niños, cuando os bautizaros, respondió por vosotros el padreno, eso se os pregunta a vosotros, porque diciendo “Amén” de adultos, esta gracia de vuestro Bautismo se hace presente».
Ahí es nada. Un Sacramento que según el kikismo no es operativo ni “se hace presente” si primero no se pasa por un pseudo-rito inventado y nunca aprobado que sólo es válido para adultos... lo que significa que a los alevines a los que hacen caminar desde los 13 años, que llegan a los primeros escruticidios siendo menores de edad, les sirve de nada... es decir, les sirve tanto como el Bautismo recibido de bebés, según Pakito.
«Por eso diréis:
“Sí, lo quiero” con el corazón. Entonces el Obispo soplará sobre vuestra cabeza, conjurará al maligno para que se aleje y extenderá las manos sobre vosotros.
Ahora comprenderéis que es Cristo presente en la Iglesia quien os libera. Nosotros habíamos hecho un moralismo de la Iglesia, una exigencia, mientras que los primeros cristianos nunca habían pensado liberarse por sus propias fuerzas: era Cristo quien les liberaba. Es Cristo quien vence a los siete demonios, las siete naciones que dominaban la tierra prometida, símbolo de los siete pecados capitales que te dominan. Por esto descederéis en vuestro Bautismo siete escalones. Precisamente porque es el poder de Cristo el que libera, tu puedes decirle a tu amigo borracho y vicioso que Dios le ama y que este camino es para él, porque no se basa en sus fuerzas, sino en el poder y la misericordia de Dios.
Os llamaremos y os pondréis de rodillas delante del Obispo.
(El catequista llama nuevamente a los precatecúmenos, de ocho en ocho o en el número conveniente, a que se pongan de rodillas ante el Obispo. Se llevva a cabo el siguiente diálogo).
Obispo: “¿Queréis ser templo del Espíritu Santo?”
Precatecúmenos: “Sí, queremos”
Obispo: “Padre Santo
Tú que por medio de tu hijo nos has liberado de la esclavitud y del poder del maligno, aleja de estas criaturas tuyas todo espíritu maligno, de hipocresía y de mentira
(extendiendo las manos)
Infunde sobre estos hermanos el espíritu de adopción para que, conscientes de que les has llamado a ser tus hijos, puedan resistir las insidias del maligno.
Por Jesucristo nuestro Señor”.
Amén
Canto: Pentecostés»